• A  A  A  

Julián Ribera y Tarragó

Carcagente (Valencia), 19.II.1858 – Puebla Larga (Valencia), 2.V.1934. Arabista, filólogo, historiador, pedagogo, musicólogo.

En un libro que publicó en 1910, La superstición pedagógica, Julián Ribera reveló la que habría de ser la gran preocupación en su vida, la educación, además de algunos datos biográficos: “Como alumno he recorrido muchos centros: desde la edad de nueve años, en que los pedagogos me arrancaron del lado de mi familia, voy rodando por el mundo empeñado en aventuras pedagógicas: unas veces libre, otras en colegios; unas veces en una Universidad; otras en otra; en varios estudios y carreras: derecho, letras, diplomática, etc.; han pasado ante mi vista una inmensa turba de pedagogos. Mi padre, en los tiempos de su juventud, fue pedagogo; de cuyo oficio logró redimirse, merced a sus actividades y talentos; dieciséis hermanos salimos del vientre de mi madre, la cual supo ser admirabilísimo ejemplar, porque aprendió a serlo muy pronto, directamente y sin pedagogías; de los dieciséis, a ocho les conocí muy granados, siguiendo carreras diferentes, en muy distintas escuelas: uno, el primogénito, estudió en un seminario sacerdotal, donde permanece ahora en calidad de profesor; otro, comerciante; otro, médico; otro, ingeniero; es decir, una variedad de tipos que ofrecieron materia de estudio para apreciar los diferentes efectos de cada enseñanza.

He tenido seis hijos, cuya educación ha sido la preocupación constante de mi vida, y he podido ver de cerca todo lo que en su educación y enseñanza se ofrecía”. Ligada, pues, a la educación y enseñanza va a desarrollarse buena parte de la vida del que fue uno de los padres de la escuela de arabistas españoles.

Estudió el Bachillerato y Derecho en Valencia, doctorándose en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid en diciembre de 1885. En 1882 comenzó a colaborar con Francisco Codera en su proyecto de Bibliotheca Arábico-Hispana, que comenzó a editar fuentes árabes importantes para la reconstrucción de la Historia de España. Se trataba de un empeño privado, realizado artesanalmente por Codera y sus discípulos en un taller tipográfico montado en el domicilio del maestro, gracias a una ayuda concedida por Juan Francisco Riaño, director general de Instrucción Pública y yerno del fundador de la moderna escuela de arabistas, Pascual de Gayangos. Los dos primeros volúmenes de la Bibliotheca estuvieron dedicados a la edición del diccionario biográfico de Ibn Pascual, Abenpasqualis Assila. La colaboración entre Codera y Ribera fue siempre estrecha, editándose diccionarios biográficos de al-Dabbi, Ibn al-Abbar, Ibn al-Faradi, e Ibn Jayr. Pero la empresa acabó suspendiéndose en 1895 por falta de medios económicos, tras la edición de diez volúmenes de los cien que había proyectado Codera en su Anteproyecto de Trabajos y Publicaciones árabes que la Academia debiera emprender.

En mayo de 1887, obtuvo Ribera la Cátedra de Lengua Árabe de la Universidad de Zaragoza, con un tribunal en el que intervinieron Codera y Simonet.

Se trataba de una Cátedra de nueva creación tras decidir el Consejo de Instrucción Pública sustituir la de Hebreo de dicha Universidad. Con Ribera se trasladaron a Zaragoza en 1893 las cajas de imprenta arábiga de la Bibliotheca Arábico-Hispana, buscando, en expresión de Ribera, “más baratura”. A pesar de ello y suprimida la suscripción del Ministerio de Fomento, cesó de editarse la Bibliotheca, optando por la edición en castellano de una “Colección de Estudios Árabes” en la que aparecieron siete volúmenes, entre ellos El justicia de Aragón, una de las obras más conocidas del propio Ribera, en la que investiga en el origen árabe de la institución.

