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Miguel Cortés y López

Camarena de la Sierra (Teruel) 16.II.1777 –29.XI.1854. Canónigo, diputado, senador y anticuario.

Hijo de ganaderos acomodados, estudió Filosofía y Teología escolástica en el Seminario Conciliar de Teruel, gracias a una beca del obispo Roque Martín Merino, en el que después ganó una cátedra de Filosofía por oposición. En 1801 fue nombrado por el obispo de Segorbe, Lorenzo Gómez de Haedo, rector de la Universidad de Pina de Montalgrao. Al año siguiente fue nombrado párroco y catedrático de Teología del Seminario de Segorbe y educador de pajes, donde se familiarizó con las ideas liberales que profesaba por sus estudios sobre las Cortes de la Corona de Aragón. El 5 de mayo de 1807 ganó la canonjía de la catedral de Segorbe, donde permaneció durante toda la Guerra de la Independencia y aunque mostró su oposición a Napoleón defendió su ideario político y apoyó decidido, aunque moderadamente, el movimiento constitucional.

Con la restauración fue denunciado al Tribunal de la Inquisición y apresado por orden del general Elío y procesado. Debido a las manifiestas irregularidades de su detención y a la debilidad de los cargos que se le imputaban el proceso fue sobreseído en 1817.

Durante el Trieno Liberal fue elegido diputado a Cortes por Aragón el 22 de mayo de 1820 y mantuvo una activa vida parlamentaria al formar parte de varias comisiones y diputaciones. Especial interés revisten sus intervenciones en la defensa de una nueva división territorial del Estado y, en especial, de la capitalidad de Segorbe frente a la de Castellón, pues además de su importante calado político aquí se encuentra el origen de su interés por la geografía histórica a cuyo estudio dedicó grandes esfuerzos. En 1822 fue elegido diputado provincial por Valencia. También fue nombrado canónigo de Barcelona, aunque el nombramiento fue anulado por el decreto de 1 de octubre de 1823. Tras la invasión del país por las tropas del duque de Angulema se refugió en Cartagena hasta la capitulación de la ciudad en que regresó a Segorbe, pero el 7 de noviembre de 1823 se embarcó rumbo a Marsella.

El 14 de febrero de 1824 regresó a España y fijó su residencia en Barcelona, se acogió a la amnistía de mayo y al año siguiente fue restituido en su canonjía de Segorbe, donde permaneció hasta el fallecimiento de Fernando VII. En estos años trabajó en el Diccionario geográfico-histórico de la España Antigua, que es su obra más importante. No es posible establecer con certeza en qué momento comenzó a trabajar en este obra, aunque todo parece indicar que fue en este período de obligado recogimiento.

Como se ha señalado, su interés por la geografía histórica fue en aumento desde su participación, como diputado, en las discusiones sobre la organización territorial de la nación y especialmente al oponerse a que Castellón de la Plana fuera cabeza de provincia en lugar de Segorbe. De hecho, según él mismo dejó dicho, los motivos que le indujeron a emprender una obra de esta magnitud se debieron a su interés por discernir la correcta ubicación de la antigua Segóbriga (que él situaba en Segorbe), a pesar de la propuesta de José Cornide, generalmente admitida, de situarla en Cabeza del Griego, Saelices (Cuenca).

La obra estaba prácticamente concluida a comienzos de los años treinta, ya que fue remitida a censura de la Real Academia de la Historia por el Consejo de Castilla en 1832. El primer tomo fue informado por José de la Canal y Miguel Salvá en 1832 y el segundo por Juan Pérez Caballero y Miguel Salvá en 1833. La Academia no sólo informó a favor de su publicación, sino que consideró que se le debían prestar a Cortés los auxilios necesarios para completarla, por lo que se le nombró académico correspondiente de la corporación el 21 de febrero de 1834 en atención a sus conocimientos en las antigüedades de España. Apenas un mes antes, el 19 de enero de 1834, había sido elegido miembro numerario de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia y también canónigo de Tarragona, cargo este último que figura en su expediente personal en la Academia, pero del que nunca llegó a tomar posesión.

El 3 de enero de 1835 fue elegido procurador por la provincia de Teruel, y en la legislatura de 1835- 1836 secretario de las Cortes, por lo que trasladó su residencia a Madrid y se incorporó a las sesiones de la Real Academia de la Historia. El 22 de mayo de 1835 el director le encargó que informase sobre las obras de geografía histórica que merecían ser publicadas en las Memorias de la Real Academia de la Historia. Asimismo, se le permitió consultar el Diccionario de Santiago Estefanía y los Comentarios a la Geografía de Estrabón y las Anotaciones de la Geografía Ptolomeo de Ambrosio Rui Bamba, cuyos manuscritos inéditos se conservaban en la Academia, para completar y concluir su obra. Dada su regular residencia en Madrid, solicitó pasar a la categoría de académico supernumerario el 4 de junio de 1835.

Un día después recibió el honroso encargo de la corporación de revisar, anotar y corregir el manuscrito de las Antigüedades del Reino de Valencia del conde de Lumiares, entregado por su autor a la Academia en 1805, que había quedado sin imprimir debido a los acontecimientos políticos.

