• A  A  A  

Julio Caro Baroja

Madrid, 13.XI.1914 – Vera de Bidasoa (Navarra), 18.VIII.1995. Historiador, etnólogo, antropólogo y escritor.

Entre los muchos intereses de Julio Caro Baroja es­taba el de la biografía como método e instrumento de conocimiento, y, en consecuencia, además de va­rias reflexiones teóricas sobre ese género literario, dejó también textos memorialísticos, que sirven para tra­zar su semblanza biográfica. El ambiente familiar en que nació le permitió desde pronto conocer las dife­rentes realidades culturales y políticas del momento, así como tener un campo variado de modelos vitales, desde Pío y Ricardo Baroja, a Valle Inclán y otros. Él mismo señalaba que podía haber sido pintor, no­velista, poeta u hombre de teatro, y que si se dedicó finalmente a la historia y a la etnografía fue por el in­flujo de los ejemplos reflexivos de su abuela materna y de su propio padre, el editor Rafael Caro Raggio. Su madre fue Carmen Baroja, que escribió sobre encajes, amuletos, joyas y orfebrería, algún relato y unas escalofriantes memorias, publicadas parcialmente en 1998.

Tras pasar por el Instituto Escuela de Madrid, donde trabó algunas fuertes amistades, Julio Caro cursó el bachillerato, en el que se manifestó su curiosidad por las ciencias naturales y sobre todo por las humani­dades, además de su enorme capacidad para la lectura y para recordar lo leído. Por entonces, leyó desde Las tardes de la granja, de Vicente Rodríguez de Arellano, y Las ruinas de Palmira (texto de Volney que había estado de moda entre los jóvenes contemporáneos de Mesonero Romanos), hasta relatos de viajeros y nove­las de Fernández y González. Esta simple y breve enu­meración da cuenta de la curiosidad y amplitud de intereses del joven, que después se manifestaron en su trabajo como investigador. A ello hay que sumar el descubrimiento de otra de sus devociones: la mú­sica, que le acompañó durante toda su vida. Por en­tonces su aspecto, según propia declaración, era el de “un adolescente esmirriado y enfermizo, con cierto aspecto de seminarista y sin ningún atractivo físico”.

Su paso a la Universidad de Madrid, por la que se doctoró en 1942 en Historia Antigua con una tesis sobre las religiones antiguas en España, supuso una crisis. Cursó los estudios universitarios intere­sado por las figuras de profesores como Vicente Gar­cía de Diego (que enseñaba Latín); Hugo Obermaier, Prehistoria; Hermann Trimborn, Etnología. Al mismo tiempo, había entrado en contacto, en tierras vascas, con Telesforo de Aranzadi y con José Miguel Barandiarán, que fueron sus primeros orientadores. Se manifestaba así, en el campo de los maestros, lo que iba a ser una de las características de su vida y de su trabajo investigador: el paso continuo de lo rural a lo urbano y viceversa; y del País Vasco a Madrid, como centros que se complementaban, por un lado, y que, por otro, estimulaban el pensamiento. De los tiem­pos de la Universidad son también sus visitas al Ate­neo de Madrid, adonde acudía a estudiar y a frecuen­tar la tertulia de “la Cacharrería”, en la que conoció a importantes personajes, como Unamuno. Aunque siempre estuvo en relación con el mundo universita­rio y académico, nunca formó parte estable del claus­tro de profesores de ninguna universidad, salvo entre 1943 y 1945, cuando fue ayudante de las cátedras de Historia Antigua y de Dialectología de la Universi­dad de Madrid; cuando enseñó en la Universidad de Coimbra entre 1957 y 1960; durante 1973, en la de Wisconsin, y entre 1981 y 1983, al ejercer como ca­tedrático de Antropología Filosófica en la Universi­dad del País Vasco. En 1961 fue director de Estudios en la Sección de Historia Social y Económica de la École Pratique des Hautes Études de París, y desde 1981 hasta 1988 dictó cursos sobre antropología y etnología en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, donde tenía un grupo de trabajo sobre Dialectología y Tradiciones Populares, integrado por Concha Casado Lobato, Antonio Cea Gutiérrez, Car­men Ortiz, Antonio Carreira, Jesús Antonio Cid y Joaquín Álvarez Barrientos, a los que se sumaban, a su paso por Madrid, personalidades como Maxime Chevalier y Jean-François Botrel.