En enero de 1894 fue comisionado como agregado a la embajada del general Martínez Campos que marchó a Marrakech para negociar con el sultán de Marruecos tras los incidentes fronterizos de Melilla del año anterior.

Ribera tenía confiado “el encargo especial de adquirir manuscritos arábigos”, pero su misión fue poco fructífera, según expresa Francisco Codera en la reseña que del viaje hizo en el Boletín de la Real Academia de la Historia (XXIV, 5: 365-378). En este viaje, Ribera pudo comprobar la distancia entre el mundo árabe real —que vivió durante casi dos meses— y el de gabinete del arabismo, lo que le llevó a concebir en 1902 un Centro de Arabistas capaz de formar personal adecuado para la relación con el Norte de África, dando a un tiempo preparación científica (histórica, erudita, cultural) y práctica (lingüística y político-comercial), tanto a arabistas como a cónsules, comerciantes o publicistas.

Los contornos de ese centro fueron perfilados en dos escritos, aparecidos en la Revista de Aragón que Ribera animara desde 1900 en Zaragoza junto con el catedrático de Historia Eduardo Ibarra, dirigidos a los ministros de Instrucción Pública y de Estado.

El Centro fue creado por el gobierno Maura que lo llevó a la Gaceta de Madrid el 8 de septiembre de 1904, si bien no llegó a cobrar realidad.

La reforma de la Facultad de Letras en 1900 había suprimido su Cátedra de Árabe en Zaragoza, convirtiéndose en catedrático de Historia Antigua y Media de España. En 1904 concursó a una plaza de esta especialidad en Madrid, instalándose en la capital, donde llevó a cabo la “gerencia anónima” —en expresión de Asín Palacios— de la revista Cultura Española, publicada entre 1906 y 1909 bajo la dirección a distancia de Rafael Altamira y Eduardo Ibarra. En esta revista, en la que se ocupó de las reseñas bibliográficas, Ribera publicó algunos de sus trabajos pedagógicos que luego dieron pie a su libro La superstición pedagógica (1910). Interés por la pedagogía surgido a raíz de un estudio sobre “La enseñanza entre los musulmanes españoles” que plasmó en un discurso en la Universidad de Zaragoza en 1893.

En 1910 se creó el Centro de Estudios Históricos por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, en el que se integró la “Escuela Libre de Arabistas” como denominaba Ribera al grupo animado por él. En dicho Centro llegó a publicarse una buena nómina de obras de los seguidores de dicha escuela, entre otros Asín, Prieto Vives, Alarcón, Longás o González Palencia.

En mayo de 1912, Ribera ingresó en la Real Academia Española con un discurso sobre El Cancionero de Abencuzmán, y en junio de 1915 en la de la Historia, con otro dedicado a la Épica andaluza romanceada. En estos años, tras su nombramiento como catedrático de Árabe de la Central, se dedicó al estudio de la prehistoria del romance castellano, a los orígenes de la lírica provenzal y de la épica europea, y al conocimiento de la música árabe y de su influencia en la cristiana medieval, siendo pionero en el reconocimiento de la indudable huella dejada por lo andalusí en la cultura hispana.

En 1913, tras el establecimiento del Protectorado de España en el Norte de Marruecos, se le nombró vocal de la Junta de Enseñanza en Marruecos, junto a figuras como Altamira, Pidal o Asín, si bien esta Junta no llegó a tener atribuciones para poner en práctica los proyectos de la Escuela de Arabistas de 1904.

Fue el primero en adentrarse en el estudio musical de las Cantigas de Alfonso X, inicio de una serie de trabajos de musicología árabe que ocuparon el final de su vida en su retiro en su Carcagente natal, localidad de la que había sido primer teniente de alcalde en la década de 1880.

Al jubilarse voluntariamente, sus discípulos reunieron sus publicaciones en dos volúmenes titulados Disertaciones y opúsculos aparecidos en 1928, que fueron precedidos de una extensa introducción biográfica de Asín Palacios.


