unamunoEl 5 de febrero de 2015, falleció en Alicante Ricardo Senabre, catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, crítico literario, filólogo y humanista. Colaboró en el Diccionario Biográfico Español con la redacción de cinco biografías que correspondían a algunos de los temas y personajes objeto de su investigación: Rafael Alberti, Eugenio Frutos, Cristóbal de Mesa, Miguel de Unamuno y Leopoldo de Luis.

Como homenaje a su persona y a su obra, publicamos ahora su entrada sobre Miguel de Unamuno


Unamuno y Jugo, Miguel de. Bilbao (Vizcaya), 29.IX.1864 – Salamanca, 31.XII.1936. Filósofo y escritor.

Tercer hijo y primer varón de los seis hijos que tuvieron Félix y Salomé. El padre, comerciante, llegó a ser concejal del Ayuntamiento de Bilbao, y murió en 1870 de una enfermedad pulmonar. En los Recuerdos de niñez y mocedad (1908) lo recordará así Unamuno: “Murió mi padre en 1870, antes de haber cumplido yo los seis años. Apenas me acuerdo de él, y no sé si la imagen que de su figura conservo no se debe a sus retratos que animaban las paredes de mi casa”. Casi las mismas palabras se repetirán muchos años más tarde, en Cómo se hace una novela (1925), y el hecho se atribuye también a personajes de ficción creados por el autor, como Gabriel, protagonista del cuento El abejorro (1920), el Augusto Pérez de Niebla (1914) o la Ángela Carballino que narra San Manuel Bueno, mártir (1931). El niño Miguel acudía al Colegio de San Nicolás. El 28 de octubre de 1873 comenzó en Bilbao la Segunda Guerra Carlista. La familia Unamuno vivía con estrecheces, aunque contaba con la ayuda de la abuela materna. El 21 de febrero de 1874, los carlistas bombardearon Bilbao, donde los liberales se habían amurallado. El niño Unamuno jugaba entre cascotes y escombros. Más tarde reconocerá que aquél fue “uno de los períodos más divertidos de mi vida”, y también el embrión de lo que, años más tarde, sería la primera novela del autor: Paz en la guerra. El 2 de mayo de 1874 entraron en Bilbao las tropas liberales, y en octubre de 1875 Unamuno comenzó los estudios de bachillerato. Leyó a Antonio de Trueba y pronto, el estudio de la asignatura denominada Psicología, Lógica y Ética le llevó a la lectura de Balmes y Donoso Cortés. Conoció a Concha Lizárraga, que había nacido en Guernica dos meses antes que Unamuno, y que desde los doce años fue su primera y única novia, como recordará Unamuno en una carta a Maragall de 1807: “Nos conocimos, de niños casi, en Bilbao; a los doce [años] volvió ella a su pueblo, Guernica, y allí iba yo siempre que podía, a pasear con ella a la sombra del viejo roble, del árbol simbólico”. Asistió Miguel a las clases del pintor Lecuona, de las que conservará siempre una gran habilidad para el dibujo, y el 27 de diciembre de 1879, recién cumplidos los quince años, publicó en El Noticiero Bilbaíno su primer artículo, titulado “La unión constituye la fuerza”. En septiembre de 1880, Unamuno se trasladó a Madrid para estudiar Filosofía y Letras, y vivió al principio en una pensión de la calle de Hortaleza, esquina a Fuencarral. Esta experiencia ha dejado huellas en el relato inacabado Nuevo Mundo. Asistía a las clases en la Facultad, acudía al Ateneo —donde aprendió alemán leyendo a Goethe y a Hegel— y frecuentaba la Biblioteca Nacional y el Centro Vascongado. Desde 1881 colaboró regularmente en El Noticiero Bilbaíno, donde su firma apareció a lo largo de nueve años. Acabó sus estudios de licenciatura en 1883, a los diecinueve años. En 1884 se doctoró con la tesis titulada Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca, dirigida por Antonio Sánchez Moguel. Pasó a vivir a la calle de Mesonero Romanos. Volvió poco después a Bilbao, donde trabajó como profesor interino de Latín en el Instituto de Vizcaya y dio clases particulares. Explicaba igualmente la