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Mariano Roca de Togores y Carrasco. Marqués de Molins (I) y vizconde de Rocamora.

Albacete, 17.VIII.1812 – Lequeito (Vizcaya), 4.IX.1889. Aristócrata, literato y político.

Nació en el seno de una familia aristocrática. Su padre fue Luis Roca de Togores y Rosel, Conde de Pinohermoso; su madre, María Francisca de Paula Carrasco y Arce, Condesa de Villaleal. Su padre destacó en la lucha contra los franceses, alcanzando el grado de comandante general y fue alcalde liberal de Albacete.

Mariano estudió en Madrid en el Colegio de San Mateo, que contaba con los distinguidos profesores Alberto Lista y José G. Hermosilla, donde coincidió con destacados compañeros que formaron una generación de escritores y poetas como Espronceda, Juan de la Pezuela, Ventura de la Vega, conde de Cheste y Eugenio de Ochoa.

Acabada su formación académica, ejerció inmediatamente como profesor de matemáticas a los diecisiete años en Alicante. Pero pronto volvió a Madrid y formó parte de un grupo literario llamada El Parnasillo, compuesto por una docena de personalidades entre las que figuraban Espronceda, Mariano José de Larra, Ventura Vega, Bretón de los Herreros y Patricio de la Escosura.

Era una reunión de intelectuales que representaba una postura crítica moderada contra el absolutismo de Fernando VII en sus últimos años. En la década de los treinta publicó dos dramas históricos: Duque de Alba y Doña María de Molina. Se introdujo en la vida periodística con la fundación en Valencia del periódico La Verdad, de carácter conservador, en el que incluía artículos con el seudónimo del Licenciado Manchego.

Este grupo se amplió posteriormente con la incorporación de Zorrilla, Hartzenbusch, el duque de Rivas y Campoamor y continuó las reuniones en espléndidos salones con presencia de ministros y personalidades de la Corte, convirtiéndose en un acto social de la clase alta; muchas de ellas se realizaron en la casa de Madrid del marqués de Molins.

Militaba en el partido moderado hacia la mitad de la década del treinta del siglo xix. Colaboró en la caída de Espartero como regente, apoyando la estrategia de Joaquín María López. Formó parte del grupo La joven España dirigido por González Bravo y constituido por jóvenes moderados y progresistas que se enfrentaron a Salustiano Olózaga, contra el cual el marqués de Molins tuvo una destacada intervención en las Cortes. Perteneció a la tendencia puritana (sector de talante más liberal del partido), liderada por Joaquín F. Pacheco y que disfrutaba de la presencia de Cánovas del Castillo, Pastor Díaz, el general Concha, Marqués de Salamanca, Nocedal y Río Rosas, ingresando posteriormente la mayoría en Unión Liberal.

Logró el puesto de diputado suplente por Albacete en las elecciones de 1837 y tres años después fue elegido diputado por Murcia, ocupando el cargo de Secretario del Congreso y miembro de la comisión que redactó la Ley de Ayuntamientos. Su labor política fue intensa durante la década moderada, logrando escaños en las Cortes y cargos en el Gobierno, quedando relegado entre 1853 y 1863. Durante esta década figuró como parlamentario en las Cortes desde 1843 a 1853, representando a los distritos de Murcia, Elche (Alicante) y El Ferrol (La Coruña).

Ocupó durante esta etapa tres carteras ministeriales.

La de Comercio, Instrucción y Obras Públicas (1847), durante el gobierno de Carlos María de Irujo (conde de Sotomayor), realizando durante su mandato la Ley de Propiedad Literaria, reorganizó las Reales Academias ya existentes y fundó la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Años después, pasó a ocupar por dos veces la cartera de Marina. La primera, durante el largo gobierno de Narváez (1847- 1851) en que realizó importantes mejoras que las completó durante el gabinete del conde de San Luis (1853-1854). Adoptó medidas para rehacer y modernizar las fuerzas navales, con el fin de sacarlas de su atraso, planes que fueron continuados por sus sucesores.

Trató de adaptar el personal de la Marina a las nuevas necesidades derivadas del material naval al pasar de la marina de vela a la de vapor. Con visión certera se dio cuenta de que la propulsión de vapor al haber aparecido la hélice, cambiaba los factores estratégicos y tácticos de la marina.

