Biografía escrita por Mónica Bolufer Peruga Profesora Titular de la Universitat de València, en el Departamento de Historia Moderna, trabaja en historia sociocultural e historia de las mujeres en la época moderna, en particular en el siglo XVIII. Entre sus intereses y objetos de investigación figuran la representación de la diferencia de sexos en la cultura de la Ilustración y las prácticas de escritura y lectura femeninas. Es Vicepresidenta de la Fundación Española de Historia Moderna y forma parte de la Junta Directiva de la Asociación Española de Investigación de Historia de las Mujeres.


Felicitas de Saint-Maxent. Condesa de Gálvez (I). Ilustrada, afrancesada y anfitriona de tertulias literarias y políticas.

Luisiana (Estados Unidos), 1758 – Aranjuez (Madrid), 1799.

Hija del comerciante más acomodado del territorio de Luisiana, por entonces español, contrajo un primer matrimonio con el francés Jean-Baptiste-Honoré Destrehan, del que nació su primera hija. Viuda ya a los diecinueve, casó en 1777 con el gobernador Bernardo de Gálvez, sobrino del secretario de Indias José de Gálvez, con el que tuvo dos hijas y un hijo. Tras fallecer su marido, en 1786, siendo virrey de Nueva España, la condesa viuda se trasladó a Madrid, donde se instaló desde 1787, en una casona de la , y se hizo célebre como anfitriona de tertulias en las que participaban ilustres literatos y políticos, entre ellos Aranda, Cabarrús, Jovellanos, Moratín, Sabatini o Ignacia Clemente, viuda del ministro de Hacienda Miguel Múzquiz, conde de Gausa, en las que se hablaba en francés y se recibían publicaciones del país vecino.

A partir de 1789, y en el contexto del repliegue ideológico y político acentuado por el temor a la Revolución Francesa, esas reuniones y sus participantes se hicieron sospechosos a los ojos del secretario de Estado, Floridablanca. En junio de 1790 fue detenido Cabarrús, mientras le visitaban la condesa de Gálvez y sus hijos. En agosto del mismo año, se sometió a vigilancia, por orden de Campomanes, la tertulia de la condesa, en la que, según el informe resultante, “era grande el concurso de extranjeros y aun de nacionales”. Finalmente, el 11 de septiembre fue desterrada a Valladolid, autorizándose en 1791 su traslado a Zaragoza. Desde el destierro, se defendió en sus cartas de las acusaciones de difundir las ideas revolucionarias, tratando de presentar sus tertulias como reuniones carentes de contenido político. Absuelta en 1793, murió cinco años más tarde en Aranjuez. Su peripecia vital, similar a la que vivieron otros contemporáneos represaliados por sus ideas, como sus amigos Cabarrús y Jovellanos o la condesa de Montijo, ilustra, además, el papel de los salones, muchas veces animados por mujeres, como espacios informales de sociabilidad, cultura y discusión política entre el final del Antiguo Régimen y los comienzos del liberalismo.


Bibl.: E. Beerman, “El conde de Aranda y la tertulia madrileña (1788-1790) de la viuda de Bernardo de Gálvez”, en E. Serrano (ed.), El conde de Aranda y su tiempo, t. II, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1999, págs. 349-362.


Imagen: Cervantes Virtual. http://goo.gl/Pvp2V9

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