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Rafael Lapesa Melgar

Valencia, 8.II.1908 – Madrid, 1.II.2001. Filólogo, lingüista e historiador de la lengua.

Su infancia quedó marcada por las dificultades vividas por su padre, quien, licenciado en Filosofía y Letras, regentó colegios privados, primero en la región valenciana y más tarde en Castilla, dedicación que en ocasiones le obligó a permanecer largo tiempo alejado del seno familiar; sus tres hermanas mayores, maestras nacionales, fueron quienes le enseñaron a leer y escribir en casa durante su infancia valenciana. A la edad de ocho años se trasladó a Madrid con su familia y allí se incorporó a la enseñanza reglada en el instituto Cardenal Cisneros. Cursó sus estudios universitarios en la Universidad Central de Madrid, mientras trabajaba en una oficina todas las mañanas (“cursé por libre la licenciatura en Letras y sólo pude asistir a las clases que se daban por la tarde”); se licenció con Premio Extraordinario en 1927 y obtuvo el doctorado en Filosofía y Letras en 1931. Intelectual imbuido del espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, adquirió en ella la tolerancia respetuosa que le acompañó toda su vida y que compaginó con la práctica de una religiosidad plena.

En 1927 entró como becario en el Centro de Estudios Históricos, por iniciativa de Américo Castro y bajo la dirección de Menéndez Pidal. Se reconoció siempre discípulo de ambos maestros. En 1930 ganó oposiciones a cátedra de instituto, pero pidió excedencia para continuar en el Centro de Estudios Históricos como colaborador; allí, en la sede de la calle Almagro, permaneció hasta 1932 dedicado a la elaboración de un glosario del español primitivo, así como ayudando a Menéndez Pidal en cuestiones relacionadas con la épica y el romancero; de 1930 a 1932 sustituyó en la Facultad de Filosofía y Letras a Américo Castro durante su estancia en Alemania y, a partir de 1932, al regreso del maestro, le fue confiado un curso introductorio de Historia de la Lengua Española como profesor ayudante. En 1932 reingresó a la cátedra de instituto. Su destino fue Oviedo, si bien permaneció en Madrid en el instituto Calderón de la Barca (donde coincidió con Antonio Machado, que era allí catedrático de Francés), pasando durante el comienzo de la guerra al también madrileño Lope de Vega. Fue después movilizado y enseñó a analfabetos como “miliciano de la cultura” (según palabras propias, en M. Velasco Kindelán, 1985). Desempeñó un papel equiparable al de secretario de lo que quedaba del Centro de Estudios Históricos, con el fin de mantener contacto con la Junta para Ampliación de Estudios, que había pasado a Valencia, donde estaba Dámaso Alonso, pero la Guerra Civil le apartó de cuanto se había ido construyendo en torno a sus maestros y le llevó a constituirse en solitario eje orientador del estudio histórico integral de la lengua española.

Después de la guerra, las nuevas autoridades universitarias se negaron a renovarle el nombramiento de profesor ayudante en la Facultad. Tras unos meses en el instituto Beatriz Galindo, a consecuencia de la depuración, pasó a su cátedra de Oviedo con sanciones que luego fueron borradas. De Oviedo se trasladó a Salamanca, donde estuvo de 1942 a 1947 (en la Universidad contó con alumnos como Manuel Alvar, Tomás Buesa o Carmen Martín Gaite), fecha en que ganó la cátedra de Gramática Histórica (después denominada Historia de la Lengua Española) de la Universidad Central de Madrid, de la que había sido titular Américo Castro. Desde entonces repartió su tiempo entre la Universidad y la Real Academia Española, con algunas salidas al extranjero: cinco años en Estados Unidos entre 1948 y 1960, sobre todo en las Universidades de Princeton, Harvard (en ésta continuó la labor investigadora que, ante su prematura muerte, le había confiado su amigo Amado Alonso), Yale, Berkeley y Wisconsin; después, en universidades europeas e hispanoamericanas, principalmente Argentina y México. Se jubiló en 1978, si bien continuó impartiendo cursos monográficos en el Colegio Libre de Eméritos. Dictó un curso sobre Morfosintaxis Histórica como profesor invitado en la Universidad Autónoma de Madrid (1984-1985).