asignatura de Psicología, Lógica y Ética en el Colegio de San Antonio. Fueron años de intensa actividad docente, en los que Unamuno llegó a explicar Retórica y hasta Matemáticas. De la tesis doctoral se deriva el trabajo titulado “Del elemento alienígena en el idioma vasco”, aparecido en la Revista de Vizcaya en 1886, y la conferencia en la sociedad “El Sitio”, de Bilbao, sobre “Espíritu de la raza vasca”. En 1886 publicó en El Noticiero bilbaíno su primer cuento, titulado “Ver con los ojos”, y lo firmó con el pseudónimo, que utilizará otras veces, “Yo mismo”. En 1887 aspiró, sin conseguirlas, a las Cátedras de Vascuence y de Psicología, Lógica y Ética del Instituto. Viajó a Italia y Francia en 1889. El 31 de enero de 1891 se casó con Concepción Lizárraga, y en la primavera de ese mismo año opositó a la Cátedra de Griego de la Universidad de Salamanca ante un tribunal presidido por Menéndez Pelayo, y allí conoció a Ganivet, que optaba, ante el mismo tribunal, a la Cátedra de Granada. Unamuno obtuvo la plaza, y pocos meses después, en verano de 1891, acudió a Salamanca, que entonces era una ciudad de 23.000 habitantes, para tomar posesión de su cátedra. Comenzó poco después a publicar artículos en La Libertad, de Salamanca, alternando con sus colaboraciones en El Nervión de Bilbao. En octubre de 1894 comenzaron las contribuciones de Unamuno al semanario de inspiración socialista La lucha de clases, donde continuó el autor publicando hasta abril de 1897, con un total de unos doscientos cuarenta artículos. Hacia 1895 empezó a incubarse en Unamuno una crisis de fe religiosa que dejó no pocas huellas en su obra posterior. Mientras tanto, habían nacido sus dos primeros hijos: Fernando, en 1892, y Pablo, que vio la luz en 1894. El 7 de enero de 1896 nació el niño Raimundo Jenaro, con graves taras genéticas por las que falleció en 1902. Su continua labor de publicista y la aparición, en 1897, de la novela Paz en la guerra aumentaron el prestigio creciente del autor. En 1899 se celebró la oposición a la Cátedra de Filología Comparada del Latín y el Castellano de Madrid, a la que concurrió Menéndez Pidal. Unamuno, que figuraba entre los firmantes, no se presentó. Apareció en volumen La enseñanza superior en España, que recoge seis ensayos aparecidos en Revista Nueva en los meses anteriores y que habían alcanzado amplia repercusión, al igual que el titulado “Nicodemo el fariseo”, estampado también en 1899 en la misma revista. El 24 de abril había publicado Unamuno su primer artículo en El Imparcial, pero a lo largo de ese año fue más frecuente su colaboración en otros medios periodísticos, como Las Noticias, de Barcelona. En 1900, Unamuno fue nombrado rector de la Universidad de Salamanca, cargo en el que sucedió a Mamés de Esperabé y Arteaga, que había desempeñado el cargo durante treinta y un años. La toma de posesión se efectuó el 30 de octubre. Por las mismas fechas se publicó el libro Tres ensayos. En 1902 apareció el primer volumen publicado por Unamuno: En torno al casticismo, que reúne cinco ensayos publicados en 1895 en la revista La España Moderna. El 26 de agosto de 1908 actuó Unamuno como mantenedor en los Juegos Florales de Bilbao, donde pronunció un discurso, que irritó a muchos, en el que instaba a abandonar el cultivo del vascuence (lengua en la que “no cabe el pensamiento moderno”) y a “irrumpir en el castellano”. En 1902 aparecieron la novela Amor y pedagogía y el libro Paisajes, conjunto de estampas descriptivas que inauguraron una modalidad literaria luego frecuente en el autor y que fue seguida, en 1903, por la obra De mi país, recopilación de recuerdos y vivencias infantiles, compuesta a la manera de los modelos ofrecidos por la estampa costumbrista decimonónica. En 1904 intervino, como rector, en el acto solemne de la inauguración del curso