Sólo dos imperios verdaderamente mundiales ha conocido hasta hoy la historia humana, si por tales entendemos los que poseyeron poder político protagonístico, fuerza militar respetable por tierra y mar, horizontes y presencia planetaria, dominio directo de extensos territorios y pujante red comercial y que lograron difundir su cultura, su idioma y su modelo ideológico y sociológico sobre grandes áreas terrestres. Fueron el español y el británico. El primero, entre 1492 y 1826, o, precisando, de mediados del siglo XVI a 1808, y aun, de modo más estricto, en su apogeo, desde 1582, fecha de la incorporación de la corona de Portugal a la Monarquía Hispánica, hasta la aniquilación del poder naval de España por los holandeses en 1639, aunque los posesiones españolas fueran todavía durante 170 años las de mayor importancia. Y el imperio inglés, que, preparado por la resistencia isabelina al orden hispano y, sobre todo, por Cromwell, alcanzó la supremacía desde 1763 hasta finales del siglo XIX, y que, en el plano lingüístico, se impone hoy.

Ambas construcciones imperiales durante algunas décadas coexistieron y, por el fracaso de la aventura exterior ultramarina de Francia, se “sucedieron” en la posesión de las grandes rutas oceánicas y en la ex- plotación y disfrute de los mundos ultramarinos. Pero, a diferencia de otras colonizaciones europeas, España trasplantó sus modos de vida y su cultura a sus reinos hermanos oceánicos, creando en ellos nuevas españas, con sus teatros, imprentas, universidades, iglesias, artes y ur- banismo, equiparables a las realizaciones europeas de entonces, como puede aún apreciarse en Lima, Guayaquil, Quito, Cartagena de Indias, Puebla, Méjico o Zacatecas.

A los españoles del siglo XXI nos ha quedado del antiguo imperio —término para muchos peyorativo, pero de vocación a fin de cuentas universalista y de entendimiento— un espléndido legado, que debería ser motivo de orgullo y que permite a nuestro país tener mayor significación en el mundo actual: la magnífica arquitectura civil y mili- tar, la producción literaria hispanoamericana, el idioma común, aquellas concepciones urbanísticas válidas todavía y, además de tantas otras cosas, ese inmenso tesoro submarino, tan codiciado hoy por aventureros sin escrúpulos, del que el Estado español y los españoles son legítimos herederos, y en torno al cual, y desde distintas perspectivas, vamos a ir trenzando las conferencias del ciclo que les ofrecemos.

D. José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano


Coordinador: D. José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano

PROGRAMA

  • La arqueología submarina hoy en España. – D. Martín Almagro-Gorbea.Jueves, 27 de marzo de 2008, 19:00 h
  • Las marinas ibéricas en la época de los descubrimientos. – D. Luis Suárez Fernández. Viernes, 28 de marzo de 2008,19:00 h
  • Las Flotas de Indias y la protección del tráfico atlántico, bajo los Austrias. – D. Carlos Martínez Shaw. Jueves, 31 de marzo de 2008 , 19:00 h
  • El pensamiento monetario castellano y la revolución de los precios en la España del siglo XVI. – D. Manuel-Jesús González y González . Miércoles, 2 de abril de 2008, 19:00 h
  • Las invencibles de Inglaterra y los ataques al imperio español. – D. José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano . Viernes, 4 de abril de 2008, 19:00 h
  • Los cañones de España. – D. José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano . Lunes, 7 de abril de 2008, 19:00 h
  • El zafarrancho de combate en un navío de línea español del siglo XVIII. – D. Hugo O’Donell y Duque de Estrada . Miercoles, 9 de abril de 2008, 19:00 h
  • El tesoro submarino del Imperio. – D. Juan Manuel Gracia . Viernes, 11 de abril de 2008, 19:00 h
  • El fin del gran tráfico atlántico español. – D. Luis Miguel Enciso Recio . Martes, 15 de abril de 2008, 19:00 h
  • El legado de España: el esplendor de las Españas ultramarinas a fines del siglo XVIII – D. Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón . Viernes, 18 de abril de 2008, 19:00 h

El ciclo de conferencias tendra lugar del 27 de marzo al 18 de abril de 2008

 


 

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