Biografía escrita por Juan Bautista Vilar Ramírez y María José Vilar.  Juan Bautista Vilar Ramírez es catedrático emérito de Historia Contemporánea en la Universidad de Murcia, académico correspondiente de la Real Academia de la Historia y máximo especialista en la historia del protestantismo español.


José Joaquín de Mora. Mirtilo Gaditano, Heleno-Filo. Educa­dor, periodista y literato.

Cádiz, 10.I.1783 – Madrid, 3.X.1864.

Hijo de magistrado, estudió Leyes en la Universidad de Granada, ciudad en cuyo Colegio de San Miguel regentó muy joven (desde 1806) la Cátedra de Lógica, donde explicaba a Bentham y Condillac. Al produ­cirse la invasión francesa, ingresó en la milicia, alcanzó el grado de alférez, y estuvo en la jornada de Bailén. Hecho prisionero, fue internado en el depósito de Autun. Allí contrajo matrimonio con Françoise Delauneux (1791-1887), mujer culta y práctica llamada a ejercer considerable influencia en su vida y su obra.

De regreso en España (1814), vivió de la abogacía y el periodismo, logrando sacar en plena reacción absolutista la revista Crónica Científica y Literaria (del 1 de abril de 1817 al 10 de marzo de 1820), al tiempo que colaboraba en otros periódicos, traducía y adaptaba varias piezas teatrales francesas, mantenía con Juan Nicolás Böhl de Faber una conocida polémica literaria —la llamada “querella calderoniana”—, en la que, con los seudónimos de Mirtilo Gaditano y Heleno-Filo, defendía el neoclasicismo, y desempeñaba sendas misiones diplomáticas en Italia y Francia. Durante el trienio liberal de 1820-1823 fue fundador y redactor principal de periódicos madrileños tales como El Constitucional, Minerva Nacional, Correo General de Madrid y El Indicador, aparte de colaborar en otros varios, publicar diferentes traducciones, impartir regularmente conferencias en el Ateneo y participar en las actividades del clubes, logias y sociedades patrióticas, en las cuales defendió las tesis de la Comunería, asociación en la que se hallaba integrado. Todo ello le obligó a exiliarse con su familia a la caída del régimen constitucional, hallando refugio en Inglaterra.

En el Reino Unido dio pruebas de su actividad de siempre. El conocido editor R. Akermann encontró en Mora un colaborador ideal por su condición de políglota y polígrafo de fácil pluma y siempre necesitado de dinero. Yen efecto, le utilizó como redactor de obras originales y traducciones de carácter divulgativo, con destino a las nuevas repúblicas iberoamericanas, un mercado potencialmente inmenso. Los catecismos o manuales que redactó sobre las materias más diversas fueron innumerables, como también traducciones (entre ellas las primeras completas en castellano de Ivanhoe y El Talismán de W. Scott) y repertorios de poesías, aparte de sacar revistas tan memorables como No me olvides (1824-1827), Museo Universal de Ciencias y Artes (1824-1826) y el Correo Literario y Político de Londres (1826). Al propio tiempo publicaba en francés e inglés sus Memorias históricas sobre Fernando VII, rey de España, cuya versión española se dejó esperar hasta 1840.

Mora, que por su proximidad intelectual a otro ilustre emigrado, José María Blanco White, simpatizaba con la causa de los independentistas americanos, conoció y trató en Londres a Bernardino Rivadavia, uno de los padres de la nación argentina, quien de regreso en su país, y habiendo accedido a la presidencia de esa república, requirió los servicios del español. A Buenos Aires marchó éste con su esposa, y allí permaneció casi todo el año 1827, fundando y dirigiendo La Crónica Política y Literaria, órgano oficioso del Gobierno, aparte de intervenir en otros empeños periodísticos y literarios, hasta que, derrocado el régimen unitario de Rivadavia por sus adversarios federalistas, se trasladó a Chile, llamado por F. A. Pinto, vicepresidente de ese país. En Santiago intervino en múltiples comisiones gubernativas y hacendísticas, incluida la que elaboró la Constitución de 1828; fundó y regentó un centro de enseñanza superior masculino (Liceo de Chile) en tanto su esposa hacía lo propio con otro para señoritas; escribió manuales didácticos de Derecho, piezas teatrales y poesía, y fundó (conjuntamente con J. Passaman, emigrado francés) El Mercurio de Chile, servicios que le valieron la concesión de la nacionalidad chilena por ley especial el 30 de enero de 1829. Pero, habiendo caído el Gobierno progresista, Mora perdió el favor de que disfrutaba y se vio mezclado en agrias polémicas de prensa que determinaron su encarcelamiento primero, el 13 de febrero de 1831, y su expulsión días más tarde (el 24 del mismo mes).

