Biografía escrita por Dolores García Cantús, profesora de Historia Social y Política Contemporánea I y II de la Universidad de Valencia y autora de “Fernando Poo: una aventura colonial española en el África Occidental (1778-1900)”. Tesis doctoral. Universitat de Valencia (2004)


Pedro Blanco Fernández de Trava. El Mongo de Gallinas. Traficante de esclavos

Málaga, c. 1795 – ¿Barcelona?, c. 1854.

Nació en Málaga, en el barrio de pescadores de El Perchel, de padre humilde —patrón de un falucho de cabotaje— que murió antes de su nacimiento y madre repudiada por su rica familia de burócratas. Su tío materno, Fernando, capitán mercante en la ruta de las Antillas, le pagó un colegio y, posteriormente, al cumplir los diez años, la escuela de Náutica de la ciudad. A los catorce años se vio obligado a huir de Málaga por haber dejado a su hermana, Rosa, embarazada. Se enroló como simple polizón y tras numerosos avatares, hacia los veintitrés años, pasó a ser comerciante en barcos mercantes y, finalmente, traficante de esclavos, pirata, representante en Guinea de los intereses esclavistas cubanos y dueño de una factoría de esclavos. En 1822, Blanco llegaba al estuario del río Gallinas (entre Sierra Leona y Liberia) convirtiendo el tenebroso lugar en el mayor mercado de seres humanos y él en el mayor suministrador de esclavos de los negreros cubanos, brasileños y estadounidenses en plena era de la abolición. Con la riqueza que amasó, estableció transacciones comerciales con Madrid, Londres, París, Nueva Orleans y Martinica. Las claves de su éxito residían tanto en su personalidad —una mezcla de aguda inteligencia y crueldad— como en sus métodos. La experiencia la halló en sus numerosos viajes; aprendió del criadero de esclavos de Reeves, en Recife, y de los métodos del famoso negrero Cha Cha, en su etapa de empleado en Ouidah. Era crucial no ser apresado por la Armada británica antitrata con sede en Freetown, por lo que instaló un excelente sistema de vigilancia. En 1828 había conseguido ser el mayor traficante de esclavos de la costa africana y de sus barracones llegaron a  salir seis mil esclavos por estación, fomentando sin piedad los conflictos tribales. Tenía a su servicio ciento cincuenta marineros y doce contables y administrativos. En 1839, consciente de las mayores dificultades que comportaba la trata después del tratado entre España e Inglaterra de 1835, emigró a Cuba desde donde informaba al Gobierno de las posibilidades de utilizar la isla de Fernando Poo y los territorios alrededor de Gallinas (el Vey) como colonias a la manera británica en Sierra Leona o estadounidense en Liberia, con mano de obra negra forzada. Por ello, el 30 de abril de 1843, Espartero le concedió el título de intendente de la Armada, anulado el 27 de febrero de 1844 por su participación en 1843, como hombre de paja de Julián Zulueta, en la “Conjura de los Negreros” contra el capitán general de la isla, Valdés, y, sobre todo, por un informe de éste sobre su escabrosa vida privada. Su vuelta a Gallinas era ya muy difícil porque sus factorías negreras habían sido incendiadas por los británicos en 1840 y, su estancia en Cuba había devenido imposible por el rechazo de la burguesía esclavista a la que el negrero ya no le servía. Blanco abandonó La Habana en 1845 y consta que después del segundo ataque a Gallinas en 1849, donde parece que aún poseía factorías, ya estaba residiendo en Génova, donde algunos biógrafos dicen que murió en 1852, aunque la mayoría sostiene que murió loco en Barcelona en 1854.


BiBl.: L. Novás Calvo,  El Negrero, Madrid, Espasa Calpe, 1933; G. González de la Vega, Mar Brava, Barcelona, Ediciones B, 1999, págs. 369-414; D. García  Cantús, “Pedro Blanco. El lado oscuro de un negrero”, en La Aventura de la Historia (Barcelona), n.º 68 (junio de 2004), págs. 74-78; D. García Cantús, Fernando Poo: una aventura colonial española, vol. I, Vic (Barcelona), Ceiba, 2006, págs. 126-164.


Imagen CC Wikimedia Commons “La trata de esclavos” de Auguste François Biard.   

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