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Melchor Fernández Almagro

Granada, 4.IX.1893 – Madrid, 22.II.1966. Historiador, periodista, crítico y académico.

Segundo de los hijos del matrimonio formado por Ricardo Fernández Abril y Asunción Almagro Díaz, su infancia estuvo marcada profundamente por el ambiente familiar y por la ciudad en que nació y en la que transcurrió toda la primera etapa de su vida. Finalizado el bachillerato en 1909 e iniciada la carrera de Derecho, que culminó con las máximas calificaciones, la prematura muerte de su padre le obligó a simultanear los estudios con la preparación de unas oposiciones al Cuerpo de Correos, del que fue funcionario en 1911. Todo ello lo compaginó con una actividad periodística, iniciada en algunas publicaciones locales y encauzada tras su nombramiento, en 1915, como crítico teatral de Gaceta del Sur y, poco más tarde, redactor de Noticiero Granadino. Miembro del Centro Artístico, bajo la presidencia de Fernando de los Ríos se le encargó la secretaría de redacción del Boletín que publicaba esta institución. Activo integrante de la tertulia del Rinconcillo, que aglutinó a un grupo de jóvenes entre los que se encontraba Federico García Lorca, por entonces inició una militancia política que, desde las filas del conservadurismo, le llevó a enrolarse en el grupo liderado por Maura, manteniendo con ese motivo frecuente relación epistolar con Ángel Ossorio, Pío Ballesteros o Gabriel Maura, entre otros.

Su traslado a la Dirección General de Correos en 1918 hizo que, junto con su madre y hermanas, se instalase definitivamente en Madrid, obteniendo ese mismo año el grado de doctor con la memoria titulada Influencia de las Cortes y Constitución de Cádiz en el Derecho Público español. Alejado de la militancia política activa, fueron los ambientes culturales los que le atrajeron de forma preferente, frecuentando algunas de las muchas tertulias que proliferaban por entonces: la de Pombo de Gómez de la Serna; la del café Regina o la que en la Granja el Henar se congregaba en torno a Valle Inclán, con el que entabló una relación constante y del que fue biógrafo. Ambiente y tertulias en las que introdujo a otros granadinos, caso de Manuel Ángeles Ortiz, José Fernández Montesinos, Federico García Lorca o Francisco Ayala, algo más adelante.

Socio del Ateneo desde 1921, en ese mismo año ingresó en la redacción de La Época del marqués de Valdeiglesias, en la que realizó artículos de fondo y opinión, y crítica teatral —sustituyendo a Gómez de Baquero—, encomendándosele con posterioridad también la literaria. Es el momento de eclosión del movimiento ultraísta, plasmado en publicaciones como Cosmópolis, Ultra, Tableros, Prisma, Horizonte, con las que mantuvo algún tipo de colaboración, estrechando lazos de amistad con Guillermo de Torre, uno de sus principales impulsores. Vinculado desde el inicio al PEN Club, asociación de escritores creada en 1922 por Azorín, Ortega y Pérez de Ayala a semejanza de las que venían funcionando en otros países europeos, ocupó el cargo de tesorero en su junta directiva.

En 1923 el Ateneo le concedió el premio Charro Hidalgo por su monografía sobre Ganivet, publicada dos años más tarde con el título Vida y obra de Ángel Ganivet.

Pocos meses después, el golpe del general Primo de Rivera abrió el paréntesis de la Dictadura, frente a la que Fernández Almagro manifestó en todo momento y de forma abierta su rechazo. En otro orden de cosas, estos años fueron intensos en su biografía. En 1924 ingresó en la Asociación de la Prensa, dando así carácter oficial a esa faceta de su trabajo, desarrollada no sólo en diarios, sino, y de forma muy particular, en las publicaciones periódicas que caracterizan esta etapa. Es el caso de Revista de Occidente fundada por Ortega y Gasset, en la que ejerció la reseña de libros y la crítica; de La Gaceta Literaria de Ernesto Giménez Caballero y Guillermo de Torre; el caso igualmente de Alfar de La Coruña y —en general— las que se han denominado revistas de los poetas, que marcan la más viva actualidad cultural: Carmen de Gijón, Grecia de Sevilla, Litoral de Málaga, Gallo de Granada, Verso y Prosa de Murcia. En esta última, editada por Juan Guerrero y Jorge Guillén, apareció su “Nómina incompleta de la joven literatura”, auténtica fe de vida de una generación que es la suya. Acto generacional fueron las conmemoraciones gongorinas de 1927, organizadas por Pedro Salinas, Gerardo Diego, Rafael Alberti y él mismo, como recuerda alguno de ellos en sus memorias.