Acogido en Perú, se estableció con su familia en Lima para dedicarse a tareas educativas, periodísticas y literarias, labor desarrollada en parte desde el Ateneo por él fundado. Como siempre, no dejó de verse envuelto en contiendas partidistas, hasta el punto de llegar a temer por su seguridad y la de los suyos, por lo que pensó regresar a España al tener noticia de la muerte de Fernando VII y de los decretos de amnistía dados por su viuda. Pero llamado por el general A. Santa Cruz, presidente de Bolivia, marchó a La Paz, donde actuó como secretario y asesor de éste entre 1834 y comienzos de 1838, tiempo en el que tuvo un papel relevante en la política pan-andina del presidente boliviano (Confederación de Perú-Bolivia frente a Chile), redactando no pocos documentos oficiales, así como El Eco del Protectorado, órgano de la Confederación. Catedrático de Literatura en la Universidad de La Paz (desde 1834) y orientador cultural del país, su labor literaria personal fue también intensa: redacción de manuales y textos varias veces reeditados, y sobre todo buena parte de sus Leyendas Españolas, publicadas por vez primera en Londres en 1840, obra entre poética y narrativa impregnada de fina ironía, llamada a tener amplio impacto y que aseguraría a su autor un lugar distinguido en la literatura hispana. Destacado en la capital británica como represen­tante diplomático de la Confederación mencionada (1838), y, al disolverse ésta, como agente personal de Santa Cruz hasta su regreso a España en 1843, en este año dirigió un Colegio en Cádiz, para trasladarse seguidamente a Madrid, donde, sin perjuicio de alguna intervención ocasional en la política activa, dedicó su tiempo e inagotables energías al periodismo, la literatura y sobre todo a diferentes empeños educativos y a divulgar, mediante manuales, las nuevas corrientes de pensamiento en el campo del Derecho natural y el Derecho romano (escuela escocesa), Derecho constitucional (utilitarismo de J. Bentham) y las doctrinas económicas de McCulloch. Recibido en la Academia Española como miembro de número (1848), publicó en la misma su Colección de sinónimos de la lengua castellana (1855), culminación de una intensa labor publicística desde su regreso (Ejercicios de Lectura, 1845; El Gallo y la Perla, 1847; Revista Hispano-Americana, 1847; etc.). Trasladado a Inglaterra como cónsul general de España en Londres, donde publicó en 1855 su Oración matutina y vespertina, permaneció en ese país sus últimos años hasta poco antes de su fallecimiento en Madrid en 1864.

Una vida tan compleja e intensa en seis países diferentes en los que ejerció influencia educativa y literaria difícilmente exagerable, aparte de la proyectada en el resto de Iberoamérica e incluso en los ambientes hispanistas e hispanófonos de los Estados Unidos (cfr. M. Vilar, 2003), continúa presentando amplios espacios en oscuridad. Por ejemplo, sus continuadas relaciones como redactor y traductor con la British and Foreign Bible Society (Londres), la Spanish Evangelization Society (Edimburgo) y otras asociaciones protestantes durante sus dos estancias en el Reino Unido, trabajos considerados como de mera subsistencia para unos, pero que según otros conllevaron superior compromiso. Aunque lo cierto es que Mora falleció en el seno de la Iglesia Católica, sus Cantos espirituales (composiciones propias, traducciones y adaptaciones de la Biblia y de autores británicos manteniendo la música original, tales como Roca de los siglos, Tal como soy o En Jesús deposito mis pecados) publicados en Londres en 1855, han sido hasta hoy una de las principales fuentes de inspiración para todos los himnarios evangélicos del mundo hispanófono, que invariablemente han recogido y continúan recogiendo un considerable número de las composi­ciones del ilustre vate andaluz.


