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Enrique de Aguilera y Gamboa, Marqués de Cerralbo (XVII)

Madrid, 8.VII.1845 – 27.VIII.1922. Político, arqueólogo y coleccionista.

Séptimo hijo del matrimonio formado por Francisco de Aguilera y Becerril, conde de Villalobos, y María Luisa de Gamboa y López de León, Enrique José Francisco de Aguilera y Gamboa nació en Madrid el 8 de julio de 1845. Miembro de una extensa familia de antiguo y respetado linaje, fue educado, al igual que sus doce hermanos, en la fe católica, la tradición y los ideales aristocráticos. Su primera afición infantil, coleccionar monedas cambiando la propina que le daban sus padres en tiendas y mercados, fue ampliándose gracias a sus lecturas y formación académica hacia otras disciplinas como la Historia, el Arte, la Literatura y las Ciencias Naturales. Cursó el Bachillerato Artístico en las Escuelas Pías de San Fernando, colaborando en las revistas Fomento Literario y La Ilustración Católica y realizó estudios de Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad Central de Madrid, donde compartió amistad y juveniles inquietudes con Juan Catalina García, Francisco Martín Melgar —con quienes creó en 1869 las Juventudes Católicas— y Antonio del Valle —cofundador de la sociedad literaria La Alborada.

Desde 1869 militó en el Partido Carlista, quizás influenciado por su tío José de Aguilera y Chapín, que sirvió como general del ejército de Carlos María Isidro durante la Primera Guerra Carlista. En 1871 contrajo matrimonio con Inocencia Serrano y Cerver (1816- 1896), viuda de Antonio del Valle y Angelín —ministro de Hacienda en 1840—, que aportó dos hijos al matrimonio, Antonio (1846-1900) y Amelia del Valle (c. 1850-1927), I y II marqueses de Villa-Huerta, de importancia decisiva en la creación del futuro Museo Cerralbo. Juntos formaron una familia compenetrada en aficiones y proyectos, que realizó numerosos viajes por Europa, visitando monumentos, museos y yacimientos arqueológicos en Francia, Portugal, Italia, Suiza, Holanda, Alemania, Austria-Hungría, Dinamarca, Noruega y Turquía. Durante dichos viajes adquirieron obras de arte y objetos de curiosidad para nutrir las colecciones del marqués de Cerralbo y su hijastro, y decorar primeramente su vivienda madrileña de la calle Pizarro y, después, el palacio de la calle Ventura Rodríguez.

Conde de Villalobos desde el fallecimiento de su padre (1867), heredó de su abuelo José de Aguilera y Contreras en 1875 el título de marqués de Cerralbo —que utilizará para presentarse en todos los ámbitos, llegando a firmar frecuentemente como “Cerralbo”— y los de marqués de Almarza y Campo Fuerte, conde de Alcudia, Foncalada y del Sacro Romano Imperio, dos veces grande de España, entre otros; cedió a sus hermanos el marquesado de Flores Dávila y los condados de Alba de Yeltes, Casasola del Campo y la Oliva de Gaytán. El origen de la Casa de Cerralbo, con solar en Ciudad Rodrigo (Salamanca) se remonta al siglo XIII; junto a los títulos heredó también numerosas fincas en los partidos judiciales de Vitigudino, Alba de Tormes, Ciudad Rodrigo, la Villa de Cerralbo y el palacio de San Boal en Salamanca, y terrenos en Aranda de Duero (Burgos), patrimonio que amplió tras su matrimonio al incorporar propiedades en Madrid, Santa María de Huerta (Soria) y Monroy (Cáceres).

