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Marcos Jiménez de la Espada y Evangelista

Cartagena (Murcia), 5.III.1831 – Madrid, 3.X.1898. Viajero naturalista, geógrafo e historiador americanista.

Nació en el seno de una familia de clase media. Su padre fue un funcionario vinculado a la construcción del Estado liberal en la época isabelina, que deseaba guiar a su hijo hacia los estudios de Derecho. Pero éste, tras residir en Valladolid, Barcelona y Sevilla, donde concluyó su bachiller en Filosofía en 1850, optó por orientarse hacia el estudio de las Ciencias Naturales que entonces se realizaba en el marco de la Facultad de Filosofía. De esta manera, Jiménez de la Espada se formó como naturalista en la Universidad Central de Madrid en la década de 1850 bajo la dirección de Mariano de la Paz Graells, catedrático de Anatomía Comparada y Zoonomía de los Vertebrados y director del Museo de Ciencias Naturales.

Fue en esas instituciones donde Jiménez de la Espada desarrolló parte de sus actividades científicas. El 8 de abril de 1857 fue nombrado ayudante de las clases de Mineralogía y Geología de ese Museo y el 11 de septiembre de ese mismo año profesor auxiliar de la Facultad de Ciencias de dicha Universidad. Dos años después, en 1859, fue nombrado primer ayudante del Museo y, a petición suya, se hizo cargo de las clases de Zoología y Anatomía Comparada que se impartían en él. En esa época era también el responsable de un pequeño zoológico de aclimatación que Graells acababa de instalar en el Jardín Botánico de Madrid.

Pero fue en 1862 cuando aconteció el hecho que cambió radicalmente las preocupaciones intelectuales y la mirada cognoscitiva de ese científico. El 9 de julio de ese año fue designado miembro de la Comisión Científica del Pacífico, nombre que recibió la expedición de seis naturalistas, un taxidermista y un fotógrafo-dibujante que el Gobierno español agregó a una expedición naval con destino a tierras americanas en el marco de una contradictoria política panhispanista.

El objetivo principal que se asignó al grupo de científicos fue el de recoger ejemplares de los tres reinos de la naturaleza para incrementar las colecciones del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Al organizarse la Comisión de Profesores de Ciencias Naturales agregada a la Expedición Marítima al Pacífico, Jiménez de la Espada fue nombrado segundo ayudante naturalista, encargado de la supervisión de las recolecciones de mamíferos, aves y reptiles terrestres.

Como miembro de la expedición recorrió tierras de los archipiélagos atlánticos de Canarias y Cabo Verde y exploró zonas de Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Costa Rica, Panamá —que en aquel entonces pertenecía a la actual Colombia—, Nicaragua y El Salvador.

Durante su periplo hizo interesantes observaciones geológicas, zoológicas, antropológicas, etnológicas, botánicas y geográficas que recogió en un Diario.

En él se constata un meticuloso espíritu científico, imbuido de una cultura de la precisión forjada en sus estudios de anatomía comparada, así como una sensibilidad romántica que se inserta en la tradición humboldtiana. De ahí su interés por observar de una manera integrada, totalizadora y armónica tanto la naturaleza, como el paisaje, es decir, la naturaleza modificada por la acción humana, y su afán por emular a Alejandro de Humboldt estudiando todas las manifestaciones sublimes de las fuerzas telúricas, como los volcanes americanos o “montañas de fuego”.

Entre las hazañas de su viaje cabe mencionar sus ascensiones a una media docena de esos volcanes: centroamericanos, como el Izalco en la república de El Salvador, considerado “el faro del Pacífico”, y ecuatorianos, como el Chimborazo y el Sumaco. Al descender al Pichincha, que domina la ciudad de Quito, anduvo perdido tres días y estuvo a punto de fallecer, siendo rescatado in extremis. Parte de sus observaciones geológicas sobre el vulcanismo andino las publicó en 1872 en su estudio sobre “El volcán de Ansango”.

Asimismo, como resultado de las tareas que se le encomendaron, logró enviar a Europa por primera vez diversos ejemplares de la fauna americana para ser estudiados o para aclimatarlos. Entre ellos cabe destacar la liebre de Patagonia, el guanaco, el cisne de cuello negro, el cóndor, un pavo silvestre del Perú, y dieciséis especies nuevas de ranas. Ese esfuerzo fue recompensado por la Sociedad Imperial de Francia de Aclimatación con una Medalla de 1.ª Clase de la división de mamíferos, otorgada en su sesión plenaria anual de 23 de marzo de 1866.