universitario, presidido por Alfonso XIII. En 1905 apareció la Vida de Don Quijote y Sancho, personalísima contribución de Unamuno a los actos conmemorativos del tercer centenario de la obra cervantina que se desarrollaron durante todo el año. El autor, que tenía ya una sólida fama como ensayista y narrador, sorprendió a muchos lectores al dar a la estampa en 1907 un extenso libro de poemas, titulado simplemente Poesías, que anunciaba ya el cultivo asiduo de una actividad literaria a la que Unamuno permanecerá fiel hasta pocos días antes de su muerte. La muerte de su madre en 1908 coincidió con la publicación de Recuerdos de niñez y mocedad, donde Unamuno ensayó la evocación autobiográfica, tal vez siguiendo el ejemplo de los Souvenirs d’enfance et de jeunesse de Ernest Renan. En 1909 el autor descubrió otra faceta de su inquieta personalidad literaria al dar a conocer dos obras teatrales: La esfinge —que se estrenó en Las Palmas el 24 de febrero— y La difunta. Y continuó la escritura poética, que se materializó de nuevo con la publicación, en 1911, del Rosario de sonetos líricos; el mismo año apareció también una extensa recopilación de artículos de viajes titulada Por tierras de Portugal y España, así como el conjunto de ensayos y escritos diversos Soliloquios y conversaciones, todo lo cual indica la creciente presencia del autor en la vida cultural española y también la incitación permanente de sus puntos de vista y de su independencia de criterio, que despertó recelos en muchas esferas oficiales. El mismo año de 1911, Unamuno entabló relación epistolar con Benedetto Croce. Continuó publicando infatigablemente. 1913 es el año de uno de los ensayos más conocidos del escritor —Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos—, pero también de la colección de novelas cortas El espejo de la muerte y de las obras teatrales La venda y La princesa Doña Lambra. En 1914, coincidiendo con la publicación de la novela Niebla y la candidatura del autor al Senado, el ministro Bergamín firmó la destitución de Unamuno como rector de la Universidad de Salamanca, poco antes de cumplir éste los catorce años de permanencia en el cargo. Todavía en una carta escrita el día 31 de enero de 1916 y dirigida a Luis de Zulueta recordará Unamuno “la groserísima destitución del rectorado, sin aviso previo, ni queja, ni reconvención, ni petición de dimisión, y sin que hasta hoy se me haya hecho saber la verdadera causa”. En 1915 fue elegido concejal del Ayuntamiento de la ciudad, función que desempeñó hasta 1920. Entre 1916 y 1918, la Residencia de Estudiantes publicó los siete volúmenes de Ensayos que recogían casi toda la obra ensayística del autor, publicada hasta el momento, en algunos casos de difícil acceso. Mientras tanto, en 1917 aparecieron la novela Abel Sánchez y el extenso poema El Cristo de Velázquez. Se hacían cada vez más patentes sus diferencias con la Monarquía: el 15 de noviembre de 1917 publicó en El Día el artículo “Ni indulto ni amnistía, sino justicia”, que llevaba como subtítulo “Si yo fuese rey”, en el que podía leerse: “Si yo fuese rey dejaría que se discutiese mi realeza. Si yo fuese rey, por instinto de propia libertad, me sometería a la soberanía popular y sería un servidor del pueblo. Si yo fuese rey no sería rey”. Y pedía directamente al Monarca “que se liberte del presidio a los que no delinquieron, que no es delito manifestar pacíficamente la voluntad de cambiar el régimen constituido […] Se lo dice un ciudadano que no cree en otra soberanía que en la que del pueblo arranca” (se refería Unamuno a la condena de políticos como Besteiro y Largo Caballero, encarcelados, por apoyar la huelga general revolucionaria de 1917, en el penal de Cartagena, de donde saldrían, gracias a una amnistía, en mayo de 1918). La tensión se manifestó de nuevo en un artículo de 