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Juan Vilanova y Piera

Valencia, 6.V.1821 – Madrid, 7.VI.1893. Prehistoriador, geólogo, paleontólogo, agrónomo y médico.

Originario de una familia burguesa acomodada de Alcalá de Xivert, realizó su formación universitaria en Valencia cursando la carrera de Medicina (1839-1845) y compatibilizando estos estudios con los de Ciencias Naturales, carrera en la que se licenció en 1846. El inicio de sus estudios de Ciencias Naturales de forma específica, diferenciados de los de Medicina, hay que relacionarlo con el cambio de plan de estudios de 1845, plan Orovio, y a la circunstancia de que Vilanova los entendiese como un complemento necesario para el ejercicio de la profesión médica.

Con una completa formación en el campo de las Ciencias Naturales, un brillante expediente académico y bien relacionado socialmente (mantenía relaciones con quien luego sería su mujer, la hija de Pizcueta, vicerrector de la Universidad de Valencia), se desplazó a Madrid con el fin de doctorarse en Ciencias Naturales (única Universidad, la Central, que entonces podía impartir enseñanzas de doctorado).

Opositó a las cátedras que en 1847 se convocaron de Ciencias Naturales, estableciendo amistad con Mariano de la Paz Graells, el más importante biólogo español del siglo XIX y que marcó prácticamente toda la centuria. Aunque no ganó ninguna de ellas, fue nombrado ayudante de profesor en el Gabinete de Historia Natural. Posteriormente, se presentó a las oposiciones para cubrir la Cátedra de Historia Natural de la Universidad de Oviedo de 1849, la cual obtuvo, si bien no llegó a tomar posesión, pues cuando tenía que acudir a la capital asturiana inició un viaje científico por casi toda Europa.

Este viaje hay que relacionarlo con la necesidad que había en España de formar profesores capacitados en Geología, nueva disciplina científica en aquellos momentos.

Graells gestionó una beca para Vilanova con el fin de que completase sus estudios en París y Friburgo, y su estancia se prolongó durante cuatro años.

Tuvo como profesores a las autoridades científicas más acreditadas de aquellos momentos y gracias a su gran capacidad para relacionarse con los intelectuales franceses fue admitido en 1850 en la Sociedad Geológica y en la Sociedad Entomológica francesas. Su asistencia a las reuniones de estas sociedades le sirvió para instruirse en los coloquios, así como para darse a conocer y aumentar su prestigio en el extranjero. Mientras tanto, Graells solicitó para Vilanova la cátedra de Geología y Paleontología en la Facultad de Filosofía de la Universidad Central, lo que le fue concedido.

Tras su llegada a España en 1854, dedicó sus esfuerzos a la realización de un Manual de Geología que serviría como libro de texto y la Memoria geognóstico-agrícola sobre la provincia de Castellón. A pesar de no visitar los próximos años el extranjero, las menciones honoríficas nacionales e internacionales hacia Vilanova fueron constantes. Pero quizás el nombramiento más relevante de esos momentos en una institución española fue el de académico de la Real de Medicina de Madrid (el 28 de abril de 1861), cuando esa institución decidió completar el número de académicos. Se debe tener en cuenta la importancia que en el siglo XIX la Medicina otorgaba a las aguas minerales, por lo que resultaba muy útil un médico que a su vez fuera geólogo, circunstancias que concurrían en Vilanova.

Hasta 1863 nada hace pensar que Vilanova se inclinaría hacia los estudios prehistóricos. Sin embargo, una serie de sucesos que se comentarán seguidamente hicieron de Vilanova el prehistoriador más importante del siglo XIX. En efecto, tras el descubrimiento por parte de Luis Lartet, Eduardo Verneuil y Casiano de Prado de un útil prehistórico en San Isidro en 1862, que catalogaron inmediatamente como sílex tallado de gran antigüedad, los dos franceses dieron a conocer el descubrimiento en la Sociedad Geológica de Francia, en la sesión del 22 de junio de 1863. La nota al respecto de Verneuil y Lartet en el Bulletin de la Société Géologique de France precedía inmediatamente a otra en la que se dedicaba a Vilanova una nueva especie: el Cyclostoma Vilanovnum. Asimismo, el descubrimiento de la mandíbula falsificada de Moulin Quignon en 1863, y el apoyo que ésta recibió por parte de importantes geólogos franceses a quienes Vilanova seguía fielmente, como Elie de Beaumont, representó otro de los elementos decisivos en el cambio de actitud de Vilanova.

