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Martín de los Heros de las Bárcenas

Manzaneda de la Sierra-Carranza (Vizcaya), 8.XI.1784 – Madrid, 14.III.1859. Militar y político.

Hijo de José de los Heros e Ita, natural de Valmaseda (Vizcaya), y de Rosa de las Bárcenas y Muñoz, natural de Carranza (Vizcaya). Realizó sus primeros estudios en Valmaseda, cursando luego Humanidades en el instituto de San Isidro de Madrid. Ingresó en la Universidad de Oñate, donde inició estudios de Jurisprudencia, siendo expulsado de la misma en febrero de 1804, por transgredir reiteradamente las órdenes del rector respecto a las horas en que debía retirarse a casa. Ingresó de forma inmediata, en el mismo mes, en el cuerpo de Guardias de Corps, dando inicio así a su carrera militar.

Participó en el Motín de Aranjuez, en marzo de 1808, siendo uno de los encargados de la custodia de Godoy después de su detención y hasta su entrega a los franceses. Al producirse la invasión napoleónica, abandonó el Ejército tras la dispersión del Cuerpo de Guardias de Corps en El Escorial, para incorporarse a las filas de los que luchaban contra los franceses. Acudió a primeros de junio a Valladolid, donde el capitán general de Castilla intentaba organizar un efectivo con que hacer frente al enemigo, pasando sucesivamente a Santander y Bilbao, a las órdenes del general Blake. Nombrado capitán de uno de los batallones ligeros organizados por el señorío de Vizcaya, tuvo que incorporarse al ejército de Galicia, tras la derrota en las acciones de Zornoza, Valmaseda y Espinosa de los Monteros, acaecidas en noviembre de 1808.

Hecho prisionero en Ferrol en enero de 1809, consiguió evadirse, incorporándose al Regimiento de Infantería de la Princesa, en la División del Ejército de la Izquierda, al mando del general Ballesteros, con la que llegó a Sevilla en octubre, y a la Isla del León en enero de 1810, combatiendo a las órdenes de Alburquerque en Andalucía. La Regencia le reconoció el grado de teniente, destinándolo al Regimiento de Dragones de Lusitania, satisfaciendo así su petición de obtener un medio con que subvenir sus necesidades, después de que los franceses le quemaran la mejor parte de sus bienes en Valmaseda. Desde allí embarcó en octubre destinado al Regimiento de Caballería de Húsares de Galicia, donde desempeñó, además, labores de formación de tropa, como maestro de cadetes y profesor del colegio militar de Santiago, reconociéndosele, en mayo de 1811, el grado de capitán que le había sido concedido por la Diputación vizcaína.

Destinado al 6.º ejército en 1812, asistió al sitio y rendición de Astorga, distinguiéndose en las acciones de Benavente, Burgos y Rioseco, estando también presente en la retirada de Ciudad Rodrigo. En 1813 se produjo su incorporación al 4.º ejército, en la División de Caballería, donde permaneció hasta finalizada la guerra, concediéndosele permiso para trasladarse a Madrid en julio de 1814.

Nombrado adicto del Estado Mayor durante la formación de los ejércitos de operación y reserva en el año 1815, fue destinado nuevamente a la División de Caballería del Ejército de la Izquierda, y, por nombramiento real, mayor de la 1.ª Brigada de Caballería de Castilla en 1816.

Fue destinado el 12 de agosto de 1818 a la Secretaría de la Inspección de Caballería, donde permaneció hasta que tuvo salida del arma en 1820.

Con la proclamación de la Constitución de 1812 tras el “pronunciamiento” de Riego —Cabezas de San Juan (1820)—, obtuvo su primer empleo civil, por recomendación del marqués de las Amarillas, siendo nombrado oficial 7.º de la Secretaría de Estado y del Despacho de la Gobernación de Ultramar y secretario de Su Majestad el 6 de diciembre de 1820, coincidiendo con el desempeño de la Secretaría de Ultramar por su amigo Ramón Gil de la Cuadra.

