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José de la Canal Gómez

El Ermitaño de la Puerta del Sol. Ucieda (Cantabria), 11.I.1768 – Madrid, 17.IV.1845. Agustino (OSA), historiador, académico y director de la Real Academia de la Historia.

Fue hijo de Domingo de la Canal y Antonia Gómez, modesta familia labradora del Valle de Cabuérniga; en su pueblo natal aprendió las primeras letras; después de muerto su padre y casada su madre en segundas nupcias, fue acogido bajo la protección de un agustino pariente de su madre y residente en el convento agustiniano del Santo Cristo de Burgos, ciudad en la que estudió Gramática y Filosofía en el convento de los dominicos, ampliados en el convento de los agustinos. El trato con los regulares le hizo descubrir su vocación religiosa, por lo que tomó el hábito de san Agustín y profesó el 14 de octubre de 1785; en la misma ciudad estudió Filosofía y luego en Salamanca cursó Teología. Fue ordenado sacerdote en 1792.

Ganó las oposiciones de lector en el Colegio de María de Aragón de Madrid (actual sede del Senado), donde explicó Filosofía un año, y después las de su convento de Burgos, pero en 1797 le trasladaron a Salamanca para desempeñar el cargo de maestro formador de los estudiantes y bibliotecario conventual; allí entró en contacto con el obispo Antonio Tavira, que le permitió el acceso a su biblioteca y le animó a seguir estudiando y a terminar la traducción de las Conversaciones filosóficas sobre la Religión, obra de clérigo oratoriano L. Guidi; la injustificada demora y mal hacer de los censores dieron lugar a que se perdiese el original.

El cambio de centuria le halló en el convento de Toledo, donde explicaba Teología; aprovechando la polémica jansenista y las alusiones que involucraban a destacados miembros de la Orden agustiniana, escribió una aguda sátira anónima en verso en la que denunciaba a los hipócritas, titulada Pintura de un jansenista, que fue muy comentada, y aunque no se conoció al autor, el Tribunal del Santo Oficio la incluyó en el Índice. En 1804 se le encomendó la enseñanza de la Teología a los estudiantes del colegio de Alcalá, pero poco tiempo después se le destinó definitivamente al convento de San Felipe el Real de Madrid (Puerta del Sol-calle Mayor), con la comisión de colaborar en el gran proyecto bibliográfico agustiniano de la España Sagrada que ahora, bajo la dirección del padre Juan Fernández Rojas, seguía su marcha con el mismo interés y protección regia que habían mostrado los monarcas anteriores desde que Fernando VI otorgara una pensión vitalicia a su fundador, el padre Flórez.

Uno de sus primeros pasos fue tomar la pluma y hacer frente a las acusaciones que Masdeu hacía de Flórez y Risco en el tomo XX de su Historia crítica, conocida la obra y el autor por su radicalismo crítico, casi apologético, y su situación personal. Con paciencia y meticulosidad preparó la contestación del ex jesuita en doce cartas que mostró a su compañero de la Real Academia J. L. Villanueva; muerto Masdeu, el agustino decidió no publicarlas por respeto a la paz del sepulcro donde ya reposaban los protagonistas. Aprovechó aquellos momentos —aunque luego fue muy normal— para dedicarse a la traducción de obras que juzgaba interesantes, en esta ocasión fue el Catecismo francés, que tuvo reconocido éxito.

Cuando en diciembre de 1808 ya no vivían religiosos en el convento de San Felipe el Real, el padre De la Canal se quedó como custodio de la celda del padre Flórez que guardaba su archivo, biblioteca, monetario y gabinete de historia natural con auténticas joyas; a pesar de el celo puesto, no pudo evitar el robo de las piezas más importantes por los oficiales franceses alojados en el convento, que sabían lo que allí se guardaba.

Después del saqueo efectuado se trasladó el resto a la casa de los religiosos del Salvador, sita en el antiguo noviciado de los jesuitas, en febrero de 1809, donde residía la comunidad agustiniana y de donde también fue expulsada el 28 de agosto de ese año. En el tomo XLIII de la España Sagrada cuenta el padre De la Canal la historia de estos sucesos; por él sabemos que después de finalizada la guerra, se tardó en recuperar las cosas que pudieron, pálido reflejo de lo que hubo.

