La Real Academia de la Historia dará inicio el próximo jueves 27 de marzo al Ciclo de Conferencias “Marqués de Arriluce de Ybarra” La España oceánica de los siglos modernos y el tesoro submarino español coordinado por el Excmo. Sr. D. José Alaclá-Zamora y Queipo de Llano.


Sólo dos imperios verdaderamente mundiales ha conocido hasta hoy la historia humana, si por tales entendemos los que poseyeron poder político protagonístico, fuerza militar respetable por tierra y mar, horizontes y presencia planetaria, dominio directo de extensos territorios y pujante red comercial y que lograron difundir su cultura, su idioma y su modelo ideológico y sociológico sobre grandes áreas terrestres. Fueron el español y el británico. El primero, entre 1492 y 1826, o, precisando, de mediados del siglo XVI a 1808, y aun, de modo más estricto, en su apogeo, desde 1582, fecha de la incorporación de la corona de Portugal a la Monarquía Hispánica, hasta la aniquilación del poder naval de España por los holandeses en 1639, aunque las posesiones españolas fueran todavía durante 170 años las de mayor importancia. Y el imperio inglés, que, preparado por la resistencia isabelina al orden hispano y, sobre todo, por Cromwell, alcanzó la supremacía desde 1763 hasta finales del siglo XIX, y que, en el plano lingüístico, se impone hoy.

Ambas construcciones imperiales durante algunas décadas coexistieron y, por el fracaso de la aventura exterior ultramarina de Francia, se “sucedieron” en la posesión de las grandes rutas oceánicas y en la explotación y disfrute de los mundos ultramarinos. Pero, a diferencia de otras colonizaciones europeas, España trasplantó sus modos de vida y su cultura a sus reinos hermanos oceánicos, creando en ellos nuevas españas, con sus teatros, imprentas, universidades, iglesias, artes y urbanismo, equiparables a las realizaciones europeas de entonces, como puede aún apreciarse en Lima, Guayaquil, Quito, Cartagena de Indias, Puebla, Méjico o Zacatecas.

A los españoles del siglo XXI nos ha quedado del antiguo imperio –término para muchos peyorativo, pero de vocación a fin de cuentas universalista y de entendimiento- un espléndido legado, que debería ser motivo de orgullo y que permite a nuestro país tener mayor significación en el mundo actual: la magnífica arquitectura civil y militar, la producción literaria hispanoamericana, el idioma común, aquellas concepciones urbanísticas válidas todavía y, además de tantas otras cosas, ese inmenso tesoro submarino, tan codiciado hoy por aventureros sin escrúpulos, del que el Estado español y los españoles son legítimos herederos, y en torno al cual, y desde distintas perspectivas, vamos a ir trenzando las conferencias del ciclo que les ofrecemos.

José Álcalá-Zamora y Queipo de Llano


El Ciclo esta constituido por diez conferencias:

  • Jueves, 27 de marzo. La arqueología submarina hoy en España, a cargo de D. Martín Almagro Gorbea.
  • Viernes, 28 de marzo. Las marinas ibéricas en la época de los descubrimientos, a cargo de D. Luis Suárez Fernández.
  • Lunes, 31 de marzo. Las Flotas de Indias y la protección del tráfico atlántico bajo los Austrias, a cargo de D. Carlos Martínez-Shaw.
  • Miércoles, 2 de abril. El pensamiento monetario castellano y la revolución de los precios en la España del siglo XVI, a cargo de D. Manuel Jesús González y González.
  • Viernes, 4 de abril. Las Invencibles de Inglaterra y los ataques al imperio español, a cargo de D. José Alaclá-Zamora y Queipo de Llano.
  • Lunes, 7 de abril. Los cañones de España, a cargo de D. José Alaclá-Zamora y Queipo de Llano.
  • Miércoles, 9 de abril. El zafarrancho de combate en un navío de línea español del siglo XVIII, a cargo de D. Hugo O’Donnell y Duque de Estrada.
  • Viernes, 11 de abril. El tesoro submarino del Imperio, a cargo de D. Juan Manuel Gracia.
  • Martes, 15 de abril. El fin del gran tráfico atlántico español, a cargo de D. Luis Miguel Enciso Recio.
  • Viernes, 18 de abril. El legado de España: el esplendor de las Españas ultramarinas a fines del siglo XVIII, a cargo de D. Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón.
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