La intervención, en abril de 1823, de los Cien Mil Hijos de San Luis hizo que regresara al Ejército, abandonando el país cuando, en octubre, el rey (Fernando VII), liberado por las fuerzas del duque de Angulema, recobró el poder absoluto y declaró nulos todos los actos gubernamentales anteriores a 1820. Se dirigió primero a Inglaterra, a través de Portugal, para desde allí iniciar el camino hacia París, pero en Burdeos se vio sometido a vigilancia por la policía francesa, motivo por el cual decidió regresar a Inglaterra en julio de 1825. Se instaló definitivamente en Lieja, donde se dedicó al estudio de temas científicos e industriales, impresionado por “el estado próspero de su agricultura e industria, la libertad práctica de que se gozaba bajo un monarca liberal y justo”, permaneciendo allí hasta el fin de la Década Ominosa en 1834.

Regresó después del fallecimiento de Fernando VII, recibiendo el nombramiento de ministro de la Gobernación el 15 de septiembre de 1835, con carácter interino, en el gabinete progresista de Mendizábal, en sustitución de Ramón Gil de la Cuadra, siendo confirmado en el cargo el día 27 del mismo mes, desempeñándolo hasta el 15 de mayo de 1836.

Designado representante de Vizcaya en el Estamento de Procuradores convocado por el Estatuto Real, fue elegido en sustitución de Jacinto de Romarte y Salamanca, que había fallecido, en segundas elecciones, celebradas el 29 de octubre de 1835, por veinticinco votos, sobre un censo de veintiocho electores.

Sus poderes no fueron aprobados hasta el mes de diciembre, por presentar algún problema las condiciones de certificación de su nivel de rentas, que ascendían a 15.925 reales, las de sus propiedades sitas en Valmaseda, y a 28.657 reales, los asientos en el libro de juros, dando cumplimiento así a lo dispuesto en el artículo 36 de las normas electorales promulgadas por Decreto de 20 de mayo de 1834.

Sus intervenciones parlamentarias, tanto en esta legislatura, como en la siguiente, constituida tras las elecciones de febrero de 1836, en las que también fue proclamado electo por Vizcaya, estaban vinculadas a su condición de ministro, y fueron un exponente de la política progresista. Elaboró y defendió un nuevo proyecto de ley electoral, basado en un sistema de sufragio directo, y en la elección por provincias, de cuya adopción o no dependía el futuro político tanto de moderados, contrarios a este sistema, como de progresistas.

Son destacables, dentro de su trabajo ministerial, la supresión de la Superintendencia de Policía, cuyas funciones fueron asumidas por el Ministerio de Gobernación, mediante Decreto de 4 de octubre de 1835, y la creación, por otro Decreto de 25 de febrero de 1836, de una comisión encargada de estudiar, con vistas a su unificación, los diversos sistemas de pesos y medidas utilizados en España.

Conseguida la libertad de imprenta, una de las propuestas básicas del ideario liberal, la acción del gobierno de Mendizábal estuvo encaminada a facilitar la libre circulación de la prensa, como vehículo de difusión de dicho ideario; de ahí que también desde el Ministerio de Gobernación se adoptasen medidas referentes a este asunto. Mediante sendas Reales Órdenes de 30 de noviembre de 1835, se redujo a la mitad el porte por correo de los periódicos nacionales, para que su mejor circulación permitiera dar a conocer los actos de los gobiernos representativos, y se aceptase la propuesta inglesa de exención mutua del pago del franqueo por los periódicos, disposición que se estimó como “favorable a los progresos de la civilización”.

