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Juan de Dios de la Rada y Delgado

Almería, 13.VIII.1827 – Madrid, 3.VIII.1901. Arqueólogo, historiador y escritor, anticuario interino de la Real Academia de la Historia (1901).

Este ilustre arqueólogo era hijo del catedrático de Medicina (1817) y Física (1835-1850) de la Universidad de Granada Juan de Dios de la Rada y Henares, y de Margarita Delgado, padres de cuatro hijos; otro de ellos fue Fabio, también fue jurista e investido doctor en la Facultad de Derecho ante el Claustro de la Universidad Central en 1867, con quien publicó algunas obras de Derecho. Casado, tuvo un hijo que perteneció también al Cuerpo de Archivos: Enrique de la Rada y Méndez.

Juan de Dios se licenció y doctoró en la Universidad de Granada y se doctoró en Jurisprudencia con una tesis sobre pruebas criminales en materia judicial, ejerciendo de oficial primero de la secretaría de la Universidad Central (1850-1853), de profesor agregado de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada (1849-1850), de interino de la Cátedra de Notariado (1852-1853) y de director de periódico (4 de junio de 1856), así como de abogado-consultor del Real Patrimonio hasta la revolución de 1868.

En 1858 ingresó en el recién creado Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, pasando en 1868 al Museo Arqueológico Nacional, del que fue nombrado director (19 de febrero de 1891) hasta su jubilación el 4 de agosto de 1900, fecha desde la que ocupó el cargo de director del Museo de Reproducciones Artísticas hasta su muerte. Fue catedrático de “Arqueología, Numismática y Epigrafía” de la Escuela Superior de Diplomática (1856-1900), de la que llegó a ser director (1876-1900) y también fue catedrático de “Disciplina eclesiástica” (1854-1857) en la Universidad Central.

Fue miembro activo en numerosas comisiones, como la Comisión mixta organizadora de las Provinciales de Monumentos Históricos y Artísticos (10 de junio de 1901), al vacar la plaza de Facundo Riaño; vocal para las Cátedras de Geografía e Historia de Soria y Baeza, y comisionado por el Museo Arqueológico para adquirir estatuas del Cerro de los Santos, redactando el correspondiente informe (1871); presidente de la Comisión del Centenario del Descubrimiento de América, por lo que recibió Gran Cruz de Isabel la Católica y caballero de la Orden de Carlos III y recibió igualmente condecoraciones extranjeras, como la de comendador del Cristo de Portugal, de la Imperial Turca, o de la Rosa del Brasil. Fue también vocal del Consejo de Instrucción Pública y del de Filipinas y Ultramar; vocal de la Junta Superior de Prisiones (22 de abril de 1890); senador del Reino (Exp. HIS-0362-03) por las provincias de Lérida (Acta electoral de 25 de abril de 1886) y Castellón (acta electoral de 29 de abril de 1894) y militó en el Partido Liberal de Cánovas, siendo persona allegada a la Familia Real.

Erudito y buen gestor, a través de la Escuela Superior de Diplomática contribuyó a imponer el método histórico en el estudio y preservación del Patrimonio de España y fue el arqueólogo más prestigiado y conocido de su tiempo, contribuyendo a la formación de su principal discípulo, José Ramón Mélida. Metódico, eficiente y dotado de iniciativa, desde promover la expedición de la fragata Arapiles por el Mediterráneo a impulsar las Comisiones del Museo Arqueológico Nacional, la redacción de sus catálogos.

Era patriota y de afinidades políticas monárquicoconservadoras y profundamente católico, como deja traslucir en sus escritos y su mentalidad liberal y romántica, por lo que fue un exponente de la burguesía liberal que creían en la ciencia, la técnica y el progreso, el capitalismo y el desarrollo comercial e industrial, aproximándose, en la práctica, al clima cultural de la Europa de su tiempo.

Correspondiente de la Real Academia de la Historia (28 de abril de 1854), fue presentado como numerario por la medalla 29 por Aureliano Fernández-Guerra, Pedro de Madrazo, Carlos R. Fort, Vicente de la Fuente y Francisco Fernández González, siendo electo el 8 de marzo de 1872. Tomó posesión el 27 de junio de 1875, contestando Fernández-Guerra a su discurso sobre Antigüedades del Cerro de los Santos en el término de Montealegre del Castillo (Madrid), el cual, aun confundiendo esculturas auténticas y falsas, tiene el interés de representar el inicio del Arte y la Arqueología Ibéricos.

Rada, a su vez, contestó a los discursos de Juan Catalina García y López (1894) y de Jerónimo López de Ayala, conde de Cedillo (1901). También fue numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (14 de mayo de 1882), contestando a su discurso el marqués de Monistrol y contestando él a los discursos de ingreso de Ricardo Velázquez Bosco (1894) y José Ramón Mélida (1899). Fue nombrado académico de número por Arquitectura de la Real Academia de San Fernando y académico profesor de la Real Academia Matritense de Jurisprudencia y Legislación.