Tras regresar a España realizó diversos estudios sobre la fauna sudamericana en el marco de la comisión de estudios sobre las colecciones del Pacífico, y promovió, junto a once compañeros, la constitución de la Sociedad Española de Historia Natural en 1871. En sus trabajos zoológicos dio a conocer nuevas especies de mamíferos del área del alto Amazonas, y estudió en profundidad los setecientos ochenta y seis ejemplares de anfibios que habían recolectado los comisionados, particularmente los reunidos por él mismo.

Su principal obra, publicada en 1875 con el título de Vertebrados del viaje al Pacífico. Batracios, mereció los plácemes de sus coetáneos y fue considerada a lo largo del siglo xx como un texto clásico de la literatura zoológica. De ahí que la Society for the Study of Amphibians and Reptiles decidiese auspiciar una reedición en 1978. Este tratado contiene la redescripción de dieciocho géneros y veinticuatro especies previamente conocidos, y la descripción de dos géneros, doce especies y tres subespecies nuevos, añadiendo Jiménez de la Espada a esas descripciones, interesantes observaciones sobre la biología de las especies.

Pero en el cénit de su prestigio como naturalista truncó su programa de investigaciones biológicas y reorientó su atención hacia el campo de la geografía histórica y de la historia americana. En el entorno de la Sociedad Geográfica de Madrid, de la que fue socio fundador en 1876, y de la Real Academia de la Historia, de la que fue miembro electo en 1883, desarrolló un peculiar viaje por el tiempo para prolongar su propia experiencia viajera. Primero, en el marco de preocupaciones historicistas de la Asociación Española para la exploración del África, en la que se integró desde su constitución en febrero de 1877, se interesó por la edición de libros de viajeros medievales castellanos por la cuenca del Mediterráneo, como fue el caso de Pero Tafur, y por el África subsahariana, como el viaje del franciscano anónimo. Luego se convirtió en uno de los más notables americanistas de su tiempo y en uno de los historiadores de su época más atentos a valorar el impacto que tuvo el conocimiento del Nuevo Mundo en el desarrollo de la ciencia europea en general, e hispana en particular. La solidez de su obra historiográfica y su transformación en bibliófilo, anticuario e historiador se produjo, en cierta medida, porque debido a su formación de naturalista abrazó con fervor los criterios heurísticos y los planes de trabajo de los historiadores alemanes y franceses propagandistas de la bonne méthode de los positivistas.

El afán por el conocimiento del pasado del polígrafo Jiménez de la Espada se orientó fundamentalmente a la recopilación y crítica de bibliografía y fuentes, como requisito obligado para el logro de la objetividad y delimitación de los hechos históricos. Una serie de archivos, bibliotecas y museos, principales depósitos de fuentes históricas, se convirtieron durante casi tres décadas en los más importantes y predilectos laboratorios de trabajo de ese naturalista-historiador.

Durante esos años, en los que dedicó gran parte de su tiempo a “enmendar cuartillas, comprobar copias, acicalar textos”, desplegó un programa de trabajo original, complejo y arborescente. En él dio a conocer materiales históricos de gran valor sobre el interés que habían mostrado diversos autores hispanos, y europeos, por el conocimiento de la naturaleza y culturas exóticas, africanas y americanas, particularmente andinas y amazónicas. En cierta medida reconstruyó una tradición de conocimiento del espacio y de las sociedades americanas que tuvo manifestaciones culturales tan importantes como las Relaciones Geográficas de Indias, las Crónicas de Indias, o el género historiográfico de las Historias Naturales y Morales, inaugurado por la obra homónima del jesuita José de Acosta.

Así, editó libros de viajeros medievales, como las Andanzas de Pero Tafur, y el Libro del conocimiento; e informó o editó documentos relacionados con las expediciones científicas que enviaron u organizaron los monarcas de la dinastía Borbón durante el siglo XVIII a diversas regiones de América, como fueron las del médico y botánico José Celestino Mutis en el virreinato de Nueva Granada, la de los botánicos Hipólito Ruiz y José Pavón al virreinato de Perú, o la del marino Alejandro Malaspina de circunnavegación del globo. Buscó materiales históricos relacionados con el área andina y amazónica que ilustrasen sus investigaciones de naturalista. Y se especializó en el conocimiento de la historiografía de los cronistas de Indias, de las exploraciones geográficas efectuadas por los castellanos en el espacio americano, y de la historia de la América precolombina. En este último campo de conocimiento se interesó particularmente por el estudio del imperio inca y por las conexiones entre las sociedades andinas y amazónicas entre los siglos XV y XVII.