Obras de ~: Los huéspedes, Madrid, 1818; La comedianta, Madrid, 1818; La aparición y el marido, Madrid, 1818; Cartas sobre la educación del bello sexo, Madrid, 1822; Las jóvenes, Madrid, 1822; Paul Henri Thiry, barón d’Holbach, Ensayo sobre las preocupaciones, trad. con correcciones y adiciones por ~, Madrid, F. Denne, 1823 (ed. Valladolid, Maxtor, 2001); Catecismo de Geografía, Londres, 1823 (2.ª ed.) (numerosas reeds. Londres, México, Guatemala, Bogotá, Lima, Santiago de Chile y Buenos Aires); Viajes pintorescos, Londres, 1824 (reeds. inglesas e iberoamericanas); Catecismo de economía-política, Londres, publicado por R. Ackermann, impreso por Carlos Wood e hijo, 1825 y reeds. iberoamericanas; W. D. Robinson, Memorias de la revolución de Méjico y de la expedición del general D. Francisco Javier Mina: a que se han agregado algunas observaciones sobre la comunicación proyectada entre los dos océanos, Pacífico y Atlántico, México, 1824 (2.ª ed. París, J. I. Ferrer, 1888); Catecismo de gramática castellana, Londres, 1825, y reeds. iberoamericanas (como Compendio, eds. Santiago de Chile, 1825 y La Paz, 1850); Descripción abreviada del mundo, Londres, 1825, 2 vols.; Compendio de las vidas de los filósofos, París, 1825; Gramática latina, Londres, 1825, 2 vols. (2.ª ed. en Santiago de Chile, 1828); F. Saverio, Historia antigua de México, trad. del italiano por ~, Londres, 1825 (numerosas reeds. inglesas e iberoamericanas); Gimnasia del bello sexo, Londres, 1825 (2.ª ed., Londres, 1827); Cuadros […] historia de los árabes, Londres, 1826; Meditaciones poéticas, Londres, 1826 (reeds. inglesas e iberoamericanas); El marido ambicioso, Santiago de Chile, 1828; Curso de Derecho, Santiago de Chile, 1830 (reed. en La Paz, 1849); Cursos de Lógica y Ética, Lima, 1832 (reed. en Bogotá, 1840, Madrid, 1845 y 1853, y La Paz, 1846); Curso de Literatura, Madrid, 1835; Poesías, Cá­diz, 1836; Elementos de Lógica, Sucre, 1840 (2.ª ed.); Memorias históricas sobre Fernando VII, rey de España, Madrid, 1840; Leyendas Españolas, Londres, Juan Wertheimer y C.ª, 1840 (Ed. París, Vicente Salvá, 1840); De la libertad de comercio, Sevilla, 1843 (2.ª ed., México, 1853; ed. y est. prelim., P. Schwartz Girón, Madrid, Centro de Publicaciones y Documentación del Ministerio de Economía y Hacienda, 1999); Teatro de D. Pedro Calderón de la Barca, ed. y pról. de ~, Cádiz, 1845; Ejercicios de Lectura, Madrid, 1845; Cursos de Lógica y Ética, según la escuela de Edimburgo, Madrid, Mellado, 1845; J. Campell, Tratado de la evidencia, trad. del inglés y notas de ~, Lima, 1846; El Gallo y la Perla, Madrid, 1847; Revista Hispano-Americana, Madrid, 1847; Discursos pronunciados en la […] Real Academia Española […] con motivo de la admisión de ~. [Contestación de D. Antonio Gil y Zárate], Madrid, Imp. de A. Espinosa, 1848; Obras de fray Luis de Granada, ed. y pról. de ~, Madrid, M. Rivadeneyra, 1848-1849, 2 vols.; Poesías, Madrid, Mellado, 1853; Colección de sinónimos de la lengua castellana, pról. de J. Euge­nio Hartzenbusch, Madrid, Imprenta Nacional, 1855 (ed. de M. Alvar Ezquerra, Madrid, Visor Libros, 1992); Oración matutina y vespertina, Londres, 1855; Cantos espirituales, Londres, 1855; Curso de Derecho romano, Cochabamba, 1865.


Bibl.: L. Monguió, “Don José de Mora en Buenos Aires en 1827”, en Revista Hispánica Moderna, XXXI, Homenaje a Ángel del Río (Nueva York, 1865), págs. 303-328; J. Amunátegui Soler, Mora en Bolivia, Santiago de Chile, 1887; M. L. Amu­nátegui, Don José Joaquín de Mora: Apuntes biográficos, Santiago de Chile, 1888; C. Pitollet, La querelle caldéronienne de J. N. Böhl von Faber et J. J. de Mora […], Paris, 1909; C. Es­tuardo Ortiz, El Liceo de Chile, 1828-1931. Antecedentes para su historia, Santiago de Chile, 1950; B. D. Trease, José Joaquín de Mora: A Spaniard Abroad, tesis doctoral, Ann Arbor, University of Michigan, 1953 (inéd.); V. Llorens, Liberales y románticos. Una emigración española en Inglaterra, 1823-34, México, Fondo de Cultura Económica, 1954 (reeds. en México y Madrid); Don José J. de Mora y el Perú del ochocientos, Madrid, Castalia, 1967; A. Palau Dulcet, Manual del librero hispanoamericano, Barcelona, Librería Palau y Oxford, The Dolphin Book, 1971 (2.ª ed.); A. Gil Novales, Las Sociedades Patrióticas (1820-1823) […], Madrid, Tecnos, 1975; N. L. Siegrist de Gentile, José Joaquín de Mora y su manuscrito sobre la industria y el comercio de España hacia 1850, Cádiz, Universidad, Servicio de Publicaciones, 1992; J. B. Vilar, Intolerancia y libertad en la España Contemporánea. Los orígenes del Protes­tantismo español actual, Madrid, Itsmo, 1994; A. Zamora Vicente, Historia de la Real Academia Española, Madrid, Espasa Calpe, 1999; M. Vilar, El español, segunda lengua en los Estados Unidos, Murcia, Universidad, 2000 (2.ª ed., Murcia, Univer­sidad, 2003); L. Perdices de Blas y J. Reeder, Diccionario de Pensamiento Económico en España (1500-2000), Madrid, Fundación ICO-Editorial Síntesis, 2003.


 Imagen CC Wikimedia Commons.

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