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José Cornide de Folgueira y Saavedra

La Coruña, 25.IV.1734 – Madrid, 22.II.1803. Historiador y arqueólogo.

De antigua y acomodada familia hidalga de La Coruña, fue hijo único de Diego Antonio Cornide Saavedra y de su segunda esposa, Francisca Bernarda de Folgueira. Heredó de su padre los señoríos de Cebreiro, Amoerio, de Madiz y de Saa.

No se conocen datos certeros sobre sus primeros estudios, pero es muy probable que cursara en el colegio de San Francisco Javier de los Jesuitas Humanidades y Lenguas clásicas, así como Lenguas modernas, que dominaba con soltura. Desde joven sintió inclinación por los conocimientos histórico-geográficos y las antigüedades, aunque también por la economía y las ciencias de la naturaleza, propios de los nuevos ideales que trajo la Ilustración, de la que fue un genuino representante.

Con veintiún años publicó su primer trabajo sobre antigüedades de Galicia titulado: Disertación geográfica histórica sobre cual hubiese sido el antiguo asiento de la ciudad Límica o Lémica señalada por patria de Idacio en el prólogo de su Cronicón (Santiago, 1755), por la que fue nombrado académico honorario de la Real Academia de la Historia.

De acuerdo con su posición social y sus aptitudes José Cornide fue nombrado en 1763 regidor bienal de La Coruña, un nuevo cargo creado por Carlos III, en el que dejó muestras evidentes de su talento. En 1764 fue nombrado capitán de las Milicias Urbanas de La Coruña y Tesorero de su Hospicio Provincial.

Fue uno de los promotores de la creación en 1765 de la Real Academia de Agricultura, de la que fue su secretario perpetuo desde 1767 hasta la desaparición de la misma en 1774. Simultáneamente fue nombrado regidor perpetuo de Santiago de Compostela en 1766.

Mantuvo con el padre Flórez una intensa correspondencia entre 1762 y 1765 con intercambio de datos sobre las antigüedades de Galicia, especialmente noticias, planos y dibujos de la Torre de Hércules, así como diversas inscripciones además de los mapas de las diócesis de Orense y Mondoñedo, que fueron dibujados por Cornide y grabados por Tomás López para los volúmenes XVII y XVIII de la España Sagrada respectivamente.

No obstante, el estudio de las antigüedades no constituía aún su ocupación principal, ya que estaba consagrado a la promoción del desarrollo y dinamización de los medios productivos de Galicia. Se ocupó en general del desarrollo de la pesca, y en especial de la sardina, a causa del litigio que se creó con los catalanes que se establecieron en Galicia y de sus artes de pesca, a los que dedicó importantes y lúcidos estudios (1774 y 1788). Fue, además, promotor y director del Montepío de Pesca de Galicia, creado en 1775.

También se ocupó de la explotación minera en Galicia, sobre la que redactó una memoria que remitió en 1783 al intendente general, y de los caminos, ya que fue nombrado por Carlos III primer vocal de la Junta Nacional de Caminos de La Coruña, creada en 1782. En reconocimiento a sus esfuerzos fue nombrado socio de número de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País en 1777 y en 1784 de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago de Compostela, ante la que leyó una memoria sobre el descubrimiento de una mina de carbón en Puentes de García Rodríguez.

En 1785 fue creado por Real Cédula de 29 de noviembre el Real Consulado Terrestre y Marítimo de La Coruña, que tuvo un papel similar a las sociedades económicas, y del que Cornide fue nombrado consiliario.

Esta institución fue la que promovió la restauración de la Torre de Hércules, cuyos trabajos le fueron encomendados al ingeniero naval y teniente de navío Eustaquio Giannini, entre 1788 y 1790. A su vez el Ministerio de Marina encargó a la Real Academia de la Historia, con este motivo, que redactase los textos de dos inscripciones, una latina y otra castellana, para colocarlas en el antiguo faro romano.

Ésta por su parte encargó a Cornide que realizase un estudio sobre dicho monumento. Una vez concluidos los resultados de tan brillante investigación en 1790 los presentó a la comisión académica que se ocupaba de este asunto integrada por José de Guevara, José Vargas Ponce, Casimiro Gómez Ortega y Francisco Cerdá, a la que fue agregado, y tras recibir la real aprobación fue finalmente publicado en 1792.

Este trabajo constituye el primer análisis de un edificio de la antigüedad que iba a ser restaurado.

