Biografía escrita por Rafael Carbonell de Masy, sacerdote jesuita, doctor en Derecho por la Universidad de Sevilla, miembro de número de la Academia Paraguaya de la Historia y profesor en la Pontificia Universidad Gregoriana del Vaticano.


José de Anchieta. Beato, Jesuita (SI) misionero en Brasil, escritor y orador con influjo en la sociedad multicultural de su época, y superior religioso, beato.

San Cristóbal de La Laguna, Tenerife (Santa Cruz de Tenerife), 19.III.1534 – Santo Espíritu (Brasil), 9.VI.1597

Hijo de Juan de Anchieta, oriundo de Urrestilla, cerca de Azpeitia, y pariente de san Ignacio. Juan de Anchieta conoció las revueltas de muchas comunidades castellanas contra el cardenal Adriano de Utrecht (el futuro papa Adriano VI), a quien el joven Carlos I de España (en su ausencia para ser también Carlos V de Alemania) delegó facultades para gobernar. Que Juan de Anchieta participó en esas revueltas y hasta fue condenado a muerte con los comuneros de Guipúzcoa, carece de pruebas. Viajó a Canarias en una de tantas naves vascas construidas para el Atlántico que se detenían en esas islas. Allí ejerció de modesto escribano a las órdenes de un licenciado natural de Azpeitia. Se casó con Mencía Díaz de Clavijo, hija de judíos conversos, y es muy probable que a su hijo José, de temprana edad, con frecuencia llevara a la escribanía, aliviando a su esposa, pues además de los dos hijos del primer matrimonio, del segundo tuvo dos niñas, Teresa y Beatriz, delicadas de salud, sobre todo la primera, paralítica de nacimiento; y preparaba, a la vez, a José como futuro escribano, pues daba muestras de gran precocidad intelectual en la lectura y la escritura. Este primer varón (y tercero entre doce descendientes de dos matrimonios) a los catorce años, además de su lengua materna, dominaba el portugués y el latín, y entendía rudimentos de la filosofía tomista. Sus padres lo destinaron, con su hermanastro Pedro, a la gran Universidad de Coimbra: Pedro, a fin de estudiar Cánones y ser ordenado sacerdote; José, en principio, se matriculó en el curso de Artes, con Filosofía.

Pedro, terminados sus estudios, volvió a La Laguna, donde como sacerdote ejemplar ejerció su ministerio en la parroquia de la Concepción. Documentalmente, sobre José, en Coimbra, sólo consta su fecha de ingreso en la Compañía de Jesús con diecisiete años. Durante los tres años universitarios, la formación religiosa recibida en casa, su hermanastro Pedro, muy firme en su vocación sacerdotal, y la proximidad del colegio de los dominicos, le libraron de los extravíos morales y tendencias ideológicas que le acecha- ban en el colegio de Artes, anexo a la Universidad de Coimbra. Hábil para las composiciones poéticas en latín, muy pronto fue apodado “el canario de Coimbra”. De su trato frecuente con los jesuitas y de una sólida vida espiritual, pronto descubrió su vocación a la Compañía de Jesús. Y en una vigilia de oración, ante una imagen de la Virgen María, imitando a san Ignacio de Loyola, hizo voto de castidad y en su Orden entró el 1 de mayo de 1551. Pronto, a causa de penitencias extremas, y aún más por efectos de una afección mórbida desconocida, localizada en la columna vertebral, que atacó a la espina dorsal (quizás fue una tuberculosis ósteo-articular), “se le desconcertaron los hombros y la espalda”, de lo cual se le quedó “por toda su vida algún torcimiento”, según el padre  Nieremberg. Estudió Humanidades (y fue buen latinista) y algo de Filosofía. Sólo su destino a Brasil no dificultó su formación, como en Coimbra, por la ausencia de los profesores.

