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Francisco Barado y Font

Badajoz, 10.III.1853 – Tarragona, 1.I.1922. Militar y escritor.

Hijo de un oficial de Infantería, ingresó en el Ejército por recluta, alcanzó el empleo de comandante y llegó a ser uno de los mejores historiadores del Ejército.

Cuando Emilio Castelar se hace cargo del Poder Ejecutivo de la primera República, comprende, como ya lo había hecho su antecesor Nicolás Salmerón, que es preciso acabar, cuanto antes, con los tres frentes bélicos que hacían peligrar el nuevo régimen: la guerra en Cuba, la cantonal y la carlista. Castelar toma una serie de medidas militares de trascendencia, como la reorganización del disuelto cuerpo de Artillería y una recluta extraordinaria de hombres para el servicio, entre otras. Es en esta leva en la que toca la suerte de soldado al joven Francisco Barado, ya licenciado por la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona y apasionado por los estudios de historia.

Barado es destinado al Regimiento de Montaña con guarnición en Barcelona y se incorpora el 28 de febrero de 1874, es decir, cuando la experiencia republicana ha sido liquidada, tras la entrada del general Pavía en el Congreso el 1 de enero, y a dos días de hacerse cargo de la presidencia del Consejo de Ministros y del Ministerio de la Guerra el general Zabala, quien confirma la recluta extraordinaria.

En febrero de 1875 recibió el nombramiento de alférez de milicias, siendo destinado al Batallón Provincial de Barcelona con el que se incorporó, de inmediato, al frente carlista, participando muy destacadamente en varias acciones en la zona de Baró y Manresa. Por antigüedad y méritos de guerra, ascendió a alférez de Infantería, continuando sus servicios hasta el final de la guerra civil.

En estos años de posguerra, entre la situación de licencia y de reemplazo, disfrutó del tiempo suficiente para comenzar su producción científica, publicando en 1878 su primera obra de importancia, La elocuencia militar. Aquí se inicia también su reconocimiento oficial, al amparo de las medidas adoptadas por el rey Alfonso XII para estimular el nivel técnico de los oficiales. Como premio a su erudición le fue concedido, en 1880, el grado de teniente. Dos años después, demuestra que su formación intelectual le permite abordar también temas profesionales con la misma soltura con la que trata los puramente humanísticos, dentro del ámbito castrense. La publicación de Armas portátiles de fuego y El moderno armamento de la Infantería y su influencia en el combate le supone el grado de capitán. De 1882 a 1886 publica una de las mejores obras de historia militar de todos los tiempos, El Museo militar, que recoge en tres tomos el arte militar desde la antigüedad hasta la fecha de su edición. Por la publicación de esta obra, Barado recibe el ascenso efectivo a capitán. Es en esta obra histórica en la que Barado muestra su maestría en el empleo del método científico histórico. Emplea la historia social para llegar a conclusiones más generales, introduciendo las actividades económicas y el análisis poblacional para explicar la decadencia en el reinado de Felipe II.

En 1887 consigue su ingreso en la escala de reserva, lo que le permite dedicarle más tiempo a la investigación y producción histórica. Es en esta etapa en la que escribe algunas de sus obras más importantes, como un compendio de literatura militar que recoge el trabajo de los autores militares más importantes de la historia y, sobre todo, La vida militar en España, una magnífica obra de sociología militar, que recoge una serie de cuadros de costumbres militares de la época imprescindibles para conocer la realidad del Ejército español decimonónico. Un gran atractivo de esta obra, de gran formato, es que fue publicada en colaboración con el capitán José Cusachs, sin duda el militar pintor por excelencia, quien realizó una serie de ilustraciones de una calidad excepcional.

En 1892 comienza una nueva etapa en Madrid, ocupando diversos destinos burocráticos e incorporándose de pleno derecho al Centro del Ejército y la Armada, buque insignia del movimiento intelectual castrense que se había articulado en 1872 con su predecesor, el Ateneo del Ejército y la Armada. El mismo año de llegar Barado a Madrid, ya forma parte, en calidad de secretario, junto a Muñiz y Terrones, de la Junta de gobierno presidida por, general Borrero y nombrada el 6 de diciembre de 1892. Buena prueba del prestigio con el que llegaba el capitán Barado a la capital del reino.

Causó auténtica sensación, entre los socios e invitados, su conferencia, pronunciada en el curso de 1892, titulada: “La historia militar de España”, en la que pasó revista a los principales hechos de armas ocurridos en España partiendo de la antigüedad. Participó con éxito en las veladas literarias que se desarrollaban, periódicamente, en el Centro y hasta su regreso a Barcelona disfrutó de un gran prestigio, siendo su presencia inexcusable en cuantos acontecimientos se celebraron en el centro cultural militar.