A principios del año 1789 Cornide había decidido trasladarse a Madrid, y en la Corte fijó su residencia hasta su fallecimiento. No están claras las razones de este traslado, aunque es muy posible que se debieran a la desilusión que le causó el poco efecto de los esfuerzos realizados en fomentar el desarrollo y progreso de su tierra natal. Una vez en la Corte asistió a la cátedra de Historia Literaria de Miguel de Manuel y Rodríguez en los Reales Estudios de San Isidro, ante la que leyó, tras finalizar el año académico, un ensayo sobre el estado de los conocimientos sobre Historia Natural anteriores a Plinio el 12 de junio de 1790, que fue publicado al año siguiente.

Desde este momento Cornide se dedicó por entero al estudio de las Antigüedades así como al de la Geografía histórica y de la Geografía física, pues tuvo como principio el que una descripción física debía de preceder a la histórica o a la política. Estos estudios e investigaciones que desarrolló desde entonces, con gran espíritu científico, tuvieron como marco principal la Real Academia de la Historia. En efecto, en 1791 fue ascendido a la clase de supernumerario y el 10 de agosto de 1792 obtuvo la categoría de individuo de número. En este último año fue agregado a la recién creada Sala de Antigüedades, de la que era presidente Miguel de Manuel.

Por encargo de la Real Academia de la Historia visitó las ruinas de Segóbriga en 1793 y las excavaciones que se habían llevado a cabo en 1789, por iniciativa de Antonio Tavira Almazán, en la basílica visigoda.

En este mismo año se le encargó el informe de las Antigüedades de Extremadura de Agustín Francisco Forner, para lo que la Academia le facilitó el material que habían reunido en sus respectivos “viajes literarios” el marqués de Valdeflores e Ignacio de Hermosilla. Los llamados “viajes literarios”, que no eran sino auténticas expediciones arqueológicas, fueron una de las principales ocupaciones de Cornide en el último lustro del siglo XVIII y una de las iniciativas más importantes en el conjunto de la arqueología española de la última década del siglo XVIII. En efecto, Cornide llevó a cabo los viajes literarios a Segóbriga, a Talavera la Vieja, Murcia, Valencia y Cartagena, y, finalmente, a Extremadura y Portugal, en los que recogió abundantes noticias y realizó descripciones sobre las antigüedades, inscripciones y cualquier resto de antigüedad apreciable que además mandó dibujar, que es lo más importante. De todos ellos ordenó y publicó el viaje a Segóbriga y el de Talavera la Vieja, pero el material recogido en los otros ha quedado inédito.

En 1794 la Academia le encargó que se ocupara del grabado y dibujo de Talavera la Vieja y en ese mismo año presentó una disertación sobre la situación de la antigua Elbora, que él identificó con Talavera la Vieja. No obstante, se inspeccionó de nuevo las ruinas de Segóbriga y de Talavera la Vieja, acompañado por el dibujante Melchor de Prado Mariño. Tomás López, al que le unían antiguos lazos de amistad, se ofreció para grabar un mapa de la Celtiberia y la Carpetania. En 1795 presentó a la Real Academia de la Historia los dibujos y los resultados de sus investigaciones sobre las antigüedades y excavaciones de Segóbriga y con un estudio sobre los límites de la Celtiberia, el verdadero objetivo de esta investigación, que fueron informados favorablemente por Miguel de Manuel, quien recomendó su publicación en las Memorias de la Real Academia de la Historia. En este mismo año notificó que tenía preparada para su publicación la memoria de Ignacio de Hermosilla sobre Talavera la Vieja. Apareció esta última, adicionada con su estudio sobre la antigua Elbora (1796), en el primer tomo de las Memorias académicas, mientras que la de Cabeza del Griego (Segóbriga) fue incluida en el tomo III, con los dibujos de Melchor de Prado y el mapa de la Celtiberia de Tomás López (1799).

Consciente Cornide de la importancia de los estudios y del material recogido por el marqués de Valdeflores, propuso a la Academia la adquisición de su importante archivo que estaba en poder de sus herederos, que no pusieron obstáculo alguno, por lo que finalmente ingresó en la docta institución gracias a su iniciativa, en 1796.

Un año antes había concluido sus estudios sobre el Itinerario de Antonio, que había iniciado en sus años en Galicia y que no tuvo, sin embargo, ocasión de publicar.

En 1796 formó parte de la comisión de la Real Academia de la Historia que se trasladó a Toledo para examinar y copiar las inscripciones hebreas de la iglesia de Nuestra Señora del Tránsito junto a José Banqueri, Francisco Martínez Marina y Joaquín Traggia.