Diputado a Cortes por Ledesma (Salamanca) en 1872 y senador del reino por derecho propio en 1885, ya iniciada su actividad política al servicio del Pretendiente al trono, Carlos de Borbón Austria- Este (duque de Madrid, Carlos VII), exiliado en Venecia, al cual había conocido en París por mediación de Melgar (1876). Ejerció una intensa actividad política en el seno del carlismo nuevo y recibió el encargo de formar una junta de seguidores leales para sustituir a la jefatura única de Cándido Nocedal. Tras el fallecimiento de éste en 1885, Don Carlos asumió la jefatura en una época convulsa y con el partido escindido —los nocedalistas fundaron el Partido Integrista Español, opuesto a los planteamientos del duque de Madrid—; Cerralbo, leal a Carlos, inició su ascenso político y fue nombrado en 1886 presidente de la Junta para la construcción del monumento dedicado a Zumalacárregui en Cegama (Navarra) y en 1888, presidente de un nuevo Círculo Tradicionalista formado en Madrid, que pretendía constituirse en un centro de reunión de todos los carlistas. Al año siguiente, en la celebración del XIII Centenario de la Conversión de Recaredo y de la Unidad Católica de España, le eligieron presidente de la Junta Central del Centenario, a la vez que se creó como órgano de expresión el periódico El Correo Español. El ideario político se difundía desde las tribunas —impartió la conferencia inaugural en el Círculo Tradicionalista de Madrid Iniciativa personal de los Reyes en España (1889)— y a través de exitosos viajes de propaganda durante 1889 y1890 por Valencia, Cataluña, Guipúzcoa y Navarra, que enardecían a los carlistas y preparaban el ambiente electoral, siendo algunos discursos recopilados en pequeñas publicaciones.

De 1890 a 1899 fue nombrado Delegado en España de Don Carlos y se entregó a la reorganización y modernización del Partido, a la creación de juntas y círculos con éxito, razón por la que fue nombrado Caballero de la Orden del Toisón de Oro y se le impuso el Collar de la Orden del Espíritu Santo. Para Jordi Canal, “el Marqués de Cerralbo fue, en todo caso, una de las piezas clave de la organización carlista finisecular”, responsable junto a otros dirigentes del partido, de la redacción del Acta de Loredán, programa carlista promovido por Carlos y dado a conocer en 1897.

El cansancio, los desencuentros políticos, el fallecimiento de su esposa y el desastre de 1898, tras el que se produjo un levantamiento a espaldas del Pretendiente, le llevaron a presentar su dimisión y a refugiarse temporalmente en Portugal, en momentos de dura represión gubernamental contra los carlistas.

La vida pública de los marqueses de Cerralbo fue intensa y, según las crónicas de sociedad, en su casa se celebraban concurridas fiestas, veladas literarias y musicales, tertulias a las que acudían artistas, políticos de todo signo, escritores, nobles y burgueses, que se hicieron más brillantes al trasladarse al hôtel con jardín y mirador construido en el moderno barrio de Argüelles, zona de ensanche dotada de todas las comodidades y servicios urbanos en donde se asentaron ricos propietarios, políticos y aristócratas. El solar fue adquirido en 1884 para edificar un palacio que sirviera a un tiempo de vivienda principal y museo, según las directrices de Cerralbo, de estilo clasicista en fachadas y diseño interior ecléctico, influenciado por las galerías italianas tantas veces visitadas y siguiendo los modelos decorativos franceses, según el común gusto de la época. La obra estuvo terminada en 1893, trasladando allí sus colecciones artísticas y arqueológicas. Colecciones y biblioteca crecieron a un tiempo y esta última, compuesta por más de diez mil volúmenes, llegó a ser la más completa de su tiempo en fondos de temática arqueológica y numismática —especialmente de autores españoles y franceses—, y muy heterogénea en contenidos: literatura, historia, religión, derecho, geografía, política, libros de viajes, guías de museos, historias generales de los pueblos y libros raros. Realizó adquisiciones en viajes y directamente en exposiciones nacionales e internacionales, subastas y anticuarios de Madrid, Venecia y París, muchas de las cuales procedían de la desamortización eclesiástica y extinción de mayorazgos que había tenido lugar décadas antes y otras, por ejemplo, de la Colección del marqués de Salamanca y la de José de Madrazo. Destacan entre los casi veintiocho mil objetos un extenso monetario, que reunió junto a su hijastro, pintura española de los siglos xvii y xviii (Eugenio Caxés, Arellano, Alonso Cano, Francisco de Zurbarán, El Greco, Luis Paret), porcelanas de Sèvres, Meissen, Wedgwood, Buen Retiro y China, cortinas y alfombras de Aubusson, tapices de Bruselas, lámparas de cristal de Murano, esculturas, relojes franceses e ingleses de los siglos XVIII y XIX, dibujos y estampas de escuelas europeas del siglo XVI al XIX, armas, armaduras y algunos objetos arqueológicos no relacionados con sus excavaciones, sino con regalos y compras. Cerralbo, conocedor del mercado del arte, estudiaba y documentaba sus obras predilectas en archivos y museos.