En la Real Academia de la Historia fue autor de diversos trabajos arqueológicos y de multitud de informes y comisiones sobre objetos hallados en Tarragona, un anillo de Guarrazar, la interpretación de jeroglíficos egipcios, tres cartas de Colón regaladas por la duquesa de Alba (11 de marzo de 1892) y una memoria sobre la situación de la antigua Illiberis (28 de abril de 54). Miembro de la Comisión de Publicaciones, publicó más de veintiséis comunicaciones en el Boletín de la Real Academia de la Historia y ocupó el cargo de anticuario como interino a partir del 8 de marzo de 1901 hasta su muerte, ocurrida el 3 de agosto de ese mismo año. En el Gabinete de Antigüedades, comenzó el inventario de sus antigüedades, obra que, pocos años más tarde, en 1903, sería completada y publicada por su sucesor, Juan Catalina García.

Más destacó en Arqueología, donde su mayor empresa es haber organizado y redactado la memoria de la expedición de la fragata Arapiles por el Mediterráneo Oriental, que visitó Argelia, Italia, Grecia, Turquía, Tierra Santa, Egipto en un momento de bonanza económica durante el reinado de Amadeo I de Saboya. Este viaje, bien preparado, evidencia su erudición y también su vena literaria dentro de la tradición pintoresquista, describiendo objetos, personas, costumbres y paisajes exóticos para su cultura europea.

La comisión, de la que Rada era presidente y promotor, se organizó por Real Orden de 10 de junio de 1871 del rey Amadeo I de Saboya en el verano de 1871, siendo Práxedes Mateo Sagasta, Ministro de Fomento, y Juan Valera, director general de Instrucción Pública. El Gobierno español envió a los mares del Mediterráneo oriental a la fragata de guerra Arapiles para “mostrar la bandera española, aumentar el prestigio nacional en Oriente e instruir a la marinería”, además de adquirir piezas procedentes de esta zona con destino al recién fundado Museo Arqueológico Nacional. A pesar de que las 2500 pesetas destinadas a dicho fin eran totalmente insuficientes, logró traer veintidós cajones con trescientos veintinueve objetos, como vasos griegos y chipriotas, esculturas, monedas, vaciados de los relieves de la Acrópolis, etc., siendo el autor de la crónica publicada como Viaje a Oriente de la fragata de guerra “Arapiles”. Pero Rada percibió el atraso económico de España y su falta de influencia en Oriente, tanto en el campo comercial como político o cultural, cuando tantas otras naciones abrían escuelas y misiones, por lo que intentó en vano lograr una mayor presencia española en Oriente.

Fue poeta y escritor, faceta criticada en su tiempo y hoy día olvidada, y compaginó sus cargos y trabajos con el ejercicio privado de la abogacía. Como era habitual en su época, publicó obras muy diversas, desde literarias a estudios sobre Jurisprudencia y Astronomía, además de sobre Historia, Arqueología y Numismática.

En Prehistoria colaboró con el también académico Juan Vilanova y Piera y, en el campo de los estudios americanistas, destaca la edición de la obra de fray Diego de Landa, La relación de las cosas de Yucatán (Madrid, 1884) y del Códice de Madrid (1892) con el vizconde de Palazuelos para celebrar el descubrimiento de América, etc. Muy importante fue su papel como cofundador, editor, director y autor de más de cuarenta artículos de la revista el Museo Español de Antigüedades (Madrid, T. Fortanet, 1872-1880, 11 vols.), exponente de los logros alcanzados por la Restauración en la valoración del Patrimonio. Pero también dirigió la Revista Universitaria (1856-1861), La Academia (1877-1879) y codirigió con Juan Valera El Centenario (1892-1894), colaborando en otras muchas.

En su conjunto, su obra manifiesta su personalidad polifacética, muy activa y de gran capacidad de trabajo. Pero más que por sus estudios, eruditos y desfasados en la Europa de su época, destaca como funcionario público especializado en la Antigüedad siguiendo el método histórico, pues puede considerar el primer arqueólogo con este perfil profesional característico del siglo xx.


