Biografía escrita por Nicolás García Tapia //


Jerónimo de  Ayanz y Beaumont. Inventor, ingeniero, científico, administrador de minas,  comendador, regidor, gobernador, militar, pintor, cantante y compositor de música.

Guenduláin (Navarra), 1553 – Madrid, 23.III.1613. 

Nació en 1553 en el señorío de Guenduláin, cerca de Pamplona, perteneciente a la casa de los Ayanz por la rama paterna y de los Beaumont por la materna, apellidos de la alta nobleza navarra. Era el segundo de una familia de cuatro hermanos, y, al no heredar el señorío, se dedicó a actividades militares y cortesanas. Con catorce años marchó a Madrid para ser paje del rey Felipe II, al que serviría en relevantes cargos durante la vida del Monarca. Jerónimo de Ayanz adquirió su formación en actividades de la milicia, sirviendo en las campañas de La Goleta, Lombardía, Flandes y Portugal. En la jornada de Flandes fue herido gravemente en una acción en que se hizo famoso por su valor y su fuerza física. Casado con Luisa Dávalos, de una influyente familia de Murcia, tuvo cuatro hijos que murieron tempranamente. Vivió en Murcia actuando como regidor de la ciudad, impulsando la construcción de defensas militares en la costa, así como la actividad del puerto de Cartagena. Intervino en la defensa de La Coruña contra los ingleses. Nombrado por el Rey caballero de la Orden de Calatrava y comendador de la misma, administró tres ricas encomiendas de la Orden. Fue nombrado luego gobernador de Martos, donde permaneció hasta 1597 y donde revitalizó la producción local y la cría de caballos.

En 1597 fue nombrado por Felipe II administrador general de las minas del reino, recorriendo los yacimientos mineros y haciendo ensayos de los minerales con procedimientos de su invención. En una inspección minera estuvo a punto de morir por los gases tóxicos desprendidos, lo que le llevó a idear sistemas para poder respirar en aire viciado. Concibió también la forma de beneficiar la plata de las ricas minas del Potosí en América y de poder desaguar las profundas galerías subterráneas, incluso con el empleo de máquinas de vapor de las que fue el primer inventor, un siglo antes que las del inglés Savery.

A partir de 1599 residió durante dos años en Madrid, donde realizó ante la Corte diferentes experimentos metalúrgicos para mostrar la posibilidad de explotar varios metales útiles para la industria. También propuso un sistema económico basado en la liberalización de las minas, la organización del trabajo, la rebaja de los costes de la explotación y la creación de escuelas especializadas de minería. Esta propuesta era demasiado avanzada para la mentalidad de la Corte de Felipe III y no fue ni entendida ni aceptada.

A partir de 1601 la Corte se trasladó a Valladolid, con lo que Jerónimo de Ayanz tuvo que trasladarse a esta ciudad. Fue en esta estancia de cinco años donde concibió y desarrolló muchas de sus invenciones que fueron mostradas a los científicos Arias de Loyola y Firrufino, quienes redactaron un pormenorizado informe sobre la importancia de las mismas. En Valladolid colaboró con el platero Juan de Arfe, quien tenía una de las balanzas inventadas por Ayanz, y quien también comprobó el funcionamiento de las máquinas y los procesos metalúrgicos. Fueron notables en la ciudad los ensayos de los equipos de buceo inventados por Ayanz en el año 1602, que son los primeros en los que un buzo pudo estar debajo del agua por tiempo indefinido, adelantándose en más de dos siglos a los sistemas de buceo actuales. En 1605 estos equipos de bucear se emplearían en la isla Margarita (actual Venezuela) para extraer las perlas, obteniendo patente del Consejo de Indias. El 1 de noviembre de 1606 amplió el privilegio ante el Consejo de Castilla por todas sus invenciones, más de cincuenta.

