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Miguel López de Legazpi. Zumárraga (Guipúzcoa), 12.VI.1502 – Manila (Islas Filipinas), 20.VIII.1572. Colonizador de las islas Filipinas y fundador de Manila.

Nació en el seno de una familia acomodada, que se remonta al año 1383. Sus ascendientes desempeñaron importantes cargos en la milicia y en puestos administrativos y municipales de responsabilidad. Fue bautizado en la parroquia de Santa María la Antigua, en su villa natal de Zumárraga.

Su padre, Juan de Legazpi, fue soldado a las órdenes del Gran Capitán, en Italia. Posteriormente, intervino como capitán de las tropas guipuzcoanas combatiendo contra el ejército francés, cuando la nación vecina intentó ocupar Guipúzcoa. Finalizada la guerra, desempeñó el cargo de escribano en la alcaldía mayor de Areria, a la que estaba adscrita la villa de Zumárraga, llegando a ser alcalde mayor. Murió el año 1527. Su hijo mayor, Pero López de Legazpi, ocupó la alcaldía al tiempo que heredaba el mayorazgo. Su madre, Elvira de Gurruchátegui, perteneció también a una distinguida familia guipuzcoana.

Miguel López de Legazpi, viviendo su padre, desempeñó una escribanía en Areria, pero, al no tener derecho a la herencia, decidió trasladarse a Nueva España. Su llegada a México se sitúa en torno a 1528. Hay que relacionar su decisión de trasladarse al Nuevo Mundo con el nombramiento del padre Juan de Zumárraga como obispo de Nueva España en diciembre de 1527 y protector de indios. El franciscano Zumárraga, siendo guardián del convento del Abrojo (Valladolid), conoció a Carlos I, quien, impresionado por su rigidez y rectitud, lo envió de inquisidor a las Vascongadas para que actuase en unos procesos de brujería. De la estancia del franciscano en tierras vascas quizá surgiese una amistad con el joven Legazpi.

Desde su llegada a Nueva España estuvo vinculado al desempeño de cargos administrativos, lo que induce a pensar que tuvo una sólida preparación en Leyes. Fue secretario en el Cabildo novohispano, posteriormente fue elegido alcalde. Tuvo también un alto cargo en la Casa de la Moneda. Algún cronista de la historia de Filipinas le atribuye preparación militar, pero no hay datos fidedignos, quizás participase en la guerra contra los chichimecas. Sí se sabe con certeza de Andrés de Urdaneta, que combatió a las órdenes del virrey Antonio Mendoza.

En las actas del Cabildo figura como vecino de México desde el 4 de marzo de 1530. A fines de 1531 o comienzos de 1532 contrajo matrimonio con Isabel Garcés, hermana de fray Julián Garcés, primer obispo de Tlaxcala. El matrimonio tuvo nueve hijos, cuatro varones y cinco hembras. En 1559 consta que estaba ya viudo. La primogénita, Teresa, nació en 1533 y casó con Pedro de Salcedo, padres de Felipe y Juan, que participaron en la conquista de Filipinas junto a su abuelo.

Su actividad en el Tribunal de la Inquisición se conoce por diversas informaciones, la más completa es la aportada por José Toribio Medina. En 1534 la justicia eclesiástica novohispana actuaba en procesos inquisitoriales, y así se conocen los nombres de Rafael Cervantes, como juez, Alonso Pérez, como provisor, y del mismo Zumárraga, que firmaba las sentencias asesorado por el oidor Loaisa. De ese primer período solamente se conocen dos procesos, uno contra Ruy Díaz, arriero, acusado de blasfemia, y otro contra Antonio Angoviano, por amancebamiento. En 1535 el padre Zumárraga fue oficialmente nombrado inquisidor a propuesta de Alonso Manrique, arzobispo de Sevilla, autorizándole a que eligiese a sus oficiales. Estableció el Tribunal en las casas del Arzobispado. Nombró secretario a López de Legazpi; a Diego Barrera, fiscal; Agustín Guerrero, tesorero, y como alguacil a Cristóbal de Canego. En las causas contra indios fueron nombrados intérpretes Álvaro de Zamora y Alonso Mateos. La participación de Legazpi en procesos inquisitoriales se sitúa entre los años 1536 y 1543. Actuó en un juicio relacionado con prácticas paganas en el cacicazgo de Tenhuitlán y en un proceso contra el cacique de Teutalco, acusado de practicar ceremonias de sacrificio a los ídolos del monte de Tonaltepeque. Simultaneó el desempeño del cargo de secretario del Tribunal con su actividad en el patronato de un colegio para españoles que habían creado los padres agustinos. Como reconocimiento a su trabajo recibió varias mercedes de tierras, al mismo tiempo que a título particular adquirió varios solares en la capital y en el lejano territorio tarasco de Michoacán. En 1559 el virrey Luis de Velasco recibió una carta de Felipe II en la que mostraba su interés por organizar una expedición hacia las islas del Poniente, respetando las cláusulas del Tratado de Zaragoza (1529) relativas al pacto de retrovendendo de las Molucas a favor de Portugal. Al mismo tiempo le mandó otra carta al padre Urdaneta, que residía en el convento de los agustinos, y al que como experto cartógrafo solicitaba que participase en la expedición. Se empezaron a construir los barcos y la búsqueda de pertrechos desde distintos lugares para que fuesen enviados al puerto de la Navidad.

