Bajo el mismo lema de La búsqueda del conocimiento. Historia de la cultura occidental proseguimos un quinto ciclo de conferencias en este curso, después de haber recorrido parte de la aventura occidental a través de la curiosidad insaciable humana por descifrar las estructuras del universo y de la vida. Desde las raíces griegas y judeocristianas hasta la primera mitad del siglo XIX, hemos recorrido algunos de los principales hitos históricos que han transformado las visiones del mundo y las prácticas políticas y sociales, formando una herencia cultural compleja y común en rasgos fundamentales, de la que seguimos siendo deudores en nuestra actualidad y en nuestra propia encrucijada histórica. Una aventura siempre abierta entre el azar y la necesidad.

LUGAR: Fundación BBVA. Palacio del Marqués de Salamanca. Paseo de Recoletos, 10. Madrid

Entrada libre. Aforo limitado. Es imprescindible confirmar asistencia confirmaciones@fbbva.es

HORA: 19:30

17 de noviembre de 2021

Del «animal ladino» al homo faber. Ideas de progreso, trabajo y ocio en la Revolución industrial y en la era científico-técnica.

Carmen Iglesias

Directora de la Real Academia de la Historia
Real Academia Española

En la segunda mitad del siglo XIX comienza un gran cambio de las condiciones de vida del hombre occidental, a raíz de la Revolución Industrial en marcha, y al tiempo cambiará su percepción de sí mismo y de su sociedad. La tensión entre el individuo como agente de una libertad individual (John Stuart Mill) frente a una nueva clase social (el proletariado) que ha surgido y que reclama sus sistemas de pensamiento y de acción social (movimiento obrero, comunismo, anarquismo…) estallará a final de siglo y principios del XX. Durante este período la confianza en el progreso, iniciada en el siglo XVIII, se percibe como una sensación de mejora constante, como una evolución ascendente de la historia, convirtiéndose incluso en un sentimiento de felicidad que consideraba el trabajo como una de las plenas realizaciones del ser humano. Capitalismo y socialismo en pugna y la lucha de clases y revoluciones conducirían hacia una progresiva democratización (sufragio universal) y a la incorporación a la escena política de la clase trabajadora. La idea de progreso no solo tuvo la cara visible del liberalismo, la democracia o la igualdad jurídica, sino también el lado oscuro de otras complejas consecuencias que condicionaron la Europa de finales del siglo XIX.

 

 

1 de diciembre de 2021

Nación y nacionalismo: el frágil mapa de Europa

 Juan Pablo Fusi

Real Academia de la Historia 

En las últimas décadas del siglo XIX y primeros veinte años del siglo XX, el nacionalismo cristalizó como principal factor de desestabilización de la política europea. Con Maurras, Barrès y Acción Francesa, en Francia; con D’Annunzio, Marinetti y el futurismo, Corradini y la Asociación Nacionalista Italiana, en Italia; y con Treitschke, H. S. Chamberlain, la Liga Pangermánica, la Sociedad Colonial Alemana, la Liga Naval y grupos y organizaciones similares, en Alemania (y Austria), el nacionalismo se definió como la principal alternativa ideológica al liberalismo. Bajo su inspiración y liderazgo, el nacionalismo devino una doctrina autoritaria, antidemocrática y antiparlamentaria, un nacionalismo de la derecha, que cifraba la política en la exaltación del Estado y de la nación y que, en el caso alemán, incorporaba, además, ideas de superioridad racial y antisemitas y una especie de irracionalismo mesiánico y biológico sobre el destino singular de las razas germánicas. En Francia, el nacionalismo mantuvo vivo el revanchismo antialemán —tras la derrota francesa en la guerra franco-prusiana de 1870— y erosionó la legitimidad de la III República, el régimen político del país de 1870 a 1940; en Italia, abanderó el irredentismo contra Austria, que aún retenía importantes territorios italianos, debilitó el sistema liberal y preparó el clima para la entrada del país en la I Guerra Mundial y para el fascismo de la posguerra (1919-22). El despertar de las nacionalidades provocó la primera gran etapa de movilización étnico-secesionista de la política europea.

20 de enero de 2022

Renovación estética: el realismo social 

 José Luis Díez

Real Academia de la Historia 

El Realismo fue el movimiento cultural y artístico de la sociedad burguesa, contraria a las fantasías idealistas del Romanticismo. La observación directa de la realidad hace que la vida real se transforme en objeto estético en un ejercicio extremo de verosimilitud, siendo este el último bastión de la teoría mimética surgida del academicismo.

Así, en las últimas décadas del siglo XIX los artistas se erigieron en notarios implacables de las nuevas realidades que estaban emergiendo en un mundo en plena transformación, tanto en el mundo rural como, sobre todo, en los nuevos escenarios urbanos surgidos tras la industrialización. Lejos de una mirada costumbrista y pintoresca, como había sucedido hasta entonces, los pintores denunciaron en sus obras, a veces con una inmediatez cruda y descarnada, los aspectos más críticos y revulsivos de las desigualdades sociales de su entorno, como las consecuencias de la pobreza en sus múltiples variantes, la explotación de las mujeres y la infancia, las penalidades del trabajo de los más desfavorecidos o las injusticias del poder hacia el proletariado oprimido, pero también los avances esperanzadores del progreso científico, como la nueva medicina, a modo de redención salvadora de la salud precaria de los más pobres.

27 de enero de 2022

Contra los delirios de la razón absoluta: ciencia empírica, construcción de la sociedad y emancipación individual

Diego Sánchez Meca

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

La exitosa aplicación del método científico al desarrollo de la técnica y la industria en la segundad mitad del siglo XIX propició un clima antimetafísico y antiidealista en el que germinaron nuevas y muy productivas ideas. Para el positivismo, el modelo del conocimiento lo proporcionan las ciencias positivas, en especial la física y la matemática, por lo que la función de la filosofía es la de la búsqueda de la unidad de los diferentes saberes científicos y sus implicaciones sociales, éticas o políticas (Comte, Spencer, Stuart Mill).

Con su inversión del idealismo, el marxismo se propone unir la teoría con la práctica para construir una sociedad más justa. La verdadera filosofía ha de ser la que signifique la realización de la razón, no de manera abstracta sino en el mundo de la realidad social concreta (el trabajo, las relaciones económicas, la alienación del proletariado, etc.).

Y pensadores como Kierkegaard o Nietzsche rechazan la reducción hegeliana del individuo a simple momento de una totalidad y subrayan la singularidad de la existencia concreta, abriendo el horizonte temático del existencialismo. Lo verdadero y primario es lo singular, lo diferente de cada yo individual, el ser es primariamente libertad y esa capacidad que cada existente humano tiene de decidir y elegir su propio ser.

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