Cornide fue el encargado de dirigir la copia y dibujo de las inscripciones que fueron realizados por su dibujante y colaborador en anteriores investigaciones, Melchor de Prado Mariño, y que fueron publicados junto a la memoria redactada por José Banqueri y Joaquín Traggia en el tomo III de las Memorias de la Real Academia de la Historia.

Tras estas tareas emprendió el Viaje literario a Valencia, Murcia y Cartagena, del que informó a la Academia el 29 de septiembre de 1797.

En 1798 la Real Academia de la Historia tomó la decisión de enviarle al Archivo de la Torre do Tombo de Lisboa para que copiase un códice de Las Partidas de Alfonso X el Sabio que se suponía que allí se conservaba.

Pero Cornide, además de aceptar dicho encargo, propuso a la Academia llevar a cabo un viaje literario por todo el reino de Portugal que sirviese de continuación y complemento al que años antes se le había encargado al marqués de Valdeflores. La Academia y el Gobierno aceptaron su propuesta y se le asignaron 60.000 reales anuales gracias al apoyo del entonces ministro de Estado, Francisco Saavedra. Esta dotación la consolidó para la Academia el sucesor de Saavedra, Mariano Luis de Urquijo.

Le acompañaron en este viaje el mexicano natural de Oaxaca, Manuel Carrillo de Albornoz, oficial segundo de la Secretaría del Consejo y Cámara de Indias en el Departamento de Perú, el dibujante gallego, Melchor de Prado y Mariño, académico de mérito por la arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, al que se deben todos los dibujos que de este viaje se conservan, y Narciso Heredia, catedrático de Filosofía y Matemáticas de Granada.

La expedición partió de Madrid el 20 de octubre de 1798 y permaneció en Portugal hasta el 3 de marzo de 1801, en que tuvieron que abandonar el país a causa de la llamada “guerra de las naranjas”. En el curso del viaje se estudiaron abundantes antigüedades y se sacaron varios planos y dibujos de monumentos antiguos e inscripciones no sólo de todo el reino de Portugal sino también de algunas poblaciones españolas, entre las que destacan las extremeñas de Mérida, Trujillo y Badajoz. A principios de 1799 se encuentran en Lisboa y en el otoño de este mismo año reconocieron el Alentejo y el Algarve; en la primavera de 1800, toda la Extremadura y parte del Alentejo, desde Serpa y Moura, y, en los meses siguientes, hasta principios de 1801, la Beira y las provincias de Entre Duero y Miño y Tras os Montes. Cornide falleció el 3 de febrero de 1803 sin acabar de rematar su obra, por lo que el Viaje a Extremadura y Portugal nunca se ha llegado a publicar, cuyos manuscritos, como otros muchos de Cornide, se conservan en la Real Academia de la Historia, como, por ejemplo, sus estudios sobre los Dioses de la Lusitania, cuyos datos también fueron tomados en el transcurso de este importante viaje arqueológico.

No obstante, Cornide sí concluyó y dejó más o menos ordenado y preparado para su publicación la descripción del reino de Portugal, que fue publicado a finales del siglo XIX en el Memorial Histórico Español por la Real Academia de la Historia.

Poco después del regreso de este viaje literario fue elegido, el 19 de febrero de 1802, secretario perpetuo de la Real Academia de la Historia, el primero en ostentar este cargo, que ejerció simultáneamente al de bibliotecario y presidente de la Sala de Antigüedades.

Como presidente de la Sala de Antigüedades, a la que estaban agregados Diego Clemencín, Isidoro Bosarte, José Antonio Conde, José Ortiz y Juan Crisóstomo Ramírez de Alamanzón, promovió en 1802 la formación de la Colección Litológica o de las Inscripciones de España, una antigua empresa académica y claro antecedente del Corpus Inscriptionum Latinarum que años más tarde emprendió la Academia Prusiana. Para llevar a cabo este importante proyecto solicitó el archivo de Cándido María Trigueros, que se encontraba en los Reales Estudios de San Isidro, como ya lo había hecho con el del marqués de Valdeflores, que ingresó en la Academia por real orden de Carlos IV. Asimismo impulsó la redacción final de la Instrucción formada por la Real Academia de la Historia sobre el modo de recoger y conservar los monumentos antiguos descubiertos o que se descubran en el Reino, que fue aprobada por Real Cédula de 6 de julio de 1803, a los cinco meses de fallecer, y que es la primera medida legislativa sobre la conservación del patrimonio monumental y arqueológico que se ha promulgado en España y una de las primeras de Europa.