En 1564 murió el virrey Velasco e interinamente se hizo cargo del gobierno la Audiencia, siendo sus miembros los responsables de la organización definitiva de la armada. El padre Urdaneta mantuvo con tenacidad que la expedición no debía dirigirse a las Filipinas por estar dentro de la demarcación portuguesa a tenor de lo acordado en Zaragoza, sino a Nueva Guinea. En esta discusión la Audiencia actuó con gran secretismo para que no llegasen las deliberaciones a oídos del agustino. El 1 de septiembre de 1564 los oidores firmaron la Instrucción en secreto, que se entregaría a Legazpi como capitán general y que abriría en alta mar, cuando se encontrasen a unas cien leguas de la costa.

Zarparon del puerto de la Navidad el 21 de noviembre de 1564, a los cuatro días reunió en la nao capitana, la San Pedro, a los pilotos, capitanes, al sargento mayor, al alguacil mayor, a los padres agustinos y a los oficiales de la Real Hacienda y, en presencia del escribano Hernando de Riquel, abrió el sobre que contenía las Instrucciones, en las que se ordenaba —con gran disgusto de Urdaneta— que la ruta sería rumbo a las islas de San Lázaro (Filipinas), y no a Nueva Guinea.

En enero de 1565 llegaron a las islas Barbudos (Marshall), transcurrieron unas semanas y divisaron las islas Ladrones (Marianas), tomando posesión de la isla mayor, Guam, el 26 de enero. Dudaron si eran las Filipinas, pero los conocimientos cartográficos y etnográficos del padre Urdaneta permitieron precisar la situación geográfica. Desde Guam el rumbo seguido los condujo hasta la isla de Leyte (Filipinas). En el viaje de Ruy López de Villalobos (1543), éste había bautizado con el nombre de Filipina a Leyte, en honor del príncipe Felipe, el futuro Felipe II, y a la isla de Mindanao la denominó Cesárea Karoli.

Legazpi y su hueste fueron pacíficamente recibidos por el cacique Camatuhan y por el hijo de éste, que era el régulo de la isla próxima de Samar, quien los acompañó hasta la pequeña isla de Limasawa; tocaron en la de Bohol (marzo de 1565). La estancia en esta isla fue breve, comenzaron a escasear los víveres, lo que les obligó a trasladarse a una nueva isla, Cebú (27 de abril), gobernada por el régulo Tupas, quien inicialmente confundió a los españoles con portugueses que en diversas ocasiones los habían atacado y robado víveres. Legazpi, que se caracterizó por sus dotes diplomáticas, pudo convencer al rey cebuano de quiénes eran y de que iban en son de paz, no de guerra. Aclarada la situación, Legazpi fundó el 8 de mayo la villa de San Miguel.

En las Instrucciones entregadas se señalaba en una de las cláusulas que, cuando se realizase el primer asentamiento, se enviasen noticias a Nueva España. El 1 de junio de 1565 zarpaba la nao capitana, la San Pedro, gobernada por Felipe Salcedo y acompañado por Urdaneta. Los conocimientos náuticos de éste permitieron inaugurar la ruta del Tornaviaje, arribando al puerto de la Navidad el 1 de octubre de 1565, y el día 8 a Acapulco. Quedaba abierta la comunicación Manila-Acapulco que mantuvo el galeón hasta 1815. Asentado Legazpi en Cebú, la tranquilidad y las buenas relaciones se vieron enturbiadas con la llegada de una pequeña flota dirigida por el capitán portugués Gonzalo Pereyra, quien reclamaba para su nación las islas Filipinas. Tras largas negociaciones, abandonaron Cebú amenazando Pereyra que volvería con soldados para forzar el abandono definitivo por parte de los españoles. Comenzaron a escasear los víveres y Legazpi, con bastantes hombres, se trasladó a la isla de Panay. Estando en esta isla llegaron los refuerzos y nuevos pobladores enviados por el nuevo virrey Gastón de Peralta, marqués de Falces, bajo el mando de Felipe Salcedo, que llevaba a su hermano Juan de dieciocho años. Era portador Salcedo de la autorización para establecer el régimen de encomiendas, que insistía que fuese Cebú el asentamiento definitivo.

