Suances

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Linea 5

Juan Antonio Suanzes Fernández.

Marqués de Suanzes (I). Ferrol (La Coruña), 20.V.1891 – Madrid, 6.XII.1977. Fundador y primer presidente del Instituto Nacional de Industria (INI), ministro de Industria y Comercio.

La familia Suanzes ha formado parte durante los siglos xix, xx —e incluso actualmente— del grupo de familias de El Ferrol (La Coruña) tradicionalmente vinculadas a la Armada. Juan Antonio Suanzes Fernández era hijo de Saturnino Suanzes Carpeña, el cual perteneció al Cuerpo General de la Armada, participando en algunas campañas militares, pero habría de destacar, y ser conocido, por su dedicación a la enseñanza, al regentar la más importante academia de preparación para el ingreso en la Escuela Naval de El Ferrol. Este antecedente familiar propició la incorporación de Juan Antonio a esta Escuela Naval con la categoría de aspirante de la Armada cuando solamente contaba con doce años (1903). Su rápida y brillante carrera militar le llevó a alcanzar los grados de guardia marina (1906), alférez de Fragata (1908) y alférez de Navío (1909), participando en diferentes campañas formando parte de la dotación de diferentes buques de la Armada.

Compañero suyo en la Armada fue Nicolás Franco Bahamonde, asimismo miembro de otra de las familias de El Ferrol con importante presencia en la Armada, cuyo hermano menor Francisco, también estuvo destinado a incorporarse a la Armada, lo cual no pudo materializarse por falta de plazas en aquel momento. No es exagerado reseñar la enorme trascendencia para Juan Antonio Suanzes de las circunstancias de su origen familiar, ya que por un lado su educación militar habría de acentuar su sensibilidad patriótica —lo cual condicionaría de forma notable su personalidad—, y en segundo lugar, su cercanía

a la familia Franco motivaría su presencia en cargos de responsabilidad a lo largo del régimen franquista. A partir de 1908, se iniciaron los proyectos de renovación de buques en la Armada, que tanto trabajo habían necesitado para ver la luz, y Juan Antonio Suanzes fue destinado en 1913 para formar parte de la primera dotación del acorazado España cuando el buque fue entregado como primera unidad de este nuevo programa, y fue en 1915 cuando Suanzes decidió tomar una participación activa en la construcción naval. Esta primera desviación de su carrera puramente militar supuso su incorporación a la primera promoción de la Academia de Ingenieros de la Armada, creada precisamente para atender el programa de nuevas construcciones militares, obteniendo en 1917 el título de ingeniero de la Armada (el título civil de ingeniero Naval sería creado años después). En esa primera promoción, se encontraban otros insignes ingenieros que serían llamados a importantes responsabilidades tanto en la construcción naval como en la vida política, como Luis Ruiz Giménez, Áureo Fernández Ávila, Nicolás Franco, Jesús Alfaro, Federico Beigbeider o Augusto Miranda.

La actividad de Juan Antonio Suanzes como ingeniero de la Armada se desarrolló entre 1917 y 1922, centrándose principalmente en la docencia en la Escuela Naval que durante ese período se había trasladado desde El Ferrol (La Coruña) a San Fernando (Cádiz). En ese tiempo se produjo su matrimonio con Joaquina (Tina) Mercader y Bofill (Barcelona, 28.I.1897 – Madrid, 6.IX.1973), hija del almirante Pedro Mercader, que supuso la unión de dos de las familias de El Ferrol con mayor protagonismo en la Armada. En 1922, con sólo treinta y un años, y con la categoría de teniente coronel de Ingenieros de la Armada, decidió dar un nuevo giro a su carrera abandonando el estamento militar e incorporándose a la industria privada. Ya no volvería a tener mando militar alguno.