Como deja constancia en sus memorias, desde el año 1931 se suceden situaciones y momentos amargos en su vida. En esos años, incluidos los de la Guerra de 1936-1939, mueren seres queridos, como su abuela y su gran amigo Juan Barnés, hijo del profesor del Insti­tuto Escuela Francisco Barnés, que tanto influjo tuvo sobre su persona. Tras la Guerra, y después de acabar los estudios, comenzó a trabajar para Walter Starkie, director del Instituto Británico, como corrector y tra­ductor al español. Esto, junto a su anglofilia política, sirvió para que se extendiera el rumor de que estaba al servicio de la “inteligencia” británica. A partir de 1942 colabora en el Museo Antropológico de Ma­drid, en el Consejo Superior de Investigaciones Cien­tíficas (desde 1941), en la Universidad, como ya se indicó, y, más tarde, en el Museo del Pueblo Español, siendo su director desde 1944 a 1954. Por esas fechas conoce y trata a José Vallejo, a Antonio Tovar, a Án­gel Pariente, a Álvaro d’Ors, a Fernández Galiano, con los que puede desarrollar sus variados intereses intelec­tuales. Alterna sus trabajos con la asistencia a tertulias, como la de su tío Pío, y a otras en el Café de Varela, luego en el de Platerías. Su padre muere en 1943.

En 1944 es nombrado director del Museo del Pue­blo Español, por decisión de Juan Ferrandis y de Juan de Contreras y López de Ayala, marqués de Lozoya, por entonces director general de Bellas Artes. Trabajó en esta institución durante más de diez años, recogiendo e inventariando gran número de piezas que aún se conservan hoy. De esas fechas es el Proyecto para una instalación al aire libre del Museo del Pueblo Español, trabajos importantes sobre tecnología agra­ria, y los contactos con folcloristas de diferentes lugares, que vinieron a trabajar en la Península. Es el caso de George M. Foster. De la dirección del Museo dimitió en 1954; en 1950 ha­bía muerto su madre. Gracias a su relación con Fos­ter recorrió gran parte de España haciendo trabajo de campo. La década de 1950 fue abundante en viajes. Con el mismo Foster pasó después a Estados Uni­dos y trabajó en la Smithsonian Institution. Durante sus exploraciones por España había conocido a Ju­lian Pitt Rivers, que más tarde le llevó a Oxford (al Institute of Social Antropology), a Londres y al sur de Inglaterra, donde, además de seguir con sus “la­bores”, como alguna vez las llamó, se reencontró con conocidos como Alberto Jiménez Fraud, allí exiliado con su familia. En 1953 murieron su tío Ricardo y José Ortega y Gasset, al que le unía una gran amistad testimoniada en visitas, cartas y proyectos comunes, y en 1956 fallece Pío Baroja. De noviembre de 1952 a febrero de 1953 viajó por el Sáhara español, comisio­nado por el director general de Marruecos y Colonias, el coronel Díaz de Villegas, que quería un informe etnográfico sobre aquel territorio. El viaje lo hizo con su amigo Miguel Molina Campuzano, y fue una gran experiencia para Julio Caro, que aprendió mucho y siempre guardó un especial recuerdo, lo mismo que los habitantes de aquel territorio, cuyos descen­dientes aún preguntan por él. En 1955 publicó Estu­dios saharianos, resultado del viaje, e inicio de otras publicaciones relativas a minorías étnicas, como la judía, en las que une el conocimiento y el enfoque histórico al etnográfico. Es el caso de Los moriscos del reino de Granada, de 1957; de los tres tomos de Los judíos en la España moderna y contemporánea (1961-1962) y de otros en los que ese método se consolida, como los relativos a la brujería, la magia, los bandi­dos, los gitanos y la Inquisición. En ellos aunó el tra­bajo de campo con el conocimiento histórico y de archivos. Y, al mismo tiempo, su marco geográfico de estudio se ampliaba a la zona del Mediterráneo. Inte­graba la antropología cultural y la historia social.

