Vicente MutBiografía escrita por Víctor Navarro Brotons, Catedrático de Ciencias Físicas en el Departamento de Historia de la Ciencia y Documentación de la Universidad de Valencia. Ha publicado cientos de artículos en revistas especializadas y es autor de más de una veintena de libros, entre ellos  J. M. LÓPEZ PIÑERO, dir., Diccionario histórico de la ciencia moderna en España.


Vicente Mut. Astrónomo, físico, ingeniero.

Palma de Mallorca (Islas Baleares), 1614 ‒ 27.IV.1687.

Vicente Mut era hijo de un “capitán de caballos y lanzas” al servicio de Felipe III. Cursó estudios con los jesuitas e ingresó en la Compañía de Jesús, aunque, por razones no aclaradas, se mantuvo en ella muy pocos meses. Posteriormente estudió Jurisprudencia, graduándose de doctor en esta disciplina; siguió la carrera militar hasta llegar a ser sargento mayor de la ciudad de Palma, administrador e ingeniero. Desempeñó también la profesión de abogado, fue jurado de la ciudad y, desde 1641, cronista general de su patria.

Mut publicó obras de teoría política, historia, hagiografía, táctica militar, fortificación y astronomía y realizó trabajos cartográficos. En su primera obra, El príncipe en la guerra y en la paz (1640), Mut defiende una teoría contrarreformista del Estado: el príncipe tiene que supeditar la política a los valores morales y el Estado a la religión. Como historiador y cronista destaca su Historia del Reino de Mallorca, escrita como continuación de la de Juan Dameto. Como científico, su importancia reside, sobre todo, en sus trabajos de astronomía que lo convierten, sin duda, en uno de los astrónomos más destacados de la España del siglo XVII. El interés de Mut por la astronomía debió de ser muy temprano, ya que en las Efemérides Generales de los movimientos de los cielos por LXIV años, desde el de 1637 hasta el 1700 según Tichon y Copérnico (Barcelona, 1638), del portugués Luis Freire de Silva, figura un soneto al autor de Vicente Mut. Ignoramos en qué medida este interés cabe relacionarlo con su educación con los jesuitas y cuáles fueron sus posibles maestros en esta materia. En la década de 1640 Mut inició su relación epistolar con Athanasius Kircher y Riccioli sobre cuestiones científicas, convirtiéndose en uno de los principales corresponsales de Riccioli en temas de astronomía. Las cartas originales de la correspondencia Mut-Riccioli no se han podido localizar. No obstante, Riccioli, en sus diversas obras, cita con bastante frecuencia a Mut y reproduce numerosos fragmentos de estas cartas, o técnicas y datos de observaciones realizadas por Mut. En el “Chronicon” del Almagestum Novum, Riccioli dice de Mut: “Maioricensis, Astronomiae peritissimus observat seduló Mairoicae, scripsit egregium opusculum de Sole Alphonsino: Huic ego plurium debeo” y en el mapa lunar dedicó una formación lunar a Vicente Mut. Se puede considerar a Mut como uno de los más estrechos colaboradores de Riccioli en la ambiciosa empresa de este autor de revisar la astronomía y la geografía matemática de su época y ofrecer un “Nuevo Almagesto” y una Astronomía y Geografía, “reformadas”. De hecho, el programa de observaciones que llevó a cabo Vicente Mut durante varias décadas se ajusta muy bien al que llevaron a cabo Riccioli y Grimaldi.

En el tratado de fortificación de Vicente Mut, titulado Arquitectura militar (Mallorca, 1664), se encuentra el primer intento conocido de incorporación de la cinemática galileana para el estudio del tiro de proyectiles de toda la literatura impresa en la España del siglo XVII. Así, al estudiar los “tiros de proyección” dice que una bala disparada verticalmente desde lo alto del árbol o palo de una galera, por mucha velocidad que ésta lleve, caerá al pie del árbol. Más adelante, y siempre en el contexto de la discusión de cuestiones de balística, menciona la ley galileana de la caída de graves, aunque usa la terminología de la física del impetus.