En 1908, se había creado la Sociedad Española de Construcción Naval (La Naval) con el patrocinio de empresarios e instituciones financieras vascas, y con la importante presencia de la empresa británica Vickers, la cual aportaba su experiencia industrial, responsabilizándose asimismo de la gestión de la empresa. La Naval había resultado adjudicataria del concurso de la Armada para el importante programa de nuevas construcciones. Suanzes formó parte de la organización de La Naval desde su abandono de la carrera militar en 1922 hasta el año 1934.

La trayectoria de Suanzes en La Naval le llevó en primer lugar a la dirección del astillero de Cartagena entre 1922 y 1926, época durante la cual se entregaron seis submarinos y tres destructores, para posteriormente responsabilizarse del astillero de El Ferrol en el período 1926-1932, participando en los proyectos de construcción de los cruceros Canarias y Baleares. Entre los años 1932 y 1934 su destino fue las oficinas de Madrid donde asumió la responsabilidad técnica del conjunto de los proyectos de la Compañía. Sin embargo, su situación en la empresa había ido deteriorándose poco a poco por sus discrepancias con el accionista inglés Vickers, el cual veía a La Naval prácticamente como un departamento propio. Esto chocaba con los sentimientos patrióticos de Suanzes, que entendía que la defensa nacional no podía quedar supeditada a las decisiones de socios extranjeros. Se ponía ya de manifiesto la filosofía autárquica de Suanzes, máxime en esta materia que afectaba a la soberanía nacional. Este deterioro desembocó en la salida violenta de Suanzes de la empresa —junto con una serie de ingenieros navales próximos a él—, lo cual generó cierto nerviosismo en los ámbitos políticos, llegando a tratarse el tema en el Parlamento ante la preocupación de que la salida de los técnicos españoles fuera consecuencia de un afán de la Vickers de controlar la política de defensa. En cualquier caso, la salida de La Naval fue para Suanzes traumatizante y condicionó su visión sobre la presencia de intereses extranjeros en la industria española.

En el período entre 1934 y 1936, Suanzes pasó a tener responsabilidades en la empresa privada (Boetticher y Navarro S.A.), en los momentos políticos complejos que desembocaron en la Guerra Civil. Al estallar el conflicto bélico, se encontraba en Madrid, y optó por refugiarse en la Embajada de Polonia, desde donde logró salir del país para, al poco tiempo, incorporarse a la zona ya dominada por las fuerzas franquistas, y en donde, por su relación personal con el general Franco, le fueron encomendadas determinadas gestiones militares. En octubre de 1937, se hizo cargo de la Comisión de Salvamento de Buques, organismo que se encargó de recuperar buques hundidos —civiles y militares—, muchos de ellos en los propios puertos, lo cual dificultaba el acceso a ellos.

En enero de 1938, Suanzes fue nombrado ministro de Industria y Comercio en el primer gobierno de Franco. En el terreno de la política industrial, su ideología en ese momento estaba claramente condicionada por la situación bélica, aunque manifestaba que el Estado tenía que tener un protagonismo decisivo en la industria, tanto en la época de guerra como de paz.

En el primer caso, serviría para defender la independencia nacional y en el segundo aseguraría la optimización de la balanza comercial. Viva su experiencia en La Naval, y en medio de las dificultades de la Guerra Civil, Suanzes no ocultaba su defensa de la autarquía.

Hablaba de una autarquía total en las industrias militares, y parcial en los productos manufacturados, aunque en estos últimos el Estado habría de disponer de instrumentos para evitar tensiones en los intercambios internacionales. Pensaba que una autarquía más radical no era viable ya que, una vez superada la guerra, habría que dar salida a los excedentes agrícolas y mineros, y ello requeriría la firma de tratados comerciales con otros países. Asimismo, la reconstrucción de la industria dañada por la guerra pasaría necesariamente por la importación de maquinaria, utillaje y medios de transporte no disponibles en España.

En agosto de 1939, cesó en el Gobierno, pasando a responsabilizarse de la Dirección de Construcción e Industrias Navales Militares del Ministerio de Marina.