Éstos, y trabajos como los relativos a la fisionómica (1987), a las falsificaciones históricas (1991), a las formas complejas de la vida religiosa (1978), al anti­clericalismo (1980) y a la literatura de cordel (1969), abrieron camino a otros que, sin ser discípulos, en­contraron en su ejemplo un modelo que seguir.

En 1963 ingresó en la Real Academia de la Historia, a propuesta de Ramón Menéndez Pidal, Manuel Gó­mez Moreno y Diego Angulo; su discurso versó sobre la sociedad criptojudía en tiempos de Felipe IV; le contestó Ramón Carande. En la Real Academia Espa­ñola fue admitido en 1986, y Manuel Alvar contestó a su discurso sobre biografía y conocimiento antropo­lógico. También perteneció a la Real Academia de la Lengua Vasca (1947); a la de Buenas Letras de Barce­lona y a la Hispanic Society of America. Recibió numerosos premios, como el Cervantes, el Nacional de las Letras Españolas (1985), el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (1983) —ese año también fue nom­brado miembro honorario del Royal Anthropological Institute of Great Britain and Ireland—, el Príncipe de Viana (1989), el Internacional Menéndez Pelayo (1985), la Medalla de oro de las Bellas Artes (1984), así como homenajes y distinciones, por ejemplo, el nombramiento de hijo predilecto de Madrid y adop­tivo de Navarra (1982).

Julio Caro Baroja fue etnógrafo y etnólogo, histo­riador de las ideas, de la literatura y de la cultura, folclorista, lingüista, sociólogo. Su gran capacidad de trabajo, su curiosidad variada y la conciencia de que todos los saberes estaban relacionados, le llevaron a publicar obras tan variadas como los citados Estudios saharianos y Ritos y mitos equívocos; Los moriscos del reino de Granada y Ensayos sobre la cultura popular española; El carnaval y Teatro popular y magia, en­tre otros muchos trabajos en los que, además de una sólida erudición y una juicio crítico independiente, muestra la relación que existe entre las obras y los conocimientos de los hombres, en tanto que trabajos del intelecto y del corazón de los individuos. Sus libros responden a proyectos abarcadores, como los dedica­dos al ciclo festivo; todos se encuadran en su interés por conocer a los hombres, sus maneras de pensar y de vivir. Y en ese interés está el deseo de conocerse a sí mismo, porque quien haya leído sus obras habrá comprobado la implicación del autor en lo que es­tudia, y el continuo ir y venir del pasado al presente. Ejemplo claro, por otro lado, de cómo se convirtie­ron él y los suyos en objeto de trabajo sobre el que aplicar su método es Los Baroja. Memorias familiares, pero también esa mistificación titulada Las veladas de Santa Eufrosina, en la que da rienda suelta a sus co­nocimientos, libre de los esquemas de la erudición, y a su afición y gusto por Italia.

El trabajo y el ejemplo de Caro Baroja se caracteri­zan por su independencia y por no sumarse a ninguna escuela concreta. En su producción investigadora se pueden hacer varios grupos: el de los trabajos sobre el país vasco-navarro, que son la mayoría (Los vascos, Estudios vascos, La casa en Navarra); el de los relati­vos al mundo mediterráneo, pero también hay libros teóricos y de historia de la antropología y el folclore, como Análisis de la cultura (1949) o La aurora del pensamiento antropológico (1983). Otro grupo estaría dedicado a la cultura material y su producción se re­coge en Tecnología popular española, de 1983. Otro, al estudio de las minorías, como ya se indicó; al de las fiestas y ciclos del año: El carnaval (1965), Estudios sobre la vida tradicional española (1968); La estación del amor (1979); El estío festivo (1984). La cultura y la literatura populares tuvieron también mucho es­pacio en su dedicación, y de ahí los libros sobre ban­doleros, pliegos de cordel, teatro de magia, romances de ciego. En éstos, como en otros, evidenciaba que la separación entre lo culto y lo popular es una inven­ción de los estudiosos, porque la realidad demuestra lo contrario.