Con motivo de su nombramiento de académico supernumerario presentó y leyó en Junta del 14 de agosto de 1835 el preceptivo discurso de gracias titulado: Sobre los nombres que en tiempos de los romanos tuvieron los pueblos en que el Conde de Lumiares halló las antigüedades e inscripciones, comprendidas en la colección que lleva su nombre.

En este mismo año Miguel Cortés obtuvo permiso de la reina María Cristina para editar su diccionario histórico-geográfico en la Imprenta Real. El Diccionario de Cortés fue una obra de gran importancia por ser el primer compendio en castellano de nuestra geografía histórica y por culminar una tarea que mucho antes se habían propuesto otros sin demasiado éxito.

Fue un excelente complemento al Sumario de Juan Agustín Ceán Bermúdez, publicado pocos años antes por la Real Academia de la Historia, al que incluso superó.

En él se reunían por primera vez los principales textos de los geógrafos e historiadores greco-latinos en los que se recogían descripciones de la España antigua con criterios de la filología moderna. Cortés editó los textos latinos en versión original y en castellano aunque los griegos sólo en castellano. Así, en el tomo primero del Diccionario se pueden encontrar los textos de Pomponio Mela, Estrabón, Plinio, Ptolomeo, el Itinerario de Antonino, la Ora Marítima de Avieno, así como excerptas de Silio Itálico, Dionisio Alejandrino, Marciano de Heraclea y el Anónimo de Rávena.

En el tomo segundo Cortés incluyó una Memoria de la España antigua, desde su primitiva población hasta la dominación de los godos. En este mismo tomo tiene comienzo la relación alfabética de los nombres geográficos que tiene continuación y concluye en el tercero.

La obra se completó con un suplemento en el que se explica la palabra conuentus y con un Apéndice sobre Cosas singulares, raras o preciosas que daba la España antigua, que se incorporaron al tomo segundo y tercero respectivamente.

Cortés desarrolló su trabajo con métodos y principios novedosos que nos remiten a la filología moderna alemana. Contrastó los principales textos entre sí, que tuvo a la vista, siempre que le fue posible, y revisó las ediciones anteriores, intentó pulir los defectos o errores de la transmisión textual y, por último, tuvo en cuenta las distintas opiniones de los anticuarios españoles, sin mostrar preferencia por ninguno.

Utilizó, asimismo, la etimología de las voces de los pueblos como criterio o recurso para establecer correspondencias entre las modernas y antiguas poblaciones, aunque con excesiva ligereza, especialmente al valerse del hebreo. La epigrafía fue en este sentido una de sus principales guías, como hoy sigue siéndolo, pero lo más interesante es que estableció varias reglas, principios y advertencias sobre la utilización de los nombres geográficos que aparecen en los distintos tipos de epígrafes para su correcta interpretación.

Fue, sin embargo, escéptico sobre la información que podía tomarse de la numismática. La obra tuvo una favorable acogida en España e incluso en Francia y especial incidencia para la instrucción en estos estudios de las generaciones de este tiempo al transmitir los rudimentos de la crítica filológica moderna, por lo que constituyó durante mucho tiempo una referencia fundamental.

En estos años le fueron encargados también otros trabajos académicos entre los que cabe destacar el reconocimiento e inventario de los objetos artísticos de los conventos desamortizados en Madrid. El 20 de noviembre de 1835 presentó un informe sobre la situación de la antigua Laminium, cuya exacta ubicación era entonces, como hoy, un misterio, en enero de 1836 fue nombrado, junto a José de la Canal y José Musso, para informar sobre el mosaico de la casa del Mitreo de Mérida y en octubre sobre la identificación del municipio romano de Igabrum en Cabra. En este mismo año comenzó a preparar la edición castellana de las Guerras ibéricas de Apiano a partir de la versión de Juan Schweighauser y de la traducción inédita de Ambrosio Rui Bamba.

Como recompensa a sus trabajos históricos y su actividad política, la Reina Gobernadora le nombró arcediano mayor del Salvador de la catedral de Zaragoza el 11 de julio de 1835 y chantre de la metropolitana de Valencia el 9 de marzo de 1836, donde fijó su residencia a partir de diciembre de ese año.

En Valencia se involucra activamente en la Sociedad Económica, en la que detentó varios cargos, y en especial en la Comisión de Educación tanto primaria como secundaria así como religiosa y publica el Catecismo cristiano para niños y rudos (1839). También continuó con sus actividades políticas. A pesar de estas ocupaciones mantuvo regular contacto con la Real Academia de la Historia y en 1838 remitió copia de seis inscripciones romanas no recogidas por el conde de Lumiares, en 1839 remitió copia de una inscripción romana hallada en Valencia y una interesante inscripción de 1525 conmemorativa del fin de las germanías y, en 1840, la inscripción de la tumba de Francisco Pérez Bayer. El 28 de marzo de 1842 fue llamado a formar parte de la Comisión Científica y Artística de Valencia.