De esta manera entre sus grandes publicaciones cabe destacar su monumental edición en cuatro volúmenes de las Relaciones Geográficas de Indias, correspondientes al virreinato del Perú, o las ediciones de Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas, y de partes de la obra historiográfica de perspicaces observadores del mundo andino como fueron Cieza, Betanzos o el padre Bernabé Cobo, o amazónico como el padre Maroni, o de documentos de gran valor estratégico como la información que recogió Vaca de Castro de quipucamayocs en 1543, o el Vocabulario de la lengua general de los indios del Putumayo y Caquetá, de autor anónimo, o los materiales andinos que recogió Bartolomé de Las Casas en su Apologética historia sumaria, y que Jiménez de la Espada publicó con el título De las antiguas gentes del Perú. Asimismo publicó, en la última etapa de su vida, en revistas que no tuvieron gran circulación, como El Centenario o Historia y Arte, una serie de artículos de interés para el conocimiento de diversos aspectos de la civilización material y de la cultura de las sociedades andinas prehispánicas.

Así, en su texto “El Cumpi-Uncu hallado en Pachacamac”, el estudio que hace de esa pieza textil le sirve de excusa para destacar el papel que desempeñaba el arte de tejer en las estructuras socio-económicas y la cosmovisión de las sociedades andinas precolombinas, y en particular en el imperio inca.

La ingente obra historiográfica de Jiménez de la Espada se debió indudablemente al empuje de su curiosidad y a los estímulos que recibió a lo largo de su desplazamiento americano, pero fue resultado también de una serie de circunstancias sociales, entre las que cabe destacar su participación en la incipiente institucionalización de los estudios americanistas que se produjo en Europa y América durante el último tercio del siglo xix, y a que Espada concibió su obra, apoyado por diversos gobiernos españoles y por sectores de la sociedad civil, como un instrumento cultural para restablecer el diálogo entre españoles y latinoamericanos sobre nuevas bases de conocimiento. En efecto, Jiménez de la Espada fue un activo participante en los primeros congresos americanistas que promovieron un grupo de “savants” europeos para impulsar el estudio de las antiguas culturas americanas y de las civilizaciones precolombinas durante el último tercio del siglo xix. Asistió de esta manera a los congresos americanistas de Bruselas (1879), Madrid (1881), Turín (1886), Berlín (1888) y París (1890). Por otro lado, si bien la Comisión Científica del Pacífico —la empresa científico-militar en la que Jiménez de la Espada se desplazó a América— se vio involucrada en un conflicto bélico que se suscitó entre España y las repúblicas del Pacífico sudamericano como Perú, Chile y Bolivia, que culminaron con el bombardeo de Valparaíso y Callao en 1866, no es menos cierto que Jiménez de la Espada concibió su obra historiográfica como un instrumento que reforzase los lazos culturales entre España y los países andinos. Y de hecho se puede considerar que los reconocimientos que obtuvo de sus lectores peruanos parecieran demostrar que consiguió ese objetivo, como lo prueba la condecoración que recibió del Gobierno peruano en 1892 por “sus importantes trabajos históricos y geográficos relativos al Perú”, entre los que se hace mención expresa a sus publicaciones sobre “el insigne cronista Cieza de León, sus Relaciones Geográficas de Indias y sus disquisiciones relativas al Descubrimiento y a la época colonial”.

En cierta medida esa recompensa procedente de Perú hizo más gratos los últimos años de la vida de Jiménez de la Espada, quien recibió por entonces otras distinciones y condecoraciones. Fue nombrado socio correspondiente de la Sociedad berlinesa de Antropología, Etnografía y Prehistoria y miembro correspondiente de la Royal Geographical Society de Londres y de la Société des Américanistes de París. La Academia de la Historia le concedió en 1897 el Premio Loubat, dotado con 3.300 pesetas, por su obra Relaciones Geográficas de Indias. Asimismo, ascendió a la cúspide del sistema científico español de la época al ser elegido en 1893 miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, presidir en 1895 la Sociedad Española de Historia Natural y ser nombrado catedrático de Anatomía Comparada de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid en 1898, pocos meses antes de fallecer en ese año. A su muerte, sus amigos, entre los que sobresalían destacados miembros de la Institución Libre de Enseñanza, como Francisco Giner, y relevantes integrantes de la Academia de la Historia, como el marino Cesáreo Fernández Duro, con la excusa de promover una campaña de solidaridad económica con su familia, le convirtieron en un símbolo del regeneracionismo científico que se atisbaba en el horizonte de la sociedad española.