Fue presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal, constituida en noviembre de 1983, con la finalidad de continuar la actividad investigadora del eximio historiador y velar por la conservación y acrecentamiento tanto de la biblioteca como del archivo por él legados.

Nombrado académico de la Real Academia Española en 1950, ingresó el 21 de marzo de 1954 para ocupar el Sillón de la letra k. En la Real Academia Española fue secretario perpetuo (de 1964 a 1971) y director interino (1988-1989); en ella había entrado por concurso, en 1947, en el recién creado Seminario de Lexicografía fundado por Julio Casares, del que después llegó a ser subdirector (1954) y director (1969), dedicando treinta y cuatro años al Diccionario histórico de la lengua, “ese registro total documentado del léxico español de todos los tiempos y de todas las tierras”, como ha recordado Manuel Seco, hasta que la obra fue interrumpida. Elegido académico de la Real Academia de la Historia el 2 de diciembre de 1983, ingresó el 14 de abril de 1996 para ocupar la vacante producida por el fallecimiento de Emilio García Gómez.

Filólogo, lingüista, autor de numerosos libros y artículos publicados en revistas especializadas, está considerado como una de las figuras más destacadas en el cultivo de la historia de la lengua española, a la que dedicó una obra de igual título estudiada por generaciones sucesivas de estudiantes universitarios.

La importancia de su persona y obra queda reflejada en la amplitud de nombramientos recibidos: vicepresidente (1965-1971), presidente (1974-1977) y presidente de honor (de 1977 en adelante) de la Asociación Internacional de Hispanistas; primer presidente y presidente honorario de la Asociación Internacional de Historia de la Lengua Española; miembro de honor de la Modern Language Association of America, de la American Association of Teachers of Spanish and Portuguese y de la Asociación de Lingüística y Filología de la América Latina (ALFAL); Honorary Senior Research Fellow del Institute of Romance Studies de la University of London; miembro correspondiente de la Academia Argentina de las Letras, de la Academia Nacional de Letras de Uruguay, de la Academia de Artes y Letras de Puerto Rico, de la Academia Paraguaya de la Lengua, de la Academia Hondureña de la Lengua, de la Real Academia Gallega y de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona; miembro del Instituto de Estudios Asturianos, del Instituto Alfons el Magnànim de Valencia y del Centre de Cultura Valenciana; caballero de la Legión de Honor; Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, de la Orden de Andrés Bello y de la de Isabel la Católica; Premio Nacional de Investigación Menéndez Pidal en 1983 y Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1986. Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes (1986); Premio Honorífico Amado Alonso del Ministerio de Educación y Justicia de la República Argentina (1988); doctor honoris causa por las Universidades de Toulouse, San Marcos de Lima, Helsinki, Valencia, Oviedo, Salamanca, Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Valladolid y Sevilla; en 1999 fue aprobado su nombramiento por la Universidad Autónoma de Madrid, aunque, por su delicado estado de salud, ya no se llevó a efecto.

Estuvo casado desde 1932 con Pilar Lago Couceiro (fallecida en 1984), compañera en la Universidad y en el Centro de Estudios Históricos, presidenta de la Asociación Española de Mujeres Universitarias y profesora de Literatura Española; nunca se consoló de su muerte en los diecisiete años que le sobrevivió. No tuvo descendencia.

Como ha señalado Manuel Seco, la trayectoria de Lapesa “comprende dos etapas, separadas por la Guerra Civil. La primera, que él llamaba de formación, es la de los grandes maestros, Menéndez Pidal y Américo Castro, y la del Centro de Estudios Históricos. La segunda gira en torno a dos ejes que se entrecruzan o se superponen: la Universidad y la Academia”. En el Centro de Estudios Históricos trabajó junto a Solalinde, Federico de Onís, García de Diego, Navarro Tomás, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Margot Arce, Samuel Gili Gaya, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Montesinos, Amado Alonso y Dámaso Alonso; allí conoció a hispanistas como Karl Vossler, Leo Spitzer, Fritz Krüger, Marcel Bataillon, Jean Sarrailh y tantos otros. Cultivó la amistad con intelectuales de su época, como Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Xavier Zubiri, José Antonio Maravall o Pedro Laín Entralgo.

