Biografía escrita por Herbert González Zymla, Autor de una tesis sobre el relicario del Monasterio de Piedra.


Guillén de Leví. Pintor.

¿Jarque (Zaragoza)?, p. m. s. XIV. Zaragoza o Tarazona, f. s. XIV. doc. 1378-1408.

Pintor perteneciente a una familia de artistas, de probable origen judío o judío converso, que se clasifica dentro de la escuela pictórica aragonesa en la corriente italo-gótica, activo en el último tercio del siglo XIV, en la diócesis de Tarazona y Zaragoza, especialmente en el arcedianato de Calatayud. Se ha limitado la cronología de la actividad de Guillén de Leví entre los años 1378 y 1408.

La personalidad artística de Guillén de Leví es muy difícil de separar respecto de la personalidad de Juan de Leví, con quien habitualmente trabajaba en equipo. Consta que fue vecino de Zaragoza, por un documento fechado el 5 de noviembre de 1380 que es una carta de paz firmada con Pedro de Moragas (Pere Moragues), que era maestro mayor de la obra e imágenes de piedra de la ciudad de Barcelona, que había intentado matar a Guillén en una riña por el incumplimiento de un contrato, pero que, con mediación de varios artistas y amigos, firmaron tregua y paz para proseguir con los negocios que tenían juntos. Poco después, en Zaragoza, el 30 de diciembre de 1385, se comprometió para pintar un retablo dedicado a los santos Vicente y Mateo, para la capilla funeraria de Miguel de Capiella, en el convento de San Francisco de Zaragoza, por 1.000 sueldos jaqueses. En Zaragoza,el 29 de noviembre de 1386, contrató la  ejecución de tres retablos de pintura dedicados dos de ellos a la vida de la Virgen María y uno a San Martín, por encargo de Inés Pérez de Enbun, señora de Bárboles, en La Almunia de Doña Godina, por el precio de 150 sueldos jaqueses. El 13 de marzo de 1392, contrató pintar un retablo para la capilla funeraria de Miguel Martínez de la Cueva, en la iglesia de los dominicos de Calatayud por precio final de 135 florines de oro, obra cuyo contrato hubo de ser renovado el 29 de noviembre de 1396, porque había quedado incumplido. Este segundo contrato especificaba los buenos materiales con que debía hacerse el retablo y situaba a Guillén trabajando en Calatayud en febrero de 1397. También consta que empleó parte de sus ahorros en la compra de un censo enfitéutico en Jarque, valorado en un principal de 6.000 sueldos jaqueses, por el que los señores del lugar, Lope Ximénez de Urrea y Toda Pérez de Leuma, el concejo de cristianos y la aljama de moros, le pagaban un treudo perpetuo de 600 sueldos anuales; ello condujo a pensar que los Leví hubieron de ser naturales de Jarque y, habitualmente se les tiene por nacidos en esta localidad. En el citado documento se cita a Blanca de Bolos como esposa de Guillén de Leví, de quien se sabe que murió en 1396 y que hizo testamento nombrando a su esposo heredero universal de todos sus bienes.

Desde el punto de vista artístico, el estilo de Guillén de Leví es ignoto por no haber llegado hasta hoy ninguna de sus obras documentadas, pero, a través del estilo de Juan de Leví, se puede presumir que, en líneas generales, ambos desplegaron un estilo espontáneo en el que dominaba la libertad de composición y la originalidad frente a los convencionalismos figurativos de la pintura gótica del siglo XIV. Hicieron uso de la perspectiva lineal caballera para representar arquitecturas y paisajes y demostraron un marcado interés por la individualización expresiva de cada personaje; gustaban de composiciones abigarradas, con acumulación de multitud de figuras, muy ricamente vestidas. Tendían a eliminar los rasgos hieráticos, sustituidos por representaciones de mayor naturalismo y dulzura (en caso de ser imágenes sagradas, serenas y solemnes) y de mayor tensión y expresividad dramática (en caso de ser temáticas iconográficas que así lo requirieran por narrar martirios o escenas de confusión y movimiento). A ello hay que añadir un creciente realismo que atendía a captar lo cotidiano, acercando las imágenes sagradas e intemporales a las vivencias cotidianas y particulares de los fieles, de modo que sus pinturas se convirtieron en un buen testimonio para reconstruir el vivir cotidiano de fines del XIV en el valle del Ebro. El gusto por los detalles ornamentales de tradición semita (epígrafes en árabe y hebreo, y azulejos en el suelo de tradición hispanomusulmana) y por la minuciosidad narrativa puede ponerse en relación con la habilidad de los talleres de miniaturistas donde quizá pudo formarse Guillén de Leví.