Pero su producción no termina en sus obras de in­vestigación; sus cuentos, algunos reunidos en Las ve­ladas de Santa Eufrosina; sus óleos y sobre todo sus dibujos, completan una personalidad que, sin aludir a esa faceta creativa, quedaría coja. En este aspecto, su trabajo rara vez separa lo artístico de lo testimonial o laboral, pues ni siquiera aquellos dibujos que sólo pa­recen realizados para ilustrar el comentario técnico a un apero de labranza, por ejemplo, se escapan del to­que personal y creativo. Sus caricaturas, sus paisajes, ciudades, museos fantásticos, todos tienen contenido etnográfico e histórico. Y esa conjunción de visiones, que son sólo una, queda clara en Las veladas de Santa Eufrosina, relatos de su alter ego Giulio Griggone, de tono irónico-erudito, acompañados de ilustraciones, que Julio Caro prologa, y en los que su sabiduría de las letras y de la vida alcanza la cota más alta, al presen­tarse desde el humor, la crítica y el escepticismo.


Obras de ~: Algunos mitos españoles (Ensayo de Mitología po­pular), Madrid, Editoral Nacional, 1941; Los pueblos del norte de la Península Ibérica (Análisis histórico cultural), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1943; La vida rural en Vera del Bidasoa, Madrid, CSIC, 1944; Mate­riales para una historia de la lengua vasca en su relación con la la­tina, Salamanca, Acta Salmanticensia, 1945-1946; Los pueblos de España, Barcelona, Barna, 1946; Análisis de la cultura (Et­nología-Historia-Folklore), Barcelona, CSIC, 1949; Los vascos. Etnología, San Sebastián, Biblioteca vascongada de Amigos del País, 1949; Estudios saharianos, Madrid, CSIC, 1955; Los moriscos del Reino de Granada, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1957; Razas, pueblos y linajes, Madrid, Revista de Occidente, 1957; Las brujas y su mundo, Madrid, Revista de Occidente, 1961; Los judíos en la España moderna y con­temporánea, Madrid, Arión, 1961-1962 (3 vols.); El Carnaval (Análisis histórico. Cultural), Madrid, Taurus, 1965; Romances de ciego, Madrid, Taurus, 1966; Vidas mágicas e Inquisición, Madrid, Taurus, 1967 (2 vols.); Estudios sobre la vida tradicio­nal española, Barcelona, Península, 1968; El señor inquisidor y otras vidas por oficio, Madrid, Alianza,1968; La hora navarra del XVIII, Pamplona, Diputación Foral de Navarra, 1969; En­sayo sobre la literatura de cordel, Madrid, revista de Occidente, 1969; El mito del carácter nacional. Meditaciones a contrapelo, Madrid, Seminarios y ediciones, 1970; Inquisición, brujería y criptojudaísmo, Barcelona, Ariel, 1970; Etnología Histórica de Navarra, Pamplona, Aranzadi, 1971; Los Baroja. Memorias familiares, Madrid, Taurus, 1972; Los vascos y la Historia a tra­vés de Garibay, Donostia-San Sebastián, Txertoa, 1972; Sem­blanzas ideales (Con una del autor por D. Greenwood), Madrid, Taurus, 1972; Estudios vascos, San Sebastián, Txertoa, 1973-1991 (19 vols.); De la superstición al ateísmo (Meditaciones an­tropológicas), Madrid, Taurus, 1974; Ritos y mitos equívocos, Madrid, Istmo, 1974; Teatro popular y magia, Madrid, revista de Occidente, 1974; Las formas complejas de la vida religiosa (Religión, sociedad y carácter en la España de los siglos XVI y XVII), Madrid, Akal, 1978; Una imagen del mundo perdida, Santan­der, Universidad Internacional Menéndez Pelayo, 1979; La es­tación del amor (Fiestas populares de mayo a San Juan), Madrid, Taurus, 1979; Introducción a la historia contemporánea del anticlericalismo español, Madrid, Istmo, 1980; Temas castizos, Madrid, Istmo, 1980; Vidas poco paralelas (con perdón de Plu­tarco), Madrid, Taurus, 1981; La casa en Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, 1982 (4 vols.); La aurora del pen­samiento antropológico, Madrid, CSIC, 1983; Tecnología popu­lar española, Madrid, Editora nacional, 1983; El estío festivo, Madrid, Taurus, 1984; Apuntes murcianos (de un diario de via­jes por España, 1950), Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 1984 (Apuntes murcianos, Murcia, ESAMUR, 2008); Los fundamentos del pensamiento antropológico moderno, Madrid, CSIC, 1985; El laberinto vasco, Madrid, Sarpe, 1986; España antigua (Conocimiento y fantasía), Madrid, Istmo, 1986; Realidad y fantasía en el mundo criminal, Madrid, CSIC, 1986; Género biográfico y conocimiento antropológico: discurso, leído el día 15 de junio de 1986, en su recepción pública, por el Excmo. Sr. ~, y contestación del Excmo. Sr. Manuel Alvar López, Madrid, Caro Raggio-Real Academia Española, 1986; La cara, espejo del alma (Historia de la fisiognómica), Madrid, Círculo de Lectores, 1987; De los arquetipos y leyendas, Barce­lona, Círculo de Lectores, 1989; Los hombres y sus pensamien­tos, San Sebastián, Txertoa, 1989; Palabra, sombra equivocada, Barcelona, Tusquets, 1989; Terror y terrorismo, Barcelona, Plaza y Janés, 1989; Arte visoria, Barcelona, Tusquets, 1990; Reflexiones nuevas sobre temas viejos, Madrid, Istmo, 1990; Las falsificaciones de la historia (en relación con la de España), Barce­lona, Seix Barral, 1991; Fragmentos italianos, Madrid, Istmo, 1992; De etnología andaluza, Málaga, Diputación Provincial, 1993; Jardín de flores raras, Barcelona, Seix Barral, 1993; Las veladas de Santa Eufrosina; cuentos para marionetas, Madrid, Caro Raggio, 1995; Ser o no ser vasco, Madrid, Espasa Calpe, 1998; Miscelánea histórica y etnográfica, Madrid, CSIC, 1998; Una amistad andaluza: correspondencia entre Julio Caro Baroja y Gerald Brenan, textos en esp. e ingl., trad., introd. y notas de C. Caro, Madrid, Caro Raggio, 2005.