Después, al estudiar el tiro horizontal, analiza correctamente y de acuerdo con Galileo la trayectoria del proyectil en forma parabólica, basándose en el carácter mixto del movimiento y en la ley galileana para el de caída. Estas ideas sobre el movimiento de los proyectiles le servirán a Mut para sugerir, a modo de analogía, una trayectoria parabólica para el cometa de 1664.

En lo que se refiere a la astronomía, Vicente Mut publicó tres obras, todas en Mallorca: De sole alfonsino restituto (1649), Observationes motuum caelestium (1666) y Cometarum anni MDCLXV (1666). De Sole Alfonsino restituto, como el nombre sugiere, es una obra de carácter reivindicativo y está orientada a mostrar que las Tablas Alfonsíes, en lo relativo al modelo o “teórica” y parámetros del movimiento del Sol, manteníansu vigencia. La primera obra publicada por Vicente Mut, De Sole Alfonsino restituto, esta dedicada, comoel título sugiere, a revisar el modelo o “teórica” del Sol y a comprobar si los parámetros del modelo mantenían su vigencia. Una de las cuestiones cruciales de la época, como es bien sabido, era la relativa a la excentricidad solar y si ésta debería considerarse bisecta (biseccted), tal y como Kepler había propuesto, valiéndose del modelo ecuante usado por Ptolomeo para los planetas, pero no para el Sol. Una prueba empírica de la bisección de la excentricidad se basaba en la medición del diámetro aparente del Sol observado en los ábsides, ya que la diferencia entre las distancias absidales de la tierra al Sol es proporcional a la excentricidad en el modelo ecuante y (es proporcional) al doble de la excentricidad en el modelo ptolemaico. Los datos proporcionados por los astrónomos, desde Ptolomeo, acerca del diámetro aparente del Sol no permitían decidir, ya que oscilaban, para las distancias medias, entre 30’ 30’’ y 32’ 44” y algunos astrónomos jesuitas como Scheiner habían obtenido valores aún mayores debido al uso de diafragmas de apertura demasiado pequeños usando una cámara oscura. Entre 1665 y 1661, Riccioli y Grimaldi, utilizando el gran gnomon de la Iglesia de San Petronio de Bolonia llevaron a cabo una serie de medidas del diámetro solar. Los mejores resultados, concluyó Riccioli, fueron de 31’ 0” para el apogeo y 32’ 4” para el perigeo, lo que conducía a una excentricidad de 0,0169, valor muy cercano a la mitad de la excentricidad del ecuante determinada por el procedimiento ptolemaico habitual. Por los mismos años Cassini encontró los datos 31’ 8” y 32’10”.