1920, publicado en El Mercantil Valenciano —que entonces pagaba al escritor 75 pesetas por cada colaboración— con el título “Antes del diluvio”, en el que se leía: “Truena aquí sobre el trono. Y está rodeado de avestruces con sus cabezas bajo las alas”. Como consecuencia se produjo el inmediato proceso del autor, y los tribunales valencianos condenaron a Unamuno a dieciséis años de cárcel por injurias al Rey de España. En publicaciones como El Sol y La Pluma —revista dirigida por Manuel Azaña— surgieron voces en defensa de Unamuno, que también recibió el apoyo del claustro universitario salmantino, amén de otras instituciones, como la Federación Universitaria Argentina o la Universidad de Buenos Aires. Unamuno se desentendió del proceso; contraviniendo los consejos del abogado Ángel Osorio y Gallardo, se negó a solicitar el indulto y sólo aceptó pedir la revisión de su condena. Sin duda a consecuencia de esta postura cívica, Unamuno fue propuesto —sin haberlo solicitado y sin su conocimiento previo— candidato socialista en las elecciones a diputados de 1920, pero decidió no intervenir en la campaña ni defender su candidatura, y no resultó elegido. En este mismo año se publicó Tres novelas ejemplares y un prólogo. En 1921 apareció la novela La tía Tula, y se estrenaron Fedra y El pasado que vuelve. La Facultad de Letras eligió decano a Unamuno el 19 de noviembre. A comienzos de 1921 fue elegido vicerrector por el claustro universitario. En 1922 Unamuno acudió a Palacio y se entrevistó con el Rey, en medio de una gran expectación. Más tarde escribió que en la conversación había expuesto al Monarca “cómo no se ha liquidado todavía lo injusto e ilegal de la represión del verano de 1917”. El 6 de octubre de ese mismo año los Reyes visitaron Salamanca y asistieron a una solemne sesión académica en el Paraninfo, donde se nombró a santa Teresa doctora honoris causa por la Universidad salmantina. Unamuno, a pesar de ostentar el cargo de vicerrector, pidió al rector que excusase su asistencia y no acudió a la ceremonia. Apareció el libro Andanzas y visiones españolas. En 1923, la instauración del directorio de Primo de Rivera despertó en Unamuno los peores augurios. En una carta a Alfonso Reyes, fechada el 23 de octubre de 1923, escribió: “El Primo ese de Rivera no tiene más seso que una rana; es un prototipo de frivolidad y vanidad señoritil”. Un suceso imprevisto agravó la relación de Unamuno con el poder político: la publicación, en la revista Nosotros, de Buenos Aires (diciembre de 1923), de una carta privada a un amigo argentino en la que Unamuno hablaba de la situación española y llamaba al dictador “botarate sin más seso que un grillo”, además de mencionar al “lóbrego y tenebroso Martínez Anido” y de referirse a los gobernantes como “gentuza corroída de rencores de lenocinio”. La situación empeoró. En febrero de 1924, Unamuno debía comparecer ante un juez militar para declarar en una causa abierta contra él por supuestos insultos contra el estamento militar proferidos en una conferencia pronunciada en Bilbao. Y el día 20 de febrero de 1924 —que fue también el año de publicación del libro de poemas Teresa— se recibió en el Gobierno Civil de Salamanca la orden de comunicar urgentemente a Unamuno que había sido destituido de sus cargos, suspendido de empleo y sueldo y condenado a pena de destierro. El 21, dos policías recogieron a Unamuno en su casa para ir en tren hasta Madrid, desde donde emprendieron viaje en coche hasta Cádiz para embarcar allí hacia la isla de Fuerteventura. Pasó ocho días en un hotel de Cádiz, siempre custodiado, y allí recibió a un enviado de Martínez Anido que le ofreció el indulto a cambio de una retractación pública. Unamuno rechazó el ofrecimiento. En compañía del periodista Rodrigo Soriano, también deportado, Unamuno llegó a Las Palmas el 2 