Biografía escrita por Teresa Jiménez Calvente. Profesora titular de Filología Latina en la Universidad de Alcalá. Sus investigaciones se centran en las literaturas mediolatina, humanística y neolatina. En sus trabajos científicos, ha atendido fundamentalmente a grandes figuras ligadas al devenir cultural de España en el tránsito de la Edad Media a la Era Moderna, como Juan de Mena, Alfonso de Cartagena, Antonio de Nebrija, Lucio Marineo Sículo o Pedro Mártir de Anglería.


Hernán Núñez de Guzmán. El Comendador Griego. El Pinciano. Humanista, escritor y helenista español.

¿Valladolid?, c. 1478– Salamanca, 1553

Nació en casa de Ruy López de Toledo, tesorero de los Reyes Católicos desde 1479-1480, desplazado a Granada en 1494, donde fue regidor del Concejo en 1501, lo que explica la estrecha relación del Comendador con Granada en su juventud. En cuanto a su madre, sus primeros biógrafos, Nicolás Antonio y Andrés Schott, la relacionan con la noble familia de los Guzmán; sin embargo, hoy se poseen datos para suponer que Luisa de Guzmán, segunda esposa de Ruy López, fue en realidad la madrastra de Hernán Núñez. Se sabe también que tuvo dos hermanas y dos hermanos: María de Guzmán, Bernaldina, Pedro de Guzmán, nombrados en su testamento, y Luis, un gran aficionado a la música del que se sabe que murió en el campo de batalla. Según Nicolás Antonio, Hernán Núñez recibió pronto la Encomienda de la Orden de Santiago; por ello, ya en sus primeras obras firmaba con el título de Comendador y, al final de sus días, pidió lo enterrasen con “un hábito blanco […] y con unos calzones de lienzo en los pies como manda la Orden”.

No se dispone de muchas noticias sobre su infancia y juventud ni se sabe quiénes fueron sus primeros maestros. Posiblemente nació en Valladolid (de ahí su sobrenombre de Pinciano); hacia 1496, cuando su familia se trasladó a Granada, entró en contacto con el conde de Tendilla, que fue su protector y amigo. De acuerdo con sus propios testimonios, tuvo amistad con Arias Barbosa, catedrático de Griego en Salamanca desde 1495, y con Antonio de Nebrija, al que en una ocasión llama “mi preceptor apenas comenzada mi niñez”; con Nebrija hubo de coincidir en la casa de Juan de Zúñiga, maestre de la Orden de Alcántara y arzobispo de Sevilla (muerto en 1504), quien reunió a su alrededor a un grupo de eruditos entre los que se encontraban Nebrija y quizás el propio Núñez en algún momento entre 1486 y 1499. Sin embargo, el personaje más importante en la vida de Hernán Núñez en su primera juventud fue Íñigo López de Mendoza, conde de Tendilla, un verdadero mecenas que le encomendó la educación de su hijo Luis Hurtado, futuro gobernador de la Alhambra y capitán general de la armada en Andalucía.

No se sabe a ciencia cierta cuántos años estuvo al servicio del noble, aunque sí queda constancia de que en esa época publicó tres importantes obras dedicadas a su mentor: el Comentario a las Trescientas de Juan de Mena, aparecido en 1499; la segunda edición de este comentario, aparecida en 1505, y la traducción de la Historia de Bohemia de Enea Silvio Piccolomini, con data de 1509. Antes de estas fechas, hay que situar también sus viajes a Italia, dos al menos, que le sirvieron para completar su formación humanística y para comprar libros, según dice, a su protector, Íñigo de Mendoza, en la carta que encabeza la primera edición del Comentario a las Trescientas: “Considerando yo aquesto, prestantíssimo señor, como desde mi primera puericia fuesse de mi naturaleza medianamente instituido, procuré con todas mis fuerzas darme al estudio de las letras, pospuestas todas las otras acciones y cuydados, y ninguna mudança de la una fortuna ni de la otra de este propósito me ha podido retraer […] He gastado en ellas [sciencias de humanidad] la mayor parte de mi juventud assí en el reyno como fuera dél so la disciplina de sabios y approbados preceptores y como los años passados fuesse buelto de Italia donde avía estado algun tiempo dando obra a las letras”. No es mucho lo que se conoce sobre esas estancias en Italia, donde, según hace saber Hernando Alonso de Herrera en su Disputatio adversus Aristotelem, Aristotelicos secuaces (1517), aprendió a la perfección latín y griego. Todos los biógrafos afirman que estuvo en Bolonia, donde tal vez fuese becario del Real Colegio de España o de San Clemente de los Españoles; sin embargo, y ante la ausencia de datos que confirmen este hecho, es posible que Hernán Núñez fuera sin más un estudiante regular de la prestigiosa universidad boloñesa. En cualquier caso, es de suponer que allí inició sus estudios de griego. Si bien todo apunta a que este viaje fue el primero, hay quien defiende que Núñez, siendo aún un niño, pudo formar parte de la embajada de Íñigo López de Mendoza a Roma en 1486 para presentar su obediencia al Papa. Esta primera estancia en Italia tuvo que ser anterior a 1496, momento en que se fortalecieron sus lazos con el de Tendilla, quien en 1499 lo nombró preceptor de su hijo Luis Hurtado de Mendoza.