Mut discute los distintos procedimientos para determinar el diámetro aparente del Sol y escoge uno inspirado en el que empleó el científico jesuita Chirstoph Scheiner para observar las manchas solares, elaborado a su vez a partir del método de la cámara oscura. Consiste en obtener la imagen del astro a su paso por el meridiano en una pantalla perpendicular al eje óptico del telescopio. La variación de la declinación del Sol en días sucesivos da el ángulo que el astro recorre en el meridiano. Al propio tiempo, a esta variación en la declinación le corresponde un desplazamiento proporcional de la imagen en la pantalla. Para estimar el diámetro aparente del Sol, no hay más que observar cuando la imagen del Sol se desplaza en la pantalla una distancia idéntica al diámetro de dicha imagen y recurrir a las relaciones de proporcionalidad citadas. Con este procedimiento, Mut encontró los valores 31’ 18” en el apogeo y 32’ 46” en el apogeo, de lo que resulta una excentricidad de la excéntrica solar de 0,02289. Por otra parte, para conciliar los valores alfonsíes con los de Tycho y con sus observaciones, Mut asumió un paralaje solar mayor aún que el de Brahe, de 4’ 17” en el apogeo. Dado que la excentricidad alfonsina es de 0,0378122, concluyó que el Sol no dista de la Tierra ni toda la excentricidad ni la excentricidad bisecada “viam elipticam”. Al final de la obra, Mut incluyó una serie de observaciones, no sin señalar antes que en la teoría de los movimientos celestes quedaba mucha por mejorar, y anunció, en relación con esto, la próxima aparición del Almagestum Novum de Riccioli. La más antigua de las observaciones citadas por Mut es la relativa a un eclipse de Luna de 7 de octubre de 1642, que es también la más antigua consignada por Riccioli y recibida por carta de Mut. El procedimiento de Mut fue descrito y discutido por Riccioli en el apédice de su obra. Entre las muchas observaciones de Mut consignadas en el Almagestum Novum, además de las de diversos eclipses, relacionadas con el interés común de determinar las coordenadas geográficas, cabe destacar la relativa al diámetro de Júpiter, que Mut estimó en cir. 48”. Mut utilizó un procedimiento similar al de Riccioli y Grimaldi, consistente en observar a Júpiter en conjunción con alguna estrella de coordenadas bien conocidas y en estimar la distancia recorrida en días sucesivos en relación a la estrella. Riccioli, que obtuvo, en colaboración con Grimaldi, un valor de 46’’, se felicitó de la coincidencia del método y de los resultados.

En su segunda obra de astronomía publicada, Mut reunió los resultados de más de veinte años de observación de los cielos. En la dedicatoria al lector, Mut dio una breve noticia de algunos de los autores recientes que a su juicio más habían contribuido al progreso de la astronomía. La obra de Mut consta de tres capítulos. El primero está dedicado a describir distintas observaciones de eclipses lunares realizadas con un anteojo telescópico compuesto por dos lentes convexas —el descrito por Kepler— y de “casi ocho palmos” (aproximadamente 160 centímetros) y las conclusiones acerca del paralaje y diámetro de la Luna, paralaje horizontal del Sol, etc., utilizando sus observaciones y las tablas astronómicas de Kepler, Philip van Lansberg y otros autores. Sobre el paralaje del Sol, Mut discute los diversos valores propuestos y los problemas de su determinación y señala que ningún valor cuenta con un fundamento seguro, por lo que prefiere mantener el paralaje de 2’ 30” en distancias medias, más de acuerdo con la tradición astronómica. Reproduce también los valores presentados en De Sole para el diámetro aparente del Sol, levemente modificados, y concluye que estas observaciones exigen, de acuerdo con Kepler, que la excentricidad del Sol sea casi bisecta.

El capítulo II se titula “Observationes planetarum, cum adnotationibus astronomicis, praesertim circa motus per Ellipses”. Comienza con una descripción del método empleado para adaptar su telescopio a la medida de distancias angulares celestes y a continuación detalla los resultados de sus observaciones. Mut expone cómo ha estimado la amplitud angular de su telescopio y la división del mismo con cuatro procedimientos: observando las manchas de la Luna; “con la Estrella polar alrededor del meridiano, pasando frente al campo visual del telescopio, mientras un ayudante cuenta las oscilaciones del péndulo, lo que permite obtener el tiempo y el arco recorrido”; mediante la distancia de Saturno o Júpiter a una estrella fija; colocando “cerca del foco interior del ocular un anillo atravesado por hilos finísimos, que forman cuadrados iguales muy pequeños, de modo semejante a las retículas utilizadas para reducir figuras”, es decir, básicamente se trata de un micrómetro. Sobre esto último, de lo que dice en la obra que comentamos no queda claro ni cuándo comenzó a usar este tipo de micrómetro ni cuál fue su fuente de información sobre el instrumento. Mut parece afirmar que lo usaba desde noviembre de 1653. Sin embargo, la idea de situar hilos o una rejilla en el foco no se difundiría en Europa hasta después de la publicación por Huygens de su Systema Saturnium en 1659.