Dispersa la comunidad agustiniana, el padre De La Canal pudo sobrevivir por el fruto que le reportaban algunas traducciones; conocedor de la estrechez económica que atravesaba, él y otro religioso, el académico de la Historia y arzobispo de Palmira, Félix Amat, encargó al padre José que se ocupase de la impresión de su obra Deberes del cristiano hacia la potestad pública, cediéndole los beneficios de la edición para él y los otros agustinos.

En el curso académico 1813-1814 el padre De la Canal sustituyó en su cátedra de Filosofía moral de los Estudios de San Isidro a Andrés Navarro, diputado a Cortes, y colaboró regularmente en el periódico El Universal, con sólidos artículos de tema religioso, lo que le supuso unos ingresos regulares, pero tras la caída del sistema constitucional, en mayo de 1814, fue acusado de liberal por haber traducido a Barruel y se le castigó, primero con arresto domiciliario de seis meses tras los muros del convento de San Felipe, y después se le desterró al convento agustiniano de Nuestra Señora del Risco (Amavida, Ávila), casa de penitencia, de donde fue sacado tras exponer un amigo al Rey la injusticia que se estaba cometiendo con él por ser un hombre de intensa espiritualidad y segura doctrina, según se desprendía de un libro de tema religioso y algunos sermones que tenía impresos.

Al ser exonerado de la culpa regresó a Madrid en mayo de 1815, cuando se le había concedido el grado académico de Maestro en Teología, cuya colación tuvo lugar el día 27. El Capítulo de la Provincia de Castilla, que se celebró en ese mismo mes, le asoció al padre Antolín Merino, que había sido nombrado continuador de la edición de la España Sagrada, tantos años detenida, y que se tratase de recuperar los restos de las colecciones del padre Flórez. En abril de 1816 recibió la Real Academia de la Historia un oficio de Pedro Cevallos que, en nombre de Su Majestad, pedía a la institución un informe sobre el estado y situación de la magna obra, las causas del prolongado silencio de no editar ningún volumen y los medios para conseguir la continuación de una obra tan interesante.

Respondió la Academia poniendo generosamente a disposición de los agustinos los fondos existentes en su rica biblioteca y archivo, al tiempo que se comunicaba la designación hecha por los superiores agustinos de dos dignos sujetos que estaban prestos a seguir con la obra del padre Enrique Flórez. Pocas semanas después, julio de 1816, el Rey aceptó la renuncia del padre Juan Fernández de Rojas y nombró oficialmente a los padres Merino y De la Canal para que siguieran adelante con el proyecto en los mismos términos en que lo había estado el padre maestro Manuel Risco.

Se prepararon y adecentaron nuevos locales, se adquirieron obras fundamentales, se puso en marcha la obra editorial con la reedición del volumen. Agotados, se comenzó a programar la redacción de otros nuevos.

También se completaron los restos del monetario de Flórez con la generosa donación que del suyo particular hizo el padre Andrés del Corral, que entonces contaba con más de siete mil piezas, manifestándose que esta obra cultural se tomaba institucionalmente por los agustinos de la Provincia de Castilla.

El 25 de agosto de 1815 había sido nombrado el padre De la Canal académico correspondiente de la Real de la Historia a propuesta del censor de la misma, Casimiro Gómez Ortega, y el padre colaboró con la institución en algunos proyectos pendientes, como el último tomo de la Historia de la dominación de los árabes, de J. A. Conde, y en compañía de sus amigos D. Clemencín y J. Mussó, coordinó y puso a punto el Sumario de las antigüedades romanas, de A.

Ceán Bermúdez, que había dejado inédita y desordenada.

Colaboró con el padre Risco en la preparación de los vols. XLIII y XLIV de la España Sagrada, dedicados a la Iglesia de Gerona; muerto Risco, publicó los vols. XLV y XLVI dedicados a las colegiatas, monasterios y conventos de Gerona, uno, y el primero de la Iglesia de Lérida, Roda y Barbastro, el otro. La Orden agustiniana quiso nuevamente distinguirle nombrándole asistente general y, en 1821, su convento de San Felipe el Real le elegía prior para adaptarse a las reformas de los regulares establecida en las Cortes el 1 de octubre de 1820.