Obras de ~: Disertación geográfica histórica sobre cual hubiese sido el antiguo asiento de la ciudad Limica o lemica, señalada por la patria de Idacio en el prólogo de su cronicón. Escribióla y presentóla a la Real Academia de la Historia, para ser admitido por su académico honorario, D. José Cornide, Santiago, 1755; Archivo de la Real Academia de la Historia, ms. 9/5903; Memoria en que se procura investigar el verdadero sitio de la silla celenense, c. 1768-1772; Memoria sobre la Pesca de Sardina en las Costas de Galicia, Madrid, 1774; Ensayo de una historia de los peces y otras producciones marinas de la costa de Galicia […] con un Tratado de las diversas pescas y de las redes y aparejos con que se practica, Madrid, 1788; “Conjeturas sobre el género a que pertenecen los 31 cetáceos que bararon en los Alfaques de Tortosa el día 18 de octubre de 1789”, Espíritu de los mejores diarios literarios que se publican en Europa, n.º 215 (1790), págs. 30- 36; “Memoria sobre el descubrimiento de una mina de carbón de piedra en las Puentes de García Rodríguez”, en Espíritu de los mejores diarios literarios que se publican en Europa, n.º 243 (1790), págs. 297-305; Las Cassiterides o islas del estaño restituidas a los mares de Galicia; disertación crítica en que se procura probar que estas islas no son las Sorilingas como pretende e su Britania Guillermo Cambden, y sí las de la costa occidental del reino de Galicia, Madrid, 1790; Explicación del mapa corográfico de la antigua Galicia, arreglado a las descripciones de los geógrafos griegos y romanos, con una lista de la correspondencia de los nombres antiguos a los modernos, Madrid, 1790; Ensayo sobre el origen, progresos y estado de la Historia natural entre los antiguos anteriores a Plinio. Asunto propuesto en la cátedra de Historia literaria de los Reales Estudios de Madrid, Madrid, 1791; Investigación sobre la fundación y fábrica de la torre de Hércules de La Coruña, Madrid, 1792; Crónica de San Luis, Rey de Francia, Nieto del Rey D. Alfonso el VIII de Castilla. Compuesta en Francés por el Señor Joinville, traducida al castellano por Jacques Ledel en 1567, y ahora nuevamente publicada con un Discurso preliminar y varias notas y Apéndices por Don José Cornide, Madrid, 1794; Archivo de la Real Academia de la Historia, ms. 9/3895, Comentario a la parte del Itinerario de Antonio en que se describen las vías militares de España, Madrid, c. 1795; Archivo de la Real Academia de la Historia, ms. 9/3912/8, Viaje a Murcia, Valencia y Cartagena, en 1797; “Continuación de la Memoria de D. Ignacio Hermosilla sobre las ruinas de Talavera la Vieja”, en Memorias de la Real Academia de la Historia, I (1796), págs. 363-408; “Noticia de las antigüedades de Cabeza del Griego reconocidas de orden de la Real Academia de la Historia”, en Memorias de la Real Academia de la Historia, III (1799), págs. 71-244; “De la extensión y límites de la Celtiberia, ríos, montes, poblaciones y caminos”, en Memorias de la Real Academia de la Historia, III (1799); Archivo de la Real Academia de la Historia, ms. 9/3899, Viaje de Extremadura y Portugal, 1798-1801; Ensayo de un descripción física de España, Madrid, 1803; “Noticia histórica de la Academia desde agosto de 1796 hasta julio de 1802, en Memorias de la Real Academia de la Historia, IV (1805), págs. I-XXIV; Estado de Portugal en el año 1800, en Memorial Histórico Español, XXVI-XXVIII; Archivo de la Real Academia de la Historia, ms. 9/3918, Apuntes para una disertación de los Toros de Guisando, Madrid, s. f.; “Carta de D. José Cornide sobre el sitio de Munda, Madrid, 1791”, en M. Oliver y J. Oliver, Munda Pompeiana, Madrid, 1861, págs. 377-381; Descripción circunstanciada de la Costa de Galicia y raya por donde confina con el inmediato reino de Portugal, hecha en el año de 1764 [ed. y est. por X. L. Axeitos], A Coruña, 1991.

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Biografía escrita por Jorge Maier Allende procedente del Diccionario Biográfico Español.

 

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