La primera ley de Kepler, es decir, el movimiento de los planetas según trayectorias elípticas, la menciona Mut a propósito de Marte, “que entre los planetas es el más fugaz”. Reconoce que, para este planeta, las tablas más adecuadas son las de Kepler, aunque añade que están construidas a partir de un “abstrusísimo” cálculo por elipses. Seguidamente, tras señalar que el método kepleriano no es “geométrico”, reafirma su convencimiento de que los planetas se mueven por círculos, “ya que el movimiento circular es más adecuado para la perpetuidad del giro en todas direcciones que sin interrupción repiten los cuerpos celestes que integran el Universo […] No obstante —prosigue— como para facilidad del cálculo, el conjunto de círculos puede resolverse en elipses, pienso que deben admitirse sistemas formados por éstas”.

Mut, como muchos de los astrónomos de su época, no entendió el verdadero alcance y significado de la obra de Kepler. Por ello, ante la indudable dificultad del método kepleriano, en lugar de la segunda ley utilizó la llamada hipótesis elíptica simple de Boulliau-Ward, consistente en suponer que el planeta se mueve uniformemente respecto del segundo foco de la elipse. Además, incorporó la corrección introducida por Ismaël Boulliau con la que se conseguía un alto grado de precisión en las longitudes de Marte. Por otra parte, Mut silenció que aunque Boulliau rechazaba la física celeste de Kepler, era un copernicano convencido que intentó desarrollar el programa de Copérnico de forma consistente. Para Mut las teorías planetarias eran supuestos imaginarios —”falsae positiones”, dice—. En este sentido, su postura era análoga a la de Riccioli. Éste, aunque era abiertamente contrario a la teoría heliocéntrica y a la propuesta kepleriana de unir la astronomía con la física y defendía que la astronomía debería limitarse a “salvar las apariencias” con modelos geométricos, en el Almagestum novum explicó detalladamente las teorías y leyes de Kepler. Asimismo, en la Astronomia reformata adoptó la elipse como una base provisional para las teorías planetarias, afirmando que sus nuevas y precisas determinaciones de los diámetros aparentes del Sol confirmaban la bisección de la excentricidad. A pesar de todo y valorando la obra de Mut en el contexto español de la época, reviste particular interés, ya que se trata de la primera discusión realizada por un autor español de las elipses keplerianas.

Riccioli, en la Astronomia reformata, divulgó una parte sustancial de las observaciones de Mut y utilizó los datos que éste le proporcionó, especialmente los de los eclipses de Luna observados en Mallorca, para estimar las diferencias de longitud geográfica. Una de las tareas urgentes en la reforma de la geografía y en el proyecto de construir un moderno Atlas del Mundo era revisar las longitudes geográficas, afectadas de graves errores, no sólo en la Geografía de Ptolomeo, sino en los más recientes Atlas de Ortelio, Mercator y Blaeu, y naturalmente ampliar considerablemente el alcance territorial de la antigua geografía. Los científicos jesuitas, como Kircher y Riccioli, asumieron esta tarea y se aprovecharon de la red de potenciales colaboradores que les proporcionaba la Sociedad. En esta tarea, uno de los colaboradores más estrechos de Riccioli fue Vicente Mut. Mut realizó numerosas observaciones de eclipses y reunió una abundante información de otros autores, sometida a un escrupuloso examen, que incluía tanto a observadores extranjeros como españoles. Asimismo, proporcionó una tabla de longitudes geográficas y señaló la necesidad de acortar la longitud del Mediterráneo a 44º 15’, tradicionalmente sobreestimada.