A pesar del reconocimiento exterior de Isabel II, logrado tras la firma de la Cuádruple Alianza, el país se vio inmerso en la Primera Guerra Carlista (1832- 1839), que encontró también apoyo en los sectores más tradicionalistas de la Iglesia, viéndose Martín de los Heros enfrentado a las actividades favorables a la causa de numerosos clérigos. Igualmente conflictivas con la Iglesia resultaron las medidas encaminadas a aplicar las primeras normas sobre supresión de monasterios, de un claro carácter anticlerical, aunque el propio ministro se justificó negando que fueran antirreligiosas. “El Gobierno de Su Majestad no teme declarar, por mi medio, que respeta la religión como el que más, y que la sostendrá y defenderá a todo trance; diré más, y es que opina como yo que no hay orden ni verdadera libertad sin religión; que la religión es la civilización, y que necesariamente el pueblo mas civilizado debe ser el mas religioso”.

Son igualmente destacables algunas disposiciones relativas al desarrollo de la ciencia y de la educación, reflejo del interés despertado por estas cuestiones durante su estancia en Lieja: la creación de un colegio científico para las ciencias de aplicación, mediante Real Decreto de 19 de noviembre de 1835; las instrucciones para la mejora de la enseñanza primaria recogidas en la Real Orden de 4 de febrero de 1835 y las disposiciones sobre la formación de los estatutos de las sociedades económicas contempladas en la Real Orden de 14 de febrero de 1836.

Fue elegido miembro honorario de la Real Academia de la Historia el 8 de enero de 1836, “en reconocimiento de los favores que ha recibido recientemente de S. M. por la mediación del Exmo. Sr. D. Martín de los Heros, secretario del Despacho de Gobernación del reino, y atendiendo a la notoria afición de S. E. a los objetos de nuestro instituto, y su notoria ilustración”.

La llegada de los moderados al poder, con el nombramiento de Istúriz, en el mes de mayo, como jefe del gabinete, puso fin a su actividad ministerial, aunque no a su carrera política, que continuó, concurriendo a las elecciones de 13 de julio de 1836, en las que resultó nuevamente electo por Vizcaya, si bien la nueva cámara nunca llegó a constituirse, dado que la sublevación de los sargentos en La Granja obligó a Istúriz a dimitir y a la convocatoria de nuevas elecciones para octubre del mismo año, en las cuales resultaría igualmente elegido diputado propietario por Vizcaya. Su participación en la actividad de las Cortes Constituyentes (1836-1837) fue intensa, siendo nombrado miembro de varias comisiones, entre las que destacan las de Etiqueta, Instrucción Pública, Biblioteca, Estado, Caminos y Canales, Gobernación, Comercio, Ultramar y Minería. En esta legislatura desempeñó la vicepresidencia del Congreso en abril de 1837, y el cargo de presidente desde el 3 de mayo hasta el 1 de junio del mismo año. Sus intervenciones en los debates fueron igualmente numerosas, siendo reseñables las relativas al proyecto de Constitución, de la que aparecerá como firmante una vez aprobada, jurándola el 18 de junio de 1837. Defendió la existencia de dos cuerpos colegisladores iguales en facultades, rechazando el término Estamento para denominar a las Cámaras, y proponiendo los de Senado y Diputación General, más acordes, según él, con la tradición histórica y la precisión del lenguaje jurídico y legal. Propuso que el Senado fuera electivo, no de nombramiento real, aunque consideraba posible su carácter vitalicio. Además de algunos discursos sobre temas muy puntuales, la mayoría de ellos son un reflejo constante de sus planteamientos políticos y de sus preocupaciones intelectuales: los temas relacionados con la guerra carlista; la reforma del clero; la legislación electoral, nuevamente modificada en esta legislatura; así como aspectos relacionados con planes de estudios e instrucción pública.

La derrota de los progresistas en las siguientes elecciones privaron a Martín de los Heros de su escaño en el Congreso, siendo elegido senador por Madrid el 28 de enero de 1838, jurando el 28 de febrero siguiente. Nombrado miembro de la Comisión de Presupuestos, intervino activamente en los debates, como ya había hecho antes en el Congreso. El Reglamento del Senado, el empréstito del Estado, los impuestos, el diezmo, las rentas y otras contribuciones, fueron nuevamente asuntos de su mayor interés, junto con la necesidad de promover una nueva ley de instrucción secundaria y superior.