Tras la invasión de España por las tropas de la Santa Alianza (Los Cien Mil Hijos de San Luis), un oficial discípulo del autor de los Apologistas involuntarios, de Merault, que había traducido hacía años y que tanto había satisfecho a su autor, enterado de que se había reimpreso la obra, procuró hacerse con un ejemplar y traducirlo nuevamente (1825); fue muy bien recibido, porque eliminó las dudas y falsas imputaciones que a propósito de la primera edición tuvo que sufrir al ser denunciado en el Tribunal de la Inquisición de Llerena y Toledo, por los miedos excesivos de los celosos guardianes de la ortodoxia y los calificadores de turno, que se escudaban bajo la fórmula genérica de que había pasajes que resultaban oscuros y podían ofrecerse a diversas y torcidas interpretaciones; en 1817 se había denunciado ante el Tribunal del Santo Oficio de Zaragoza, luego corregido por el de Madrid por lo que afectaba a la doctrina, el Catecismo francés que también había traducido el padre De la Canal.

En compañía de su amigo G. Gisbert tradujo y editó la Teología dogmática del agustino E. Klupfel.

El Capítulo Provincial intermedio se celebró en noviembre de 1832, en el convento de San Felipe. El padre De la Canal estaba deteriorado físicamente y sentía el peso de los años; puesto que la obra de Flórez estaba encauzada y se había recuperado parte de su legado, creyó llegado el momento de poner el cargo a disposición de los superiores, pero éstos no lo creyeron oportuno, ya que no había religioso que pudiese reemplazarle con igual acierto en tan delicada misión; accedieron, sin embargo, a que designase a un joven que, a su lado, pudiera instruirse y prepararse para ser algún día el continuador. Con enorme sacrificio siguió adelante, y aún había de tocarle vivir otros dolorosos acontecimientos.

Al ver el giro que tomaba la vida española, quiso prevenir y asegurar el futuro. A mediados de 1835 se había dirigido a la Reina gobernadora para exponerle la situación; el 5 de septiembre, el Gobierno consultó de nuevo a la Real Academia de la Historia, que, después de hablar con el provincial de Castilla, se comprometió en términos similares a los de 1816, y se ofreció a continuar con el proyecto historiográfico en caso de la desaparición de la Orden agustiniana, por ser la España Sagrada una obra que se había hecho clásica en su género y como tal disfrutaba de gran estima en toda Europa. El 24 de enero de 1836, seis días después de la supresión de las comunidades religiosas, la Real Academia de la Historia solicitó la biblioteca y los monetarios de los padres Flórez y Corral, que fueron depositados definitivamente en su sede oficial.

Por Real Orden de 30 de junio de 1836 se mandó a la Real Academia que continuara con la publicación de la España Sagrada, siguiendo al cuidado de ella el padre José de la Canal, mientras viviese, y gozando de la pensión que había disfrutado hasta entonces.

A la muerte, en 1834, de Tomás González Carvajal, censor de la Real Academia de la Historia, se le nombró para sustituirle de forma interina, el 28 de noviembre de 1834, por no poder elegirse censor, el mismo año que el cargo de director, según los estatutos; en aquellos momentos, el padre José, académico supernumerario, pasó a ser censor efectivo un año después, 27 de noviembre de 1835, cuando ya era numerario. Leyó su discurso de ingreso el 5 de diciembre de 1834, sobre la Fe que merece la ‘Historia Compostelana’, obra que había sido publicada por el padre Flórez en el vol. XX de la España Sagrada.

La Reina Gobernadora le había nombrado miembro de la Junta eclesiástica para el arreglo del clero, y en 1836 le había presentado para la Iglesia y obispado de Gerona, elección a la que el padre De la Canal renunció inmediatamente, recordando a Doña María Cristina que su lugar estaba entre los libros —se le conocía como el ermitaño de la Puerta del Sol—; al no ser aceptada la renuncia y tener que presentarla por segunda vez, puso en manos de la Reina su destino; pero habiéndose alterado seriamente su salud, escribió nuevamente al ministro de Gracia y Justicia, José Landero, para presentar por tercera vez la dimisión.