Esta etapa, que duró hasta septiembre de 1941 no fue trascendente en la biografía de Suanzes. Era una actividad que conocía bien, y aprovechó este período para corregir lo que él entendía como una anomalía, concretamente la presencia decisoria de Vickers en la construcción naval militar, asegurando que algunas de las factorías de esta empresa revirtieran al Estado. La tesis autárquica en las industrias militares cobraba su máximo esplendor.

En septiembre de 1941, Suanzes fue llamado a la presidencia del Instituto Nacional de Industria (INI), organismo recién creado para canalizar la intervención del Estado en la industria. En el preámbulo de la Ley de creación de la entidad quedaron plasmadas las tesis de Suanzes: en primer lugar la falta de empresarios y de iniciativa privada que hacían necesaria la actuación del Estado; en segundo lugar la defensa nacional que requería producción propia y un control absoluto sobre las empresas de armamento, y en tercer lugar, la falta de entes de financiación de grandes proyectos industriales, lo cual obligaba a un protagonismo de la iniciativa pública. Su mandato como presidente del INI tuvo dos etapas, una primera entre 1941 y 1945, fecha en que fue nuevamente nombrado ministro de Industria y Comercio, manteniendo la presidencia vacante, y una segunda desde 1951, en que cesó como ministro, hasta 1963, año en que finalizó su actividad profesional.

En la primera etapa, predominó el proyecto autárquico.

Los acontecimientos internacionales estaban provocando un alejamiento creciente de España de sus clientes y suministradores tradicionales, y por ello, en alguna medida, la autarquía era forzada. Pero además, Suanzes no ocultaba su convencimiento personal sobre el interés de la política autárquica. Desde esta convicción llevó adelante, durante su primera etapa presidencial, toda una serie de proyectos: destilación de pizarras en Puertollano para la obtención de combustibles líquidos, apoyo a la empresa Siderurgia Asturiana S.A. que intentaba producir acero sin materias primas de importación, fabricación de fertilizantes partiendo de productos agrícolas autóctonos, desarrollo de la producción de carbón nacional, etc. En todos estos proyectos, el factor coste no era prioritario. No era una estrategia resultante del análisis comparativo en busca de la alternativa más competitiva, sino que era la alternativa impuesta por las circunstancias políticas del momento, que respondía a las preferencias de Suanzes, las cuales además encontraban el apoyo del jefe del Estado. Pero fue evidente que los resultados del INI en esta primera etapa fueron paupérrimos: los proyectos de Puertollano habían necesitado de un esfuerzo económico importante y no se veían resultados tangibles de ningún tipo; la producción de fertilizantes o de acero no arrancaba; las iniciativas en materia de investigación minera eran abandonadas; los esfuerzos para incrementar la producción de carbón mediante la intervención del INI en alguno de los yacimientos explotados por la empresa privada (La Camocha, Utrillas, Barruelo, Mieres) había terminado con un rotundo fracaso, etc. Todo ello llevó a que la política autárquica empezara a resquebrajarse, siendo uno de los indicios más claros el hecho de que Suanzes planteara a Franco la necesidad de abrir conversaciones con Inglaterra y Estados Unidos como posibles suministradores de bienes de equipo, fundamentalmente para el sector eléctrico, donde las restricciones eléctricas no estaban siendo atajadas. En estas circunstancias, Suanzes fue en julio de 1945 nuevamente nombrado ministro de Industria y Comercio, finalizando así su primera etapa al frente del INI.

Aunque el año 1945 supuso el momento de mayor aislamiento de España, Suanzes ya había corregido su rumbo autárquico. En su nueva etapa ministerial, dedicó un importante esfuerzo a conseguir el apoyo financiero de los Estados Unidos, con lo cual se dio un paso importante en la internacionalización de la economía española. Además, propició por primera vez en 1949 la presencia extranjera en el capital de una empresa creada por el INI (CALTEX en Refinería de Petróleos de Escombreras S.A.), y apoyó la aportación tecnológica de FIAT en el desarrollo de SEAT, todo ello impensable en los inicios del INI. La evolución del pensamiento de Suanzes era evidente.