Las reformas legislativas adoptadas por el gobierno moderado en junio de 1840 (Ley de Ayuntamientos), destinadas a modificar el sistema político, aun manteniendo la Constitución, provocaron la sublevación de Barcelona en julio, y la llegada de Espartero al gobierno en octubre, quien asumió la regencia. Tras estos sucesos, Heros, fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, cargo que aceptó sin sueldo. Un Decreto de 2 de diciembre de 1840, le designó intendente general de la Real Casa y Patrimonio, puesto que le puso frente a una difícil situación interna, plagada de enfrentamientos y de banderías, “como nunca había visto, a pesar de estar algo habituado a la vida pública y a los cargos más superiores del Estado”. Por otra parte, la situación económica y administrativa no era más fácil, por lo que procuró llevar a cabo una racionalización de los gastos y una clara gestión contable, dando cuentas de todo ello en una memoria elevada a Agustín Argüelles, a la sazón tutor de la reina Isabel II.

El desempeño de este puesto, del que dimitió en julio de 1843, tras la salida de Espartero de la regencia del reino, coincidió con su elección como senador por Madrid en 1841, no obstante la comisión de actas no lo consideró sujeto a reelección por el mantenimiento del mismo. Nuevamente su actividad parlamentaria fue intensa a lo largo de los sucesivos períodos de sesiones que se sucedieron hasta la disolución de 1843, formando parte de cerca de veintiocho comisiones, e interviniendo en el debate de más de setenta asuntos, siendo los más destacados los relativos a la tutela de la Reina y el nombramiento de la regencia, los presupuestos, las dotaciones de culto y clero, y la organización y atribuciones de los ayuntamientos.

El nombramiento de González Bravo como jefe del Gobierno, que dio inicio a la Década Moderada (1843-1854), supuso su retraimiento de la vida política. Confirmado como miembro numerario de la Real Academia de la Historia el 5 de marzo de 1847, pronunció su discurso de ingreso sobre el Archivo de Valmaseda, donde residía habitualmente, viajando ocasionalmente a Madrid y a Bélgica. Nombrado senador vitalicio por Decreto de 30 de octubre de 1849 en su calidad de exministro de la Corona, no llegó a tomar posesión por incumplimiento de otros requisitos.

En el Bienio Progresista fue nuevamente nombrado intendente de la Real Casa y Patrimonio en septiembre de 1854, encargándose de la defensa de algunas de las propiedades de dicho patrimonio que podían verse afectadas por las nuevas medidas desamortizadoras de Madoz. Elegido en noviembre diputado por Burgos, la Comisión de Actas dictaminó que esta condición era incompatible con su puesto de intendente, pero el pleno aprobó sus poderes. Nombrado miembro de la comisión de Bases de la Constitución, participó intensamente en la elaboración de un texto, que, aunque no llegó a ser promulgado (Constitución non nata de 1856), manifestó una clara preocupación por ofrecer otras vías de alternancia política, y poner freno al modo empleado por la Corona para ejercer sus facultades. Participó también en el debate de la investigación sobre la conducta de María Cristina, que nuevamente había abandonado el país, siendo notorias sus intervenciones relativas a los presupuestos de la Casa Real.

Disuelta la Cámara en septiembre de 1856, pasó, unos meses más tarde, en mayo de 1857, a ocupar su escaño de senador vitalicio, interviniendo únicamente en el proyecto de reforma constitucional, a la que se opuso, manifestando su fe doceañista. Nombrado en la legislatura de 1858 inspector de la Biblioteca, su fallecimiento fue comunicado al Senado por su amigo Ramón Gil de la Cuadra.