Al fallecimiento del director de la Real Academia, Martín Fernández Navarrete, el 8 de octubre de 1844, fue elegido por unanimidad el padre De la Canal para ocupar el cargo vacante; la avanzada edad y las preocupaciones que le vinieron encima agravaron su salud y precipitaron el fin el 17 abril de 1845.

Sintiendo que el fin se acercaba, con el mismo cálculo que había organizado las demás cosas, dispuso también el destino de sus escasas pertenencias y legó sus libros a la Real Academia, después de permitir que sus testamentarios y sus hermanos escogiesen algunos como recuerdo; también legó a la institución los retratos de los escritores agustinos de la España Sagrada que había pintado Rosa Ruiz de la Prada, en cuya casa se albergaba desde la exclaustración, permitiendo que pudiera conservar los lienzos hasta el fin de sus días.

El padre José de la Canal fue enterrado en el cementerio de Fuencarral hasta que el 22 de abril de 1850, Rosa Ruiz de la Prada exhumó sus restos, junto con los del padre Merino, y los hizo trasladar a un nicho de la sacramental de San Luis, en una ceremonia oficiada por el Excmo. Sr. Patriarca de las Indias Occidentales.

Fue miembro de la Academia de Sagrados Cánones de San Isidoro y honorario de las de Ciencias Naturales, Bellas Artes de Barcelona y de Anticuarios de Normandía.


Obras de ~: “Carta del P. Fray José de la Canal con una traducción suya en verso del Cántico de Moisés”, en Memorial Literario, XXXIV, de 10 de diciembre de 1805 [también publicada con una introducción de P. C. Muiños, en La Ciudad de Dios, 27 (1892), págs. 607-613]; “Pintura de un jansenista”, en Índice expurgatorio de la Inquisición, por decreto de 23 de junio de 1805 (mss.); Doce cartas en respuesta a los ataques formulados por Masdeu en su Historia crítica, t. XX, colección incompleta en Real Academia de la Historia, ms. 9/5959; Catecismo para el uso de todas las iglesias del Imperio Francés, aprobado por el Cardenal Caprara, Legado de la Santa Sede, trad. del francés por ~, Madrid, 1807 (2.ª ed., Madrid, 1808); Sermón que en la solemne fiesta celebrada el día 23 de Agosto por el Real Cuerpo de Correos de Gabinete para desagraviar a Dios ultrajado por las tropas francesas, para implorar su protección en favor de la patria y de nuestro amado Rey Fernando el VII […], Madrid, 1808; Manual del christiano para asistir al Santo Sacrificio de la Misa. Contiene el Ordinario de ésta, las que son propias de todas las Dominicas […] y festividades de Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre con las de algunos Santos […], trad. del francés por ~, Madrid, 1813 (2.ª ed., Madrid, 1841); M. Merault, Los Apologistas involuntarios o la Religión cristiana probada y defendida por los escritos de los filósofos […] en la qual se refutan victoriosamente los argumentos más comunes de los impíos […], trad. del francés por ~, Madrid, Imprenta de Collado, 1813 (nueva trad. de la 2.ª ed. francesa, Madrid, 1825); J. J. Barthelemi, Viaje del joven Anacharsis a la Grecia a mediados del siglo quarto antes de la era vulgar, trad. del francés por ~, Madrid, 1813-1814, 7 vols.; Abate Barruel, Conspiración de los sofistas de la impiedad contra la Religión y el Estado o Memorias para la historia del Jacobinismo, trad. del francés por ~, Madrid, Imprenta de Collado, 1814, 4 vols.; Historia de la persecución del clero de Francia en tiempos de la Revolución, trad. del francés por ~, Madrid, 1814; Censura de una disertación sobre el sepulcro del Belisario, del franciscano José M.ª Jurado. Informe leído y aprobado por la Real Academia de la Historia, en su sesión de 13 de octubre de 1815, ms. E-177 (ant.), fols. 361-164; con el P. A. Merino reeditó las obras del P. Flórez, Clave geográfica y la Clave historial, actualizando el contenido; Arnould, Sistema marítimo y político de los europeos en el siglo diez y ocho, fundado en sus tratados de paz, comercio y navegación, trad. del francés por ~, Madrid, Imprenta de Miguel de Burgos, 1817; con el P. A. Merino, España Sagrada, ts. XLIII, Madrid, 1819, y XLIV, Madrid, 1826; España Sagrada, ts. XLV, Madrid, 1832, y XLVI, Madrid, 1836; Sermón que en la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, de Méjico, celebrada por su Real Congregación en la Iglesia de San Felipe el Real, de esta Corte, el día 12 de Diciembre de 1819 […] , Madrid, 1820; publicado también en J. Troncoso, Novísima Biblioteca de Predicadores: colección de discursos dogmáticos, apologéticos, morales, doctrinales, panegíricos, t. IV, Madrid, Imprenta de H. Reneses, 1854- 1856, págs. 358-378; J. A. Conde, Historia de la dominación de los árabes en España […] , t. IV, Madrid, Imprenta que fue de García, 1820-1821; J. F. Le Franc, El velo alzado para los curiosos, o el secreto de la Revolución francesa manifestado con la Francmasonería, trad. del italiano por ~, Madrid, Imprenta de Fermín Villalpando, 1826; J. Gómez de la Cortina, “Informe sobre el Diccionario biográfico de españoles célebres”, presentado a la Real Academia de la Historia, en compañía de don J. Musso, en Boletín de la Real Academia de la Historia, XXIV (1894), págs. 180-183; J. A. Ceán Bermúdez, Sumario de las antigüedades romanas de España […] , en compañía de D. Clemencín y J. Musso, Madrid, Miguel de Burgos, 1832; E. Klupfel, Institutiones theologiae dogmaticae in usum auditorum curantibus D. D. Josepho de la Canal et D. Gregorio Gisbert, Matriti, R. Verges, 1836, II partes (trad. de latín sobre la 4.ª ed. corregida por G. Ziegler, en compañía del canónigo G. Gisbert); Cartas de Pedro Mártir de Anglería sobre las Comunidades de Castilla, traducidas del ejemplar existente en la Real Academia de la Historia, sign. E-183 (ant.), fols. 66-111; referencia a otros escritos, en Memorias de la Real Academia de la Historia, VIII, págs. VI-IX; L. Guidi, Conversaciones filosóficas sobre la Religión, trad. del francés por ~ (desapar.); A. Sabatier, Tres siglos de literatura francesa, trad. del francés por ~ (desapar.).