También había modificado sus reservas sobre la empresa privada, pasando a tolerarla, siempre que no se pusiera en peligro la industrialización del país. Asimismo, la presencia de capital extranjero se hizo posible, pero condicionado a que no entrara en conflicto con el interés nacional, aspecto sobre el cual él se erigía en el principal “interpretador”. Sobre esto último, tuvo una enorme proyección durante su etapa ministerial el famoso contencioso de la Barcelona Traction, donde Suanzes tuvo un protagonismo destacado, al entender que los socios canadienses de la empresa eléctrica mantenían una posición poco aceptable.

En 1951, Suanzes cesó como ministro, reincorporándose a la presidencia del INI que se había mantenido vacante. Su peso político era grande por su proximidad a Franco, pero era consciente de que la iniciativa pública iba a ir perdiendo apoyos, por el riesgo creciente de que entrara en competencia con iniciativas privadas incipientes. Por ello, sistemáticamente señalaba que el INI acometía proyectos de industrialización cuando el ahorro privado no estaba presente. Incluso llegó a desarrollar la llamada tesis de la temporalidad, lo cual suponía que si una vez desarrollado un proyecto por el INI apareciera un empresario privado interesado en tomar el relevo, el Instituto le cedería sus acciones y dedicaría esos recursos a otra iniciativa más necesitada. Pero en la práctica, eso no llegó nunca a suceder, ya que a Suanzes se le hacía difícil aceptar —contrariamente a lo que manifestaba públicamente—, que al INI le correspondiera la travesía del desierto para que luego un empresario se aprovechara del esfuerzo realizado. Por ello, la segunda etapa de Suanzes en el INI (1951-1963) estuvo plagada de desencuentros con la empresa privada.

Sin embargo, durante este período, el INI materializó un amplio programa industrializador en sectores básicos como el minero, petrolífero, eléctrico, siderúrgico, automovilístico, etc., frecuentemente con la oposición de otros intereses, pero siempre quedaron patentes el patriotismo y la capacidad de liderazgo de Suanzes.

La nueva política económica en vigor a partir de 1959 hizo más problemático el protagonismo del INI, lo cual, unido a dificultades de entendimiento con el general Franco, provocaron el cese de Suanzes al frente del INI en 1963. A partir de ese momento, mantuvo un alejamiento total del mundo de la empresa, interrumpiéndose asimismo su relación personal con Franco, al cual achacaba un insuficiente apoyo en sus últimos años al frente del INI. Pese a todo, por Decreto de 1 de octubre de 1960, Franco gratificó su gestión concediéndole la merced nobiliaria de marqués de Suanzes.

Suanzes falleció en Madrid el 6 de diciembre de 1977, sucediendo en el título su hijo el capitán Saturnino Suanzes y de Mercader. Los diferentes artículos publicados en los medios de comunicación con motivo de su onomástica lo describieron como el artífice de la política industrial de la posguerra.

Obras de ~: La industrialización de España, Madrid, Diana Artes Gráficas, 1949.

Bibl.: J. M. González y P. Schwartz, Una historia del INI, 1941-1976, Madrid, Editorial Tecnos, 1978; J. J. Alzugaray, Ingenieros Egregios, Madrid, Ediciones Encuentro, 1989; F. Comin y P. Martín Aceña, Empresa Pública e industrialización en España, Madrid, Espasa Calpe, 1991; A. Ballestero, Juan Antonio Suanzes, 1891-1977. La política industrial de la posguerra, Madrid, Lid Editorial Empresarial, 1993.

Biografía escrita por Alfonso Ballestero Aguilar, procedente del Diccionario Biográfico Español.

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