A su muerte, fue unánime el reconocimiento a su condición de profesor y maestro ejemplar, plasmada en el crecido número de alumnos repartidos por la vasta geografía del hispanismo. Dirigió más de un centenar de tesis doctorales y otras tantas memorias de licenciatura en los casi cincuenta años de dedicación a las tareas docentes. Casi toda su biblioteca personal, así como documentos y papeles privados, que constituyen un legado filológico y cultural de gran alcance, están hoy depositados y ejemplarmente archivados en la Biblioteca Valenciana del Monasterio de San Miguel de los Reyes.

Cultivó la filología entendida como disciplina de estudio integrador de la lengua y su literatura, inseparables, a su vez, de la historia, siguiendo en ello la estela de Menéndez Pidal y Américo Castro. Teniendo en cuenta la consideración unitaria que preside su producción filológica, se puede decir que la obra de Rafael Lapesa está articulada en torno a cuatro ejes vertebradores: En primer lugar, la historia de la lengua le vino marcada por sus maestros; la huella de Menéndez Pidal es muy clara en este campo. Además del rigor metodológico y la preocupación por los textos, adoptó los principios de la fonología diacrónica, la dialectología histórica y la onomástica, así como las consecuencias derivadas del análisis del contacto lingüístico del español con otras lenguas a través de la historia, dentro y fuera de sus fronteras peninsulares.

La constitución de la koiné castellana medieval a través de sus brillantes trabajos sobre la apócope, por una parte, y el español de América en todas sus dimensiones, por otra, son los núcleos más firmes de su obra histórica.

En segundo lugar, el léxico y lexicografía hispánicos.

Además de sus muchos trabajos recopilados en libros de igual título, así como su larga y rigurosa dedicación al Seminario de Lexicografía Académico (donde colaboró en las sucesivas ediciones del Diccionario general, al tiempo que puso en marcha la nueva versión del Diccionario histórico, proyecto truncado después), su primera tarea investigadora había sido la dirección de la sección de lexicografía en el Centro de Estudios Históricos. De 1927 a 1936 elaboró notas etimológicas, léxicas y semánticas del español medieval y clásico, y comenzó a reunir un glosario del español primitivo de las voces romances contenidas en documentos de los siglos ix al xii, pensado como tomo II de los Orígenes del español de Menéndez Pidal. Para esta tarea contó después con la colaboración de Constantino García y depositó el borrador del trabajo en el Seminario de Lexicografía Académico, publicado por la Real Academia Española en 2003 (en edición de Manuel Seco). En los últimos diez años de su vida retomó esta labor, para lo cual amplió los márgenes cronológicos y la base documental, al tiempo que añadió nuevas consideraciones teóricas de importancia. Así actualizado, el inacabado Glosario del primitivo léxico ibero-románico quedó custodiado tras su muerte en el Seminario Menéndez Pidal.

En tercer lugar, sus trabajos literarios afianzan el carácter integral de su concepción de la lengua como manifestación más acabada del acto de creación lingüística, tanto individual como colectiva, y se concretan en el interés por determinados textos, autores y escuelas de la historia de la literatura hispánica, que nutren, a su vez, su construcción histórica de la lengua.

Los estudios dedicados al Marqués de Santillana, a Garcilaso o a Mariano José de Larra son los más sobresalientes de sus muchas publicaciones.

Por último, en cuarto lugar, la sintaxis histórica es el campo en el que se le considera verdadero pionero por haber abierto en él nuevos caminos y líneas de investigación. Fue durante su estancia en Princeton donde recreó el concepto humboldtiano de “forma interior del lenguaje”, siguiendo la aplicación que había hecho Amado Alonso a rasgos particulares de la lexicología y sintaxis hispánicas, lo que le permitió articular en forma unitaria aspectos aparentemente inconexos de la sintaxis histórica de la lengua española.

Este ideal de inspiración germánica que impregnó sus trabajos a partir de entonces fue estructurando, en términos filológicos, la función conformadora que el lenguaje ejerce sobre la mentalidad de comunidades e individuos.