Bibl.: P. Sainz de Baranda, “Ensayo histórico de la vida literaria del Maestro Fray José de la Canal, de la Orden de San Agustín, Director de la Real Academia de la Historia y continuador de la España Sagrada, leído en Junta de 14 de junio de 1850”, en España Sagrada, t. XLVII, Madrid, 1850, págs. XI-XXX. Publicado en tirada aparte, Madrid, Imprenta de la Real Academia de la Historia, 1850; B. Moral, “Catálogo de Escritores agustinos españoles, portugueses y americanos y sus obras”, en La Ciudad de Dios (CD), 3 (1882), págs. 377-379; 43 (1897), págs. 442-459; 44 (1897), págs. 129-136; G. de Santiago Vela, Ensayo de una Biblioteca Ibero-Americana de la Orden de San Agustín, t. I, Madrid, Imprenta Asilo de Huérfanos S. C. de Jesús, 1913, págs. 570-595; Redacción, “Centenario de los PP. Merino y La Canal, últimos continuadores de la ‘España Sagrada’”, en CD, 157 (1945), págs. 5-15; A. C. Vega, La ‘España Sagrada’ y los Agustinos en la Real Academia de la Historia, discurso leído el día 11 de junio de 1950, en su recepción pública, El Escorial, Imprenta del Real Monasterio- Real Academia de la Historia, 1950; F. Aguilar Piñal, Bibliografía de autores españoles del siglo xviii, t. II, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Miguel de Cervantes, 1983, págs. 129-130; F. J. Campos, “Cartas del P. Maestro José de Jesús Muñoz Capilla al P. José de la Canal”, en Epistolario del P. Muñoz Capilla, agustino y cordobés liberal (1771-1840), San Lorenzo de El Escorial, Estudios Superiores de El Escorial, Servicio de Publicaciones, 1998, págs. 275-341.


Biografía escrita por Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla, OSA procedente del Diccionario Biográfico Español.

 

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