La Monarquía portuguesa financiaba óptimos docentes de otras naciones con el latín como lengua universitaria europea: en pleno Renacimiento, Juan III había traído a Coimbra a los mejores maestros, portugueses y extranjeros que sobresalían en otras universidades. No cabe dudar de que Diego de Teive, profesor de Retórica y Poética en la Universidad de París, gran humanista y autor de celebradas tragedias latinas, diera clase a José en alguno de los cursos del llamado “trienio de oro” del Colegio de las Artes (1548-1550). En ese ambiente José, alumno aventajado, porque “en estas partes su enfermedad era incurable, pidió a su P. Provincial ser enviado al Brasil, que le dejasen ir a morir entre los infieles, donde podría servir por lo menos para enseñar a los niños”. Zarpó de Lisboa para el Brasil el 17 de abril de 1553, en la tercera expedición de siete jesuitas, y llegó a Bahía el 13 de julio, y a la Capitanía de San Vicente el 24 de diciembre. Entre julio de 1554 y abril de 1555, el hermano José de Anchieta escribió seis cartas desde la costa del estado actual de São Paulo a san Ignacio, a quien consolaron las cartas que leyó, antes de su muerte (1556). El hermano José de Anchieta procuraba reunir guaraníes y tupíes en aldehuelas: fomentaba la reconciliación entre los enemistados, y evitaba cualquier alianza con europeos que procuraban medrar con metales y esclavos. Ante peticiones de jesuitas misioneros para territorios ocupados por España incluso en Asunción del Paraguay, Anchieta colaboró con prudencia. En sus sermones prolongados en la plaza mayor de São Paulo, siempre atrayentes y amenos con música y cantos, lograba dialogar en portugués, español, tupí y guaraní.

A la llegada de nuevos refuerzos, el superior, Manuel de Nóbrega, había decidido trasladar el incipiente colegio de San Vicente al otro lado de la Sierra del Mar, donde empieza la meseta central del Brasil; primero, para facilitar, como se pensaba erróneamente, el sustento de los escolares jesuitas, y segundo, para dar una entrada a la evangelización del interior. Instalados Anchieta y doce escolares jesuitas el 25 de enero de 1554 en la pequeña población indígena de Piratininga, nominaron São Paulo (fiesta del día) al colegio, que dio origen a la villa (1560) y más tarde a la actual metrópoli. Durante muchos años, éste fue el único establecimiento portugués en el interior. En 1954 (en el cuarto centenario de la fundación), una grandiosa estatua de Anchieta fue erigida en una plaza de la ciudad. Y dentro del extremo meridional del país, donde siempre prevaleció numéricamente la población indígena, vivió once años, casi aislado del resto de la colonia, y se convirtió en uno de los mejores conocedores de la lengua y la cultura tupí, con lo que adquirió una capacitación completa para evangelizar a cuantos integraban el tronco lingüístico tupí-guaraní; y con dotes  singulares para la comunicación y para reconciliar enemigos. Anchieta, profesor de Humanidades para jóvenes jesuitas, hasta enseñó primeras letras. Junto a la enseñanza, a la que dedicó diez años, ejercitó otros oficios, como él relata en sus cartas: confeccionar vestidos y alpargatas, trabajar en la construcción y servir de enfermero a los indios. Mientras tanto, elaboró la primera gramática de la lengua tupí. “Antes de 1556 —escribe su moderno biógrafo Helio Viotti— había redactado la gramática de la lengua más usada en la costa del Brasil. Llevada este año a Bahía, facilitó extraordinariamente el aprendizaje de la lengua general a los nuevos misioneros”. Durante este tiempo Anchieta escribió también un catecismo, Diálogos da Fé, y otros folletos: Instruçâo para o batismo, Instruçâo para asistencia aos indios em perigo de morte y una instrucción para confesarse. Más tarde amplió este material con varios autos dramáticos y cantorales.

Aunque la salud o las tareas pastorales requeridas por sus superiores limitaron al hermano Anchieta su asistencia, no dejó de acudir a las clases con lecturas de obras de filosofía, derecho y teología, orientado por un profesor y en las que resumía, por ejemplo, tratados De iustitia et iure y De Sacramentis.Destacando por su gran capacidad de resumir, enseñar y escribir frente a las situaciones pastorales afrontadas por católicos y por quienes, en ruptura abierta con la Iglesia, confundían mucho en el Nuevo Continente. Aún no sacerdote, siempre era llamado “padre” por su sotana, formación y celo pastoral. Ya acreditado como el primer mariólogo jesuita, en 1563 compuso un poema de 5.788 versos titulado De Beata Virgine dei Matre Maria, que puede ser considerado como un tratado de teología mariana. Es probable que en su casa, cerca del colegio de los padres dominicos, escribiese a modo de ejercicio escolar, el “tercer alfabeto mariano”, que aparece en algunos de los manuscritos del poema mencionado. De sus últimos años en São Paulo son sus dos grandes obras latinas: De gestis Mendis de Saa y De Beata Virgine Dei Matre Maria. El primero es un poema heroico de más de tres mil hexámetros sobre las hazañas y acción civilizadora del tercer gobernador del Brasil, Mem de Sá, mas en el fondo, dedicado a la exaltación de Cristo Rey. El segundo está vinculado al episodio más dramático de su vida: en 1563 los “saltos” —o los ataques repentinos— de los indios tamoios ponían en peligro a la población portuguesa de San Vicente. Nóbrega se ofreció a negociar la paz, y partió con Anchieta al encuentro de los tamoios en Iperui (Ubatuba). Anchieta permaneció como rehén mientras se negociaba la paz y, al retirarse Nóbrega, quedó solo con estos indios extraordinariamente peligrosos, durante cuatro meses. Ya previendo una muerte inminente numerosas veces y hallándose rodeado de peligros morales, hizo voto de escribir una obra en honor de la Virgen, si salía indemne. Se dice que escribía los versos en la arena de la playa y los guardaba en su memoria. Así en 1566 brotó De Beata Virgine Dei Matre Maria, con más de cinco mil versos, una de las grandes obras poéticas del Renacimiento.