No hay que olvidar otros aspectos de su legado, como la eficaz y respetuosa preparación para la imprenta de trabajos ajenos, así como las reflexiones sobre el pensamiento español de maestros y colegas con los que compartió tareas y amistad, que constituyen un valioso material para entender la magnitud de su figura a lo largo y ancho del siglo xx.


Obras de ~: J. de Valdés, Diálogo de la lengua, ed. de ~, Zaragoza, Biblioteca Clásica Ebro, 1940 (ed. de M.ª T. Echenique Elizondo y M. de la Campa Gutiérrez, Valencia, Tirant lo Blanch, 2008); Historia de la lengua española, Madrid, Escelicer, 1942 (8.ª y 9.ª eds. revs. y aums., Madrid, Gredos, 1980 y 1981; trad. jap., Kioto, Showado, 2004); Poetas del siglo xvi (antología), Barcelona, Rauter, 1947; Introducción a los estudios literarios, Salamanca, Anaya, 1947 (Madrid, Cátedra, 1975); Asturiano y provenzal en el Fuero de Avilés, Salamanca, Universidad, 1948; La trayectoria poética de Garcilaso, Madrid, Revista de Occidente, 1948 (2.ª ed. Madrid, Alianza, 1968; 3.ª ed. rev. y aum., Garcilaso: Estudios Completos, Madrid, Istmo, 1985); Los decires narrativos del Marqués de Santillana (discurso de ingreso en la Real Academia Española), Madrid, Real Academia Española, 1954; A. Alonso, De la pronunciación medieval a la moderna en español, ultimado y dispuesto para la imprenta por ~, vol. I, Madrid, Gredos, 1955; vol. II, 1969 (vol. III inacabado); La obra literaria del Marqués de Santillana, Madrid, Ínsula, 1957; R. Menéndez Pidal, Crestomatía del español medieval, acabada y revisada por ~ y M.ª S. de Andrés, vol. I, Madrid, Gredos-Seminario Menéndez Pidal, 1965; vol. II, 1966; De la Edad Media a nuestros días. Estudios de historia literaria, Madrid, Gredos, 1967 (ests. publicados entre 1933 y 1964); “Menéndez Pidal, creador de escuela: el Centro de estudios Históricos”, en ¡Alça la voz, pregonero! Homenaje a Don Ramón Menéndez Pidal, Madrid, Cátedra-Seminario Menéndez Pidal, 1979; Estudios de historia lingüística española, Madrid, Paraninfo, 1984 (ests. publicados entre 1948 y 1983); “Recuerdo y lección del ‘plan Morente’”, en Revista de Occidente, 60 (mayo de 1986), págs. 78-87; Poetas y prosistas de ayer y de hoy. Veinte estudios de historia y crítica literarias, Madrid, Gredos, 1977 (reúne trabajos entre 1949 y 1977); Buscad sus pares, pocos: tres ensayos, Madrid, Cátedra-Seminario Menéndez Pidal de la Universidad Complutense, 1978; “Comunidad lingüística y diversidad nacional en la cultura hispánica”, en VV. AA., Actas del Simposio sobre Posibilidades y límites de una historiografía nacional, Madrid 8-10 de marzo de 1983, Madrid, Instituto Germano-Español de la Goerres-Gesellschaft, 1984, págs. 525-529; Páginas escogidas. Estudios lingüísticos, literarios y estilísticos, Valencia, Universitat, 1987; De Ayala a Ayala. Estudios literarios y estilísticos, Madrid, Istmo, 1988; “La huella de Américo Castro en los estudios de lingüística española”, en R. E. Surtz, J. Ferrán y D. P. T esta (eds.), Américo Castro: the Impact of His Thought. Essays to Mark the Centenary of His Birth, Madison, Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1988, págs. 97-113; “Prólogo”, en J. Pérez Villanueva, Ramón Menéndez Pidal, su vida y su tiempo, Madrid, Espasa, 1991; Léxico e Historia. I. Palabras, Madrid, Istmo, 1992; Léxico e historia. II. Diccionarios, Madrid, Istmo, 1992; “Ramón Menéndez Pidal”, en I. Echevarría (ed.), El legado cultural de España al siglo xxi. 1. Pensamiento, Historia y Ciencia, Madrid, Colegio Libre de Eméritos-Círculo de Lectores, 1992; El español moderno y contemporáneo. Estudios lingüísticos, Barcelona, Crítica, 1996; Crisis históricas y crisis de la lengua española (discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia), Madrid, Real Academia de la Historia, 1996; De Berceo a Jorge Guillén. Estudios literarios, Madrid, Gredos, 1997; El dialecto asturiano occidental en la Edad Media, Sevilla, Universidad, 1998 (publicación de su tesis doctoral defendida en 1931); Generaciones y Semblanzas de filólogos españoles, Madrid, Real Academia de la Historia, 1998 (reúne trabajos entre 1969 y 1996, así como otros inéds.); “España, creadora de una lengua universal”, en España. Reflexiones sobre el ser de España, Madrid, Real Academia de la Historia, 1997; “[capítulo sobre la letra k]”, en Al pie de la letra. Geografía fantástica del alfabeto español, Salamanca, Caja Duero, 2000, págs. 81-89; Estudios de Morfosintaxis histórica del español, Madrid, Gredos, 2000, 2 vols. (se recopilan trabajos publicados entre 1937 y 1996, y se añaden materiales inéds.); Léxico hispánico primitivo, dir. y proyecto inicial de R. Menéndez Pidal, redactado por ~, con la colaboración de C. García, ed. de M. Seco, Madrid, Espasa Calpe, 2003.