Por todo ello, tras unos cuantos años sin salir de nuestras fronteras, solicitó permiso en 1864 para visitar centros científicos en el extranjero. Gracias a este viaje pudo tomar conciencia de la importancia que estaban adquiriendo los estudios prehistóricos, ponerse al día de las nuevas corrientes en Ciencias Naturales que en aquellos años estaban en Europa en plena ebullición tras la aparición en 1859 de la teoría darwinista y estrechar lazos personales creados en su anterior viaje europeo.

Una de las consecuencias se hará palpable cuando a finales de 1864 se inicien las gestiones para la creación de la Sociedad Antropológica Española a imagen de la francesa y Juan Vilanova sea uno de los miembros de la comisión formada para redactar sus estatutos.

En los años previos a la Revolución de 1868 desarrolló una gran actividad arqueológica. En el verano de 1866, empezó Vilanova a prospectar en cuevas valencianas, algunas de las cuales forman parte aún hoy de la lista de yacimientos más importantes de la Península, como Parpalló y Cova Negra, posiblemente utilizando para ello los datos geológicos que aparecen en la obra de Cavanilles Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y Frutos del Reyno de Valencia (1795). Estas prospecciones las continuó prácticamente todos los veranos, incluso también, algunas Navidades. Asimismo, realizó prospecciones arqueológicas en Andalucía con Machado, Tubino y su hermano, el ingeniero de minas José Vilanova y también destacado prehistoriador.

Su entusiasmo por la prehistoria le llevó a incluir los estudios sobre esta disciplina en la serie de conferencias que inició en el invierno de 1866 a 1867 en el Ateneo de Madrid, y que impartió durante más de quince años bajo el título de “Geología aplicada a la Agricultura, a la Industria y a la Historia”, y que como colofón tenía la visita práctica con sus alumnos al corte de San Isidro.

La participación en congresos internacionales del carácter más diverso fue el rasgo más característico de su personalidad, especialmente lo hizo en aquellos que trataban sobre Geología, Prehistoria y Antropología, pero también en los de tema médico, meteorológico, geográfico, demográfico, paleontológico, etc., siendo en muchos casos el único científico español que tomaba parte en ellos. Un ejemplo se tiene cuando en 1867 participó en el II Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistórica, celebrado en París, tras el cual asistió, con escasas excepciones, a la casi totalidad de estos congresos a lo largo de su vida. Y de paso, aprovechando la Exposición Universal de París, también asistió a la reunión extraordinaria de la Sociedad Geológica de Francia, de la que, como ya se ha dicho, era miembro y en la que se debatió ampliamente acerca de la evolución.

Ese mismo año de 1867 se creó el Museo Arqueológico Nacional, reflejo de la consolidación del liberalismo en España. La gestación de este museo fue complicada y difícil, tardando mucho más en su creación que otros países europeos. Vilanova hizo rápida donación a él de un gran número de materiales que había obtenido, tanto de sus excavaciones en España, como de sus viajes al extranjero. Todo ello motivó una Real Orden de agradecimiento y la inserción en la Gazeta de la Memoria que escribió con Tubino. Al tiempo, se inició la gestación de una Sociedad Prehistórica Española formada por Tubino, Vilanova y Amador de los Ríos, iniciativa que se cercenó indirectamente por la Revolución del 68. Sin embargo, no parece que la Septembrina afectara a los estudios prehistóricos que realizaba Juan Vilanova, pues a pesar de su conservadurismo, mantuvo una estrecha relación con los krausistas, si bien con puntuales disputas, lo que le permitió seguir trabajando sin mayores problemas. Al IV Congreso Internacional de Antropología y Arqueología prehistóricas de Copenhague de 1869, Vilanova acudió acompañado de Tubino, y ambos, aprovechando dicha asistencia, visitaron diversos museos de Dinamarca y Suecia. En dicho viaje tomaron abundantes apuntes y adquirieron material de valor arqueológico que entregaron al Museo Arqueológico Nacional. Este viaje y la memoria correspondiente que se publicó en 1871 facilitaron el acercamiento de los naturalistas españoles a la ciencia prehistórica.

