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Luis Díez del Corral y Pedruzo

Logroño (La Rioja), 5.VII.1911 – Madrid, 7.IV.1998. Historiador.

Hijo mayor de los cuatro nacidos del matrimonio formado por Luis Díez del Corral Bravo y Vicenta Pedruzo. Su padre, licenciado en Filosofía y Letras (Sección de Historia) y profesor de segunda enseñanza, era también pequeño propietario y presidió la Federación Católico-Agraria de La Rioja; fue, asimismo, vicepresidente de la Confederación de Sindicatos Agrícolas Católicos.

Tras cursar su primera formación en su ciudad de nacimiento y en el colegio de salesianos de Salamanca (1921-1928), Luis Díez del Corral simultaneó los estudios de Filosofía y Letras y de Derecho —licenciatura que logró con Premio Extraordinario (1932- 1933)— en al Universidad Central de Madrid.

Durante la década de 1930 pudo disfrutar en la mítica Facultad de Filosofía y Letras del magisterio de profesores como Castillejo, García Posada, García Morente, Zubiri y Ortega y Gasset, con el que, en 1950, viajó por Francia y Alemania. También allí entabló amistad con José Antonio Maravall, con quien años más tarde, y junto con Luis García de Valdeavellano, conformó un departamento de historia irrepetible y configuraron, junto con otros maestros y profesores de finales de la década de 1960, una comunidad universitaria ejemplar en su compromiso con el rigor científico e intelectual y con la realidad propia de tiempos difíciles.

En la Facultad de Derecho, Díez del Corral fue ayudante de clases prácticas de Derecho Mercantil durante los cursos 1932-1933 y 1933-1934 y encargado del seminario de Derecho Mercantil. En el verano de 1933, y con Manuel Gómez Moreno como mentor, participó en el crucero por el Mediterráneo organizado por García Morente. A propuesta de la Junta para la Ampliación de Estudios, fue pensionado por Orden Ministerial de 21 de junio de 1934 por once meses para estudiar fusión de sociedades en Alemania con el profesor Martin Wolff de la Universidad de Berlín.

En 1936, antes de que estallara la guerra civil, ingresó por oposición en el cuerpo de Letrados del Consejo de Estado, iniciando así una brillante carrera en la Alta Administración, que siempre compaginó con su dedicación docente e investigadora.

En 1942 contrajo matrimonio con Rosario Garnica Mansi con quien tuvo cuatro hijos: Rosario (1953), Isabel (1955), Teresa (1956) y Luis (1958). Ese mismo año recibió el Premio Nacional de Literatura por su libro Mallorca, dedicado a su esposa.

En 1944 defendió su tesis doctoral en Ciencias Políticas y Económicas El liberalismo doctrinario, publicada al año siguiente por el Instituto de Estudios Políticos —hoy Centro de Estudios Políticos y Constitucionales—, del que formó parte desde 1939 y en cuya Revista de estudios políticos —de la que fue colaborador desde el primer número en 1941— publicó su primer artículo.

El 23 de junio de 1947 ganó por oposición la cátedra de Historia de las Ideas y de las Formas Políticas —disciplina que él fundó en España— de la recién creada Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad Central. En esa cátedra se mantuvo hasta su jubilación en 1982, ejerciendo su magisterio en generaciones de jóvenes universitarios que conocieron y comprendieron gracias a él a autores españoles y extranjeros de difícil acceso fuera del contexto liberal y tolerante que sabía crear a su alrededor.

Entre 1948 y 1950 fue consejero cultural de la embajada de España en París estrechando las relaciones entre Francia y España, lo que le valió la Legión de Honor concedida en 1954 en su grado de oficial por el Gobierno francés.

El 2 de febrero de 1965 ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, y fue recibido por Alfonso García Valdecasas, promotor y primer director del Instituto de Estudios Políticos. Díez del Corral presidió esta Academia entre 1984 y 1991, y fue su presidente de honor hasta su muerte.

