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Manuel Oliver y Hurtado

Málaga, I.1831 – Madrid, 9.IV.1892. Bibliotecario, arqueólogo.

Fue su padre el abogado José Oliver García, hombre culto y sensible que reunió una magnífica biblioteca nutrida por muchos ejemplares que logró salvar de manos ignorantes procedentes de las librerías de los conventos desamortizados. Heredaron sus hijos tan soberbio legado además de la afición por los estudios históricos, y la biblioteca fue además sede de una tertulia que frecuentaban, entre otros, Antonio Cánovas del Castillo, el empresario y coleccionista Jorge Loring y el célebre epigrafista y anticuario Manuel Rodríguez de Berlanga.

Comenzó Manuel la carrera eclesiástica, ya que fue presbítero. Se licenció en Derecho en 1853 en la Universidad Central, para después estudiar en la Escuela Superior de Diplomática, en la que obtuvo el título de Archivero, Bibliotecario en 1861 e ingresar en el Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios en este mismo año. Un año antes presentó una memoria, junto a su hermano mayor José, futuro obispo de Pamplona, al concurso público de premios convocado por la Real Academia de la Historia sobre la situación de la antigua Munda, que obtuvo el primer premio. Se le concedió por ello la medalla de oro académica y la publicación de la obra que apareció con el título de Munda Pompeiana, en 1861. Obra conocida y alabada por E. Hübner, quien ya se encontraba en España, les propuso y fueron nombrados correspondientes de Instituto di Correspondenza Archeologica de Roma. En este año fue destinado a la Biblioteca Nacional, donde permaneció hasta 1867, al crearse la sección de Anticuarios de Cuerpo Facultativo y pasó al Museo Arqueológico Nacional. En este período de tiempo fue, además, elegido académico correspondiente de la Real Academia de la Historia en febrero de 1865 y en diciembre de ese mismo año fue propuesto individuo de número. Tomó posesión al año siguiente con un discurso sobre el Nacimiento del Reino de Pamplona. También en 1865 fue nombrado catedrático de Epigrafía y Geografía Antigua de la Escuela Superior de Diplomática, al jubilarse por problemas de salud Antonio Delgado.

En la Real Academia de la Historia fue agregado a su Comisión de Antigüedades, entonces presidida por José Amador de los Ríos y en la que figuraban como vocales Aureliano Fernández-Guerra, Eduardo Saavedra y Pedro de Madrazo y su compatriota y compañero de juventud en las tertulias malagueñas Antonio Cánovas del Castillo. Se mostró muy activo en el desempeño de las actividades de la Comisión y sólo en 1868 participó en la elaboración de más de veinte informes, entre los que destacan los planes de excavaciones de Itálica, Lancia, Iruña y Clunia, la formación de un Plan General de Excavaciones en España, así como en otros informes sobre descubrimientos arqueológicos y conservación de monumentos histórico-artísticos.

En 1867 pasó al Museo Arqueológico Nacional, destino en el que permaneció poco tiempo, ya que en 1868 fue destinado a la Biblioteca de la Universidad de Barcelona. Fue también nombrado vicepresidente de la Comisión de Monumentos de Barcelona, en la que se ocupó en evitar el derribo de algunos edificios religiosos por la Junta Revolucionaria. Poco tiempo duró su estancia en Barcelona, ya que regresó de nuevo a Madrid y muy poco tiempo después se trasladó a Granada, donde fue también nombrado vicepresidente de la Comisión de Monumentos.

Constituye ésta una época de esplendor de la comisión granadina de la que formaban parte también Francisco Javier Simonet, Manuel Gómez Moreno González y Manuel de Góngora. También se integró en ella su hermano José y juntos publicaron interesantes trabajos sobre la localización de la antigua Iliberi, así como sobre los monumentos árabes de Granada, obra de gran erudición y síntesis de lo que hasta entonces se conocía. Como miembro de la Comisión, se ocupó de las expropiaciones de fincas de la Alhambra y del estudio de varios descubrimientos de antigüedades que publicó en colaboración con Manuel Gómez Moreno padre, secretario de la Comisión.

Hacia 1875 regresó a Madrid y fue nombrado bibliotecario de la Universidad Central. El 12 de enero de 1880 fue elegido académico por la escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y el 16 de febrero de 1881 tomó posesión con un discurso sobre la escultura cristiana española al que contestó Pedro de Madrazo. Fue bibliotecario interino de la Real Academia de la Historia tras el fallecimiento de Cayetano Rosell en abril de 1883 hasta diciembre de ese año, en que fue nombrado en propiedad Marcelino Menéndez y Pelayo. Se reincorporó a la Comisión de Antigüedades en la que permaneció hasta su fallecimiento.


Obras de ~: con J. Oliver y Hurtado, Munda Pompeiana, Madrid, 1861; Universidad Central. Escuela Superior de Diplomática. Segundo año de la carrera: programa, Madrid, 1865; Nacimiento del Reino de Pamplona, Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia, Madrid, 1866; con J. Oliver y Hurtado, “De la batalla de Vejer o del lago de la Janda comunmente llamada de Guadalete”, en Revista de España, XI (1869), págs. 5-20; con M. Gómez Moreno, Informe sobre varias antigüedades descubiertas en la Vega de la ciudad de Granada, Granada, 1870; con J. Oliver y Hurtado, Granada y sus monumentos árabes, Málaga, 1875; Memoria de la Biblioteca de la Universidad Central, correspondiente a 1877, Madrid, 1878; Noticia de las actas de la Real Academia de la Historia, leída ante S. M. el Rey en junta pública de 20 de junio de 1879, por el Señor Don Manuel Oliver Hurtado, Madrid, 1879; El arte bizantino, 1880; Consideraciones históricas acerca del arte de la escultura cristiana española en la Edad Media, discurso leído ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, 1881.

Bibl.: J. Maier, “La documentación de la Comisión de Antigüedades de la Real Academia de la Historia sobre Andalucía”, en Comisión de Antigüedades de la Real Academia de la Historia. Andalucía: Catálogo e Indices, Madrid, 2000 págs. 11-44; B. Pellistrandi, Un discours national? La Real Academia de la Historia entre science et politique (1847-1897), Madrid, Casa de Velázquez, 2004, pág. 407; M. J. Berlanga, Arqueología y erudición en la Málaga durante el siglo xix, Málaga, 2005.


Biografía escrita por Jorge Maier Allende procedente del Diccionario Biográfico Español.

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