Obras de ~: Colección de textos aljamiados, Zaragoza, Litografía de Guerra y Bacque, 1888; La enseñanza entre los musulmanes españoles, Zaragoza, Imprenta de Calixto Ariño, 1893; Bibliófilos y Bibliotecas en la España musulmana, Zaragoza, 1896; Orígenes del Justicia de Aragón, Zaragoza, Tipografía Comas Hermanos, 1897; La supresión de “los exámenes”, Zaragoza, Tipografía Comas Hermanos, 1900; “El Ministro de Instrucción Pública en la cuestión de Marruecos”, en Revista de Aragón (1902); “El Ministro de Estado y la cuestión de Marruecos”, en Revista de Aragón (1902); “El problema de Marruecos. Su doble aspecto internacional y español”, en Nuestro Tiempo (1902); Origen del Colegio Nidamí de Bagdad, Zaragoza, Mariano Escar, 1904; Lo científico en la Historia, Madrid, P. Apalategui, 1906; La superstición pedagógica, Madrid, E. Maestre, 1910, 2 vols.; El Cancionero de Abencuzmán, Discurso leído ante la Real Academia Española [contestación de D. Alejandro Pidal y Mon], Madrid, 1912; Huellas que aparecen en los primitivos historiadores musulmanes de la Península, de una poesía épica romanceada que debió florecer en Andalucía en los siglos IX y X, Discurso leído ante la Real Academia de la Historia [contestación de D. Francisco Codera], Madrid, 1915; La música de las cantigas. Estudio sobre su origen y naturaleza, Madrid, 1922; La música andaluza medieval en las canciones de trovadores, troveros y minnesinger, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, 1923-1925, 3 vols.; Historia de la conquista de España de Abenalcotia el Cordobés, seguida de fragmentos históricos de Abencotaiba, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, 1926; Historia de la Música Árabe Medieval y su influencia en la española, Madrid, Voluntad, 1927; Disertaciones y opúsculos, pról. de M. Asín Palacios, Madrid, Estanislao Maestre, 1928, 2 vols.; La música de la jota aragonesa: ensayo histórico, Madrid, Instituto de Valencia de Don Juan, 1928; Opúsculos dispersos, Tetuán, Instituto General Franco de Estudios e Investigación Hispano-Árabe, 1952; La música árabe y su influencia en la española, pról. y revisión de E. García Gómez, Valencia, Pre- Textos, 2000 (esta edición incluye el texto de Ribera “Para la historia de la música popular”, aparecido en el Boletín de la Real Academia de la Historia en 1927).

Bibl.: M. Asín Palacios, “Prólogo” en J. Ribera y Tarragó, Disertaciones y opúsculos, op. cit., 1928; E. García Gómez, “D. Julián Ribera y Tarragó”, Nota necrológica en Al-Andalus, 1934; J. T. Monroe, Islam and the Arabs in Spanish scholarship, Leiden, E. J. Brill, 1970; B. López García, “Julián Ribera y su ‘Taller’ de arabistas: una propuesta renovación”, en Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, XXXIII, 1 (1984-1985), págs. 111-128; “Arabismo y orientalismo en España: radiografía y diagnóstico de un gremio escaso y apartadizo”, monográfico sobre “Africanismo y Orientalismo en España (1860-1930)”, en Awraq, anejo al volumen XI (1990), págs. 35-69; “Correspondencia de Julián Ribera a Pascual Menéu: una amistad en una etapa decisiva del arabismo. (1899-1904)”, en Sharq al-Andalus. Estudios Arabes, Homenaje a María Jesús Rubiera Mata, 10-11 (1993-1994), págs. 499-526; El Islam en la Historia de España, Madrid, Fundación Histórica Tavera, 1998, Clásicos Tavera, Serie III, Historia de España (CDRom); F. Rodríguez Mediano, Pidal, Gómez-Moreno, Asín. Humanismo y progreso. Romances, monumentos y arabismo, Madrid, Tres Cantos, 2002.


Biografía escrita por Bernabé López García procedente del Diccionario Biográfico Español.

Share This