Sea como fuere, Núñez realizó un segundo viaje antes de 1505. Aquella segunda estancia en tierras italianas la aprovechó para comprar libros, una afición que le llevó con el tiempo a reunir una importantísima biblioteca (valorada por el escritor en 2.000 ducados). No cabe duda de que aquel paso por Italia está en la base de su excelente conocimiento del griego, pues fue discípulo nada menos que de Filippo Beroaldo, Joviano de Sancta Maura y Battista Pio. Esto es, al menos, lo que se colige de la carta que el propio Núñez escribe a su mentor en la primera edición de su Comentario a las Trescientas, donde habla de su temprana afición a las letras y de su formación italiana.

Su estancia en Granada, que hay que situar entre 1496 y 1510 con el breve interludio de su viaje a Italia, le sirvió para aprender árabe, con lo que, finalizado su período de formación, Hernán Núñez había alcanzado el dominio de las lenguas bíblicas (hebreo, caldeo, griego y latín) además del árabe; con ello cumplía con el viejo ideal del homo trilinguis tan ansiado en el Renacimiento. Pertrechado con esos conocimientos, Núñez opositó a la Cátedra de Hebreo de la Universidad de Salamanca en 1511; en aquella ocasión, estuvieron en el tribunal que juzgaba la plaza Nebrija y Barbosa, quien consideraba que, en aquella oposición, “le parescía el Comendador tener mucha ventaja” en el dominio de las lenguas arábica y hebraica en su correspondencia con el latín. A pesar de ello, Núñez no obtuvo la plaza y en 1513 se encontraba en la Universidad de Alcalá, donde colaboró en la edición de la Biblia Poliglota. El 8 de mayo de 1519 sucedió al célebre Demetrio Ducas en la Cátedra de Griego en esa misma Universidad. En correspondencia con esa profesión docente, el comendador publicó en Alcalá de Henares sus traducciones al latín de las obras del poeta Mosco y el De moribus institutiones ad nepotes, de san Basilio Magno. Esta brillante trayectoria en Alcalá de Henares se vio truncada durante las revueltas comuneras, en las que apoyó al bando contrario a Carlos V. Una vez sofocada la rebelión, mantuvo una disputa con el noble Alfonso Castilla, que le hirió en el hombro con un puñal. Como señala Alvar Gómez de Castro en su De rebus gestis a Francisco Ximenio Cisnerio, “por tal afrenta inferida por un poderoso de quien no podía tomar venganza, el Pinciano abandonó Alcalá y se marchó a Salamanca, con gran sentimiento de la Universidad”. Este dato permite entrever en el comendador a un personaje muy implicado en los movimientos políticos de su época (incluso se sabe que, durante su estancia en Granada, había sido regidor de la ciudad): su marcha de Alcalá de Henares, motivada por sus simpatías hacia el bando de los insurgentes, hubo de marcar necesariamente su vida posterior, que quiso dedicar exclusivamente al estudio.

El siguiente hito importante en su carrera es, por tanto, su adscripción a la Universidad de Salamanca, donde, según sus palabras, buscó un “refugio tranquilo”. Aquí obtuvo la Cátedra de Griego en 1524; desde aquel momento, toda su amplia y dilatada labor docente la desempeñó en el seno de la Universidad salmantina, donde tuvo al mismo tiempo las Cátedras de Griego y Retórica desde diciembre de 1527; consta, además, que leyó a Plinio. Tal y como cuentan Schott y Nicolás Antonio, Núñez leía por la mañana sus clases de Griego y, por la tarde, las de Latín. Sin embargo, también en Salamanca sufrió descalabros, como en 1533, cuando opositó a la Cátedra de Gramática y no fue elegido; en aquella ocasión, Núñez apeló a la Real Chancillería de Valladolid contra ese fallo. Se conserva un documento muy interesante de aquel proceso (en el que, por cierto, no le dieron la razón), donde realiza una apología de su propia persona y argumenta a favor de su idoneidad para el puesto por haber sido un docente de brillante trayectoria: “Si saben que […] el dicho Comendador Fernand Núñez tiene y ha tenido discípulos muy nombrados y muy doctos en griego y en latín y en retórica y otros acucias de humanidad que han sido y son catedráticos en Salamanca y en Alcalá de Henares y en otra partes del Reyno”.