Con el cambio de siglo, tras abandonar temporalmente la política, siguió disfrutando de largas temporadas en Santa María de Huerta, su residencia de verano, dedicado a los concursos de carruajes y cría caballar, a la poesía y a la investigación histórica, cuyo interés mantuvo desde su juventud, introduciéndose poco a poco en la disciplina arqueológica.

No en vano Juan Catalina García le dedica en 1879 su compilación de artículos La Edad de Piedra, publicados en La Ilustración Católica, donde se hace referencia, entre otros, a las discusiones que ambos mantenían sobre la concordancia de la fe y las Ciencias ante la difusión de los avances darwinistas. En 1885 fue miembro del tribunal de la Cátedra de Arqueología en la Escuela Superior de Diplomática y en 1895 sufragó la excavación de Vives en el yacimiento madrileño de Ciempozuelos. Impartió conferencias en el Ateneo de Madrid sobre El Virreinato de Méjico, coincidiendo con el IV Centenario del Descubrimiento (1892) y publicó un estudio acerca de D.ª María Henríquez de Toledo, mujer del Gran Duque de Alba (1900).

En el primer tercio del siglo XX se asistía a la transición entre los investigadores eruditos, de formación humanística y autodidacta y los nuevos arqueólogos, gran parte formados específicamente en la Universidad, que ocupaban cátedras y/o participaban en trabajos de campo y gabinete auspiciados, entre otros, por organismos recién creados al amparo de la Ley de Excavaciones de 1911, a cuya redacción contribuyó notablemente Cerralbo —poniendo el acento en las obligaciones del Estado para la conservación del Patrimonio, según revelan los Diarios de Sesiones del Senado—. Protagonista de excepción, entendía la Arqueología como Ciencia, objeto de conocimiento y herramienta para hacer Historia y colaboró desde varios frentes en la institucionalización de los estudios de Arqueología y Prehistoria en España, así como en su difusión internacional. Emprendió y sufragó más de un centenar de intervenciones con la intención de dotar de repertorios materiales a los museos nacionales —según el Inventario de entrega al Museo Arqueológico Nacional realizado por Cabré en 1926 y la relación elaborada por Argente en 1977, se conservarían vestigios de, al menos, ciento dieciocho yacimientos—, de ampliar el conocimiento de la Prehistoria, Protohistoria e Historia Antigua de la Meseta Norte y contribuir a la Ciencia y al desarrollo intelectual del país. Y estas aspiraciones se reiteran desde las primeras publicaciones hasta sus voluntades testamentarias: “Yo me lanzo a excavar en mi Patria, y de mi Patria escojo el territorio menos conocido, por ser el central, y en él he explorado, de la manera científica que se me alcanza […] guiando mi amor a España los azadones que comandé. Y la madre Patria me ha tratado como madre cariñosísima y como a hijo mimado, pues hizo y hace surgir de mis fosas en excave tantos objetos, monumentos tantos de relevante interés, de la mayor novedad y hasta de trascendencia científica […], sería toda mi soñada recompensa si el lector les concede estimación, si los sabios los aprovechan para superiores definiciones, y así ayudar en algo a la Ciencia y servir a mi Patria”.

Sus trabajos principales se extendieron por los territorios del antiguo obispado de Sigüenza, solar de la Celtiberia, que ocupaba parte de las provincias de Soria, Guadalajara y Zaragoza y contribuyeron al descubrimiento y posterior categorización de la Edad del Hierro en la Meseta.

Conoció en 1903 al joven pintor Juan Cabré Aguiló; este encuentro dio inicio a una relación de amistad y apoyo mutuo, además de orientar las inquietudes y trabajos de Cerralbo al desarrollo de la Ciencia Arqueológica. Desde entonces siempre contó con la colaboración de aquél en las intervenciones y publicaciones que llevó a cabo, especialmente en la ordenación, tratamiento, dibujo y fotografiado de los materiales descubiertos.

