Biografía escrita por María Luisa Rovira y Jiménez de la Serna, Condesa de los Andes.


Rita Giménez García. Rita la Cantaora. Cantaora y bailaora de flamenco.

Jerez de la Frontera (Cádiz), 1859 – Zorita del Maestrazgo (Castellón), 29.VI.1937.

Desde muy joven, Rita la Cantaora se inició cantando coplas en reuniones familiares o de la vecindad de su Jerez natal, hasta que un agente teatral oyó su cante y la contrató para actuar junto a la bailaora Juana la Macarrona y el cantaor Antonio Ortega Es- calona Juan Breva, en los cafés cantantes madrileños. Debutó así en público en el Café Romero de la calle de Alcalá. En 1906 figuró en el cuadro flamenco del Café del Gato. Durante su trayectoria artística, desarrollada principalmente en la capital de España, actuó con Francisco Lema Fosforito el Viejo, Antonia la Coquinera y Carmen la Paloma, y después, a lo largo de la década de los felices años veinte, con Manuel Pavón Varela Maneli y Manuel Escacena Cabeza Pepino. Cuando su carrera artística parecía comenzar su declive, hizo amistad con el bailaor Patricio el Feo, que la llevó a vivir a Carabanchel Alto. En este barrio conoció al volquetero Manuel González Flores con quien se casó. Éste era viudo y aportó al matrimonio una hija y cuatro nietos, cuyo cuidado hubo de asumir Rita cuando su marido falleció en 1930.

Parece ser que Rita la Cantaora se hizo muy popular en el barrio del Cerro por su gracejo jerezano y su carácter alegre y dicharachero, pletórico de frases chispeantes, que fueron envolviendo su vida en la leyenda, quedando inmortalizada por el popular dicho de “eso, a Rita la Cantaora”, u otros parecidos, de los que se deriva una connotación negativa aludiendo a la falsedad de las palabras que se vierten en una conversación, o bien por algo que no se pretende realmente hacer o que, por no existir la obligación, no se va a cumplir. Sin embargo, parece que el origen de estas frases comenzó siendo algo positivo y que se debe a que Rita la Cantaora también destacó en el baile, moviéndose en sus propias actuaciones, en concreto por malagueñas y soleares e interpretó con gracia los estilos festeros, en especial las bulerías, razón por la cual también se la pudo conocer por Rita la Bailaora. Debido a su disposición para arrancarse un baile o un cante cada vez que un espectador se lo pedía y complacer así a su público, se acuñó esta tradicional expresión. Otros autores entienden que precisamente su facilidad para el baile y el cante y popularidad en los cafés cantantes de su época despertó las envidias de sus rivales que degeneraron la frase en algo negativo, que con el paso del tiempo se generalizó.

La última actuación de Rita la Cantaora en público tuvo lugar en 1934, en el Café de Magallanes, con motivo de un festival benéfico organizado por Fosforito el Viejo, que reunió a varios artistas veteranos. Cuando estalló la Guerra Civil, al quedar una parte del frente de Madrid ubicado en Carabanchel, las autoridades evacuaron a los habitantes del barrio, una parte de los cuales fueron trasladados a Zorita del Maestrazgo, pueblo donde fueron acogidos en calidad de refugiados. En este pueblo de la provincia de Castellón falleció Rita la Cantaora a finales de junio de 1937 con setenta y ocho años de edad.


BiBl.: l. Carnés Caballero, “El final de los flamencos: Rita la Cantaora vive olvidada en Carabanchel Alto”, en Estampa, 8 de junio de 1935; M. Vázquez, “La verdad sobre Rita la Cantaora”, en Er Compá. Boletín de la Peña Flamenca Enrique el Mellizo (Cádiz), año I (diciembre de 1980); M. Ríos Ruiz, “Rita la Cantaora (Rita Giménez García)”, en e. Casares Rodicio  (dir. y coord.), Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, t. IX, Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 2002, pág. 213.


 Imagen de Emilio Beauchy, Café cantante, hacia 1885, copia a la albúmina, cortesía de Wikimedia Commons.

 

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