Bibl.: VV. AA., Studia Hispanica in honorem R. Lapesa, Madrid, Gredos, 1972-1975; M. Velasco Kindelán, [Entrevista a Rafael Lapesa], en Boletín del Ilustre Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias, marzo-abril de 1985; VV. AA., “Homenaje a Rafael Lapesa”, en Boletín de la Real Academia Española (BRAE), Madrid, LXVIII (1988), págs. 21-57; Homenaje al profesor Lapesa, Murcia, Universidad, 1990; Bibliografía de Rafael Lapesa, Murcia, Universidad, Departamento de Lengua Española, 1994; Glosario del primitivo léxico ibero-románico. Proyecto de informatización. Homenaje a Rafael Lapesa en sus noventa años, Madrid, Fundación y Seminario Menéndez Pidal, 1998; Dos maestros, Madrid, Ínsula, 1998; M. Ariza (coord.), Rafael Lapesa: su obra. Homenaje a Rafael Lapesa, Sevilla, Universidad, 2001; S. Iglesias Recuero (coord.), Homenaje a Rafael Lapesa, Madrid, Universidad Complutense, Facultad de Filología; M. Seco, “Rafael Lapesa (1908-2001)”, en BRAE, LXXXI (2001), págs. 173-184; F. Abad, “Con pura voluntad estaba presto” (Una plaquette en honor de Rafael Lapesa), Madrid, 2001; R. Cano, “Rafael Lapesa (1908-2001)”, en Moenia, 7 (2001), págs. 3-9; M. T. Echenique, “Rafael Lapesa (1908-2001)”, en Revista de Filología Española, LXXXI (2001), págs. 195-205; J. C. Conde, “Lección y ejemplo de un maestro irrepetible: scientia et pietas en la obra de Rafael Lapesa [In memóriam Rafael Lapesa 1908-2001]”, en Romance Philology, 54 (2001), págs. 361-376; A. Lago Carballo, “Rafael Lapesa, un hombre de Dios”, en Alfa y Omega (suplemento de ABC) (Madrid), 2 de febrero de 2001; M. T. Echenique, “Rafael Lapesa (1908-2001), en Estudis Romànics, XXIV (2002), págs. 459- 464; M.ª T. Echenique y J. Satorre Grau, El legado de Rafael Lapesa (Valencia 1908-Madrid 2001), catálogo de exposición, Valencia, Generalitat-Biblioteca Valenciana, 2008; J. J. de Bustos y R. Cano (eds.), La obra de Lapesa desde la filología actual, Madrid, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2009; J.-C. Mainer (ed.), El Centro de Estudios Históricos (1910) y sus vinculaciones aragonesas (con un homenaje a Rafael Lapesa), Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010.


Biografía escrita por María Teresa Echenique Elizondo procedente del Diccionario Biográfico Español.

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