En 1871 se fundó la Sociedad Española de Historia Natural, de la que Vilanova fue socio fundador y en la que mantuvo un importante protagonismo durante toda su vida, asistiendo regularmente a sus sesiones.

Ese mismo año inició Vilanova, junto con Tubino, un curso de Ciencia prehistórica en la Universidad de Sevilla. Por la gran vitalidad que tuvo la Prehistoria sevillana en el último cuarto del siglo XIX, se puede decir que estas charlas no resultaron infructuosas, pues sensibilizaron a las capas intelectuales que hasta ese momento sólo se encontraban representadas por Machado, Tubino y Góngora.

En 1872 salieron a la luz elaborados trabajos sobre Prehistoria redactados por Vilanova. También publicó un libro Origen, Naturaleza y Antigüedad del hombre, que sigue siendo obligado punto de referencia para conocer cómo se encontraban los estudios prehistóricos en España en esos momentos y por converger en él todos los conocimientos que poseía sobre Geología y Prehistoria, resultando la primera obra de síntesis sobre la Prehistoria española.

Aunque la Revolución de 1868 supuso el desarrollo del darwinismo en España, Vilanova no se sumó a los escasos seguidores que Darwin tuvo en nuestro país.

Aunque algunas veces Vilanova ha sido tomado por evolucionista, decir eso en sentido estricto es un error, si bien se debe admitir que no era un fixista puro. Vilanova, partidario en Paleontología del paradigma fisiológico, admitía la transformación, pero sólo dentro de unos arquetipos, sin importantes variaciones, y en este sentido se puede considerar seguidor, en este aspecto, del antropólogo francés Armand de Quatrefages. Sus críticas hacia el darwinismo se plantearon en casos que entonces estaban de candente actualidad como eran los relativos al Protriton petrolei o del Eozon canadense. Vilanova era partidario de un lento desarrollo cultural, pero eso no quiere decir que fuera evolucionista. De todas formas hay que reconocer que se mantenía en una postura intermedia, lo que motivó que fuera criticado tanto por creacionistas como por evolucionistas.

En España, a lo largo del siglo XIX, se dio en Prehistoria una cierta tendencia al autoctonismo. Había inclinación a pensar que “el español” había sido conformado con su aspecto y carácter actual desde los tiempos más remotos. Por ello no es extraño que Vilanova sea uno de los primeros en Europa en plantear la existencia del Mesolítico. Además, hay que añadir la lucha que mantuvo en defensa de una Edad del Cobre en España, que ya había anunciado Casiano de Prado, y que apoyaron otros prehistoriadores españoles, como Antonio Machado o Recaredo de Garay, si bien con la diferencia de que mientras Casiano de Prado y Vilanova planteaban la existencia de una Edad del Cobre anterior a la del Bronce, aquéllos pensaban que en España se daba una Edad del Cobre en lugar de la del Bronce. Vilanova, al final de sus días pudo ver sus tesis aceptadas por la comunidad científica internacional. No tuvo la misma suerte en su defensa de la autenticidad y antigüedad de las pinturas de Altamira, que más que admiración despertó recelos y burlas.

Hay que hacer constar un interesante detalle: Vilanova a partir de 1872, mostró su disconformidad con el término “Prehistoria”, prefiriendo el de “Protohistoria”.