Durante el siglo xx su legado científico e historiográfico ha sufrido diversas vicisitudes. Su colección de mamíferos fue estudiada a principios de la centuria por su discípulo Ángel Cabrera Latorre, considerado el mastozoólogo más importante del ámbito cultural iberoamericano. Su obra y sus aventuras americanas suscitaron interés en la década de 1920 gracias a los trabajos del agustino Agustín Barreiro, e inspiraron el proyecto de expedición del capitán Iglesias, héroe de la aviación española, al alto Amazonas. Sus trabajos historiográficos alentaron, en cierta medida, el desarrollo de la etnohistoria andina en el último tercio del siglo XX.

Finalmente cabe señalar que la informatización del catálogo de su archivo fue una tarea que se inició en 1998 al cumplirse el centenario de su fallecimiento, y después de hallarse el fondo iconográfico de ese repositorio documental, oculto durante sesenta años.

Esa labor ha permitido elaborar un trabajo más ambicioso y pionero en la preservación y revalorización del patrimonio documental que se custodia en los archivos y bibliotecas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): el portal en Internet sobre la Comisión Científica del Pacífico, accesible en www.pacifico.csic.es. En él, el internauta tiene acceso a una parte significativa de las colecciones científicas y documentales de esa expedición, y en particular a documentos importantes del archivo de Jiménez de la Espada, como diez cuadernos de su Diario de viaje, su correspondencia y su fondo iconográfico.


Obras de ~: Algunos datos nuevos o curiosos acerca de la fauna del alto Amazonas, Madrid, Tomás Rey, 1870; “El volcán de Ansango, con un mapa”, en Anales de la Sociedad Española de Historia Natural. Memorias, vol. I (1872), págs. 49-76; (est. y pról.), Andanzas e viajes de Pero Tafur por diversas partes del mundo avidos (1435-1439), Madrid, Imprenta de Miguel Ginesta, 1874, 2 vols.; Vertebrados del viaje al Pacífico verificado de 1862 a 1865 por una comisión de naturalistas enviados por el Gobierno español. Batracios, Madrid, Imprenta de Miguel Ginesta, 1875; Libro del conocimiento de todos los reinos, tierras y señoríos que son por el mundo, que escribió un franciscano español a mediados del siglo XIV y ahora se publica por primera vez con notas, Madrid, F. Fortanet, 1877; con F. Vera, V. Barrantes, J. Zaragoza y M. Escudero, Cartas de Indias, Madrid, 1877, 2 vols.; Tercero libro de las guerras civiles del Perú, el cual se llama la Guerra de Quito, hecho por Pedro Cieza de León, cronista de las Indias, Madrid, Imprenta M. G. Hernández, 1877; Tres relaciones de antigüedades peruanas, Madrid, 1879; Del señorío de los Incas. Segunda parte de la Crónica del Perú que trata del Señorío de los Incas Yupanquis y de sus grandes hechos y gobernación escrita por Pedro Cieza de León y Suma y Narración de los Incas, que los Indios llamaron Capaccuna, que fueron señores de la ciudad del Cuzco y de todo lo que a ella subjeto, escrita por Juan de Betanzos, Madrid, 1880; Relaciones geográficas de Indias, correspondientes al virreinato del Perú, Madrid, Ministerio de Fomento, 1881-1897, 4 vols.; Memorias historiales y políticas del Perú, por el licenciado don Fernando Montesinos, seguidas de las informaciones acerca del señorío de los Incas, hechas por mandado de don Francisco de Toledo, virrey del Perú, Madrid, 1882; (ed.), Historia del Nuevo Mundo por el padre Bernabé Cobo de la Compañía de Jesús, publicada por primera vez con notas y otras ilustraciones por Marcos Jiménez de la Espada, Sevilla, Sociedad de Bibliófilos Andaluces, 1890-1894, 4 vols.; Noticias auténticas del famoso río Marañón y Misión apostólica de la Compañía de Jesús en la provincia de Quito, escritas por los años de 1738 y publicadas con notas y apéndices, Madrid, 1892.