Académico numerario electo de la Real Academia de la Historia (RAH) en 1898, ingresó en 1908 con un documentado estudio sobre El Arzobispo Ximénez de Rada y el monasterio cisterciense de Santa María de Huerta, que fue contestado por Juan Catalina incluyendo referencias a los estudios que ya había iniciado Cerralbo en torno a la cuenca alta del Jalón, constatados desde 1907 en Arcobriga, y que sirvieron como base de la reinterpretación de las vías 24 y 25 del Itinerario de Antonino Ab Emerita Caesaraugustam, en el tramo entre Segontia y Aquae Bilbilitanorum.

Con el tiempo demostraría que la mansio Arcobriga se localizaba en el Cerro Villar de Monreal de Ariza (Zaragoza), rebatiendo la identificación con el actual Arcos de Jalón (Soria), mantenida desde los textos de Ambrosio de Morales. Los primeros resultados fueron presentados en la RAH en 1909, con la lectura del discurso El Alto Jalón. Descubrimientos Arqueológicos, repertorio de yacimientos arqueológicos de diversa cronología, que se vería ampliado en Páginas de la Historia Patria por mis excavaciones arqueológicas (1911), obra inédita en cinco tomos, ganadora del Premio Internacional Martorell, donde, con criterio cronológico y atendiendo a las clasificaciones culturales de la época, agrupó y documentó campañas recientes y nuevos yacimientos para mostrar la historia del pueblo hispano, dando especial importancia a la fotografía como técnica de registro documental. Los tomos I, III y V son monográficos, dedicados a Torralba, Aguilar de Anguita y Arcobriga, el II a Yacimientos Neolíticos y el IV a las Necrópolis ibéricas y Drunemeton. Presentó yacimientos arqueológicos clave en la posterior definición de horizontes culturales, así como argumentos para la distinción entre lo céltico y lo ibérico, que sirvieron a Cabré, Bosch Gimpera y Taracena en la sistematización de la Edad del Hierro meseteña. Como ejemplos, el enclave del Paleolítico Inferior de Torralba, el yacimiento campaniforme de la Cueva de la Mora de Somaén, la necrópolis del Hierro II de Aguilar de Anguita o la ciudad romana de Arcobriga.

La difusión de sus descubrimientos crecía notablemente y fue anfitrión de los más importantes intelectuales y prehistoriadores del momento, que acudieron a los palacios de Santa María de Huerta —centro y depósito de excavaciones— y Madrid, a conocer los hallazgos y consultar su biblioteca. Es el caso de Amador de los Ríos, Mélida, Hernández Pacheco, Paris, Déchelette, Cartailhac, Schulten, Breuil, Bonsor, Obermaier, etc. Fueron colaboradores de sus estudios el epigrafista Fita, el geólogo Palacios, el ingeniero Muro, el paleontólogo Harlé, el fotógrafo Pérez Rioja y el arqueólogo Cabré.

Tras la promulgación de la Ley de Excavaciones de 1911, y su Reglamento de aplicación de 1912, el Estado fundó la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, de la que fue vicepresidente, así como director de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Miembro de la Comisión de Excavaciones de Numancia en 1911 y vicepresidente de la misma desde 1912.