En 1973, en sustitución de Ramón Menéndez Pidal, ingresó en la Real Academia de la Historia, donde fue recibido por Ramón Carande, y en 1977 en la de Bellas Artes de San Fernando, donde contestó su ingreso Emilio Lafuente Ferrari.

Amigo de Raymond Aron, Denis de Rougemont, Livermore y de buena parte de la intelectualidad europea y americana, amén de los mejores nombres españoles, desde 1966 fue gobernador de la Fondation Européene de la Culture, con sede en Ámsterdam y miembro de varias sociedades científicas y comités internacionales. En 1980 fue investido doctor honoris causa por La Sorbona. En 1988 recibió el Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales y en 1996 el X Premio Internacional Menéndez Pelayo. También fue distinguido con la Medalla de Oro de su querida tierra riojana, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio (1979), la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil (1991), la Encomienda de Número de Isabel la Católica (1949) y la de Caballero de la Orden de Carlos III (1956), entre otras condecoraciones.

Su obra es variada y profunda. La historia, el derecho, la ciencia política, la filosofía, el arte y la literatura se interrelacionan en un entramado potente y riguroso a lo largo de más de cuatro mil páginas —buena parte de ellas traducidas al inglés, francés, holandés, italiano, japonés y otras lenguas—, que subrayan la interrelación y especial peculiaridad de los acontecimientos españoles en conexión con el resto de Europa. Pueden distinguirse en su obra tres grandes bloques.

Por un lado, la serie de obras fundamentales que pertenecen a la historia y a la filosofía política, a la historia de las ideas y a la reflexión e investigación que profundiza en la tradición liberal occidental. A este bloque pertenecen obras como El liberalismo doctrinario (1945), un libro canónico sobre el liberalismo europeo y español en el siglo xix, de lectura obligada tanto dentro como fuera de nuestras fronteras; El rapto de Europa (1954), quizás su obra más famosa, traducida y reeditada, soporte de continuas lecturas de generaciones universitarias; La Monarquía Hispánica en el pensamiento político europeo. De Maquiavelo a Humboldt (1976), libro de madurez, básico y canónico para situar y comprender la historia y la imagen de España en el contexto europeo; El pensamiento político de Tocqueville (1989), obra monumental y querida a la que dedicó numerosos años y que consolidó su autoridad sobre la obra de Tocqueville y en general sobre el pensamiento liberal europeo. A estos libros hay que añadir una serie de monografías sobre Pascal, Tocqueville, San Agustín, Descartes, Montesquieu, y un buen número de clásicos antiguos y modernos, así como también monografías tan sugerentes como las Reflexiones sobre el castillo hispano o Sobre la singularidad del destino histórico de Europa.

Un segundo bloque de sus escritos son los referidos al estudio de manifestaciones artísticas y su vinculación a una mentalidad determinada, con un contexto muy complejo que enriquece la comprensión de la obra de arte dentro de la historia. Los Ensayos de Arte y Sociedad (1955) reunieron algunos de sus mejores escritos en este campo, que tratan desde la “Pintura del romanticismo alemán” a los “Supuestos pictóricos del cine italiano”, sin olvidar las referencias a la música (fue un gran melómano toda su vida). A este bloque hay que añadir libros como La función del mito clásico en la literatura contemporánea (1957), en que se comparan los mitos femeninos clásicos, el juego dicotómico de parejas Prometeo- Sísifo o el de Orfeo-Cristo…; son textos que van desde la Antígona clásica a la Antígona de Anouilh, en los que hay un juego de espejos y mentalidades que condicionaron determinadas actitudes ante el mundo actual. También a este grupo pertenecería Velázquez, la Monarquía e Italia, absolutamente imprescindible para entender los grandes cuadros del Museo del Prado y lo que significaron en la historia de España. “No se puede entender la Grecia clásica como forma de vida —señalaba él mismo— sin pensar en la Acrópolis, en el Partenón. No se pueden comprender las monarquías absolutas sin sus pintores y arquitectos.” En este ámbito, hay que señalar que fue miembro del Patronato del Museo del Prado entre 1980 y 1983, y en 1986 pasó a formar parte de su Consejo Científico.