A principios de 1608, Ayanz dejó el cargo de administrador general de minas y en julio de ese mismo año estaba ocupado en la búsqueda de mineral de plata en una sierra próxima a El Escorial. Un año después fundó una compañía minera con el doctor Simón de Meneses, Dionis Lhermite, Pedro de Baeza y otros para volver a poner en marcha la mina de Guadalcanal, cerca de Sevilla, que había sido rica en plata en la época de Felipe II, pero que estaba inundada. Allí se aplicaron por primera vez las máquinas de vapor para desaguarlas, actividad que se mantuvo hasta el año 1611 en que cesó, no por fallos técnicos, sino por la disolución de la compañía explotadora al ser abandonado Ayanz por sus socios. El 13 de noviembre de 1610 presentó una invención que había realizado para determinar la longitud de un barco en alta mar y demostró la imposibilidad de las agujas de marear fijas, aduciendo razones que se adelantan a la teoría del magnetismo terrestre.

La personalidad de Ayanz destacó en diversos campos. Como militar, sus hazañas fueron cantadas por Lope de Vega, que le dedicó parte de una obra de teatro y un epitafio en forma de soneto a su muerte. Lope califica a Ayanz como el “Hércules español”, por su impresionante habilidad en las armas y la extraordinaria fuerza de sus brazos, capaces de doblar lanzas, perforar escudos de bronce con sus dedos, parar el galope de un caballo, arrancar la reja de un convento o derribar un toro en un lance taurino. La fortaleza de Ayanz iba acompañada por sus dotes musicales y artísticas que le hacían brillar en la Corte. Componía canciones que él mismo interpretaba a la vihuela con una formidable voz de bajo. En el arte de la pintura, no sólo manejaba hábilmente el pincel, según el testimonio de Pacheco, sino que intentó crear en Valladolid un Museo y Academia de Bellas Artes, donde se pudiesen mostrar las colecciones reales, al mismo tiempo que se formaba y se examinaba a los futuros pintores.

Pero es en el campo de la invención técnica donde Ayanz desempeñó su máxima actividad. Entre sus más de cincuenta invenciones, expresadas con su detallada descripción acompañada de sus dibujos en varios privilegios de invención, figuran métodos metalúrgicos, balanzas de precisión, equipos para bucear, hornos, destiladores, sifones, instrumentos para medidas de rendimiento en máquinas, molinos hidráulicos y eólicos, molienda por rodillos metálicos, presas de arco y bóvedas, bombas hidráulicas de husillo y para achique de barcos, eyectores y máquinas de vapor. Gran parte de estas invenciones se adelantaron a las que se desarrollarían en Inglaterra durante la Revolución Industrial. Jerónimo de Ayanz murió en Madrid el 23 de marzo de 1613, siendo enterrado en la catedral de Murcia.


Obras de ~: Respuesta de don Gerónimo de Ayanz al rey de España […], Archivo General de Simancas, año de impresión 1604; Discurso sobre baxeles, conocido por referencias.


Bibl.: L. de Vega y Carpio, Lo que pasa en una tarde, 1617; F. Pacheco, Arte de la Pintura, Madrid, 1649; J. M. López Piñero, Ciencia y técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII, Barcelona, Labor, 1983; N. García Tapia, Técnica y poder en Castilla durante los siglos XVI y XVII, Salamanca, Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, 1989; N. García Tapia, Patentes de invención españolas en el Siglo de Oro, Madrid, Oficina Española de Patentes y Marcas, 1990; N. García Tapia, Del dios del fuego a la máquina de vapor. La introducción de la técnica en Hispanoamérica, Valladolid, Ámbito Ediciones, 1992; N. García Tapia, “Some Designs of Jerónimo de Ayanz. Relating to Mining, Metallurgy and Steam Pumps”, en History of Tecnology, 14 (1992), págs. 135-150; N. García Tapia, “Les premières applications de la vapeur: le cas de Jerónimo de Ayanz”, en Relations Science Technique, San Francisco (1993), págs. 279-285; N. García Tapia, “Nobleza, pintura e invención. ¿Jerónimo de Ayanz pintor?”, en Estudios de Arte. Homenaje al profesor Martín González, Valladolid (1995), págs. 499-504; N. García Tapia, Un inventor navarro. Jerónimo de Ayanz y Beaumont, Pamplona, Gobierno de Navarra, Fondo de Publicaciones, 2001; N. García Tapia y J. Carrillo Castillo, Tecnología e Imperio. Ingenios y leyendas del Siglo de Oro, Madrid, Nívola, 2002.

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