A pesar de todo, Hernán Núñez siguió en Salamanca y fue nombrado diputado y examinador en Gramática, según aparece en los Libros de Claustro (1538); finalmente, en enero de 1548 se jubiló de su Cátedra de Retórica y sólo un mes más tarde inició las negociaciones para su jubilación de la Cátedra de Griego, pues “es ya muy viejo e cansado e ha trabajado muy mucho en la dicha cátedra”; para conseguir su propósito, ofreció donar a la Universidad, tras su muerte, su nutrida biblioteca. La Universidad aceptó el trato y Núñez pudo jubilarse también de su Cátedra de Griego en septiembre de 1548. En los años siguientes continuó prestando servicio, como se consigna en los Libros de Claustro de 1549, donde también consta que se le encargó buscar una persona capacitada para regentar las Cátedras de Retórica, Griego y Latín. Hernán Núñez no cesó en su labor erudita, sino que se volcó en su Refranero, una obra que vio la luz de forma póstuma en 1555. Acerca de su muerte, es de nuevo Schott quien ofrece más datos. Así, dice que murió “con más de ochenta años” y que dejó su fortuna para distintas obras de caridad; también que fue enterrado, tras el traslado de su cuerpo a hombros de sus discípulos (nobilium discipulorum humeris), en Santa Susana, en un sepulcro adornado con la siguiente inscripción: Maximum vitae bonum mors (“El máximo bien de la vida es la muerte”). Estos datos suministrados por Schott coinciden con algunas de sus últimas disposiciones testamentarias.

De nuevo, su producción literaria y erudita desde su traslado a Salamanca estuvo ligada a su ejercicio como docente de Griego y Retórica. Así, destacan sus trabajos y ediciones de textos clásicos, en los que intentó plasmar sus profundos conocimientos de latín y griego. Desde muy joven había perseguido la fama que se alcanza con las letras y, ya en la madurez, acometió la difícil tarea de editar y comentar textos con la dificultad de Plinio el Viejo o Pomponio Mela. Hernán Núñez se fijó así en el modelo de algunos humanistas italianos que ampliaron su concepción del oficio de gramático. Además de la explanación del texto en clase, con glosas y comentarios de los principales problemas gramaticales, el comendador se ocupó también del texto en sí y mostró una delicada sensibilidad por problemas relacionados con la crítica textual. Por otro lado, como buen humanista, prestó también atención a los autores vernáculos. Su amor a la lengua materna se plasmó en sus comentarios a la obra de Juan de Mena y en su preocupación por recopilar refranes en castellano, una afición en la que ocupó sus últimos años y que, una vez más, respondía al interés por las sentencias y paremias que mostraron muchos otros humanistas españoles y foráneos, con Erasmo a la cabeza. El propio Nicolás Antonio, al trazar la semblanza del comendador, recuerda que éste utilizaba esos proverbios hispánicos “en sus charlas coloquiales” con enorme tino (appositissime), “por lo que todos los que disfrutaban con la elegancia en las costumbres y en los estudios porfiaban por acudir a su casa”.