El año anterior había dado el salto de La Época a La Voz, diario liberal de la tarde del grupo Urgoiti, que dirigía el también granadino Fabián Vidal. En fechas similares pasó a formar parte del Cuerpo técnico-administrativo del recién creado Patronato Nacional de Turismo, en el que tuvo como compañero a Pedro Salinas. En 1928 dio a la luz una nueva monografía, Orígenes del Régimen Constitucional en España, editada por Labor, que constituye una renovada versión de la que fuera su tesis de doctorado. Con ella inició la vertiente historiográfica de su obra, consolidada en forma paralela al integrarse en el equipo de colaboradores de la Historia de España que dirigía Menéndez Pidal y al encargársele la dirección científica de la colección de Espasa Calpe Vidas españolas e hispanoamericanas del siglo XIX.

La caída de la Dictadura abrió un breve pero intenso momento, en que nuevas publicaciones salieron a la calle, entre ellas Política, impulsada por un pequeño grupo en el que se encontraba Fernández Almagro, que incorporaba a las tareas de la revista a amigos muy queridos como Nicolás Pérez Serrano y Francisco Ayala. Momento de interinidad al que pusieron fin las elecciones de 1931 que implantaron la República. Aceptada por él como una alternativa necesaria, colaboró en los pasos previos de labor institucional, formando parte de la Comisión asesora jurídica, lo cual encajaba bien en su interés por los temas constitucionales y le proporcionaba una oportunidad de trabajar en la estructuración del nuevo sistema.

Al margen de ello, su actividad continuó por los cauces trazados con anterioridad. En el Ateneo, donde intensificó su presencia como miembro de la junta de su sección de literatura, junto a Salinas, Aleixandre, García Gómez y Alfaro. En prensa, cuya colaboración amplió al hacerse cargo de la crítica en El Sol, ocupando el puesto dejado vacante por Enrique Díez-Canedo, desplazado a la Legación de España en Montevideo. Esta labor que ejerció durante muchos años ya en distintos medios, lo que le valió el nombramiento de miembro honorario de la Asociación de la Crítica francesa. Inició entonces una nueva actividad que llegó a ser habitual en su trabajo, como integrante de jurados de muy distinta índole; en este caso de los Concursos Nacionales de Literatura, Ensayo e Historia, de los que formó parte en 1931 y 1933.

Colaborador de Cruz y Raya, nacida en este último año, lo fue también de la Revista Hispánica Moderna de Federico de Onís. Impulsor junto con Alberti, Dámaso Alonso, Bergamín, García Lorca, Guillén, Marichalar, Salinas y Claudio de la Torre de Los Cuatro Vientos. Con todo, fueron sus monografías históricas las que marcaron ese momento de forma importante: Catalanismo y República española, que apareció en los días en que las Cortes debatían el Estatuto de Cataluña; Historia del reinado de Don Alfonso XIII y Repúblicas Centro y Sudamericanas, volumen de la Historia Universal de Oncken, editado en 1937 pero que tenía entregado con anterioridad.

El perfil que de él trazó su compañera en tareas periodísticas Josefina Carabias, lo define como “Hombre liberal, moderado, enemigo de la violencia por lo que le horrorizaban del mismo modo los excesos revolucionarios que los excesos de la reacción”. Juicio que permite entender su alejamiento paulatino de una República que no era la que había deseado y, en consecuencia, su decisión de abandonar La Voz para incorporarse en la plantilla de Ya, nacido en enero de 1935 en el seno del grupo Editorial Católica. Cuando poco después se inició la contienda también su postura estuvo definida: salida de Madrid a través de la Embajada de México y retorno por la frontera de Francia a San Sebastián y, de allí, a Burgos y Salamanca. Decisión no fácil, ya que una de sus hermanas, recluida en un centro sanitario, no pudo acompañarlos.

A ello hay que añadir una realidad económica en precario, remontada en parte gracias a su pluma, al incorporarse a Prensa y Propaganda. Según su propio testimonio, numerosos fueron los artículos y colaboraciones escritas entonces, la mayoría bajo seudónimo, aunque ha quedado constancia de esporádicos trabajos firmados al menos en dos publicaciones, el semanario Domingo y la revista Vértice. De esos años data también su Histoire de la Révolution nationale espagnole, editada en Francia en un momento en que la situación de España acaparaba la actualidad.