Obras de ~: Bosquejo de un viaje histórico é instructivo de un español en Flandes, Madrid, 1835; Discurso pronunciado por ~ Procurador a Cortes por Vizcaya, en la sesión de 18 de marzo de 1836, sobre el artículo 55 de la ley electoral, s. f.; Memoria que acerca del estado de la Real Casa y Patrimonio y su administración en los últimos cinco meses de 1841 presenta al Exmo. Sr. Tutor de S. M. Don Agustín Argüelles el Intendente General en comisión de la misma, Madrid, 1842; Memoria que acerca de la administración de la Real Casa y Patrimonio de S. M en el año 1842 presenta al Exmo. Sr. Tutor de S. M. Don Agustín Argüelles, el Intendente General en comisión de la misma Real Casa y Patrimonio, Madrid, 1843; Historia del Conde Pedro Navarro, general de infantería, marina e ingeniero en los reinados de Fernando e Isabel y de Doña Juana y su Hijo Don Carlos, Madrid, 1854-1855; Colección de documentos inéditos para la Historia de España; Historia de Valmaseda, vols. XXV y XXVI, Bilbao, 1926.

Fuentes y bibl.: Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación electoral, 11 n.º 19, 13 n.º 8, 36 n.º 15; Archivo del Senado, exps. personales, His-0221-01; Archivo Histórico Nacional, Fondos Contemporáneos, M.º Gobernación, Personal, leg. 241; Archivo Histórico Militar, Personal Celeb., 5E, Exp. 4.

Diario de Sesiones de las Cortes, Estamento de Próceres y de Procuradores (legislaturas de 1834-1858), Madrid, Imprenta Real, 1834-1858; M. Ovilo y Otero, Manual de Biografía y de bibliografía de los escritores españoles del siglo XIX, París, Librería de Rosa y Bouret, 1859; J. Castro y Cía. (ed.), Los ministros en España desde 1800 á 1869, Madrid, Administración, 1870; N. Soraluce y Zubizarreta, Más biografías y catálogo de obras vasco-navarras, Vitoria, 1871; G. Balparda, Don Martín de los Heros y el progresismo vascongado, Bordeaux, 1925; A. Ferrer del Río, “Don Martín de los Heros”, en América, vol. III (1959), n.º 2, págs. 2-3; J. Zuazagoitia, “Don Martín de los Heros y su Historia de Valmaseda”, en Artículos (1959), págs. 23-29; J. Lasa, “Completando dos biografías: Heros e Iturriaga, estudiantes en la Universidad de Oñate”, en Boletín de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, vol. XXIII (1967), págs. 37-44; J. M. García Madaria, Estructura de la Administración Central (1808-1931), Alcalá de Henares, Instituto Nacional de Administración Pública, 1982; A. Gil Novales, Diccionario biográfico del trienio liberal, Madrid, El Museo Universal, 1991; J. Aguirreazkuenaga Zigorraga et al., Diccionario biográfico de los parlamentarios de Vasconia, Vitoria, Parlamento Vasco, 1993; M. Cuenca Toribio y S. Miranda García, El poder y sus hombres. ¿Por quiénes hemos sido gobernados los españoles? (1705-1998), Madrid, Actas, 1998; F. Ruiz Cortés, Diccionario biográfico de personajes históricos del siglo XIX, Madrid, Rubiños, 1998; M. Artola Gallego, La España de Fernando VII, Madrid, Espasa Calpe, 1999; J. R. Urquijo Goitia, Gobiernos y ministros españoles (1808-2000), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2001; M. García Muñoz, “La documentación electoral y el fichero histórico de diputados”, en Revista General de Información y Documentación, vol. 12, n.º 1 (2002), págs. 93-137; B. Pellistrandi, Un discours national? La Real Academia de la Historia entre science et politique (1847-1897), Madrid, Casa de Velázquez, 2004, pág. 396.


Biografía escrita por Montserrat García Muñoz procedente del Diccionario Biográfico Español.

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