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Manuel de Terán Álvarez

Madrid, 28.X.1904 – 7.V.1984. Geógrafo, catedrático de universidad y de enseñanza media y académico de la Española y de la Historia.

Nació en Madrid, hijo de Luis de Terán Zorrilla de San Martín, profesor de Francés, y de Dolores Álvarez Dumont. Es considerado renovador y modernizador de la geografía, salvando gran parte del retraso acumulado por la ciencia geográfica en España en relación con los países de su entorno (J. Bosque, 1982; A. López Gómez, 1987: 31), así como una figura intelectual de su época.

Entre 1914 y 1920 estudió en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid con brillantes resultados. Pese a la reconocida influencia de su profesor de Ciencias Naturales, Celso Arévalo (J. Bosque, 1982: 10; A. Cabo, 1987: 61), se decidió por la carrera de Filosofía y Letras, entonces de cuatro cursos, con los dos últimos en la Sección de Historia. Allí contó con un gran cuadro de profesores, entre los que cabe destacar a Eduardo de Hinojosa, Antonio Ballesteros, Claudio Sánchez Albornoz, José Ramón Mélida, Pío Zabala, Eduardo Ibarra, Antonio Vives y Eloy Bullón (F. Quirós, 1999). A cargo de este último estaba la única asignatura de contenido geográfico, Geografía Política y Descriptiva. En el curso de doctorado encontró Terán, además, a Manuel Gómez Moreno, Elías Tormo y Ramón Menéndez Pidal, siendo con estos con los que quedaría más vinculado.

Se dedicó inicialmente a la historia del arte y colaboró en la Sección de Arqueología del Centro de Estudios Históricos, del cual era director Gómez Moreno, publicando repetidas veces en el Archivo Español de Arte y Arqueología. Se doctoró en 1927 con una tesis de historia del arte dirigida por el mismo Gómez Moreno. Sin embargo, entre 1928 y 1930, estuvo adscrito a la Cátedra de Geografía de Eloy Bullón y pronunció conferencias sobre “Paisajes regionales españoles” en los cursos universitarios de verano. En 1929 había publicado su primera obra de geografía, Castilla la Nueva, para la editorial Gallach. De todas maneras, en 1930, Gómez Moreno todavía le consideraba posible miembro de su equipo del Centro de Estudios Históricos (J. Mata Carriazo, 1977: 24).

Un hecho parece haber sido fundamental para la formación y la especialización de Terán: en 1923, cuando estaba cursando la carrera, con apenas diecinueve años, se incorporó, por indicación de Claudio Sánchez Albornoz, al Instituto-Escuela de Segunda Enseñanza de Madrid, como aspirante al Magisterio Secundario en la Sección de Geografía e Historia, destino en el que estuvo hasta 1930, volviendo en 1931 ya como catedrático numerario. El Instituto- Escuela, estrechamente vinculado a la Institución Libre de Enseñanza, era un centro de ensayo y experimentación pedagógicos, e indirectamente, de formación de profesorado. Es de señalar la coincidencia de que Lluís Solé Sabarís, el geólogo y geógrafo con quien Terán compartiría años después el proyecto de las obras de Geografía de España, fuera también profesor del centro en Barcelona algo más tarde (L. Solé, 1987: 90). La geología y la geografía eran bien vistas en la Institución Libre de Enseñanza, en la Junta para Ampliación de Estudios y en el Instituto-Escuela, como ya dijo Juan Dantín Cereceda: “En todas partes la geología es la que aporta la voz sonora y domina en el concierto del paisaje” (L. Solé, 1987: 92).

En el Instituto encontró Terán profesores de distintos campos que dejaron huella en él (M. Terán, 1978). Igual de importante o más es que tuviera que ampliar la docencia en el aula con frecuentes visitas a monumentos o museos y numerosas excursiones fuera de Madrid, práctica pedagógica esencial en el centro (R. Menéndez-Pidal, 1980: 48). Sin duda, esos trabajos de campo le ayudaron a profundizar en el entendimiento del relieve, del poblamiento y de la flora (además, evidentemente, del arte).

En el Instituto-Escuela conoció Manuel de Terán a Fernanda Troyano de los Ríos, que se convirtió, el 30 de junio de 1930, en su mujer. El matrimonio le haría familiar con algunas figuras liberales e institucionistas, como las familias de los Ríos, Cossío y García Lorca. De su matrimonio, tuvo Terán cinco hijos, el primero nacido en 1931.