Este pensamiento lo mantuvo durante toda su vida, pretendiendo así tomar la Prehistoria como una parte más de la Historia Universal, como han hecho durante el presente siglo otros prehistoriadores. El término por él propuesto para la primera etapa del hombre no prosperó porque en Europa la palabra “Prehistoria” había alcanzado un consenso general. La palabra “Prehistoria” aplicada a la época en que vivieron los primeros hombres, antes de la existencia de la escritura, hacía ver a esos hombres muy primitivos, semianimales, en consonancia con las ideas evolucionistas.

De esta forma, cuando algunos prehistoriadores en el siglo XIX se referían a la Protohistoria lo hacían con un significado más estricto (Edad del Hierro aproximadamente), y para otros, como Vilanova, con uno más amplio (toda la Prehistoria).

La Restauración Borbónica se acomodaba muy bien a la mentalidad de Vilanova y, de hecho, en el mismo mes de enero de 1875 ingresó en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en cuyo discurso destacó la importancia de la Paleontología, cátedra a la que acababa de tener acceso tras el desdoble de la de Geología y Paleontología, optando por esta última.

Al año siguiente se creó la Sociedad Geográfica de Madrid, siendo, como en tantas ocasiones, socio fundador.

Una de las actitudes que le han dado mayor fama fue la defensa que hizo de la autenticidad y antigüedad de las pinturas de Altamira. Su descubridor, Marcelino Sanz de Sautuola escribió a Juan Vilanova a finales de 1879, justo cuando aquél se disponía a redactar sus famosos Breves apuntes... Juan Vilanova divulgó la existencia del yacimiento y de las pinturas tan pronto como supo de ellos en la Sociedad Geográfica de Madrid, en el mes de enero de 1880, y aunque trató en sucesivas ocasiones de que la comunidad científica internacional reconociera la autenticidad y antigüedad de las pinturas, la oposición que sufrió desde dentro de nuestras fronteras, como desde fuera, especialmente Mortillet y Cartailhac, motivó que esta defensa de las pinturas sirviera para desacreditarle en muchos foros, por lo que desde mediados de los años ochenta, fue poco a poco cediendo en su acalorada defensa.

El año de 1886 fue, sin duda, trascendental para la Prehistoria española. La Real Academia de la Historia, a propuesta de su director, Antonio Cánovas del Castillo, reconoció a la Prehistoria de un modo oficial. Esto no quiere decir que no hubiera, incluso en esa ilustrada institución, quien continuara viendo a esta disciplina con fuertes reticencias, pero sí marcó un punto de inflexión en la aceptación de este tipo de estudios. Y es por ello por lo que el propio Vilanova escribió un artículo dirigido a todos aquellos que desde el paradigma erudito se negaban a aceptar la validez de los estudios prehistóricos. El ingreso de Vilanova en la Real Academia de la Historia parece que hay que relacionarlo directamente con el interés de su director, Antonio Cánovas del Castillo, de realizar una Historia de España por académicos de esa corporación y el deseo de empezar dicha obra con un tomo dedicado a la Prehistoria, de la que Vilanova era su valedor más carismático. El discurso de ingreso de Vilanova se llevó a cabo el 29 de junio de 1889 y trató sobre la Prehistoria española, con contestación de Antonio Cánovas. Unos días antes de su ingreso se celebró en Madrid el I Congreso Católico Español, cuyo eje central eran el valor que podrían tener los estudios prehistóricos. Vilanova mantuvo una animada disputa con el arzobispo de Sevilla, Zeferino González, defendiendo la validez de los estudios prehistóricos, frente a aquellos que los desdeñaban desde las filas eclesiásticas arrancando un buen número de aplausos y logrando, al fin, un cambio de actitud del arzobispo, y con ello de la Iglesia, hacia esta disciplina.

Dos años después presentó, conjuntamente con Rada y Delgado, Geología y Protohistoria ibéricas (1892), primer volumen de la Historia de España escrita por académicos de número de la Real Academia de la Historia.