Bibl.: VV. AA., Homenaje a Julio Caro Baroja, Madrid, Centro de Estudios Sociológicos, 1979; J. Caro Baroja y E. Temprano, Disquisiciones antropológicas, Madrid, Istmo, 1985; VV. AA., Julio Caro Baroja, Premio Nacional de las Le­tras Españolas, 1985, Barcelona, Anthropos, 1989; J. Caro Baroja y F. Flores Arroyuelo, Conversaciones en Itzea, Ma­drid, Alianza, 1991; VV. AA., Homenaje a Julio Caro Baroja, Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1994; VV. AA., “Homenaje a Julio Caro Baroja”, en Príncipe de Viana, 206 (1995); R. Rubio Hernández (ed.), Homenaje a Julio Caro Baroja, Madrid, Fundación José Ortega y Gasset, 1996; S. Rodríguez Becerra (ed.), El diablo, las brujas y su mundo: homenaje andaluz a Julio Caro Baroja, Sevilla, Junta de Andalucía, 2000; F. Castilla Urbano, El análisis social de Ju­lio Caro Baroja: empirismo y subjetividad, Madrid, CSIC, 2002; J. Álvarez Barrientos (ed.), Memoria de Julio Caro Baroja, catálogo de exposición, Madrid, Sociedad Estatal de Conme­moraciones Culturales (SECC), 2005; A. Carreira Vérez, Bibliografía de Julio Caro Baroja, Madrid, SECC, 2007.


Biografía escrita por Joaquín Álvarez Barrientos procedente del Diccionario Biográfico Español.

 

Share This