En el mismo mes de junio 1930 había obtenido por oposición la Cátedra de Geografía e Historia del Instituto de Enseñanza Media de Calatayud, ciudad en la que sólo permaneció un año, pues en 1931 volvía al Instituto-Escuela de Madrid, primero en comisión de servicios, después, a partir de diciembre 1934, con la plaza en propiedad; allí estaba el 21 de junio de 1936, último día de clase del famoso centro a causa del estallido de la Guerra y posteriormente ser suprimido por el gobierno del general Franco.

Otro hecho fundamental en la formación geográfica de Terán fue su estancia en el verano de 1933 en París, con una pensión de la Junta para Ampliación de Estudios, con el fin de consultar bibliografía sobre población rural y urbana para una investigación sobre la “Distribución de la población en el valle del Guadalquivir”.

En el Institut de Géographie tuvo ocasión de tratar a maestros de la geografía francesa como Albert Demangeon, y de entrar en contacto con las principales obras de la que entonces era, sin duda, la primera escuela geográfica mundial. Redactó un ensayo de método sobre “Geografía de las Ciudades”, que no se llegó a publicar en el Boletín de la Real Sociedad Geográfica.

Durante los años siguientes, y desde el Instituto- Escuela instalado en los altos de la calle Serrano de Madrid, Terán pudo, sin duda, beneficiarse de la proximidad del Museo de Ciencias Naturales, en donde estaba Eduardo Hernández-Pacheco, con quien mantuvo una buena amistad, como muestra la necrológica que escribió cuando murió (1965).

Con él y con Dantín Cereceda, que también formaba parte del equipo del Museo, pudo completar su información y su formación en geografía física.

En todo caso, sólo publicó un artículo en estos años, “Baja Andalucía”, en la Revista de Occidente; se trataba de un ensayo ya hondamente geográfico sobre el marco regional de los paisajes urbanos. Terán mantuvo un fecundo diálogo intelectual con José Ortega y Gasset, a quien atribuía una fina intuición geográfica (A. Cabo, 1987: 61; E. Martínez de Pisón, 1997: 147-150).

En la década de 1930, Terán ayudaba también a preparar oposiciones al Cuerpo Diplomático, y dictaba cursos de Geopolítica en la Federación de Asociaciones de Derecho Internacional, antecedente probable de que años después formara parte del cuadro de profesores de la Escuela Diplomática.

La Guerra la vivió en Madrid y Valencia, solo, al haber quedado separado de su familia. Con la victoria de Franco, fue declarado disponible gubernativo.

En mayo de 1939 fue nombrado catedrático del Instituto Isabel la Católica y en 1943 pasaba al Beatriz Galindo, donde permaneció hasta su excedencia voluntaria en 1968. También aquí tuvo compañeros de claustro ilustres como Gerardo Diego. Entre 1942 y 1951 fue también, de modo provisional, profesor encargado de curso y, en su caso, ayudante de clases prácticas en la Universidad Central, ganando por oposición en 1951 la primera Cátedra de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras, vacante desde la muerte de Bullón. En 1952 se le encargaba también la docencia de Geografía Humana en la Sección de Políticas de la recién creada Facultad de Ciencias Políticas y Económicas. De modo que desde 1951 y hasta su jubilación en 1974, Terán fue catedrático de Geografía de la Universidad de Madrid y ejerció en plenitud su magisterio. Muchas promociones de estudiantes de bachillerato y universitarios reconocen en él un profesor singular, de los que dejan huella. Las cualidades de profesor de Terán fueron apreciadas por los responsables de la educación en España del entonces príncipe Juan Carlos, que le incorporaron en 1952 al conjunto de profesores encargados de la formación del futuro Rey.

En las décadas de 1940 y 1950 escribió distintos manuales ajustados a los cuestionarios oficiales de bachillerato, labor que culminaría brillantemente en 1952 cuando se publicó, por la editorial Atlas, la primera edición en dos volúmenes de su Imago Mundi.

Geografía universal, de la que ha habido seis ediciones hasta 1977.

Terán fue desde el principio una de la figuras claves del Instituto de Geografía Juan Sebastián Elcano, creado en el seno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que dirigió inicialmente Eloy Bullón con Amando Melón como subdirector, aunque por precaución, debido a su trayectoria liberal y al expediente de depuración, no figurara inicialmente como colaborador. En 1944 fue nombrado secretario del Instituto y de la revista que éste editaba: Estudios Geográficos. Desde el Instituto Elcano, construyó Terán las bases indispensables para una verdadera investigación geográfica en España.

