Ingreso FanjulDomingo, 22 de abril de 2012

El Excmo. Sr. don Serafín Fanjúl García ha ingresado hoy domingo día 22 de abril de 2012 en  la  Real Academia de  la  Historia, para cubrir  la vacante  de la medalla n.º 26,  producida por el fallecimiento de don Alfonso E. Pérez Sánchez. La candidatura de don Serafín Fanjúl fue presentada por los académicos don Francisco Rodríguez Adrados, don Luis Suárez Fernández y don Luis García Moreno. El  nuevo  académico  fue  elegido  el  viernes 8 de abril de 2011.

El  discurso  que ha leído lleva  por   título  Al-Andalus, una imagen en la Historia.  En  nombre  de  la  Corporación  ha sido  contestado  por  el académico don Francisco Rodríguez Adrados.

 


Al-Andalus, una imagen en la Historia

La disertación del nuevo Académico versó sobre la visión de al-Andalus, desde las encendidas loas de los románticos (Modesto Lafuente, Estébanez Calderon, Duque de Rivas) aunque con el contrapeso de los arabistas del tiempo (Codera, Ribera, Simonet), que introducían un rayo de luz mejor informada y más ponderada. Partiendo de las imágenes de la Península, ya corrientes entre los antiguos, y basándose en la documentación cristiana medieval (hispana y europea) y en la fuentes árabes, Serafín Fanjul expuso en su discurso un amplio escenario que recoge tanto autores renacentistas —amén de los medievales— como contemporáneos. Dirigido todo el esfuerzo a tomar conciencia  de las grandes confusiones , nociones erróneas y errores sin paliativos que ahogan por doquier la imagen de al-Andalus. Tal aseveración entra en los terrenos de lo obvio, pero no despreciable, porque a partir de muchas ideas equivocadas, datos imprecisos o testimonios falsos o exagerados se han estructurado clichés y tópicos históricos que hoy en día pasan  por indiscutibles y combatirlos resulta tarea digna de los trabajos de Hércules, enarbolando una clava contra la electrónica. Equivocarse de buena fe, o adrede, es una constante fija y si ya Avieno confundía Gadir con Tartessos, las fuentes árabes incurren en yerros en cronologías, espacios, descripciones o sucesos, mezclando verdades, medias verdades, hipérboles o resueltas mentiras: nada nuevo, porque los continuadores modernos insisten en idénticos desenfoques, sobre todo los europeos, si bien a rebufo de éstos, no pocos escritores, periodistas y políticos (y muchos menos historiadores) han vuelto a entrar en la idea edulcorada de un al-Andalus exquisito, armónico e indiscutible remanso de paz, de glorias literarias y científicas (que, sin duda, constituyeron una parte de su historia) sólo arruinadas por la brutalidad, ignorancia y coacciones intolerantes de los cristianos norteños. Algo por completo ajeno a la realidad histórica y que Serafín Fanjul denuncia sin acritud pero con documentación. Desde la Crónica Mozátabe de 754 hasta los escritos de Pedro Antonio de Alarcón; desde Beda el Venerable a los acalorados y entusiásticos elogios de Edmundo de Amicis. Una revisión necesaria y de la cual no puede prescindir la historiografía española.

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