Bibl.: F. de P. Martínez y Sáez, El doctor D. Marcos Jiménez de la Espada zoólogo y viajero naturalista, Madrid, Est. Tipográfico de Fortanet, 1898; C. Fernández Duro, El doctor D. Marcos Jiménez de la Espada: naturalista, geógrafo e historiador, Madrid, Est. Tipográfico de Fortanet, 1898; A. J. Barreiro, Historia de la Comisión Científica del Pacífico (1862 a 1865), Madrid, Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, 1926; Biografía de D. Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898), Toledo, Rafael G. Menor, 1927; Diario de la expedición al Pacífico llevada a cabo por una comisión de naturalistas españoles durante los años de 1862 a 1865, escrito por D. Marcos Jiménez de la Espada, miembro que fue de la misma, Madrid, Imprenta del Patronato de Huérfanos de Intendencia, 1928; J. U. Martínez Carreras, “Don Marcos Jiménez de la Espada y las ‘Relaciones’ del siglo XVI”, en Relaciones geográficas de Indias. Perú, por D. Marcos Jiménez de la Espada, vol. I, Madrid, Ediciones Atlas, 1965 (Biblioteca de Autores Españoles, 183), págs. III-LXVI; A. Colao, Jiménez de la Espada: aventura de un científico hispanista, Cartagena, Athenas Ediciones, 1967; J. M. Savage, “Marcos Jiménez de la Espada, naturalist explorer of the Andes and upper Amazon basin”, en M. Jiménez de la Espada, Vertebrados del viaje al Pacífico. Batracios, Kansas, Society for the Study of Amphibians and Reptiles, 1978; R. R. Miller, Por la ciencia y la gloria nacional: la expedición científica española a América (1862-1866), Barcelona, Ediciones del Serbal, 1983; L. López-Ocón y M. A. Puig- Samper, “Los condicionamientos políticos de la Comisión Científica del Pacífico: Nacionalismo e Hispanoamericanismo en la España bajoisabelina (1854-1868)”, en Revista de Indias, vol. 47 (1987), n.º 180, págs. 667-682; M. A. Puig-Samper, Crónica de una expedición romántica al Nuevo Mundo, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1988; L. López-Ocón Cabrera, De viajero naturalista a historiador: las actividades americanistas del científico español Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898), Madrid, Ediciones de la Universidad Complutense, 1991 (col. Tesis doctorales, n.º 162/91), 2 vols.; “Las actividades americanistas del naturalista español Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898)”, en A. R. Díez Torre et al. (coords.), La ciencia española en Ultramar, Madrid, Editorial Doce Calles, 1991, págs. 363-380; “Texto y contexto en la obra de Jiménez de la Espada: un modelo interpretativo”, en Revista de Indias (Madrid), vol. 52 (1992), n.os 195-196, págs. 611-625; “El patriotismo liberal de Marcos Jiménez de la Espada en la conmemoración del IV Centenario de la empresa colombina”, en A. Lafuente y J. Sala Catalá (eds.), La ciencia colonial en América, Madrid, Alianza Editorial, 1992, págs. 379-397; M. A. Cabodevilla (ed.), El gran viaje: Marcos Jiménez de la Espada, Francisco de Paula Martínez y Sáez, Manuel Almagro, Juan Isern, Quito, Ediciones Abya- Yala, 1998; L. López-Ocón y C. M. Pérez-Montes (eds.), Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898). Tras la senda de un explorador, Madrid, CSIC, 2000; L. López-Ocón Cabrera, “La colección etnográfica de Marcos Jiménez de la Espada: un pionero del americanismo científico contemporáneo”, en Historia de un olvido. La expedición científica del Pacífico (1862- 1865), catálogo de exposición, Madrid, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 2003, págs. 60-69; L. López-Ocón y S. Badía, “Overcoming obstacles. The triple mobilization of the Comision Cientifica del Pacifico”, en Science in Context, vol. 16, n.º 4 (2003), págs. 505-534; L. López-Ocón, “La Comisión Científica del Pacífico: de la ciencia imperial a la ciencia federativa”, en Bulletin de l’Institut Français d’Etudes Andines (Lima), t. 32, n.º 3 (2003), págs. 479-515; L. López- Ocón y C. Verdaguer, La Comisión Científica del Pacífico: de la expedición (1862-1866) al ciberespacio (1998-2003), Madrid, CSIC, 2004 (DVD); L. López-Ocón, J. P. Chaumeil y A.Verde (coords.), Los americanistas del siglo XIX. La construcción de una comunidad científica internacional, Frankfurt- Madrid, Vervuert-Iberoamericana, 2005.


Biografía escrita por Leoncio López-Ocón Cabrera procedente del Diccionario Biográfico Español.

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