En Estudios Geográficos está publicada la mayor parte de la obra de investigación del propio Terán. El primero de los artículos, las notas de geografía urbana de Calatayud, Daroca y Albarracín, probablemente había sido documentado y elaborado antes de la guerra, durante su estancia en la ciudad de Calatayud (F. Quirós, 2004). Otro trabajo de geografía urbana, el de Sigüenza, es de 1946, mientras que otros, modélicos, de ámbito santanderino, como el de los modos de vida y la trashumancia de corto radio del valle del Pas y el de Ribamontán al mar, se publicaron respectivamente en 1947 y 1951. Del año 1949 es también la redacción de un primer texto de geografía histórica de la ciudad de Toledo que presentó como investigación original al tribunal de la oposición a cátedra universitaria. Su interés por la geografía urbana de Toledo se prolongó a lo largo de toda su vida, sin que llegara a publicar otra cosa que pequeñas notas sobre ella. Sin embargo, este interés lo materializó en un programa de investigaciones sobre ciudades castellanas, llevado a cabo años después por discípulos suyos: en concreto vieron la luz los estudios sobre Segovia, Guadalajara y Cuenca.

Los miembros del Instituto Elcano encontraron la ocasión de tener reuniones de estudios geográficos en que se pusieron a punto líneas de investigación conjuntas.

Se debe mencionar el curso de Geografía General y del Pirineo celebrado en Jaca en 1946 por el doble motivo de que allí se encontraron y convivieron Terán, Solé Sabarís y el maestro portugués de geógrafos, Orlando Ribeiro, lo que fue trascendental para la geografía ibérica, y de que allí presentó Terán un método de investigación para el estudio y la representación cartográfica del poblamiento y del hábitat rural. Postulaba que la geografía es ciencia del paisaje y que el paisaje es expresión de una cultura, de unos modos de vida y de las actividades económicas (J. Vilà, 1946; J. Gómez Mendoza, 1997: 128-130).

El proyecto de Terán se inscribía en la línea de trabajo de la Unión Geográfica Internacional sobre el hábitat rural. Terán consiguió incorporar la precaria geografía del momento a esta línea, como prueban las comunicaciones que presentaron los geógrafos españoles al primer Congreso de la Unión Geográfica Internacional después de la Guerra Mundial, que se celebró en Lisboa en 1949.

La afinidad con Lluís Solé Sabarís está cargada de consecuencias. Cuando la editorial Montaner y Simón, que venía editando desde 1929 la versión española de la monumental Geografía Universal, dirigida por Vidal de la Blache y L. Gallois, encargó a Solé una obra de síntesis para la parte de España, éste puso como condición que fuera codirector Terán (L. Solé, 1987: 93). Juntos dirigieron una obra formada por dos tomos de Geografía General de la Península Ibérica, uno de geografía física y otro de geografía humana, y otros tres de Geografía Regional. La geografía física, con el estudio del relieve peninsular redactado por Solé Sabarís, vio la luz como parte de la Geografía Universal en 1949, y como primer tomo de la Geografía de España y Portugal en 1952. Iba introducida por un texto de Terán sobre “La genialidad geográfica de la Península Ibérica”; sin embargo, el tomo general de geografía humana que probablemente debía escribir Terán, nunca se publicó, sin que se sepan las razones, que habrá que achacar a la dificultad, mayor en el caso de la geografía humana, de lograr una obra de síntesis por lo poco trillado del tema. Sí se publicaron en cambio tres tomos de geografía regional en los que Manuel de Terán es autor de la mayor parte del primer volumen (1958), que contiene Galicia (en colaboración con Ramón Otero Pedrayo), la región Asturcántabra, el País Vasco, la meseta septentrional y la meridional (Extremadura en colaboración con Francisco Hernández-Pacheco). Nueve años después, en el último tomo, se encuentran los capítulos de “Islas Canarias” y de “Plazas y provincias africanas”, también de Terán.

El autor tuvo desde antiguo una preocupación africanista probablemente en relación con su amistad con Eduardo Hernández-Pacheco en la etapa de la expedición africana de éste. En 1947, el geógrafo fue incorporado al Instituto de Estudios Africanos del CSIC, que sería el que patrocinaría su estancia en Fernando Poo, concretamente en el verano de 1961, resultado de la cual fue la publicación en 1962 conjuntamente por este Instituto y el Elcano de una Síntesis geográfica de Fernando Poo, trabajo totalmente nuevo en la geografía española, pese a los precedentes expedicionarios.