Consiguió un incremento significativo del presupuesto para la Marina tan necesaria en la defensa de las colonias, pasando de dedicarse 40 millones a 66 millones de reales. Se modernizaron los estudios y la preparación de los alumnos del Colegio Naval de San Fernando, reorganizó el cuerpo de sanidad de la armada con facultad propia en Cádiz, así como sus hospitales que estaban sin servicio ni asistencia. Dotó a los arsenales de modernos talleres de maquinaria y artillería. Fundó en San Fernando el Panteón de Marinos Ilustres, para memoria de las nuevas generaciones, construyéndose un edificio neoclásico junto a la Escuela Naval, donde reposan los marinos destacados.

Fundó en Ferrol la Escuela Especial de Maquinistas (1850) con el fin de que los buques de vapor fuesen atendidos por personal del país.

Su intención era conseguir nacionalizar la construcción de las máquinas de los barcos y formar personal con suficientes conocimientos para manejarlas. Con ello respondía al gran reto planteado desde el punto de vista técnico por la revolución industrial a la marina.

Se realizaron dos innovaciones trascendentes para la Marina de guerra. La aplicación de la hélice en la propulsión de los buques, que le daba mayor autonomía y rapidez y la aparición de los primeros blindados.

Pensó, llegado el momento, en crear un grupo de fragatas rápidas y bien armadas con propulsión mixta de vela y hélice que, apoyándose en la magnífica posición geoestratégica, facultara tomar parte en las decisiones internacionales. Siguiendo estas directrices, sus sucesores construyeron nuevos barcos en los astilleros de Ferrol, Cartagena y Cádiz, nacionalizándose la construcción naval.

Durante el bienio progresista salió de España y permaneció en París y Roma, quedando al margen del gobierno hasta que O’Donnell le nombra ministro plenipotenciario en Londres, permaneciendo en el cargo de 1863 hasta 1866. Cuando, los unionistas firmaron el Pacto de Ostende para derrocar a Isabel II, éste se retiró de la actividad política, aunque mantuvo sus contactos personales con Isabel II a quien, en una carta enviada después de la revolución de 1868, le indicó que una de las tres opciones que contemplaba en ese momento “era el advenimiento de Alfonso XII”, al que calificaba del “mejor evento posible”. Colaboró activamente en la preparación para el regreso de Alfonso XII participando en reuniones y cacerías con personalidades relevantes que apoyaban esta opción. Participó en la redacción de la carta que la nobleza dirigió al príncipe de Asturias y tomó parte activa en los trabajos preparatorios de la proclamación del príncipe Alfonso, siendo consultado por Isabel II junto al conde de San Luis y a Cánovas, sobre la redacción del texto de su abdicación al trono. Ante la resistencia de Isabel II al nombramiento de Cánovas como jefe de Gobierno, parece que fue el marqués de Molins el que consiguió convencerla. Estuvo presente en el acto en que se concedió plenos poderes a Cánovas, celebrado en el palacio Basilewsky, residencia parisina de Isabel II, el 4 de agosto de 1873, en compañía del príncipe Alfonso, la infanta Isabel, el general Reyna, entre otros. Colaboró en la redacción del borrador de la carta firmada por Isabel II en la que comunicaba a Cánovas la concesión de plenos poderes en la defensa de la causa de su hijo Alfonso. Acompañó a Alfonso XII en su viaje de regreso desde Marsella a Madrid.

Por su declarado apoyo a Alfonso XII, Cánovas del Castillo lo incluyó en su primer gobierno asignándole el Ministerio de Marina, que ocupaba por tercera vez. Fue elegido senador por Albacete en 1876 y dos años después fue nombrado senador vitalicio hasta su muerte en 1889.Colaboró con los alfonsinos como el conde de Toreno, Cánovas y Río Rosas en defensa del orden y la religión con sus artículos en la revista La Defensa de la Sociedad.

Cuatro años después fue designado ministro de Estado bajo la presidencia de Arsenio Martínez Campos, cargo que abandonó pronto al ocupar el puesto de embajador en París, con la finalidad de lograr que el gobierno francés no apoyase moral ni económicamente al carlismo y frenar el republicanismo y las intrigas contra la monarquía de Alfonso XII. La primera acción fue presionar al gobierno francés para que invitase a abandonar Francia al pretendiente Carlos VII que se había instalado en París. También realizó una labor de acercamiento al reanudar los lazos con el mundo americano heredero de los viejos virreinatos contactando con los representantes de aquellas repúblicas en Francia, iniciando un cauto acercamiento indirecto que se concretó con la firma de tratados con Perú, Bolivia y Colombia. Posteriormente en 1885 negoció con la Santa Sede a través del pontífice León XIII el conflicto entre España y Alemania sobre las Carolinas.