En 1564, tomó parte directa en la fundación de Río de Janeiro. Con los indios de São Paulo, acompañó al fundador de la ciudad, Estácio de Sá; al entrar en la Guanabara, sucediéndose los ataques constantes de los enemigos, Anchieta instituyó el ‘arraial’ (romería) de São Sebastião. El 31 de marzo de 1564 salió para Salvador para estudiar la Teología (1564-1566). Fue ordenado sacerdote en 1566. En sus siguientes años asumió cargos de gobierno: superior (1567-1577) y provincial (1577-1588). Su carta a 7 de agosto de 1583, desde Bahía a Felipe II, rey en Portugal como también rey en España, notifica los daños y amenazas de los galeones armados ingleses sin otra defensa para la población que “acogerse cada cual por los montes”; apoyó a las autoridades portuguesas que deseaban que el Rey tomase la capitanía como suya tanto para la conservación del Brasil como para la navegación del estrecho del Río de la Plata y del Perú. Sin los portugueses “no se podrá conservar este Estado de Brasil”, mas “va la cosa, de manera que en caso de servirse de los indios tiene respeto a su propio interés más que al bien común de la tierra ni a la utilidad y conversión de ellos”. Entre 1588 y 1592 volvió como superior en Espíritu Santo (Vitoria) y visitador (1592-1593) de las casas al sur de Río de Janeiro, y de nuevo superior (1594-1595) de Espíritu Santo. De nuevo en el trabajo misional, entre los indios de la aldea de Reritiba, murió el 9 de junio 1597, en Espíritu Santo. El prelado de Río de Janeiro que celebró el funeral le llamó “apóstol del Brasil”. Los siglos posteriores han confirmado este título.

Nadie durante el siglo XVI, conoció el Brasil tan profunda y extensamente como él, ni trabajó más por llevar la fe cristiana a sus pueblos. Su nombre ha quedado como símbolo de la obra civilizadora de dos generaciones de jesuitas en la primera época, que podría llamarse “tiempos heroicos de la evangelización del Brasil”. Muy pronto se pensó en su canonización. Los procesos canónicos recogieron los testimonios de numerosos testigos de sus virtudes y hechos maravillosos, que le dieron fama de taumaturgo. El año siguiente a su muerte, su antiguo profesor de teología, el padre Quiricio Caxa escribió su primera biografía. Y el padre Pero Rodríguez la amplió en Vida do Padre José de Anchieta (1609). Sus restos fueron trasladados a Bahía (1609) por orden del padre general Claudio Aquaviva, pero se perdió su localización. Juan Pablo II lo beatificó el 22 de junio 1980. Fue modelo de lo que san Ignacio de Loyola proponía para ser jesuita: unido profundamente con Jesucristo (escritos íntimos del padre Anchieta traslucen experiencias místicas), con creatividad e iniciativas, mas siempre dispuesto a servir a la Iglesia universal adonde lo ordene el superior, subordinado al Romano Pontífice.