Finalmente, un tercer bloque podría etiquetarse de manera insuficiente como “libros de viajes”, siempre con un decisivo contenido histórico. Así, Del Nuevo al Viejo Mundo (1963) son apasionantes relatos de viajes por las huellas de Humboldt en América y por el descubrimiento de lo oriental. Lo mismo ocurre con sus escritos “viajeros” sobre la India, Tailandia o Camboya y sus magníficos templos. Todo un entramado cultural e histórico oculto a la mirada, forzosamente externa, del visitante, aparece en sus nudos complejos y apasionantes a través de la palabra de Díez del Corral. En este contexto ha de entenderse su obra ya citada Mallorca y una juvenil —y a la vez canónica— traducción de El archipiélago de Hölderlin.

Son todos libros imprescindibles para confrontar viaje externo y viaje interior, de redescubrimiento de la propia cultura al contrastarla con otras diferentes.

Se compagina en la obra de Luis Díez del Corral la búsqueda paciente de cada dato y del matiz correspondiente, con una visión de conjunto que supone comprender ese pasado en función de sus condicionantes y situaciones históricas concretas. Pensamiento y realidad, forma y contenido, sistemas de valores e instituciones y acontecimientos y, especialmente, la acción de los individuos concretos dentro de un entramado condicionante —pero jamás determinante—, son algunos de los rasgos de la obra de Díez del Corral. Para Díez del Corral, lo universal y lo local están profundamente interrelacionados, de manera que, sólo ahondando en las propias raíces, pero sin ensimismarse jamás en ellas, sino con apertura hacia el mundo, puede entenderse la realidad. En todos sus libros y trabajos late, explícita o implícitamente, esta convicción europeísta y española.

En la obra de Díez del Corral, aunque la realidad histórica se fragmente para poder estudiarla analíticamente, esa realidad no se diluye en parcelas independientes, sino que los fenómenos políticos, filosóficos, estéticos, religiosos —aun manteniendo cada uno su autonomía e irreductibilidad—, se enmarcan en una visión de conjunto que permite una especie de permeabilidad y comprensión de unos fenómenos a otros, y en donde la libertad de los individuos —concretos sujetos históricos— se desarrolla y se expande en el cerco de unos condicionamientos que señalan límites dados pero también posibilidad de aperturas e incertidumbre. Pensar la totalidad va unido a conocer lo que hay de particular en ella. Unidad y diferenciación, individuos como sujetos históricos concretos y colectividades condicionadas históricamente, son los dos polos de una tensión que Díez del Corral mantiene magistralmente en su ingente obra.

Y todo ello lo logra con un estilo sencillo, claro, bello y riguroso al mismo tiempo. En este sentido, Díez del Corral pertenece a la estirpe y al talante de un pensamiento occidental que ha considerado que el rigor de contenido tenía que estar penetrado y plasmado en una forma literaria concretamente bella.

Más que profesor, Díez del Corral ha sido para muchas generaciones un maestro que lograba transmitir el entusiasmo por el conocimiento, la emoción por la apertura al mundo y al riesgo intelectual y el cuidado por las cosas bien hechas. En Díez del Corral se compaginaron siempre su sabiduría, su inteligencia y su curiosidad insaciable con el afecto sincero y lúcido a las personas. El liberalismo de Díez del Corral estaba enraizado en un sentimiento y en una actitud y talante personal en donde lo intelectual y lo emotivo, como él mismo manifestó en alguna ocasión, nunca estuvieron disociados sino que formaban una estructura armónica, mantenida constantemente a lo largo de su vida, con voluntad, inteligencia y lúcido sentido de la realidad de las cosas.


