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Fecha: Finales del siglo VII a.C

Dimensiones: 64,5 x 38 cm.

Procedencia: Palacio de Senaquerib en la antigua Nínive (Mosul, Iraq). Donación de D. Antonio López de Córdoba en 1851.


Fragmento de bajorrelieve asirio que muestra dos lanceros en fila que, con grandes escudos redondos, marchan hacia la derecha. Según los dibujos dejados por H. Churchill, la escena se completaba con un tercer lancero y, tras los infantes, un jinete con lanza que lleva el caballo de la brida y del que sólo se conservaban sus patas delanteras.

En el fragmento conservado en la Academia se observa a los guerreros que avanzan majestuosos caminando a pie por un país montuoso, que se representa por medio de pequeñas elevaciones estilizadas triangulares que cubren todo el campo, a modo de escamas. Los soldados asirios ofrecen su vestimenta característica. Calzan fuertes botines y llevan una túnica con mangas cortas que llega hasta la rodilla y que queda ceñida por un cinturón, representándose entre las piernas una a modo de cola. Pero lo más característico es su armamento. Llevan en su mano derecha una lanza corta y en la izquierda un gran escudo cónico que se ayuda a sostener con una banda cruzada sobre el hombro, mientras que la cabeza se protege con un gran casco apuntado muy característico de los guerreros asirios y de Urartu, completado por orejeras laterales. Bajo el casco se observan los rostros serios de los guerreros, con sus características y profusas barbas y luengas cabelleras que sobresalen por detrás, todo ello narrado con un gusto detallista característico de los relieves de Senaquerib.

En efecto, este fragmento de bajorelíeve asirio está labrado en alabastro procedente de una cantera próxima a Mosul, cuya facilidad de talla permitía una labra de gran precisión y finura. Sin duda procede del palacio Senaquerib (705-681 a.C) en la antigua Nínive, ciudad frente a la actual ciudad de Mosul, que dicho rey asirio engrandeció y fortificó, construyendo entre el 703 y el 694 a.C. su gran Palacio, de más de 450 por 200 m, en la parte Sudoeste de la ciudadela, entre el Templo de Istar y su zigurat y la margen izquierda del rio Tigris.

Dicho palacio estaba decorado con toros alados y bajorelieves como los de este fragmento. Pero hoy día es difícil saber de que sala proceden, aunque se han atribuido, con problemas, a una sala de recepción. R. D. Burnett los atribuye a una habitación a la que se accedía por tres accesos desde el primer patio interior de la residencia regia, aunque señala ciertas dificultades por su tamaño. En todo caso, los dibujos realizados por el artista Henry A. Churchill permiten reintegrar algo más la escena a la que pertenecían.

De todos los soberanos asirios, tan aficionados a narrar sus hazañas, Senaquerib fue el que más actividades guerreras ha representado, siendo los relieves de su palacio la culminación de la de capacidad narrativa del relieve asirio, que puede considerarse como un auténtico lenguaje gráfico que constituye una de las cumbres del arte narrativo de todos los tiempos.

A la belleza del relieve se añade una novelesca llegada a España a lomos de caballos árabes tras un azaroso viaje en que se rompió y perdió una de las piezas, pero su goce siempre irá unido al recuerdo de la generosidad personal de D. Antonio López de Córdoba, gracias a la cual la Academia puede contar con estas magníficas piezas.

Bibliografia: Riaño, J.F, 1895, pp.264-266; Peñuela, J.M., 1966, pp.247-252); Barnett, R.O., Bleibtreu, E y Iurnet, G., 1999, p. 73, n° 2D5b y2D6b, lám. 141;Almagro Garbea, M., 1999, fig. 12.


Texto procedente del Catálogo de la exposición Tesoros de la Real Academia de la Historia. 2001. Ficha escrita por Martín Almagro Gorbea

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