Son estos años centrales del siglo los de mayor actividad y repercusión internacionales de Terán. En 1959 fue a Estados Unidos como visiting professor del Middlebury College, y pronunció conferencias en muchos otros lugares. El verano siguiente viajó por los países nórdicos con motivo de su asistencia al XIX Congreso Internacional de la Unión Geográfica Internacional. En 1961 inició una actividad que le fue muy querida: la participación en las reuniones internacionales que se celebraron a instancias del Consejo de Europa para la revisión de los manuales escolares de Geografía, el establecimiento de unas normas para la enseñanza de ésta y de un vocabulario. Las reuniones fueron cuatro, la primera en Goslar (Alemania), la segunda en 1962 la organizó y presidió el propio Terán con notable éxito en Santa Cruz de Tenerife; de la tercera, un año después, fue vicepresidente y tuvo lugar en Bray en Irlanda. La cuarta y última se celebró en 1964 en Reykjavic, año en que Terán también asistió al XX Congreso de la Unión Geográfica Internacional en Londres. En 1967 se publicó el Vocabularium Geographicum bajo la dirección de G. Quencez, con la equivalencia de términos geográficos en seis idiomas: la parte española corrió enteramente a cargo de Terán.

Otro capítulo importante de la actividad de Terán en los decenios de 1950 y de 1960, son los artículos que dedicó al concepto y método geográficos: en primer lugar, la reflexión que consagró en 1957 a la causalidad en geografía humana, y a las relaciones entre geografía e historia, con el reconocimiento de la virtualidad del medio; la consideración de la situación actual de la geografía y de sus posibilidades de futuro constituyó la introducción a la enciclopedia El Hombre y la Tierra de la editorial Labor; y “Geografía humana y Sociología. Geografía Social” de 1964 así como su apuesta por una ética de conservación y protección de la naturaleza de 1966.

Mientras tanto, proseguía su investigación urbana, ahora con un nuevo rumbo, ya que colaboró como geógrafo en las informaciones urbanísticas de distintos lugares, entre ellos Bilbao y su comarca, el plan general de Madrid de 1961 y posteriormente Sevilla, Vigo, Aragón y Andalucía, todo ello llevado a cabo por la Dirección General de Urbanismo del Ministerio de la Vivienda. En este contexto, el geógrafo se interesó ya decididamente por las grandes ciudades y, en concreto, por Madrid. Publicó en la década de 1960 algunos de los mejores trabajos de geografía urbana madrileña, como el de 1961 sobre las calles de Alcalá y Toledo, en el que con el original método de utilizar las dos vías como cortes en la ciudad reconstruye la estructura y los problemas sociales de la capital.

La urbanización como fenómeno característico del mundo contemporáneo y el crecimiento urbano de Madrid fueron algunas de las cuestiones sobre las que Manuel de Terán habló en el Centro de Estudios Urbanos del Instituto de Estudios de Administración Local en los años centrales del decenio de 1960, una de las instituciones que renovó y modernizó el urbanismo en España.

En el año 1968 aparece bajo la dirección nuevamente de Solé Sabarís y de Terán, una Geografía Regional de España, ahora publicada en un solo volumen por la editorial Ariel. El otro de los hitos de la geografía española, la Geografía general de España, codirigida nuevamente con Solé y publicada también por Ariel, no llegó hasta 1978, achacándose el retraso a que la geografía general era objeto de más cambios y de menor consenso en la comunidad de geógrafos. La espera se veía recompensada por un capítulo de autoría teraniana sobre la industria española.

A final del verano de 1967, Manuel de Terán perdió a uno de sus hijos, lo que marcó una cierta inflexión en su actividad, o al menos en el ritmo de ésta. Renunció a la docencia en el Instituto, que hasta entonces había compatibilizado con la de la Universidad, y se quedó en ésta y, más que nunca, en el Instituto Elcano. Desde 1964 era consejero de número del Patronato Diego de Saavedra Fajardo, y a principios de la década de 1970, tras la muerte de Amando Melón, se convertía en director del Instituto de Geografía, luego en consejero del CSIC y vocal del Consejo Nacional de Educación. En 1969 participó por primera vez en el Ciclo Cultural Politeia, en el que se mantuvo de forma ininterrumpida hasta 1976. El conjunto de las conferencias pronunciadas constituye una sucesión de panoramas geográficos del mundo occidental en diferentes momentos históricos. En 1974 cesó como catedrático universitario al haber cumplido la edad de jubilación. Habían transcurrido cuarenta y cuatro años de docencia ininterrumpida como funcionario público, más de la mitad también en la Universidad.