Esta obra representó la última de conjunto de Vilanova sobre la Geología y Prehistoria ibéricas, en la que se puede observar el agudo problema de periodización que tenía Vilanova, la escasísima seguridad, los continuos titubeos y los profundos errores en los que incurría al tratar del Paleolítico. La principal causa de todo ello estribaba en la escasez de yacimientos que hasta entonces se habían excavado, pero no es menos cierto que Vilanova fue uno de los investigadores que sentaron unas bases científicas que, si no fueron muy sólidas, sí al menos resultaron suficientemente consistentes para que sobre ellas se pudiera asentar firmemente la Prehistoria del siglo XX.

Tras un año de enfermedad, Vilanova murió en Madrid de una dolencia cardiaca el 7 de junio de 1893.

Con la muerte de Vilanova la Prehistoria española quedó huérfana; nunca mejor aplicado el término: desapareció sin dejar un discípulo que cubriera el hueco que él dejaba. Esto no quiere decir que no hubiera quien realizara estudios de envergadura, pero no tenían como prehistoriadores el carisma y la calidad, salvo en el caso de Luis Siret, de los realizados por Vilanova.

Hubo que esperar a la segunda década del presente siglo para que aparecieran con fuerza los Barandiarán, Aranzadi, Eguren, Carballo, Bosch Gimpera, Cabré, Pérez de Barradas, Alcalde del Río, etc., y los extranjeros Obermaier y Wernert, que junto a la continuación de los extranjeros Siret y Bonsor, y los españoles Mélida, Alsius, etc. llevaron a la ciencia prehistórica española a un nivel comparable a la del resto de Europa.


Obras de ~: Manual de Geología aplicada a la agricultura y las artes industriales, Madrid, 1861-1862; con F. M. Tubino, Viaje científico a Dinamarca y Suecia con motivo del congreso internacional celebrado en Copenhague en 1869, Madrid, 1871; Origen, Naturaleza y Antigüedad del Hombre, Madrid, 1872; Importancia y altísima significación de los estudios paleontológicos en todos los conceptos considerados, discurso leído ante la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en la recepción de entrada de ~ el día 17 de enero de 1875; Contestación por Sandalio Pereda, Madrid, 1875; Pretendida libertad de enseñanza, y la organización de los estudios, discurso inaugural de las sesiones del año 1877 de la Real Academia de Medicina de Madrid, Memorias de la Real Academia de Medicina (1875-1877), Madrid, 1877; Conferencias dadas en Santander, Torrelavega, 1881; Protohistoria ibérica, discursos leídos en la presentación de ~ el día 29 de junio de 1889 en la Real Academia de la Historia. Contestación de Antonio Cánovas del Castillo, Madrid, 1889; con J. de D. Rada y Delgado, Geología y Protohistoria ibéricas, t. I, Historia de España dirigida por Cánovas del Castillo, Madrid, 1892; Memoria Geognóstico, Agrícola y Protohistórica de Valencia, Madrid, 1893.

Bibl.: M. Ayarzagüena Sanz, “Juan Vilanova y Piera”, en Zona Arqueológica I, pags. 56-78, D. Fletcher, “Restos arqueológicos valencianos de la colección de D. Juan Vilanova y Piera en el Museo Arqueológico Nacional”, en Archivo de Prehistoria Levantina II (1945), págs. 343-348; L. Sequeiros, “Dos paradigmas paleontológicos en la ciencia española del siglo XIX: Justo Egozcúe y Juan Vilanova y Piera”, en Actas V Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, (Murcia), (1991), págs. 930-941; R. Gozalo, R. y V. Salabert, “Joan Vilanova i Piera. Geóleg, paleontòleg i prehistoriador”, en J. M. Camarasa y Roca Rossell (dirs.), Ciencia i técnica als Països Catalans: una aproximació biográfica, vol. I, Barcelona, Fundació Catalana per a la Recerca, 1995, págs. 289-313.


Biografía escrita por Mariano Ayarzagüena Sanz procedente del Diccionario Biográfico Español.

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