Obras de ~: Reflexiones sobre las pruebas criminales en materia judicial, Granada, Manuel Suárez, 1852; Manual preparatorio para los exámenes del 1º y 2º año de Notariado, Granada, Astudillo y Garrido, 1853 (2.ª ed); Don Ramón Berenguer (el Viejo), Conde de Barcelona (novela histórica), Barcelona, Manero, 1858; Viaje de SS. MM. y AA. por Castilla, León, Asturias y Galicia verificado en el verano de 1858, Madrid, Aguado, 1860; Canto en octavas, por la toma de Tetuán, Madrid, Imprenta de J. M. Ducazcal, 1860; Curso de estadística elemental, Granada, 1961; con J. Amador de los Ríos, Historia de la vida y corte de Madrid, Madrid, 1860-1864; Cristóbal Colón, Madrid, 1863; Código penal de España, Madrid, P. Palacios, 1863; Cristóbal Colón (drama), Madrid, 1863; Programa de la asignatura de Numismática Antigua y de la Edad Media, y especialmente de España, Madrid, 1865; “Historia de la Orden de María Luisa”, en Órdenes de caballería II, Madrid, 1865; Estudios de geografía astronómica, Barcelona, 1866; Historia de las Mujeres célebres de España y Portugal, Barcelona, Pérez, 1868; “Crónica de la provincia de Granada”, en Crónica general de España ó sea Historia ilustrada y descriptiva de sus provincias, Madrid, Rubio, Grilo y Vitturi, 1869; Novísimo manual para los Juzgados municipales, Madrid, 1875 (2.ª ed.); Antigüedades del Cerro de los Santos en el término de Montealegre del Castillo (Discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia), Madrid, Real Academia de la Historia, 1875; Viaje a Oriente de la fragata de guerra “Arapiles” y la Comisión científica que llevó a su bordo, Barcelona, Emilio Oliver y Cía., 1876-1882 (3 vols.); El amigo del soldado, Madrid, 1881; Discursos [Cuál es y debe ser el Carácter distintivo de la Arquitectura de nuestra época] leídos ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la recepción pública de ~, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1882; Catálogo del Museo Arqueológico Nacional. Primera Sección, Madrid, 1883; Viaje de SS. MM. los Reyes de España á Portugal en el mes de Enero de 1882, Madrid, Tello, 1883; Elementos de Derecho Romano, Madrid, 1885; El mundo solar. Elementos de Geografía astronómica, Barcelona, Librería de Juan y Antonio Bastinos, Editores, 1885 (2.ª ed.); Memoria sobre la Necrópolis de Carmona, Madrid, Real Academia de Bellas Artes, 1885; Don Ramón Berenguer (El Viejo), Conde de Barcelona, Barcelona, Ed. Manero, 1858; (novela histórica); Bibliografía numismática española, Madrid, Manuel Tello, 1886; con F. de la Rada y Delgado, Elementos de Derecho Romano, Madrid, Hernando, 1886; Frescos de Goya en San Antonio de la Florida, Madrid, 1888; con J. Vilanova y Piera, Geología y protohistoria ibéricas, Madrid, 1892; Catálogo de monedas arábigas españolas que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional, Madrid, Fortanet, 1892; con D. J. López de Ayala y del Hierro, Códice Maya denominado Cortesiano que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid), Madrid, 1892; con A. Fernández Guerra y E. de Hinojosa, Historia de España desde la invasión de los pueblos germánicos hasta la ruina de la Monarquía visigoda, Madrid, 1893; Discurso leido en la Real Academia de la Historia [La Alcarria en los primeros dos siglos de su reconquista], Madrid, 1894; Derecho usual, Madrid, 1895; Museo Español de Antigüedades (editor y director de la revista); Abecedario de la Virtud, dedicado a los niños, Madrid, Hernando, 1926 (24.ª ed.).

Fuentes y bibl.: Archivo General de la Administración, Sección Educación y Ciencia, leg. 6084; Real Academia de la Historia, Expediente personal.

N. Sentenach, “Don Juan de Dios de la Rada y Delgado”, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 8-9 (1901), págs. 638-645; J. Crooke, conde Vdo. de Valencia de Don Juan, “Apuntes necrológicos acerca del Excmo. Sr. D. Juan de Dios de la Rada y Delgado”, Armas y tapices de la Corona de España. Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia en la recepción pública del Excmo. Sr. ~, Madrid, Real Academia de la Historia, 1902, págs. 23-27; VV. AA., Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-americana, vol. XLIX, Madrid, Espasa Calpe, S. A., 1923, pág. 118; Marqués de Siete Iglesias, “Real Academia de la Historia. Catálogo de sus individuos. Noticias sacadas de su archivo”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, CLXXV, n.º 186 (1978), págs. 198-200; A. Marcos Pous, “Origen y desarrollo del Museo Arqueológico Nacional”, A. Marcos Pous (ed.), De Gabinete a Museo. Tres siglos de Historia. Museo Arqueológico Nacional, Madrid, Ministerio de Cultura, 1993, pág. 61; M. Almagro Gorbea, “El Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia. Pasado, presente y futuro”, en M. Almagro Gorbea (ed.), El Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia, Madrid, Real Academia de la Historia, 1999, págs. 146-148; G. Pasamar e I. Peiró, Diccionario Akal de Historiadores Españoles Contemporáneos (1840-1980), Madrid, Akal, 2002, págs. 509-510.


Biografía escrita por Martín Almagro Gorbea procedente del Diccionario Biográfico Español.

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