La finalización de la guerra trajo su reincorporación a Madrid, incrementándose a partir de ahí su prestigio. Prueba de ello es que a poco se le ofreció el cargo de gobernador civil de Baleares, que declinó, no desdeñando otro tipo de puestos como el de jefe de negociado del remodelado Cuerpo técnico-administrativo del Servicio Nacional de Turismo, vocal del consejo de administración del Patrimonio Nacional y de la Junta de Teatros, o presidente de la de Intercambio y Adquisición de Libros. Integrado desde el primer momento en el Instituto de Estudios Políticos, creado en septiembre de 1939, su labor en él fue larga y activa como responsable de alguna de sus secciones de estudio y colaborador asiduo de su revista.

Sus tareas periodísticas se multiplicaron, en artículos de agencia y en los que escribió para España, Fe, Levante, Arriba, Legiones y Falanges, Mundo o Réplicas, entre otros, a los que hay que añadir los aparecidos en prensa de la otra orilla del Atlántico, vía que cultivó asiduamente. Integrado en el grupo de Escorial y colaborador de Ínsula, su firma fue habitual en las publicaciones de carácter cultural que fueron apareciendo, como son La Estafeta Literaria, Revista de Barcelona, Correo Literario o Arbor. En 1950 pasó a formar parte del consejo de redacción de Clavileño, reanudando también por entonces sus colaboraciones en Radio Nacional de España. Crítico literario de ABC desde 1939 y de La Vanguardia poco más tarde, a través de sus artículos se puede seguir el panorama de la creación que llega hasta la década de 1960. Esta faceta de su actividad fue la que le proporcionó mayor popularidad y respeto, al ejercerla de manera “serena, reflexiva, guiada por el amor hacia todo aquel que escribe”.

En 1956 se le concedió el Premio de la Crítica por su dilatada y honesta trayectoria, y en 1958 fue designado Periodista de Honor.

Asiduo a la tertulia de Lyon que congregaba, entre otros, a Manuel Machado, Gerardo Diego, Luis Rosales o Luis Felipe Vivanco, lo fue también de algunas de las varias que se reunían en el café Gijón.

Su nombre apareció en muchas de las empresas de tono culto e intelectual. El Ateneo, en el que nuevamente formó parte de su junta directiva; La Arcadia, junto a Alba, Maura, Aledo, Castañeda, Amezúa; la Sociedad de Estudios y Publicaciones, vinculada al Instituto de Humanidades creado por Ortega. En su seminario colaboró al lado de Laín, Marías, Aranguren, Lafuente Ferrari, Lapesa y representantes de una nueva generación, como Morodo, Martínez Cuadrado, Elías Díaz o García San Miguel.

La madurez alcanzada se puede observar en toda su obra, pero especialmente en la historiográfica. Muchos son los títulos que se van sucediendo a lo largo de estos años, siendo de destacar la biografía de Valle Inclán, Por qué cayó Alfonso XIII, en colaboración con el duque de Maura, su Cánovas y la Historia política de la España contemporánea, algunos de ellos reeditados en varias ocasiones. En la valoración de José María Jover Zamora, fue uno de los grandes artífices de la Historia Contemporánea de España, en su vertiente académica y tradicional, ejerciendo una labor de puente con la historiografía política de anteguerra. Labor refrendada con su elección como académico de la Real de la Historia en junio de 1942.

Tuvo lugar la recepción oficial en febrero de 1944 y su discurso de ingreso —al que contestó el duque de Maura— versó sobre La emancipación de América y su influjo en la conciencia española. Algo más tarde, el 12 de abril de 1950 ingresó en la Real Academia Española y en diciembre del año siguiente dio lectura al preceptivo discurso que tituló Granada en la literatura romántica española, al que contestó Emilio García Gómez.

Melchor Fernández Almagro falleció el 22 de febrero de 1966, a consecuencia de una caída. Estaba en posesión de la Gran Cruz de Isabel la Católica.


