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Gabriel Maura Gamazo. Duque de Maura (I), conde de la Mortera (V)

Madrid, 25.I.1879 – 29.I.1963. Político e historiador.

Primogénito de Antonio Maura, cursó sus primeros estudios en el Colegio de San Antón, regentado por los escolapios. Luego, se licenció en Derecho, por la Universidad Central de Madrid, estudiando con carácter libre, bajo la dirección de Elías Tormo, historiador y crítico de arte. En su afán de completar su preparación como jurista y como ampliación de su carrera universitaria, viajó por Alemania, Bélgica e Inglaterra. En un primer momento, su vocación fue la de abogado y centró su interés en los temas sociales, distinguiéndose como orador y polemista en la Academia de San Luis y en el Ateneo madrileño. En su obra Tres generaciones del Ateneo, Manuel Azaña le vio “tocado de diletantismo socializante”. En su primera obra, Jurados Mixtos para dirimir las diferencias entre patronos y obreros y para prevenir o remediar las huelgas, que recibió el Premio de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, alaba al socialismo de cátedra y al catolicismo social, y se muestra partidario de las organizaciones e instituciones corporativas de cara a remediar los conflictos entre clases sociales.

Acabados sus estudios de Derecho, trabajó en el bufete paterno desde 1902, y contrajo matrimonio, al año siguiente, con Julia de Herrera y de Herrera, hija mayor del conde de la Mortera. Identificado con las posiciones de su padre, su carrera política comenzó en 1903 cuando ocupó un escaño en el Congreso por el distrito de Calatayud, continuando su actividad como tal los años siguientes, de 1905, 1907, 1910 y 1914.

Perteneció, entre otras comisiones, a la del Consejo de Conciliación y Arbitraje Industrial y de Huelgas y Coligaciones, de la que fue secretario. Intervino en la segunda Conferencia de la Paz, que se celebró en La Haya, en 1907, donde figuró como tercer delegado plenipotenciario de España; y también como primer delegado en la Conferencia Naval de Londres, de 1908. Al mismo tiempo, colaboró en las revistas La Lectura, Nuestro Tiempo y Cultura Española, con artículos sobre temas sociales, históricos y de política internacional.

En 1908 polemizó, en la revista Faro, con el joven pensador José Ortega y Gasset, a propósito del contenido y el alcance de una hipotética reforma liberal del régimen de la Restauración. A raíz de esa polémica, pasó por ser, para algunos, el “bautista” de la llamada Generación del 98, al ser el primero en emplear tal denominación para designar al grupo intelectual y literario nacido de la experiencia del Desastre.

Tras la crisis de 1909, que puso fin al llamado Gobierno Largo de Antonio Maura, permaneció unido a su padre, convirtiéndose en su secretario político y más íntimo consejero. Consecuentemente, en 1913, se pronunció contra Eduardo Dato y se convirtió en uno de los portaestandartes de la disidencia maurista en el Partido Liberal-Conservador. En 1917 perdió su escaño por Calatayud, pero, al año siguiente, fue nombrado senador vitalicio. No fue, sin embargo, ministro, ni con su padre, ni en ningún otro gabinete conservador, pese a que Eduardo Dato le ofreció en 1920 una cartera.

Al margen de su actividad como político y articulista, centró su condición de intelectual en la historia.

Su primera obra de importancia fue Carlos II y su Corte, publicada entre 1911 y 1915. Académico de la Historia desde 1913, su discurso de entrada versó sobre La Historia y su misión en España según Menéndez Pelayo, donde se declaró discípulo del polígrafo santanderino, quien le había enseñado “cuán urgente y necesario para integrar la historia patria el estudio de la España de Carlos II, decadente y misérrima en verdad, pero mucho más castiza que lo fue nunca la del siglo xviii, espiritual y políticamente adulterada por tantas exóticas influencias”. La misión de la historia, entendida sobre todo como género literario, era “señalar a la Patria rumbos regeneradores”. Se sintió influido igualmente por Macaulay y por Ferrero. El contenido de sus obras históricas se encuentra relacionado con el proyecto político de revolución desde arriba maurista. En 1920, ingresó en la Real Academia Española, con un discurso sobre Algunos testimonios históricos contra la falsa tesis de la decadencia nacional, en el que defendió, frente a Joaquín Costa y Ricardo Macías Picavea, que el problema de España no radicaba en la demografía, ni en la fuerza militar o en la economía, sino en “la atrofia congénita del órgano más noble de la vida nacional, que es el civismo”. La sociedad española adolecía de “incivilidad”; y necesitaba, por tanto, de “una sola revolución: la de la conducta de los gobernantes; de una única reforma: la íntima y educadora de cada gobernado”.

A la labor política e historiográfica, se sumó la económica.