A mediados de la década de 1970, Terán fue elegido académico tanto de la Real Academia Española como de la de la Historia. Ingresó en la primera en 1977, y en 1980 en la segunda. Los discursos tienen una cierta continuidad: Las formas del relieve terrestre y su lenguaje y De causa montium.

Terán fue ante todo un maestro: así lo atestiguan las más de ciento cincuenta memorias de licenciatura y las casi treinta tesis doctorales que se defendieron bajo su dirección entre 1953 y 1976, lo que supone más de 6,6 tesinas al año y 1,3 tesis. Muchos alumnos recuerdan la abierta hospitalidad de su despacho en su casa o en el Elcano, su alegría de conocer y de transmitir, su extremo respeto a la libertad e individualidad de todos (A. López Gómez, 1988: 27).

El estilo de Terán merece mención aparte. En él, en las formas de expresarse en un buen castellano y con acertadas imágenes y metáforas, ve Cabo la impronta de su proximidad a la Generación del 27, que se suma a la influencia noventayochista de la tradición paterna y de su primera juventud, a la afinidad por el estilo institucionista y al diálogo constante con las ideas orteguianas.

No duda Cabo en considerar a Terán un miembro de la vertiente científica de la Generación del 27. Cree, con razón, que cualquier escritor de este momento hubiera firmado muchos de sus textos de verdadera prosa poética y, en particular, esas muy personales Hojas de herbario, con las que el mismo año de su muerte quiso obsequiar a su amigo Julián Marías.

Manuel de Terán murió repentinamente en Madrid el 7 de mayo de 1984, sin haber llegado a cumplir los ochenta años.


Obras de ~: “Castilla la Nueva”, en F. Valls Taberner (dir.), Geografía Universal. Descripción moderna del mundo, t. III, Barcelona, Instituto Gallach, 1929, págs. 57-89; “Baja Andalucía”, en Revista de Occidente, XIV (1936), págs. 73- 110; Breve descripción del mundo. Geografía Universal, Madrid, Prieto, 1942; “Calatayud, Daroca y Albarracín. Notas de Geografía Urbana”, en Estudios Geográficos (EG), III (1942), págs. 163-202; con G. Menéndez-Pidal, Geografía histórica de España., Marruecos y Colonias, Madrid, Prieto, 1943; La epopeya polar, Madrid, Ed. Bib. Esp. 1943; “Sigüenza. Estudio de Geografía Urbana”, en EG, VII (1946), págs. 633-666; “Programa para el estudio del hábitat rural”, “Vaqueros y cabañas en los Montes de Pas” y “Santander, puerto de embarque para las harinas de Castilla”, en EG, VIII (1947), págs. 418- 426, págs. 493-536 y págs. 746-758, respect.; “Introducción. La genialidad geográfica de la Península Ibérica”, en M. de Terán y L. Solé Sabarís (dirs.), Geografía de España y Portugal, vol. I, Barcelona, Montaner y Simón, 1952 (1949), págs. 3-13; “Huertas y jardines de Aranjuez”, en Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo del Ayuntamiento de Madrid, 58 (1949), págs.7-42; “La producción y el comercio de la avellana en España y especialmente en la provincia de Tarragona”, “La ‘Balaena Biscayensis’ y los balleneros españoles del mar Cantábrico”, en EG, X (1949), págs. 33-49 y págs. 639-668, respect.; Introducción a la Geopolítica y las grandes potencias mundiales, Madrid, Atlas, 1951; “Ribamontán al mar”, en EG, XII (1951), págs. 77-110; Imago Mundi. Geografía Universal, Madrid, Atlas, 1952 (1.ª ed.); “Vida pastoril y nomadismo”, en Revista de la Universidad de Madrid, II (1953), págs. 375- 393; “La causalidad en Geografía humana. Determinismo, posibilismo, probabilismo”, en EG, XVIII (1957), págs. 237- 308; con L. Solé Sabarís (dirs.), Geografía de España y Portugal, Barcelona, Montaner y Simón, 1951-1962; “La situación actual de la Geografía y las posibilidades de su futuro”, en Enciclopedia Labor, vol. IV, 1960, págs. XXVII-XXXIX; “Dos calles madrileñas: las de Alcalá y Toledo”, “El desarrollo espacial de Madrid a partir de 1868”, en EG, XXII (1961), págs. 375- 476 y págs. 599-615, respect.; Información urbanística de Bilbao y su comarca, Madrid, Ministerio de la Vivienda, 1961; Síntesis geográfica de Fernando Poo, Madrid, CSIC, 1962; “El bosque, la agricultura indígena y la agricultura de plantación en Fernando Poo”, en EG, XXIII (1962), págs. 487- 516; “Quelques aspects de la géographie del Îles Canaries”, en Revue de Géographie Lyon (1963), págs. 165-204; “Geografía humana y Sociología. Geografía Social”, en EG, XXV (1964), págs. 441-466; “Don Eduardo Hernández-Pacheco (1872- 1965)”, en EG, XXVI (1965), págs. 541-560; “Una ética de conservación de la Naturaleza”, en Homenaje al Excmo. Sr. D. Amando Melón y Ruiz de la Gordejuela, Zaragoza, CSIC, 1966, págs. 69-76; “La ciudad como forma de ocupación del suelo y de organización del espacio”, en Revista de Estudios de la Vida Local (1967), págs. 9-25; con L. Solé Sabarís (dirs.), Geografía Regional de España, Barcelona, Ariel, 1968; “Deriva y movilidad de los continentes y océanos. Revisión crítica de la teoría de Wegener. Otras hipótesis y teorías”, en Moneda y Crédito (1970), págs. 659-683; Las formas del relieve terrestre y su lenguaje, Madrid, Real Academia Española, 1977; con L. Solé Sabarís (dirs.), Geografía General de España, Barcelona, Ariel, 1978; De causa montium, Madrid, Real Academia de la Historia, 1980; Pensamiento geográfico y espacio regional en España. Varia geográfica, ed. de J. Bosque Maurel, Madrid, Universidad Complutense, 1982; “Hojas de herbario y otras cosas”, en Homenaje a Julián Marías, Madrid, Espasa Calpe, 1984, págs. 681-699; Del mythos al logos, Madrid, CSIC, 1987; Ciudades españolas, Madrid, Real Academia de la Historia, 2004 [incluye “Toledo. Estudio de Geografía urbana”, inéd. de 1949]; “Una ética de conservación de la naturaleza”, en E. Martínez de Pisón y N. Ortega Cantero (eds.), Manuel de Terán 1904-1984 geógrafo, catálogo de exposición, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2007, págs. 377-391.