En 1912 representó a la RAH en el Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas de Ginebra, con dos comunicaciones sobre Torralba y Las necrópolis ibéricas que dieron a conocer en Europa las últimas novedades de la arqueología española, representada por Juan de Vilanova desde las primeras ediciones del congreso. Ello supuso para Cerralbo numerosos nombramientos como miembro de corporaciones científicas: Sociedad de Prehistoria de Francia, Instituto Imperial de Berlín, Sociedad de Anticuarios de Londres, Academia de Bellas Artes y Letras de Burdeos… Tal coyuntura propició las investigaciones de Arte Rupestre, subvencionadas en principio por Alberto de Mónaco a través del Instituto de Paleontología Humana de París, y desarrolladas por Breuil y Cabré como figuras principales, a las que pronto se sumaron las campañas de la CIPP. Resultó decisivo el informe, encargado por la RAH en 1909, sobre la obra de Cartailhac y Breuil, La Caverne d’Altamira près de Santander (Espagne), así como su apoyo explícito a través del prólogo de la monografía de Cabré El Arte Rupestre en España (1915), primera síntesis publicada sobre el tema. Acerca del segundo mandato de Cerralbo en la Junta Central legitimista y la representación en España de Jaime de Borbón y Borbón (Jaime III) entre 1912-1918, existen datos contradictorios.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial se hicieron patentes las diferencias entre el Pretendiente y Melgar, por un lado, y Vázquez de Mella y Cerralbo, por otro, en un momento de crisis que desemboca en la triple fragmentación del carlismo —integristas, tradicionalistas y jaimistas—. Dicha situación unida a la avanzada edad y empeoramiento de su salud, retrasó el estudio de los hallazgos, mientras continuaban realizándose numerosos excavaciones cuyos resultados no llegarán a ser publicados o contarían con sucintas referencias (Las necrópolis ibéricas, 1916, y El Arte Rupestre en la región del Duratón, 1918). En 1917 tuvo lugar el hallazgo de las pinturas rupestres de la Valltorta (Castellón), ofrecido por sus descubridores, Roda y Polo, a Cerralbo, quien encomienda los trabajos de campo a Cabré. Lució el triple entorchado, ya que en 1913 fue académico electo de número de la Real Academia Española y, en 1917, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde no llegó a ingresar. Vocal de la Sociedad Española de Excursiones, y vicepresidente de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, interesado en la divulgación de los descubrimientos, colaboró en los congresos celebrados en Madrid (1913), Valladolid (1915) y Sevilla (1917), con conferencias y pequeñas exposiciones; participó también en el II Congreso de Historia de la Corona de Aragón (Huesca, 1920) y en las exposiciones organizadas por la Sociedad de Amigos del Arte en Madrid: Hierros antiguos españoles (1919), organizada por Artiñano, donde las colecciones de Cerralbo ilustraron el capítulo de armas en la Prehistoria, y Arte prehistórico español (1921), como expositor y parte de la comisión organizadora.

Por disposición testamentaria donó las colecciones arqueológicas a los museos nacionales; así el Museo Nacional de Ciencias Naturales recibiría los restos materiales del yacimiento de Torralba y el Museo Arqueológico Nacional el resultado de las demás excavaciones. Aceptado el legado, las últimas donaciones fueron efectuadas después de la Guerra Civil. Instituyó premios en las tres Reales Academias para fomentar los estudios históricos y, por último, dispuso la creación del Museo Cerralbo, que abriría sus puertas al público en 1924, dos años después de su fallecimiento. Así donó a la nación española el palacio, las colecciones artísticas y rentas para su financiación, dejando la dirección del centro en manos de Juan Cabré, amigo, colaborador y continuador de su obra.


Obras de ~: Iniciativa personal de los Reyes en España. Conferencias del Excmo. Señor marqués de Cerralbo en el Círculo Tradicionalista de Madrid, Madrid, 1889; Discurso leído por el Marqués de Cerralbo el día 15 de febrero de 1890 en los salones del Centro Tradicionalista de Barcelona, Vich (Barcelona), 1890; Discurso pronunciado por el Marqués de Cerralbo en la reunión de Tolosa, Bilbao, 1891; El Virreinato de Méjico, Ateneo de Madrid, Madrid, 1892; “Doña María Henríquez de Toledo, mujer del Gran Duque de Alba”, en Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, separata, 1900; El Arzobispo Don Rodrigo Ximénez de Rada y el Monasterio de Santa María de Huerta, Madrid, 1908; El Alto Jalón. Descubrimientos arqueológicos, Madrid, 1909; Las primitivas pinturas rupestres. (Estudio sobre la obra La Caverne d’Altamira de Mm. Cartailhac et Breuil), Madrid, separata, 1909; Páginas de la Historia Patria por mis excavaciones arqueológicas, 5 tomos, Madrid, 1911 (inéd.); “Nécropoles ibériques”, en Congrés International d’Anthropologie el d’Archéologie préhistoriques, Ginebra, separata, 1912; “¿Torralba, la plus ancienne station humaine de la Europe?”, en Congrés International d’Anthropologie el d’Archéologie préhistoriques, Ginebra, separata, 1912; “Les fouilles d’Aguilar d’Anguita”, en Revue des Études Anciennes, XV-4 (1913), Bordeaux, págs. 437-439; “Torralba. La estación humana más antigua de Europa entre las hoy conocidas”, en Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, Madrid, separata, 1913; “Singularidades del Arte Paleolítico español en pinturas y grabados rupestres”, pról. en J. Cabré Aguiló, El Arte Rupestre en España, Madrid, 1915; “Las necrópolis ibéricas”, en Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, Madrid, 1915, Madrid, 1916, separata; El Arte Rupestre en la región del Duratón, Madrid, separata, 1918; “Arcóbriga”, en Del hogar castellano. Estudios históricos y arqueológicos, Biblioteca Patria, t. CIII, Madrid, s. f., págs. 91-124; Testamento del Excmo. Sr. D. Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo, Madrid, 30 de junio de 1922. Notario D. Luis Gallinal y Pedregal; Leyendas poéticas. El Castillo de Mos. Leyenda de Amor, Madrid, 1929.