Obras de ~: Vida y obra de Ángel Ganivet, Valencia, Sempere, 1925; Orígenes del régimen constitucional en España, Barcelona, Labor, 1928; Catalanismo y República española, Madrid, Espasa Calpe, 1932; Historia del reinado de Don Alfonso XIII, Barcelona, Montaner y Simón, 1933; Repúblicas Centro y Sudamericanas. Época contemporánea, vol. 39 bis de la Historia Universal de Oncken, Barcelona, Montaner y Simón, 1937; Histoire de la Révolution nationale espagnole, Paris, Soc. Int. d’Editions, 1939; Historia de la República española, 1931-1936, Madrid, Biblioteca Nueva, 1940; Selección y prólogo a Antología de Jovellanos, Barcelona, Ediciones Fe, 1940; “Prólogo”, en Á. Ganivet, Obras Completas, Madrid, Aguilar, 1943; Vida y literatura de Valle Inclán, Madrid, Editora Nacional, 1943; La emancipación de América y su reflejo en la conciencia española (Discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia y contestación del Sr. Duque de Maura), Madrid, Hispania, 1944; Política naval de la España moderna y contemporánea, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1946; con el Duque de Maura, Por qué cayó Alfonso XIII. Evolución y distribución de los partidos políticos durante su reinado, Madrid, Ambos Mundos, 1948; En torno al 98. Política y Literatura, Madrid, Jordán, 1948; Cánovas. Su vida y su política, Madrid, Ambos Mundos [1951]; Granada en la literatura romántica española (Discurso de ingreso en la Real Academia Española y contestación del Ilmo. Sr. D. Emilio García Gómez), Madrid, Real Academia Española, 1951; Historia política de la España contemporánea (1875-1902), Madrid, Pegaso, 1956 y 1959, 2 vols. (ed. Madrid, Alianza Editorial, 1967); Viaje al siglo XX, Madrid, Sociedad de Estudios y Publicaciones, 1962.

Bibl.: J. Pabón, “Fernández Almagro, historiador de la Regencia”, en Días de ayer, Barcelona, Alpha, 1963, págs. 127- 136; P. Laín, “Melchor Fernández Almagro (1893-1966)”, separata del Boletín de la Real Academia Española, t. XLVI, CLXXVII (enero-abril de 1966), 16 págs.; F. García Lorca, Cartas, postales, poemas y dibujos, ed., intr. y notas de A. Gallego Morell, Madrid, Moneda y Crédito, 1968; A. Gallego Morell, Sesenta escritores granadinos con sus partidas de bautismo, Granada, Caja de Ahorros de Granada, 1970, págs. 51- 53; L. Rojas, “Melchor Fernández Almagro y el sincronismo”, pról. en Melchor Fernández Almagro. Las terceras de ABC, Madrid, Prensa Española, 1976, págs. 7-15; M. Fernández Almagro y A. Gallego Burín, Epistolario, 19181940, ed., intr. y notas de A. Gallego Morell y C. Viñes Millet, Granada, Diputación, 1986; C. Viñes Millet, “Melchor Fernández Almagro. Años de infancia y juventud”, J. M.ª Martínez Cachero, “Veinticinco años de novela española (1941-1966) en la crítica de Melchor Fernández Almagro” y A. Soria Olmedo, “Melchor Fernández Almagro en el epistolario Salinas-Guillén”, en VV. AA., Homenaje al profesor Antonio Gallego Morell, Granada, Universidad, 1989, vol. III, págs. 459-476, vol. II, págs. 315-325 y vol. III, págs. 245-250, respect.; C. Viñes Millet, La Granada de Melchor Fernández Almagro, Granada, Universidad, 1992; J. A . Muñoz Rojas, Amigos y maestros, Valencia, Pre-Textos, 1992, págs. 69-80; C. Viñes Millet, “América en la obra de Melchor Fernández Almagro”, en El Reino de Granada y el Nuevo Mundo, vol. II, Granada, Diputación, 1994, págs. 279-296; Municipio y política. A propósito del epistolario Fernández Almagro-Gallego Burín de 1938 a 1951, Granada, CEMCI, 1995; “Estudio preliminar”, en M. Fernández Almagro, Granada en la literatura romántica española, Madrid, Rueda, 1995; M.ª T . García Abad, “Crítica, teatro y sociedad. Melchor Fernández Almagro en La Voz (1927-1933)”, en Boletín de la Fundación García Lorca, 19-20 (1996), págs. 107-122; C. Viñes Millet, “Melchor Fernández Almagro y la cultura de su época”, en Homenaje a D. José Luis Comellas, Sevilla, Universidad, 2000, págs. 237-255; “Melchor Fernández Almagro, periodista”, en Estructura y procesos sociales. Libro homenaje a José Cazorla Pérez, Madrid, CIS, 2005, págs. 655-667.


Biografía escrita por Cristina Viñes Millet procedente del Diccionario Biográfico Español.

 

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