Desde 1917, formó parte del consejo de administración del Banco Español de Crédito; y estuvo vinculado a diversas empresas bancarias e industriales: Sociedad España, Sociedad Anónima Hidroeléctrica del Bosque, La Industria Eléctrica, Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Madrid, Siemens, Banco Popular León XIII, Villar and Company Succesor, Banco Español del Río de la Plata, Banco Comercial Español, Banco Urquijo, Sociedad Anónima del Caucho Industrial, Asociación Nacional Cooperativa de Crédito, Fábrica de Cervezas El Águila, Eléctrica de Madrid, Banque Français et Espagnol, Banco di Roma, Ferrocarriles de Cataluña, etc.

Tras la muerte de su padre, tuvo ocasión de desarrollar una acción política autónoma. Entre 1924 y 1926 ocupó la presidencia de la Federación de Fútbol.

Con la dictadura de Primo de Rivera, formó parte de la Asamblea Nacional Consultiva e intervino, junto a Ramiro de Maeztu, César Silió, Antonio Goicoechea, José María Pemán, Juan de la Cierva, etc., en su Sección Primera, encargada de elaborar un nuevo texto constitucional. Se mostró partidario de una nueva Constitución, en la que existiese una clara separación entre los poderes ejecutivo y legislativo, con un Consejo del Rey, que asesorara al Monarca, y una organización del poder judicial robusta e independiente. El proyecto fracasó; una vez conocido, fue rechazado por el propio Primo de Rivera, y ni tan siquiera se sometió a discusión. Tras la dimisión de Primo de Rivera a comienzos de 1930, Maura publicó su Bosquejo histórico de la Dictadura, en el que sometió a dura crítica al régimen caído. La dictadura había carecido de proyecto político claro. Su partido, la Unión Patriótica, había sido, en la práctica, una “masa gregaria coreadora del Dictador”. Y supuso una clara regresión “al despotismo ilustrado”, a un sistema sin opinión pública y, por lo tanto, ayuno de legitimidad. Además, Primo de Rivera se equivocó en su relación con los militares y los intelectuales. El rey Alfonso XIII le concedió poco después de la publicación de la obra el título de duque de Maura, en memoria de su padre.

A lo largo de 1930, intentó articular, junto a otros mauristas como Goicoechea, Silió y Montes Jovellar, una alianza con la Lliga Regionalista de Francesc Cambó, de cara a la reconstrucción del conservadurismo liberal, tras el período primorriverista; lo que dio lugar a la creación del llamado Centro Constitucional, a comienzos de 1931, intento frustrado por la caída del gobierno de Dámaso Berenguer, la enfermedad de Cambó y el rápido advenimiento de la Segunda República.

En febrero de 1931, ocupó la cartera de Trabajo en el gabinete presidido por el almirante Juan Bautista Aznar. Ante la derrota de los candidatos monárquicos en las elecciones municipales de abril, se mostró partidario, en un principio, de la convocatoria de unas elecciones generales y, frente a Juan de la Cierva, contrario al uso de la fuerza. Luego, consideró inevitable la expatriación de Alfonso XIII. Y fue el autor principal, junto a Colom y Cardany, del manifiesto en que el Monarca anunciaba su salida de España.

Tras el advenimiento de la Segunda República, se exilió en la localidad francesa de Biarritz, aunque posteriormente alternó su estancia en la localidad francesa con amplios períodos de tiempo en España. Su valoración del cambio de régimen fue absolutamente negativa; y así lo expresó en su libro Dolor de España, donde predijo que la Segunda República, dada la invertebración de la sociedad española y la ausencia de una clase media fuerte, llevaba directamente a “la dictadura del proletariado”, porque los auténticos triunfadores del 14 de abril habían sido los socialistas. Consideró, además, inadaptable a la realidad española la Constitución de 1931, por su excesivo parlamentarismo y anticlericalismo, todo lo cual llevaba a la guerra civil. No obstante, a diferencia de la mayoría de los monárquicos, manifestó públicamente su fidelidad al liberalismo y a la Monarquía constitucional. No participó en la gestación del golpe de Estado del general José Sanjurjo en agosto de 1932; pero conocía, como se sabe por su correspondencia privada, sus preparativos, que consideró prematuros; al final, el pronunciamiento le pareció una “botaratada”. No militó en Renovación Española, el partido oficial monárquico dirigido por el antiguo maurista Antonio Goicoechea; ni en la posibilista Acción Popular; tampoco colaboró en las páginas de la revista Acción Española.

El estallido de la Guerra Civil le sorprendió en Lisboa, donde formó parte, al lado de José María Gil Robles, de una Junta del Estado Español. Fue nombrado para ella por el general Emilio Mola; y cesó en el momento en que la embajada española en Portugal pasó a ser desempeñada por Nicolás Franco. Su alternativa política fue presentada en el libro Dilemas nacionales, publicado en Lisboa en 1938, pero censurado en la España nacional. En esta obra abogaba por la instauración de una Monarquía tradicional y corporativa, con un Consejo Nacional o del Reino. Rechazaba, en cambio, cualquier posibilidad de adaptar a la realidad española un régimen de carácter totalitario; y, en ese sentido, criticó a los falangistas. Tras el final de la Guerra Civil, mantuvo su reticencia ante el nuevo Estado; se declaró partidario de la unión de los monárquicos en la persona de don Juan de Borbón y de la restauración de la Monarquía apoyada por el Ejército.