En 1843 fue nombrado senador por Castellón de la Plana. En este mismo año la Real Academia de la Historia le nombró miembro de la comisión, junto a Pedro Sainz de Baranda y Jerónimo de la Escosura, para hacerse cargo del material inédito e impreso del Viaje literario a las Iglesias de España de Jaime de Villanueva que se encontraba en Valencia y que, gracias a sus gestiones, fue entregado a la corporación madrileña con el fin de editar los volúmenes que faltaban.

El 5 de marzo de 1847 fue elegido académico de número de la Real Academia de la Historia con motivo de la reorganización de las academias por Real Decreto de 25 de febrero de 1847; pero en 1850 pasó de nuevo a la clase de correspondiente al no residir en la Corte. En 1852 apareció la traducción al castellano de las Guerras Ibéricas de Apiano. Se conocen pocos datos de sus últimos años de vida y en qué momento se trasladó a su pueblo natal, donde falleció.


Obras de ~: Oración que en la solemne acción de gracias celebrada en la Santa Iglesia Catedral de Segorbe en el año 1808 por haber evacuado los franceses la Corte, Valencia, J. Estevan, 1811; Memoria de D. Miguel Cortés acerca de la Constitución, 1811 (Archivo del Congreso, ms., leg. 7, exp. 12); Sociabilidad del cristianismo o concordia de la Iglesia con todas las sociedades o gobiernos, 1812 (Archivo de la catedral de Valencia, ms. 320); Exhortacion constitucional que en 15 de agosto de 1813 pronunció en la Santa Iglesia Catedral de Segorbe el D. D. Miguel Cortés y López, Zaragoza, 1813; Oración fúnebre del Ilmo. Señor D. Lorenzo Gómez de Haedo, obispo de Segorbe, dedicada a su memoria por su ilustrísimo cabildo, Valencia: Monfort, 1815; Elogio fúnebre de los que murieron en Madrid el día 7 de julio de 1822, defendiendo la constitución, Madrid, Venancio Olivares, 1822; Sobre los nombres que en tiempos de los romanos tuvieron los pueblos en que el Conde de Lumiares halló las antigüedades e inscripciones, comprendidas en la colección que lleva su nombre, Madrid, 14 de agosto de 1835 (en V. León Navarro, La pasión por la libertad. Miguel Cortés y López (1777-1854), Valencia, 2003, págs. 301-315); Diccionario geográfico-histórico de la España Antigua Tarraconense, Bética y Lusitania, con la correspondencia de sus regiones, ciudades, montes, ríos, caminos, puertos e islas a las conocidas en nuestros días, Madrid, 1835- 1836; Informe sobre el mosaico de la Casa el Mitreo de Mérida, Madrid, 18 de febrero de 1836 (Archivo de la Real Academia de la Historia, ms., caiba/9/3931/11[2]); Catecismo cristiano para niños y rudos, Valencia, 1839; Compendio de la vida del apóstol San Pablo y gozos que se cantan en su ermita de Camarena y fundación de este lugar, Valencia 1849; “Arkeología o antigüedades de Valencia”, en Boletín Enciclopédico de la Sociedad Económica de Amigos del País, I (1841); Las guerras ibéricas de Appiano Alejandrino; traducidas del texto Greco-Latino de Juan Schweighauser al Castellano, con notas históricas y geográficas, por Miguel Cortés y López, Valencia, 1852.

Fuentes y bibl.: Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación Electoral, 6 n.º 2, 11 n.º 4; Archivo del Senado, exp. personal, HIS-0128-01.

V. Gil, “Liberales e Inquisición en Segorbe. El proceso de 1814 a Miguel Cortés”, en Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, LVII (1982), págs. 97-107; L. Barbastro, Revolución liberal y reacción (1808-1833): protagonismo ideológico del clero en la sociedad valenciana, Alicante, Caja de Ahorros Provincial, 1987; L. Pérez Vilatela, “Examen del Diccionario de D. Miguel Cortés y López”, en J. M.ª Maestre y J. Pascual (coords.), Actas del I Simposio sobre Humanismo y pervivencia del mundo clásico (Alcañiz, 8 al 11 de mayo de 1990), vol. 2, Cádiz, Universidad-Instituto de Estudios Turolenses, 1993, págs. 795-806; L. Pérez Vilatela, “La arqueología valenciana en la primera mitad del siglo xix: la obra de Cortés y López”, en Anales de la Real Academia de Cultura Valenciana, 72 (1994), págs. 7-25; V. León Navarro, “Miguel Cortés y López, un clérigo constitucional (1777-1854)”, en Boletín del Instituto de Cultura del Alto Palancia, 7 (1998), págs. 93-102; La pasión por la libertad: Miguel Cortés y López (1777-1854) Diputado a Cortes y Diputado Provincial, Valencia, Biblioteca Valenciana, 2003; J. Maier Allende, Noticias de antigüedades de las Actas de la Real Academia de la Historia (1834-1874), Madrid, Real Academia de la Historia, 2008.


Biografía escrita por Jorge Maier Allende procedente del Diccionario Biográfico Español.

 

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