Bibl.: J. Vilà Valentí, “Curso de Geografía General y del Pirineo”, en Pirineos, II (1946), págs. 123-131; J. Marías, “Discurso de contestación”, en M. de Terán, Las formas del relieve terrestre y su lenguaje, op. cit., 1977, págs. 55-66; J. de Mata Carriazo, El maestro Gómez Moreno contado por él mismo, Madrid Real Academia de la Historia, 1977; G. Menéndez- Pidal, “Discurso de contestación”, en M. de Terán, De causa montium, op. cit., 1980, págs. 47-51; J. Bosque Maurel, “Aproximación a la obra científica de Manuel de Terán Álvarez”, en M. de Terán, Pensamiento geográfico y espacio regional en España. Varia geográfica, Madrid, Universidad Complutense, 1982, págs. 9-27; A. López Gómez, “Don Manuel de Terán”, A. Cabo Alonso, “La faceta agrarista del profesor Terán”, L. Solé Sabarís, “Paralelismo de Pau Vila y Manuel de Terán, maestros de la Geografía Española”, en La Geografía española y mundial en los años ochenta. Homenaje a D. Manuel de Terán, Madrid, Universidad Complutense, 1987, págs. 25-34, págs. 58-70 y págs. 87-99, respect.; J. Gómez Mendoza, “La formación de la Escuela Española de Geografía (1940-1952). Instituciones, revistas, congresos y programas”, en Ería, 42 (1997), págs. 107-146; E. Martínez de Pisón, Imagen del paisaje. La Generación del 98 y Ortega y Gasset, Madrid, Caja Madrid, 1998; F. Quirós Linares, “La iniciación geográfica de Manuel de Terán”, en Ería, 49 (1999) págs. 177-184; “El paisaje urbano en la geografía española moderna”, en N. Ortega Cantero (ed.), Naturaleza y cultura del paisaje, Madrid, Ediciones de la Universidad Autónoma, Fundación Duques de Soria, 2004, págs. 171-186; E. Martínez de Pisón y N. Ortega Cantero (eds.), Manuel de Terán 1904-1984 geógrafo, catálogo de exposición, Madrid, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2007.


Biografía escrita por Josefina Gómez Mendoza procedente del Diccionario Biográfico Español.

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