Con estas nuevas directrices, en 1567, Legazpi regresó a Cebú cambiando el nombre de San Miguel por el de Villa del Santísimo Nombre de Jesús, nombre que se dio al coincidir con el hallazgo de una talla del Niño Jesús, que años atrás había regalado Magallanes a la esposa de Humabón, padre de Tupas. En mayo de 1570 ordenó al maese de campo, Martín de Goity, que se trasladase hasta la isla septentrional, Luzón, y que entablase contactos con los régulos de la bahía de Manila. Acompañado por el sargento mayor Juan de Morón, Juan de Salcedo y por el alférez mayor Amador de Arriarán, en el navío San Miguel, cargaron tres piezas de artillería; los acompañaron quince “paraos” con población nativa de Cebú y Panay. Tuvo que mantener duros enfrentamientos, con pérdidas humanas entre la población indígena. El 24 de mayo de 1570 logró entrar en el puerto de Cavite y, posteriormente, en el poblado de Manila. El nombre de Manila es de origen prehispánico, los nativos la llamaban Maynila, la tierra donde había nilas, que es una especie de arbusto silvestre.

Informado Legazpi de la situación, decidió trasladarse a Manila. Al llegar a la isla de Mindoro vieron cómo los nativos tenían bastantes chinos como esclavos, que habían sido capturados al naufragar sus “champanes”. Hizo gestiones para conseguir su libertad, lo que consiguió adquiriendo mercancías. Al regresar a China informaron a las autoridades de lo que les había sucedido. Como muestra de agradecimiento enviaron a los españoles diez “champanes” cargados de azúcar, naranjas, porcelanas, lozas, productos farmacéuticos y seda.

Durante la estancia en Cavite llegó un jefe moro, Dumandul, que había estado en Panay y conocía a Legazpi. Lo acompañaban diez señores principales. Informó de la actitud de los datos de Manila: Matandá, conocido como el Rajá Viejo, quería la paz; por el contrario, su sobrino Rajá Solimán, conocido como el Mozo, era de la opinión de mantener una guerra; contaba éste con el apoyo del “dato” de Tondo, Lacandola. Decidido Legazpi a la toma de Manila, partió de Cavite. Tan pronto los nativos manilenses vieron los barcos, comenzaron a incendiar sus poblados. Ante esta dramática situación, envió al maese de campo Martín de Goity para que parlamentase con los jefes moros y les comunicase que iban con la finalidad de asentarse pacíficamente. El 18 de mayo de 1571 Legazpi, acompañado de Martín de Goity, de Juan de Salcedo y de otros capitanes, con la ayuda de dos intérpretes pactó amistosamente con Rajá Matandá, el Viejo, con Rajá Solimán, el Mozo, y con Sibano Lacandola, principal del pueblo de Tondo, reconociendo éstos que eran vasallos de la Corona española.  El 24 de junio se celebró la solemne ceremonia de la fundación oficial de Manila; el 28 procedió a la creación del primer Ayuntamiento redactando las primeras ordenanzas por las que debería regirse el Cabildo. Nombró dos alcaldes ordinarios, doce regidores, un alguacil mayor y un escribano mayor. Señaló el sitio de la plaza principal y repartió los solares para la iglesia y el convento de los agustinos, dejando al arbitrio del Cabildo los repartimientos de solares entre los cincuenta vecinos casados de la recién fundada Manila. Ordenó que se llamase cabeza de la Nueva Castilla. El 21 de junio de 1574 —muerto Legazpi— Felipe II otorgaba a Manila el título de “insigne y siempre leal”. Más adelante, el 19 de noviembre de 1595 el Monarca concedió escudo a la primera ciudad de Hispanoasia. La heráldica era un castillo de plata en campo rojo en la parte superior, y en la parte inferior un delfín y un león con una espada en la mano, moviendo el mar con la cola.

Su muerte fue repentina e inesperada, con pocas horas de agonía, pues un infarto paralizó su corazón. La causa, un disgusto de un subordinado por motivos de indisciplina y egoísmo, defecto este último que no soportó nunca.

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Leoncio Cabrero Fernández (†)

Recursos en colaboración

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