Francisco Barado consigue, con su erudición y capacidad de trabajo, no sólo el reconocimiento del mundo académico, sino también el de las autoridades militares, quienes disponen una comisión oficial para que el capitán historiador pueda investigar sobre las guerras de España en Alemania, Italia y Holanda, otorgándole todo tipo de facilidades, como la consulta de los archivos históricos más importantes. Este encargo, tan poco frecuente en el Ejército, permitió a Barado dedicarse profesionalmente a la investigación histórica, nada menos que diez años, entre 1895 y 1905, produciendo algunos de sus mejores estudios.

El reconocimiento civil le viene de la concesión de sucesivas medallas de oro en las exposiciones universales de Barcelona, en 1888, París, al año siguiente, y Colonia, en 1891. En octubre de 1905 fue nombrado académico de número de la Real Academia de la Historia.

En 1908 asciende a comandante y a finales de año vuelve a ser destinado a Barcelona, donde pasará a la situación de retirado en 1913. Vivió en Tarragona hasta su muerte en 1923.

El comandante Francisco Barado introduce en los estudios de historia militar el rigor científico y la objetividad en los planteamientos, lo que le convierte en uno de los mejores historiadores militares de todos los tiempos.


Obras de ~: Elocuencia militar, Barcelona, Imp. Peninsular, 1878; La guerra y la civilización, Madrid, 1879; Armas portátiles de fuego, Barcelona, Evaristo Ullastres, 1880; con P. A. Berenguer, César en Cataluña, Madrid, 1882; Museo militar: historia del Ejército español, armas, indumentaria, sistemas de combate, instituciones y organización del mismo desde la antigüedad hasta nuestros días, Barcelona, Manuel Soler, 1882-1886, 3. vols.; Historia del peinado, Barcelona, José Serra, 1887; La vida militar en España, Barcelona, Sucs. de N. Ramírez y Cía., 1888; Literatura militar española, Madrid, Imp. C. Cano, 1889; La pintura militar, Madrid, 1890; Mis estudios históricos, Madrid, Librería Militar, 1893; La historia militar de España, Madrid, Tip. de la “Biblioteca Económica de Ciencias Militares” 1893; Contradicciones entre el estado social y el estado militar, Madrid, 1894; Ronda volante: episodios, narraciones y estudios de la vida militar, Valencia, Pascual Aguilar, 1894; Sitio de Amberes, Barcelona, Tip. F. Giró, 1895; Dominación y guerra en los Países Bajos, Madrid, 1902; con J. Ibáñez Marín, Cartilla militar y patriótica, Madrid, 1900; En la Brecha. Cuentos y fantasías, Barcelona, Antonio López-Librería Española 1900; Don Juan de Austria en Flandes, Madrid, 1901; D. Luis de Requesens comendador mayor de Castilla, Madrid, 1902; Don Antonio Franch y Estalella héroe del Bruch y primer caudillo catalán en la guerra de la Independencia, Madrid, 1903; Discurso leído en el solemne acto de apertura del curso 1904-1905 en la Escuela de Estudios Militares del Centro del Ejército y la Armada, Madrid, R. Velasco, 1904; Discurso leído en la Real Academia de la Historia en la recepción pública del Sr. D. Francisco Barado, el día 27 de mayo de 1906, Madrid, Imp. del Patronato de Huérfanos de Administración Militar, 1906; Nuestros soldados. Narraciones y episodios de la vida militar, Barcelona, Henrich y Comp.ª, 1909.

Bibl.: J. Coll y Astrell, Monografía histórica del Centro del Ejército y la Armada, Madrid, Imp. de Administración Militar, 1902; S. Payne, Los militares y la política en la España contemporánea, Paris, Ruedo Ibérico, 1968; M. Alonso Baquer, Historia política del Ejército español, Madrid, Ediciones del Movimiento, 1971; M. Díez-Alegría, Efímero esplendor. La escuela literaria militar, la gloriosa y la restauración, Madrid, Real Academia Española, 1980; C. Seco Serrano, Militarismo y civilismo en la España contemporánea, Madrid, Instituto de Estudios Económicos, 1984; J. Busquets, El militar de carrera en España, Barcelona, Ariel, 1984; J. M.ª Gárate Córdoba, “La cultura militar en el siglo XIX”, Historia social de las fuerzas armadas españolas, vol. IV, Madrid, Alhambra, 1986, págs. 141-267; J. Arencibia de Torres, Diccionario biográfico de literatos, científicos y artistas militares españoles, Madrid, E y P Libros antiguos, 2001; P. González-Pola de la Granja, La configuración de la mentalidad militar contemporánea (1868- 1909), Madrid, Ministerio de Defensa, 2003.


Biografía escrita por Pablo González-Pola de la Granja procedente del Diccionario Biográfico Español.

 

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