Fuentes y bibl.: Museo Cerralbo (Madrid), Archivo de Enrique de Aguilera y Gamboa. Vázquez de Mella, Viaje del Excmo. Sr. Marqués de Cerraldo por Guipúzcoa y Navarra: crónica y discursos, septiembre de 1891, Madrid, Impresor Manuel Minuesa de los Ríos, 1891; J. Déchelette, “Les fouilles du Marquis de Cerralbo”, en Académie des Inscriptions et Belles-Lettres: comptes rendus, separata (1912); J. Cabré Aguiló, “El Marqués de Cerralbo (necrología)”, en Actas y Memorias de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria, t. I, cuads. 2.º y 3.º, 1922, págs. 171-183; “El Marqués de Cerralbo”, en Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, t. XXX (1922), págs. 1-7; “El Marqués de Cerralbo”, en Coleccionismo, 117 (1922), págs. 3-7; “El Marqués de Cerralbo: sus donaciones científicas. Su biografía” y “El Marqués de Cerralbo: sus descubrimientos arqueológicos”, en Ibérica. El progreso de las Ciencias y de sus aplicaciones, 451 y 453 (1922), págs. 285-287 y págs. 314-317, respect.; E. Hernández Pacheco, “El Marqués de Cerralbo”, en Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, XXI (1922); J. Cabré Aguiló, Museo Cerralbo o Museo del Excmo. Sr. Marqués de Cerralbo D. Enrique de Aguilera y Gamboa, Madrid, 1928; P. Paris, “La Collection Cerralbo”, en Le Musée Archéologique National de Madrid, Paris, 1936, págs. 31-44; M. de Siete Iglesias, “Real Academia de la Historia. Catálogo de sus individuos. Noticias sacadas de su archivo”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, t. CLXXVI, cuad. II (1979), págs. 287-365; C. Sanz Pastor y Fernández de Piérola, Guía de los museos de España. Museo Cerralbo, Madrid, 1981; M. Barril Vicente, “Colección Marqués de Cerralbo”, en De gabinete a Museo. Tres siglos de Historia. Museo Arqueológico Nacional, Madrid, 1993, págs. 406-413; J. 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García-Soto Mateos, “Juan Cabré, Enrique de Aguilera y el Museo Cerralbo: Apuntes sobre una relación científica y humana intemporal”, en El Arqueólogo Juan Cabré (1882-1947). La fotografía como técnica documental, Madrid, 2004, págs. 88-103; P. López Rubio, “La biblioteca Cerralbo sale a la luz”, en Revista Tiempo. La buena vida, 6 (2005), págs. 52-57; Museo Cerralbo. Guía Abreviada-Planta Principal, Madrid, Ministerio de Cultura, 2006; J. Alvar Ezquerra, “El marqués de Cerralbo, la arqueología y el coleccionismo”, en Arqueología, coleccionismo y antigüedad: España e Italia en el siglo XIX, Sevilla, 2006, págs. 23-36; C. Jiménez Sanz y E. García-Soto Mateos, “El inventario de la colección Cerralbo elaborado por Juan Cabré Aguiló. Un documento excepcional”, en Segundo Simposio de Arqueología de Guadalajara (celebrado en Molina de Aragón, 2006), Madrid, 2008, págs. 517-539.


Biografía escrita por Carmen Jiménez Sanz procedente del Diccionario Biográfico Español.

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