de marzo. Los actores Ricardo Calvo y Enrique Borrás, que habían hecho escala en aquel puerto en su viaje a Buenos Aires, le invitaron a irse con ellos, pero Unamuno se negó. El día 10 de marzo de 1924 desembarcó definitivamente en Fuerteventura. Mientras tanto, en la Península se habían organizado diversos movimientos de recogida de firmas para protestar por el destierro del escritor, con escaso resultado: en Salamanca sólo se recogieron cuarenta y una firmas, y en el conjunto del país apenas sobrepasaban las quinientas. Más significativa fue la protesta de ciertos escritores extranjeros, como Romain Rolland, Max Scheler, Gabriele D’Annunzio o Leopoldo Lugones. En España, algunas reacciones a favor de Unamuno acarrearon sanciones inmediatas: Fernando de los Ríos fue procesado, y a los catedráticos de Madrid Jiménez Asúa y García del Real se les abrió expediente administrativo. Instalado ya en la pensión de Puerto Cabras, Unamuno recibió allí, en el mes de mayo, la visita de su traductor al inglés, J. E. Crawford Flitch, que permaneció junto a él hasta el 13 de junio. El día 4 de julio se decretó una amnistía general que incluía a Unamuno, pero éste prefirió proseguir voluntariamente su destierro. Aceptó un ofrecimiento de Henri Dumay, director del periódico parisiense Le Quotidien, y el 21 de julio, acompañado por su hijo Fernando y su nuera, embarcó en la goleta que Dumay había adquirido rumbo al puerto de Cherburgo. Desde allí se trasladó a París, adonde llegó el 21 de julio. Allí lo acogieron, entre otros, Eduardo Ortega y Gasset, Alfonso Reyes y Crawford Flitch. Desde París hizo un breve viaje a Bruselas y Gante, y mantuvo relaciones con otros españoles, como Carlos Esplá y Vicente Blasco Ibáñez, que se integraron en una tertulia formada en el café La Rotonde, en Montparnasse. A comienzos de 1925 recibió la visita de Concha y de las hijas, que estuvieron con él una temporada. En casa de Jean Cassou conoció a al poeta alemán Rainer Maria Rilke y, con ocasión de una reunión del PEN Club, a escritores como Galsworthy, Valéry, Pirandello, Kuprin y otros. Durante los últimos meses, la actividad de Unamuno se había centrado en sus colaboraciones periodísticas y, sobre todo, en la composición del nuevo libro de poemas que se publicó en 1924: De Fuerteventura a París, planteado como un diario poético, con los textos fechados y ordenados cronológicamente, de la etapa del confinamiento y el destierro del autor. En octubre de 1924 recibió una invitación —que declinó— para viajar a Perú, a la conmemoración del centenario de Ayacucho. Ya en 1925 apareció en francés L’agonie du christianisme, y Unamuno compuso Cómo se hace una novela, que Cassou fue traduciendo al mismo tiempo al francés y que apareció también primero en esta lengua. En agosto de 1925 decidió acercarse a España y se instaló en Hendaya, desde donde “sigo con la vista y con el corazón las líneas huideras de los contornos de las montañas españolas”. En su refugio de Hendaya recibió Unamuno las visitas de escritores como Jules Supervielle y el conde de Keyserling. Rechazó una invitación para ir a Rusia, donde se preparaban los actos conmemorativos del centenario de Tolstoi. Unamuno colaboró en la revista Hojas libres, de oposición a la dictadura, que editó en Hendaya, desde junio de 1927, Eduardo Ortega y Gasset con la colaboración de figuras como Blasco Ibáñez, también voluntariamente expatriado. Y fue componiendo los textos de lo que será el Romancero del destierro, punto de partida de toda la poesía de combate político surgida después en España. A Hendaya llegaron bastantes visitantes españoles, y Concha pasó con él la Navidad de 1927. A su vuelta fue retenida brevemente en la frontera por llevar consigo ejemplares de Hojas libres. Corrió la voz de que Unamuno figuraba entre los candidatos a recibir el