Obras de ~: F. Hölderlin, El archipiélago, est. y trad. de ~, Madrid, Editora Nacional, 1942; Mallorca, xilografías de E. C. Ricart, Barcelona, Juventud, 1942; El pensamiento del doctrinarismo español (Cátedra Vazquez de Mella. Conferencias), Santiago de Compostela, Editora Universitaria Compostelana, 1945; El liberalismo doctrinario, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1945; Reflexiones sobre el castillo hispano, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1952 (separata de la Revista de Estudios Políticos, tomo XLI, n.º 61); “Prólogo”, en Günther Holstein, Historia de la Filosofía política, trad. de L. Legaz Lacambra, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1953 (2.ª ed.); El rapto de Europa: una interpretación histórica de nuestro tiempo, Madrid, Revista de Occidente, 1954; Ensayos sobre arte y sociedad, Madrid, Revista de Occidente, 1955; De historia y política, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1956; “Prólogo”, en Lorenz von Stein, Movimientos sociales y monarquía, trad. de E. Tierno Galván, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1957; La función del mito clásico en la literatura contemporánea, Madrid, Gredos, 1957; “Estudio preliminar”, en F. Meinecke, La idea de la razón de Estado en la Edad Moderna, trad. de F. González Vicén, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1959; Del Nuevo al Viejo Mundo, Madrid, Revista de Occidente, 1963; La mentalidad política de Tocqueville con especial referencia a Pascal, discurso de recepción, Madrid Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 1965; La desmitificación de la antigüedad clásica por los pensadores liberales, con especial referencia a Tocqueville, Madrid, Taurus, 1969; La monarquía de España en Montesquieu, discurso de recepción, Madrid, Real Academia de la Historia, 1973; Perspectivas de una Europa raptada, Madrid, Seminarios y ediciones, 1974; La monarquía hispánica en el pensamiento político europeo: de Maquiavelo a Humboldt, Madrid, Revista de Occidente, 1975; Velázquez, Felipe IV y la monarquía, discurso de recepción, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1977; Velázquez, la monarquía e Italia, Madrid, Espasa Calpe, 1979; Escritos, antología de M.ª C. Iglesias, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas- Siglo XXI de España, 1984; El pensamiento político de Tocqueville: formación intelectual y ambiente histórico, Madrid, Alianza, D. L., 1989; Obras completas, ed. de M.ª C. Iglesias y M.ª L. Sánchez-Mejía, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 1998, 4 vols.

Bibl.: VV. AA., Homenaje al profesor don Luis Díez del Corral y Pedruzo, Logroño, Amigos de la Rioja, 1986; C. Iglesias, “Semblanza intelectual”, en L. Díez del Corral, Escritos, op. cit., págs. 3-33; C. Iglesias (coord.), Historia y pensamiento: homenaje a Luis Díez del Corral ofrecido por la Universidad Complutense, Madrid, Eudema, 1987, 2 vols.; C. Iglesias, “Laudatio. Luis Díez del Corral: una vida y una obra intelctual”, en la entrega del X Premio Internacional Menéndez Pelayo, Santander, Universidad Internacional Menéndez Pelayo, 1997, págs. 17-37; “Luis Díez del Corral in memoriam”, en Revista de Estudios Políticos, n.º 100 (1998), págs. 9-12; “Luis Díez del Corral y Pedruzo”, en Boletín de la Real Academia de la Historia (Madrid), t. CXCV, cuad. III (septiembre-diciembre de 1998), págs. 393-404; “Noticia biográfica” y “Noticia bibliográfica”, en L. Díez del Corral, Obras completas, vol. I, op. cit., págs. XLV-L y LI-LXII, respect.; R. Domingo, “Díez del Corral y Pedruzo, Luis”, en R. Domingo (ed.), Juristas universales. IV. Juristas del siglo XX. De Kelsen a Rawls, Madrid, Marcial Pons, 2004, págs. 748-749.


Biografía escrita por Carmen Iglesias Cano procedente del Diccionario Biográfico Español.

 

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