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Vicente Gónzalez Arnao

Madrid, 27.X.1766 – 4.III.1845. Abogado, académico de la Real Academia Española y de la Real Academia de la Historia. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, donde alcanzó el grado de doctor en los dos Derechos.

Sus méritos académicos le permitieron incorporarse muy pronto al claustro de la Complutense, institución en la que, andando el tiempo, llegó a ser catedrático. A su boda, celebrada el 1 de enero de 1803, asistieron selectos invitados, como Moratín, quien rememora el evento en sus diarios íntimos.

Como tantos otros intelectuales del momento, González Arnao fue uno de los “afrancesados” que, desde 1808, colaboraron con el gobierno de José I Bonaparte. Durante el período de ocupación, en efecto, desempeñó importantes cargos públicos a las órdenes de la nueva dinastía —fue firmante de la Constitución de Bayona y secretario del Consejo de Estado— que dan cuenta de su compromiso político. Académico de la Lengua ya por entonces, fue nombrado en 1811 director de la Real Academia de la Historia, institución en la que había ingresado como supernumerario en 1794 y ascendido a numerario en 1800. Ligado su destino a la causa napoleónica, sin embargo, abandonó Madrid en 1812 junto al ejército francés en retirada. Dos años después —y tras un efímero retorno a la capital española— hubo de exiliarse definitivamente en el país vecino debido a la caída del régimen bonapartista. Aquel mismo año de 1814 fue expulsado de las corporaciones académicas por motivos políticos.

Ya en suelo francés, y tras una breve estancia en Burdeos, González Arnao estableció su residencia en París, donde continuó con su actividad profesional. Durante aquellos años, su fama como jurisconsulto le permitió vivir holgadamente, pues fueron muchos los españoles huidos de la represión absolutista que reclamaron sus servicios. Los negocios emprendidos por González Arnao en esta época —especulación, juego, etc.— estuvieron siempre en los límites de la legalidad, y fueron muchos los que lo acusaron de usura.

Tras su larga permanencia en el extranjero, pudo regresar finalmente a España en 1831, siendo readmitido entonces en las dos Academias. Estableció su casa en la calle Relatores de Madrid, y en torno a ella reunió una animada tertulia de intelectuales. Entre quienes la frecuentaron se hallaban célebres románticos, como Mariano José de Larra, y reconocidos escritores costumbristas, como Mesonero Romanos, a quien le fascinaba el hecho de que su anfitrión fuese el legítimo heredero de los papeles de Moratín.

Durante sus últimos años, González Arnao no dejó de viajar a Francia para gestionar muy diversos asuntos relacionados con la Guerra Carlista. Actuó también como representante de España en Roma y, con el tiempo, logró recuperar plenamente su preeminencia política, tal y como acredita su nombramiento como ministro de la sección de Fomento del Consejo Real de España e Indias en 1834. Merecedor del Toisón de Oro y de la Gran Cruz de Isabel la Católica, Zamora Vicente lo considera como prototipo del nuevo intelectual decimonónico, aquél que, en la España liberal, alternó en tantas ocasiones el cultivo de las letras con los negocios y la política.

Condicionado por sus circunstancias, Arnao apenas pudo contribuir a la vida académica española. Fue autor, en cualquier caso, de algunos pasajes dedicados a las tres provincias vascas en el Diccionario geográficohistórico de España (1802) preparado por la Real Academia de la Historia, de un Elogio histórico del Cardenal Don Frai Francisco Giménez de Cisneros (1803) o de un Diccionario de la Academia Española (1826) publicado en París, en el que se abreviaba la edición madrileña de 1822. Tradujo también dos ensayos de Humboldt sobre la América española.

Vicente González Arnao murió en Madrid el 4 de marzo de 1845 a los setenta y ocho años de edad.


Obras de ~: Discurso sobre las colecciones de cánones griegas y latinas que se han formado hasta las que componen el cuerpo del derecho canónico, indagación de sus verdaderos autores y exámen crítico de la autoridad y circunstancias apreciables de cada una, Madrid, Imprenta Real, 1793; Ensayo de una historia civil de España, Madrid, Benito Cano, 1794; con F. Martínez Marina, J. Traggia y M. Abella, “Señorío de Vizcaya y Provincias de Álava y Guipúzcoa”, en Real Academia de la Historia, Diccionario geográfico-histórico de España, ts. I y II, Secc. 1.ª: Reyno de Navarra, Madrid, Viuda de D. Joaquín Ibarra, Viuda de Jordan é Hijos, 1802-1846; Elogio histórico del Cardenal Don Frai Francisco Giménez de Cisneros, leído en Junta Pública que celebró la Real Academia de la Historia el día 21 de julio de 1802, Madrid, c. 1805; Exposiciones hechas a la Real Dirección de Abastos y al Consejo Real en el año 1805 sobre la libertad de los abastos que se administraban por el gobierno, Madrid, Hijo de Ibarra, 1809; A. Humboldt, Ensayo político sobre el reino de la Nueva-España, trad. de ~, París, 1822; Diccionario de la Academia Española, (ed. abreviada de la de Madrid, 1822), París, Cossou, 1826; A. Humboldt, Examen político sobre la isla de Cuba, trad. de ~, Gerona, A. Oliva, 1836.

Bibl.: J. González Cabo-Reluz, Elogio académico del Illmo. Señor D. Vicente González Arnao [Madrid], 1845; Marqués de Siete Iglesias, “Real Academia de la Historia. Catálogo de sus individuos. Noticias sacadas de su archivo”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, t. CLXXV, cuad. I (enero-abril de 1978), págs. 75-77; R. Andioc, “El primer testamento de Leandro Moratín y el último de Juan Antonio Melón”, en De místicos y mágicos, clásicos y románticos. Homenaje a Ermanno Caldera, Messina, Armando Siciliano ed., 1993, págs. 47-67; A. Zamora Vicente, Historia de la Real Academia Española, Madrid, Espasa Calpe, 1999, pág. 142.


Biografía escrita por Eduardo Torres Corominas procedente del Diccionario Biográfico Español.

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