Premio Nobel de Literatura, y el gobierno español hizo saber al de Suecia que el escritor vasco era considerado “un factor de desorden”. Pero el directorio vivía sus últimos tramos, y en diciembre de 1929 se produjo la caída de Primo de Rivera. El 9 de febrero de 1930, Unamuno cruzó la frontera de Hendaya y pisó tierra española después de seis años de ausencia. El 11 de febrero llegó a Bilbao, donde pronunció una conferencia en la sociedad El Sitio, y el día 12 —precisamente cuando Primo de Rivera llegaba a París— viajó hacia Valladolid, acompañado de algunos amigos salmantinos que habían ido a recibirlo a la frontera. La entrada en Salamanca al día siguiente, en un automóvil donde viajaba con los catedráticos Casimiro Población y José Camón Aznar, se produjo entre las aclamaciones de la multitud. Unamuno se encaminó directamente a casa para saludar a su familia y luego, desde el balcón, dirigió algunas palabras a los miles de personas que abarrotaban la calle, a quienes recordó que se había cumplido la promesa que hizo seis años antes en la estación, cuando partía hacia el destierro: “Volveré, no con mi libertad, que nada importa, sino con la vuestra”. El advenimiento de la República en 1931 volvió a colocar a Unamuno en un lugar destacado de la vida pública: el 12 de abril fue elegido concejal de Salamanca por la coalición republicano-socialista, y dos días después fue el encargado de proclamar la República desde el balcón del Ayuntamiento. El 18 de abril, el claustro universitario lo eligió nuevamente rector; el 27 del mismo mes recibió el nombramiento de presidente del Consejo de Instrucción Pública, y el 28 de junio fue elegido diputado de las nuevas Cortes Constituyentes. En mayo había reanudado sus colaboraciones periodísticas en El Sol, donde recibió la cantidad —insólita entonces— de 200 pesetas por artículo. Se publicó la edición española de La agonía del cristianismo. El día 1 de octubre de 1931, Unamuno inauguró, en su calidad de rector, el nuevo curso académico, y lo hizo “en nombre de Su Majestad España, una, soberana y universal”. A comienzos de 1932 murió su hermana María, y en noviembre Unamuno rompió con el diario El Sol y pasó a colaborar en Ahora. El 14 de diciembre, la compañía de Margarita Xirgu y Enrique Borrás estrenó en Madrid El otro —obra escrita en Hendaya y sugerida por las difíciles relaciones entre Unamuno y su hermano Félix—, y al día siguiente la Real Academia Española, que había sido objeto de las opiniones adversas del escritor en diversas ocasiones, eligió a Unamuno miembro de número, si bien don Miguel no llegó nunca a escribir el discurso de ingreso. 1931 fue el año de publicación de San Manuel Bueno, mártir y tres historias más, y también una época de agobios y aflicciones: el 3 de marzo murió Susana, la hermana monja de Unamuno, y el 14 de junio su hija Salomé. Entre ambas muertes se produjo el fallecimiento de Concha (15 de mayo), hecho luctuoso que acentuó la creciente soledad de don Miguel, el cual, preocupado por la salud de su esposa, había dimitido también, pocos días antes, como presidente del Consejo de Instrucción Pública y no había acudido a Grenoble, cuya Universidad le nombró doctor honoris causa. En 1934 se produjo la jubilación oficial. Al acto de homenaje asistió el presidente de la República y Unamuno pronunció su última lección, en la que prevenía a los estudiantes contra el uso como armas “de la calumnia, la injuria, la insidia y el insulto, de que tanto empiezan a abusar vuestros mayores” y contra un ambiente en el que se percibía “el síntoma de una mortal gana de disolución. De disolución nacional, civil y social”. Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República, había dejado firmado un decreto por el que se nombraba a Unamuno rector perpetuo de la Universidad y se creó una cátedra con su nombre. Se inauguró el busto de Unamuno, hecho por el escultor Victorio Macho en Hendaya, que preside la escalinata del palacio de Anaya. Se representó Medea y apareció otra obra dramática: El hermano Juan o El mundo es teatro. Pero la situación política ofrecía motivos para la intranquilidad. A raíz de la Revolución de Asturias y el restablecimiento de la pena de muerte, Unamuno vio cómo el 18 de octubre se prohibía la publicación de su artículo “Verdugos no”. El 10 de febrero de 1935 asistió en Salamanca a un mitin de Falange Española, cuyo fundador, José Antonio Primo de Rivera, lo había visitado antes en su despacho. A finales del mismo mes viajó a Inglaterra para recibir el doctorado honoris causa que le concedió la Universidad de Oxford. El 10 de abril Unamuno acudió a París, con Blas Cabrera, Ortega y Gasset y otras personalidades, para asistir a la inauguración del Colegio de España, donde pronunció una conferencia sobre Quevedo. Pocos días más tarde, el 13 de abril, un decreto presidencial nombró a Unamuno ciudadano de honor de la República. El mismo año participó en un congreso en Portugal, donde coincidió con escritores como Pirandello, Maeterlinck o su viejo amigo Duhamel. En 1936, poco después de estallar la rebelión militar del 18 de julio, Unamuno efectuó a un corresponsal de la agencia International News unas declaraciones críticas contra el gobierno de Azaña que provocaron la derogación, el 22 de agosto de 1936, del decreto por el que, dos años antes, se había nombrado a Unamuno rector perpetuo de Salamanca. Desde la sede del Gobierno provisional de los sublevados en Burgos y a manera de réplica, el general Cabanellas firmó el 1 de septiembre otro decreto para confirmar a Unamuno en todos sus cargos. Unamuno, que en principio veía con simpatía el hecho de que las fuerzas militares tratasen de poner orden en la anarquía reinante sin pronunciarse por ello expresamente contra la República, reaccionó pronto ante la ola represiva de condenas y fusilamientos que se desató en Salamanca apenas instaladas en la ciudad las fuerzas rebeldes. El día 12 de octubre, en el acto literario celebrado en el Paraninfo de la Universidad, Unamuno intervino para declarar que “la nuestra es una guerra incivil” y que “vencer no es convencer”, junto a otras observaciones que exasperaron al general Millán Astray y a otros jefes militares y desencadenaron actitudes amenazadoras. Unamuno tuvo que salir del recinto acompañado por la esposa del general Franco. A raíz del incidente, el claustro universitario pidió la destitución de Unamuno como rector, y, por decreto de 22 de octubre, las nuevas autoridades nombraron a Esteban Madruga. Unamuno permaneció recluido en su domicilio, donde aún recibió algunas visitas, y murió el 31 de diciembre. Cuatro días más tarde, Ortega y Gasset escribía en La Nación: “La voz de Unamuno sonaba sin parar en los ámbitos de España desde hace un cuarto de siglo. Al cesar para siempre, temo que padezca nuestro país una era de atroz silencio”.


Obras de ~: Paz en la guerra, Madrid, Fernando Fe, 1897; De la enseñanza superior en España, Madrid, Revista Nueva, 1899; Discurso leído en la solemne apertura del curso académico de 1900 a 1901, Salamanca, F. Núñez, 1900; Tres ensayos, Madrid, Rodríguez Sierra, 1900; Amor y pedagogía, Barcelona, Heinrich y Cía., 1902; Paisajes, Salamanca, Imprenta Calón, 1902; Discurso pronunciado en el acto de apertura del curso 1903 a 1904 e inauguración del nuevo local de la Escuela Superior de Industrias, de Béjar, Béjar, Viuda de Aguilar, 1903; De mi país, Madrid, F. Fe, 1903; Vida de Don Quijote y Sancho, Madrid, Librería de Fernando Fe, 1905; Conferencias dadas en Málaga por D. Miguel de Unamuno, Málaga, Tipografía La Ibérica, 1906; Poesías, Bilbao, Imprenta de José Rojas, 1907; Recuerdos de niñez y de