Se casó en 1834 con su prima Maria Teresa Roca de Togores y Alburquerque que murió siete años después y con quien tuvo dos hijos, Luis, marqués de Asprillas y María Francisca que ingresó en un convento; contrajo matrimonio en segundas nupcias en 1849 con María del Carmen Aguirre Solarte y Alcíbar y tuvo cuatro hijos, José Ventura (segundo marqués de Molíns), María del Carmen (marquesa de Peñafuente), Ángela (marquesa de Pozorrubio) y Fernando (marqués de Rocamora).

Comenzó muy joven su producción literaria con la publicación de dos dramas históricos, ricos en acción y sentimiento patriótico: El Duque de Alba (1831), que se representó quince años después con el título La espada de un caballero: ensayo dramático en dos actos, y Doña María de Molina (1837). Su actividad política comenzada en los años cuarenta del siglo XIX mermó el ritmo de su producción literaria. Entre sus trabajos figuran la novela costumbrista La manchega, donde relata el mundo rural de La Mancha, comedias como El muerto al hoyo, u otros estudios de encargo como La sepultura de Miguel de Cervantes y los discursos pronunciados en las Reales Academias.

Escribió múltiples artículos periodísticos en diversos medios de comunicación. Su producción poética fue la más prolífica, con múltiples romances de los más variados temas como Romancero de la Guerra de África, Oda a la Reina nuestra señora, Un canto épico, etc. Es calificado como un escritor ecléctico, abierto al romanticismo. Es narrador, poeta y crítico. En sus obras imperan el espíritu nacional o patriotismo, el entusiasmo histórico y el sentimiento aristocrático.

Ocupó altos cargos en el mundo de la cultura. Fue miembro de diversas Reales Academias Nacionales: de la Española (de la que fue su director entre 1866 y 1875), de la de Ciencias Morales y Políticas, de la Historia (1869) y de Bellas Artes de San Fernando.

También lo fue de las locales como la sevillana de Buenas Letras y la de San Carlos de Valencia. Fue nombrado presidente de las dos asociaciones más importantes de Madrid: del Liceo en 1841 y del Ateneo en 1874. En cada una de ellas realizó un brillante discurso de ingreso y elaboró otros estudios de encargo.

Isabel II le concedió en 1848 los títulos de marqués de Molins y el de vizconde de Rocamora y en 1863 el de grande de España. Alfonso XII le otorgó el collar de la Orden del Toisón en 1875.


Obras de ~: Doña María de Molina. Madrid, Imprenta de José María Repullés, 1837; Improvisación en un banquete patriótico, París, 1839; La espada de un caballero: ensayo dramático en dos actos, Madrid, Imprenta de D. José Repullés, 1846; Obras poéticas, Madrid, Tejado Editor, 1857, 2 vols.; Romance de la guerra de África, Madrid, Rivadeneyra, 1860; Memoria sobre el estado y trabajos literarios de la Real Academia Española, Madrid, 1870; La sepultura de Miguel de Cervantes, Madrid, 1870; Problemas sociales. Discurso leído en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, Madrid, 1873; Álbum poético español, Madrid, 1874; La Manchega, Madrid, Imp. a cargo de R. P. Infante, 1874; Discurso leído en la Academia de Ciencias Morales, Madrid, 1881; Bretón de los Herreros: recuerdos de su vida y de sus obras, Madrid, Imp. y Fundición de M. Tello, 1883; Opúsculos críticos y literarios La Peña de los Enamorados.

Fuentes y bibl.: Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación electoral, 19 n.º 20, 24 n.º 2, 24 n.º 23, 24 n.º 51, 24 n.º 71, 26 n.º 12, 28 n.º 3, 28 n.º 12, 32 n.º 18, 33 n.º 11 y 32 n.º 18; Archivo del Senado, Expedientes personales, HIS-0291-05.

A. Gallego, El marqués de Molins. Su vida y sus obras, Albacete, Imprenta Comercial, 1912; J. Quijada Valdivieso, Albacete en el siglo XX, Albacete, Tip. de Eliseo Ruiz, 1925, págs. 83-87; M. Alonso Baquer y M. Hernández Sánchez- Barba, Historia Social de las Fuerzas Armadas Española, vol. IV, Madrid, Alhambra, 1986, págs. 78-82; J. Belmonte Guardiola, Aproximación a la obra periodística del marqués de Molins, tesina, Murcia, Universidad, 1990; B. Pellistrandi, Un discours national?: la Real Academia de la Historia entre science et politique (1847-1897), Madrid, Casa de Velázquez, 2004, págs. 414-416.


Biografía escrita por Manuel Requena Gallego procedente del Diccionario Biográfico Español.

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