La tercera obra de astronomía de Vicente Mut es un opúsculo de 20 páginas dedicado al cometa de 1664, con algunas observaciones relativas a otro cometa aparecido en 1665. En ella el mallorquín incluyó las observaciones que, realizadas en Valencia, le comunicaba su amigo, el jesuita José de Zaragoza, así como las de otros observadores mallorquines, como Miguel Fuster. En una tabla leemos la evolución del cometa a lo largo de los meses de diciembre y enero; en ella figuran la hora de observación, la longitud, la latitud, el ángulo de la órbita con la eclíptica y la distancia la nodo. En lo tocante a la trayectoria, señala Mut que, relegada la creencia de los peripatéticos en la impenetrabilidad de los cielos, los autores modernos, como Kepler, Galileo, Cysatus y Gassendi (siguiendo a Séneca) sitúan a los cometas en la suprema región del aire o bien en el éter, según un movimiento de trayectoria rectilínea en el plano de un círculo máximo. Esta opinión le parece plausible, porque se ajusta correctamente a todos los fenómenos de los cometas, pero piensa que “hay que añadir algo a esta sentencia”: “Como el cometa de este año (1664) trazó casi un semicírculo en contra del orden de los signos (del Zodíaco), parece imposible que pasara desde Libra hasta Aries con movimiento rectilíneo, como por una cuerda, puesto que en dicha trayectoria recta hubiera estado próximo a la Tierra, incluso extraordinariamente cerca, con un desmesurado paralaje, que de hecho no fue tan enorme. En efecto, la cuerda que subtiende el círculo máximo por un cuadrante, se acerca más al centro. Esta dificultad también se plantea con el sistema que acepta el movimiento de la Tierra, de modo que el cometa que, por su trayectoria rectilínea, nosotros temíamos que cayera a la Tierra, Kepler temía que también cayera en el Sol”.

Para explicar la razón de que la trayectoria del cometa pueda aparecer como un semicírculo asimila, a modo de analogía, el movimiento del cometa a la trayectoria parabólica de un proyectil, tal y como la estudió en su Arquitectura militar. Así, el cometa, al “debilitarse el movimiento rectilíneo, se inclina con una trayectoria parabólica”. Esta explicación, por analogía con la trayectoria de los proyectiles, fue usada también por Hevelius.


Obras  de ~: El príncipe en la guerra y en la paz, Madrid, 1640; De Sole Alfonsino restituto, Palma, 1649; Historia del reyno de Mallorca, Palma, 1650; Tratado de Arquitectura Militar, Mallorca, 1664; Commetarum anni MDCLXV, Enarratio phisico-matematica, Mallorca, 1666; Observationes motuum caelestium cum adnotationibus astronomicis et meridianorum differentiis ab eclypsibus deductis, Mallorca, 1666.


Bibl.: A. Pingré, Cométographie, vol. I, Paris, Imprimerie Royale, 1783, pág. 143; J. M. Bover, Memoria biográfica de los mallorquines que se han distinguido en la antigua y moderna literatura, Palma, Imprenta Nacional, 1842, pág. 536; A. Cotarelo, “El P. Zaragoza y la astronomía de su tiempo”, en Estudios sobre la ciencia española del siglo xvii, Madrid, Gráfica Universal, 1935, págs. 65-223; J. M.ª López  Piñero, V. Navarro Brotons y E. Portela Marco, Materiales para la historia de las ciencias en España: s. XVI-XVII, Valencia, Pretextos, 1976, págs. 238-242; V. Navarro Brotons, “Física y astronomía modernas en la obra de Vicente Mut”, en Llull, 2 (1979), págs. 43-63; V. Navarro Brotons, “Riccioli y la renovación científica en la España del siglo XVII”, en M. T. Bor- gato (ed.), Giambattista Riccioli e il merito scientifico dei gesuti nell’età barocca, Firenze, Olschki, 2001, págs. 219-317; V. Navarro y E. Recasens, “El cultiu de les disciplines fisicomatemátiques als anys centrals del segle XVII”, en J. Vernet y R. Parés (dir.), La ciència en la història dels Països Catalans, vol. II, Barcelona-València, Institut d’Estudis Catalans-Universitat de València, 2007.


Imagen del libro de  Historia general del reino de Mallorca, por J. Dameto, V. Mut y G. Alemany. 1841

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