Obras de ~: Las Trescientas de Juan de Mena con la glosa de Hernán Núñez de Toledo, Sevilla, 1499 (2.ª ed. corr., Granada, 1505); E. Silvio Piccolomini, La Historia de Bohemia en romance, trad. de ~, Sevilla, 1509; Libri Veteris et Novi Testamenti multiplici lingua impressi, con la colabor. de ~, Alcalá de Henares, Arnaldi Guillelmi de Brocario, 1514, 1515, 1517, 1520; D. Mosco, Circa Helenam et Alexandrum, ed. de ~, Alcalá de Henares, 1519; B. Magno, De moribus institutiones ad nepotes, ed. de ~, Alcalá de Henares, 1519; L. Aneo Séneca, Ferdinandi Pinciani […] In omnia L. Annei Senecae philosophi scripta, ex vetustissimorum exemplarium collatione, castigationes utilissimae, ed. de ~, Venecia, 1536; P. Mela, Geographia Pomponii Melae scriptoris clarissimi cum castigationibus Fredenandi Pinciani, ed. de ~, Salamanca, 1543; G. Plinio Segundo, Observationes in loca obscura aut depravata Historiae Naturalis C. Plinii, cum retractationibus quorundam locorum Geographiae Pomponii Melae, ed. de ~, Salamanca, 1544; Observationes in loca obscura aut depravata Historiae Naturalis C. Plinii a fine libri xi usque ad finem xxv, ed. de ~, Salamanca, 1544; Observationes in loca obscura aut depravata Historiae Naturalis C. Plinii a fine libri xxv usque ad finem xxxvi , ed. de ~, Salamanca, 1544; Previlegio del Rey Ramiro e de los votos de Santiago con la confirmación del Papa Celestino. Lo cual fue traduziso de latín en romance por Hernán Núñez de Guzmán, s. l., s. n., s. f.; Refranes o proverbios en romance que nuevamente colligió y glossó el Comendador […] Van puestos por el orden del Abc, Salamanca, 1555.


 

Bibl.: J. Ortega Rubio, “Fernando Núñez de Guzmán (el Pinciano). Estudio bio-bibliográfico”, en Revista Contemporánea, 124 (1902), págs. 513-525; J. López Rueda, Helenistas españoles del siglo XVI, Madrid, Instituto Antonio de Nebrija, 1973, págs. 22-27, 59-62, 66-73, 303-310 y 352-356; M. D. Asís Garrote, Hernán Núñez en la historia de los estudios clásicos, Madrid, 1977; H. Nader, “The Greek Commander Hernán Núñez de Toledo, Spanish Humanist and Civic Leader”, en Renaissance Quaterly, 31 (1978), págs. 463- 485; T. Martínez Manzano, “El Pinciano, anotador de textos griegos”, en V. Bécares Botas, P. Fernández Álvarez y E. Fernández Vallina (eds.), Kalon Theama. Estudios de Filología Clásica e Indoeuropeo dedicados a F. Romero Cruz, Salamanca, Universidad, 1999, págs. 129-141; A. Domingo Malvadi y J. Signes Codoñer, “Hernán Núñez de Guzmán y el incunable 3 del Etymologicum Magnum de la Biblioteca del Palacio Real”, en Reales Sitios, 143 (2000), págs. 61-63; J. Signes Codoñer, C. Codoñer Merino y A. Domingo Malvadi, Biblioteca y epistolario de Hernán Núñez de Guzmán (El Pinciano). Una aproximación al humanismo español del siglo XVI, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 2001; L. Combet, J. Sevilla, G. Conde y J. Guia (eds.), Refranes o proverbios en romance / Hernán Núñez, Madrid, Guillermo Blázquez, 2001, 2 vols.; A. Alonso, “Comentando a Juan de Mena: Hernán Núñez y los humanistas italianos”, en Il confronto letterario. Quaderni del Dipartimento di Lingue e Letterature Straniere Moderne dell’Università di Pavia, 1 (2002), págs. 7-16; A. Madroñal, “Los Refranes o Proverbios en romance (1555), de Hernán Núñez, Pinciano”, en Revista de Literatura, 64 (2002), págs. 5-39; T. Jiménez Calvente, “Los comentarios a las Trescientas de Juan de Mena”, en Revista de Filología Española, 82 (2002), págs. 21-44; C. Codoñer, “El diálogo con los textos de Hernán Núñez de Guzmán”, en J. M.ª Maestre, J. Pascual Barea y L. Charlo Brea (eds.), Humanismo y Pervivencia del Mundo Clásico. Homenaje al profesor Antonio Fontán, Alcañiz-Madrid, Instituto de Estudios Humanísticos-Laberinto-CSIC, 2002, págs. 855-875; A. Domingo Malvadi, “Núñez de Guzmán, Hernán”, en J. F. Domínguez (ed.), Diccionario biográfico y bibliográfico del Humanismo español (siglos XV-XVII), Madrid, Ediciones Clásicas, 2012, págs. 622-625; T. Jiménez Calvente, “Núñez de Guzmán, Hernán”, en L. M. Gutiérrez Torrecilla, M. Casado Arboniés y P. Ballesteros Torres (eds.), Profesores y Estudiantes. Biografía Colectiva de la Universidad de Alcalá (1508-1836), Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 2013, págs. 486-491; A. Domingo Malvadi, “El Pinciano y su contribución a la Biblia Políglota de Alcalá (1514-1517)”, en Pecia complutense, 19 (2013), págs. 49-81.

 

 

 

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