Mañás Ballestín considera que Guillén de Leví fue pintor y tallista de madera. Entre 1401 y 1408 se ha querido documentar su trabajo junto a Juan de Leví en el retablo dedicado a los santos Lorenzo, Prudencio y Catalina, que preside la capilla de San Lorenzo de la catedral de Tarazona. Camón Aznar, Torralba Soriano, Mañás Ballestín y Azcárate, por razones estilísticas, le han atribuido las tablas exteriores del retablo relicario del monasterio de Piedra fechado en 1390, que contienen una narración minuciosa de la vida de la Virgen y del nacimiento y pasión de Jesucristo (hoy en la Real Academia de la Historia), encargado por el abad Martín Ponce con participación financiera de Martín I el Humano, cuando era duque de Montblanc, en donde se observa una curiosa conjunción de formas góticas e hispanomusulmanes en una suerte de mudéjar muy especial que sólo se dio en el área de Calatayud y que constituye una de las excepciones más singulares del arte hispánico. Asimismo, se le atribuye la tabla de la Crucifixión de Pedrola y los noventa y seis ángeles pintados en la techumbre de la capilla del castillo palacio de Mesones de Isuela.

Se ha intentado sin éxito relacionar la actividad de los Leví de Aragón y Zaragoza con los Leví de Soria, también pintores, de quienes desciende la dinastía familiar de los García de Santa María. La actividad artística de los Leví puede relacionarse también con el trabajo de otros pintores de credo judío al servicio de cristianos, como Abraham de Salinas, Bobastruch y su hijo, y Moisés Abenforma, que se han documentado trabajando en la ornamentación de techumbres y en la aplicación de policromías ornamentales sobre madera.


Obras de ~: Retablo de san Vicente y san Mateo, capilla de Miguel de Capiella, convento de San Francisco de Zaragoza, 1385 (desapar.); Retablo de santa María y retablo de san Martín, capilla de Inés Pérez de Enbun, La Almunia de Doña Godina, 1386 (desapar.); Retablo relicario del monasterio de Piedra con el ciclo narrativo de la vida de la Virgen, nacimiento y pasión de Cristo, 1390, Real Academia de la Historia (atrib.); Retablo de la capilla de Miguel Martínez de la Cueva, iglesia de los dominicos de Calatayud, 1392 (desapar.); Retablo de los santos Lorenzo, Prudencio y Catalina, catedral de Tarazona, 1401-1408 (atrib.); Tabla de la Crucifixión, iglesia parroquial de Pedrola (atrib.); Ángeles ceriferarios de la techumbre de la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, castillo palacio de Mesones de Isuela (atrib.).


Bibl.: M. Serrano y Sanz, “Documentos relativos a la pintura en Aragón”, en Revista de Archivos Bibliotecas y Museos (Madrid, M. Rivadeneyra), XXXIII (1915), págs. 413-151; J. M. Sanz Artibucilla, “Un retablo gótico en Tarazona (Aragón)”, en Archivo Español de Arte (Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC), n.º 58 (1943), págs. 223-238; “Guillén y Juan de Leví, pintores de retablos”, en Sefarad (CSIC, Instituto de Filología) (1944), págs. 76-86; J. Camón Aznar, Pintura Medieval Española, en J. Pijoán (dir.), Summa Artis, t. XXII, Madrid, Espasa Calpe, 1966, págs. 294-295; F. Torralba Soriano et al., Arte en Aragón, Madrid, Fundación Neguer Marol, 1977 (col. Tierras de España); F. Mañas Ballestín, Pintura gótica aragonesa, Zaragoza, 1979, págs. 81-87; “El retablo relicario del Monasterio de Piedra”, en VV. AA., Segundo encuentro de estudios Bilbilitanos, Calatayud, Institución Fernando el Católico, 1989, págs. 323-334; J. M. Azcaráte Ristori, Arte Gótico en España, Madrid, Cátedra, 1990, pág. 309; M. C. Lacarra Ducay, “Juan de Leví, pintor al servicio de los Pérez Calvillo en su capilla de la Seo de Tarazona (1403-1408)”, en Retablo de Juan de Leví y su restauración, Zaragoza, Diputación de Aragón, 1990, págs. 29-45 y 57-63; “Benedicto XIII y el arte”, en Academia (Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando), n.º 80 (1995), págs. 215-233; “El Papa Luna, la escultura y la Pintura”, en VV. AA., VI Centenario del Papa Luna. 1394-1994. Jornadas de estudio VI Centenario del Papa Luna, Calatayud, Institución Fernando el Católico, Centro de Estudios Bilbilitanos, 1996, págs. 185-186; J. M. Pita Andrade, “Tríptico relicario del Monasterio de Piedra”, en Tesoros de la Real Academia de la Historia, Madrid, Real Academia de la Historia, 2001, págs. 78-88 y 251-252; J. Eiroa Rodríguez, Real Academia de la Historia. Catálogo del Gabinete de Antigüedades. Antigüedades Medievales, Madrid, Real Academia de la Historia, 2006, págs. 165-168. H. González Zymla, El altar relicario del Monasterio de Piedra, Madrid, Real Academia de la Historia – Institución Fernando el Católico, 2013.


Imagen: Real Academia de la Historia.

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