Obras de ~: Cartas a S. Ignacio de Loyola y al P. Diego Laínez,en Monumenta Historica Societatis Iesu (MHSI) 18, Mon. Missionum (MM), 11 (Mon. Brasiliae [MB], II (1553-1558), págs. 75-124, 155-163 y 173-209; MHSI 81, MM 12, MB, III (1558-1563), págs. 367-382 y 546-565; MHSI 87, MM. 17, MB, IV (1563-1568), págs. 120-181 y 240-255; “Cartas de Anchieta”, en Cartas Jesuitas y Cartas, Fragmentos historicos e Sermoes do P. Anchieta, 1554-1594 (Rio de Janeiro, Academia Brasileira de Letras-Edit. Afranio Peixoto, 1933); Arte de gramática de lingua mais usada na costa do Brasil, Coimbra, Antonio de Mariz, 1595 (Rio de Janeiro, 1933); Arte de gramática de lingua mais usada na costa do Brasil (Rio de Janeiro, 1933); Na Vila de Vitéria e Na visitaçao de Santa Isabel, rpeças en castellano y portugués (São Paulo, 1950); O Poema da Virgem, trad. De Beata Virgine Mater Dei Maria, con ritmo de A. Cardoso (SJ) (São Paulo, 1959); De gestis Mendi de Saa (ed. de A. Cardoso, São Paulo, 1970); Sermoes (Sâo Paulo, 1970); De Gestis Mendi di Sa, Poema Epicum (São Paulo, 1970); Poemas eucarísticos e otros, con trad. del latín por A. Cardoso (SJ) (São Paulo, 1975); Cartas e correspondencia ativa e pasiva (São Paulo, 1984); Lirica espanhola (São Paulo, 1984); Lirica portuguesa e tupi (São Paulo, 1984); “Una carta inédita de Anchieta al rey Felipe II”, ed. de A. Rumeu de Armas, en Hispania, 45 (1985), págs. 5-32; Dialogo da fé. Introduçao historico literaria (São Paulo, 1988); Doutrina Crista (São Paulo, 1992); De Beata Virgine Dei Matre Maria (trad. española, por J. M. Fornell, en José de Anchieta primer mariólogo jesuita, Granada, Biblioteca Teológica Granadina, 1997).


Bibl.: S. Berettari (SI), Vita Josephi Anchietae, Colonia, 1617; Lópes Rodriguez, Anchieta e a Medicina, Belo Horizonte, 1934; S. Leite (SJ), Historia da Compañía de Jesús no Brasil, t. I, livro I, págs. 227-260; t. II., liv. II, págs. 263-298; liv. III, págs. 309-316 y 335-346; liv. IV, págs. 349-355 y 359; gobierno del P. Anchieta, págs. 372-375 (Lisboa-Rio de Janeiro, 1938; São Paulo, Ediçoes Loyola, 2004); C. Vieira, El Padre Anchieta, la vida de un apóstol en el Brasil primitivo, Buenos Aires, Editorial Claridad, 1945; F. Mateos (SJ), “Más sobre la ascendencia del P. Anchieta”, en Razón y Fe (Madrid), vol. 162 (1962), págs. 45-62; “La ascendencia del P. Anchieta y la guerra de las Comunidades”, en Missionalia Hispanica (Madrid), n.º 70 (1967), págs. 5-52; H. A. Viotti, Anchieta, o apostolo do Brasil, São Paulo, Ediçoes Loyola, 1980; Ioannes Paulus II, Litterae Apostolicae Venerabilibus Dei servis Iosepho de Anchieta, Petro A S. Iosepho de Betancur, Mariae ab Incarnatione. Francisco de Montmorency-Laval, Catharinae Tekakwitha beatorum honoris decernuntur, Romae, XXII Iunii, 1980, y la documentación adjunta; H. A. Viotti, Anchieta, apóstolo do Brasil, São Paulo, Editorial Loyola, 1980; Q. Aldea Vaquero, “José de Anchieta, apóstol de Brasil”, en Razón y Fe (junio de 1980); P. de Fuentes y Valbuena, El Beato P. J. de Anchieta poeta épico latino, León, 1982; L. A. de Azevedo, As poesias de Anchieta em portugués: estabelecimento do texto e apreciaçâo literária, Rio de Janeiro, Antares, 1983, BS 1:1085- 1087; Q. Caxa, y P. Rodríguez, Primeras biografias de Jose de Anchieta, introd. y notas de H. A. Viotti, São Paulo, 1988; L. C. M. T eixira dos Santos, La visión europea del indígena brasileño y la obra del P. Anchieta, tesis doctoral, Madrid, Universidad Complutense, 1992; L. Cavalcanti, La visión europea del indígena brasileño y la obra del jesuita Padre José de Anchieta (1534-1597), tesis doctoral, Madrid, Universidad Complutense, 1992.


 

Imagen de Wikimedia Commons, El misionero jesuita y beato español José de Anchieta.  Zincogravura. In.: Alcance: Retratos e bustos dos varões e donas que illustra’rão… Lisboa: Impressão Regia, 1807. n. 1

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