mocedad, Madrid, F. Fe-V. Suárez, 1908; La conciencia liberal y española de Bilbao, Bilbao, Sociedad El Sitio, 1908; Mi religión y otros ensayos, Madrid, Renacimiento, 1910; Rosario de sonetos líricos, Madrid, Imprenta Española, 1911; Por tierras de Portugal y España, Madrid, Renacimiento, 1911; Soliloquios y conversaciones, Madrid, Renacimiento, 1911; Contra esto y aquello, Madrid, Renacimiento, 1912; Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, Madrid, Renacimiento, 1913; El espejo de la muerte, Madrid, Renacimiento, 1913; La venda, Madrid, El Libro Popular, 1913; La princesa Doña Lambra, Madrid, El Libro Popular, 1913; Niebla, Madrid, Renacimiento, 1914; Lo que ha de ser un Rector en España, Madrid, Editorial Nuevo Mundo, 1914; Lo que puede aprender Castilla de los poetas catalanes, Valladolid, Imprenta Castellana, 1915; Ensayos, Madrid, Residencia de Estudiantes, 1916-1918, 7 vols.; Autonomía docente, Madrid, Real Academia de Jurisprudencia y legislación, J. Tarés, 1917; Abel Sánchez, Madrid, Renacimiento, 1917; El Cristo de Velázquez, Madrid, Calpe, 1920; Tres novelas ejemplares y un prólogo, Madrid, Imprenta Artística, 1920; Tulio Montalbán y Julio Macedo, Madrid, La Novela Corta, 1920; La tía Tula, Madrid, Renacimiento, 1921; Sensaciones de Bilbao, Bilbao, Editorial Vasca, 1922; Andanzas y visiones españolas, Madrid, Renacimiento, 1922; Rimas de dentro, Valladolid, Tipografía Cuesta, 1923; Teresa, Madrid, Renacimiento, 1924; Fedra, Madrid, La Pluma, 1925; De Fuerteventura a París, Paris, Excelsior, 1925; Cómo se hace una novela, Buenos Aires, Alba, 1927; Romancero del destierro, Buenos Aires, Alba, 1928; Sombras de sueño, Madrid, El Teatro Moderno, 1930; La agonía del cristianismo, Madrid, Renacimiento, 1931; El Otro, Madrid, Espasa Calpe, 1932; San Manuel Bueno, mártir, y tres historias más, Madrid, Espasa Calpe, 1933; El hermano Juan o El mundo es teatro, Madrid, Espasa Calpe, 1934; Discurso leído en la solemne apertura del curso académico 1934-1935 en la Universidad de Salamanca, el día 29 de setiembre de 1934, al ser jubilado como catedrático, Salamanca, F. Núñez, 1934; La última lección de D. Miguel de Unamuno, [Madrid], Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, s. f. [1934]; Cancionero, Buenos Aires, Losada, 1953; Diario íntimo, Madrid, Escelicer, 1970; El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la revolución y guerra civil españolas, Madrid, Alianza, 1991; Nuevo Mundo, Madrid, Trotta, 1994; Obras completas, ed. de M. García Blanco, Barcelona, Vergara, 1958, vols. I-XVI; Obras completas, ed. de. M. García Blanco, Madrid, Escelicer, 1966-1971, vols. I-IX; Obra completa, ed. de R. Senabre, Madrid, Turner-Fundación José Antonio de Castro, 1994-2009, 10 vols. [I. Narrativa I; II. Narrativa II; III. Teatro I; IV. Poesía I; V. Poesía II; VI. Paisajes; De mi país; Por tierras de Portugal y de España; Andanzas y visiones españolas; VII. Paisajes del alma; Nuevo mundo; Diario íntimo; Recuerdos de niñez y de mocedad; Sensaciones de Bilbao; Cómo se hace una novela; VIII. Ensayos; IX. Ensayos, artículos y conferencias: (Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca; Mi religión y otros ensayos breves; Soliloquios y conversaciones; Contra esto y aquello; Discursos y conferencias); y X. Ensayos (Vida de Don Quijote y Sancho; Del sentimiento trágico de la vida; La agonía del cristianismo): prólogos, aforismos y definiciones.)]; Miguel de Unamuno. Cartas del destierro. Entre el odio y el amor (1924-1930), ed, de C. y J.-C. Rabaté, Salamanca, Ediciones Universidad, 2012; Miguel de Unamuno – Indalecio Prieto. Correspondencia 1916-1934, pról. de M. del Mazo de Unamuno, est. introd. de L. M.ª de Sala González, Madrid, Fundación Indalecio Prieto – Fundación Juan de los Toyos, 2014.


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