Fue uno de los firmantes del “saluda” con que una serie de políticos, intelectuales y financieros acogieron la llegada del pretendiente al trono a la localidad portuguesa de Estoril. Y rechazó el contenido de la Ley de Sucesión de 1947, que configuraba, a su juicio, una monarquía “electiva”. A partir de 1948, fue miembro del Consejo Privado del conde de Barcelona.

Aunque muy crítico con Franco, se opuso a la táctica de Gil Robles de pactar con los socialistas de Indalecio Prieto. Siguió criticando el desarrollo legislativo del régimen de Franco, en obras como Rezago de España en el Movimiento de Europa, Problemas constitucionales de España y Presente y porvenir de España, mostrándose partidario, ante la nueva realidad política de Europa, de la restauración de la Monarquía constitucional. Colaboró igualmente en la Biblioteca del Pensamiento Actual, dirigida por Rafael Calvo Serer y Florentino Pérez Embid, con su libro La crisis de Europa, publicado por la editorial Rialp en 1952, donde reiteraba sus posiciones monárquicas y liberales, como solución al problema español y europeo.

Al mismo tiempo, continuó con su labor historiográfica y publicó Vida y reinado de Carlos II, Por qué cayó Alfonso XIII —en colaboración con Melchor Fernández Almagro—, Hechizos de Carlos II, El príncipe que murió de amor, María Luisa de Orleans, reina de España, Desistimiento español de la empresa imperial, Fantasías y realidades del viaje a Madrid de la condesa D’Aulnoy, Conferencias sobre Quevedo, Estatuas que vuelven a ser hombres, etc. Fue nombrado, además, académico de la Hispano- Americana de Ciencias y Artes, correspondiente de la Academia Colombiana, Panameña y Portuguesa de la Historia; y miembro del Instituto de Coímbra.


Obras de ~: Jurados Mixtos para dirimir las diferencias entre patronos y obreros y para prevenir o remediar las huelgas, Madrid, Imprenta Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1901; Carlos II y su Corte, Madrid, Librería de F. Beltrán, 1911- 1915; La Historia y su misión en España según Menéndez Pelayo, Madrid, Real Academia de la Historia, 1913; Algunos testimonios históricos contra la falsa tesis de la decadencia nacional, Madrid, Real Academia Española, 1920; Historia crítica del reinado de Alfonso XIII durante la minoridad bajo la regencia de su madre doña María Cristina de Austria, Barcelona, Montaner y Simón, 1929; Bosquejo histórico de la Dictadura, Madrid, Javier Morata, 1930; Dolor de España, Madrid, Tipografía Archivos, 1932; Conferencias sobre Quevedo, Madrid, Saturnino Calleja, 1942; Vida y reinado de Carlos II, Madrid, Espasa Calpe, 1942; El príncipe que murió de amor, Madrid, 1944; Por qué cayó Alfonso XIII, Madrid, Ambos Mundos, 1948; La crisis de Europa, Madrid, Rialp, 1952; Desestimiento español de la empresa imperial, Madrid, Espasa Calpe, 1957; Lo que la censura se llevó, pról. de J. Tusell, Madrid, Fundación Antonio Maura, 1988.

Fuentes y bibl.: Archivo Histórico de la Fundación Antonio Maura, Fondo Gabriel Maura Gamazo; Archivo del Senado, Exps. personales, HIS-0278-01; Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación electoral, 117 n.º 49, 119 n.º 49, 121 n.º 49, 123 n.º 49, 125 n.º 49 y 127 n.º 49.

M.Azaña, Tres generaciones del Ateneo (discurso leído en la sesión de apertura del curso de 1930-1931), Madrid, Sáez Hermanos, 1930; R. Marquina, “El bautista de la Generación del 98”, en La Gaceta Literaria, 15 de febrero de 1931; J. Tusell, “Prólogo”, en G. Maura Gamazo, Lo que la censura se llevó, op. cit., 1988; M. J. González Hernández, Ciudadanía y acción. El conservadurismo maurista (1907-1923), Madrid, Siglo XXI, 1990; M. C. Rivera Fernández de Velasco y M. J. Miralbell Guerin, Inventario del Fondo documental de don Gabriel Maura Gamazo, Duque de Maura, Madrid, Fundación Antonio Maura, 1993; El universo conservador de Antonio Maura, Madrid, Biblioteca Nueva, 1997; F. Díaz-Plaja, La saga de los Maura, Barcelona, Nihil Obstat Ediciones, 2000.


Biografía escrita por Pedro Carlos González Cuevas procedente del Diccionario Biográfico Español.

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