Duque de Pastrana

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Manuel Álvarez de Toledo y Lesparre. Duque de Pastrana (XII).

Guadalajara, 28.X.1805 – Pau (Francia), 26.I.1886. General y aristócrata carlista.

Hijo natural legitimado de Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo, duque del Infantado, y de Manuela Lesparre. Sirvió en el ejército de Fernando VII. El 26 de mayo de 1834 se fugó de Madrid disfrazado de calesero y pasó a París, donde tras una breve estancia en compañía de Urbiztondo y Carlos O’Donnell pasó a Inglaterra, presentándose a la princesa de Beira, que les envió a Holanda a comprar armas, si bien la impericia del capitán del buque hizo que éste se hundiera en el viaje de vuelta, perdiéndose todos los efectos.

A principios de 1835 embarcó en el Isabel Ana, en compañía de cuarenta oficiales carlistas mandados por Urbiztondo, con rumbo a las provincias vascas, pero el barco fue interceptado por el vapor Reina Gobernadora y sus ocupantes hechos prisioneros. El 3 de febrero de 1835 fueron desembarcados en Santander, de donde pasaron a La Coruña y de allí al castillo de San Sebastián de Cádiz. El 3 de marzo de 1836 partieron rumbo a Puerto Rico a bordo de la goleta Nueva Gallega, y el 6 de abril llegaron a la isla, cuyo capitán general, Miguel de la Torre, les trató afablemente y les dejó completa libertad de movimientos, libertad que aprovecharon para fugarse con la colaboración de un rico hacendado local. Tras diversas vicisitudes el 17 de julio volvían a desembarcar en Inglaterra, y el 17 de septiembre lograban alcanzar el territorio carlista después de haber atravesado Francia.

Desde enero a mayo de 1837 permaneció junto al infante Sebastián como teniente coronel ayudante.

Participó en la expedición real, distinguiéndose en la batalla de Barbastro, donde obtuvo la Cruz de San Fernando de 1.ª clase. En la acción de Villar de los Navarros cargó al frente del 2.º escuadrón de Aragón e hizo prisionero al primer batallón del Regimiento del Príncipe, incluyendo a su jefe, el brigadier Solano, por lo que fue ascendido a coronel. Después de la expedición fue destinado a una comisión secreta que le llevó a Turín, Roma, París y Londres, regresando a Elorrio el 19 de junio de 1838. A comienzos de julio aceptó la defensa del brigadier Cabañas, a quien se culpaba de la dispersión sufrida por la caballería expe dicionaria en Huerta del Rey, consiguiendo su absolución.

Maroto le agregó después a su Estado Mayor, y le encargó el mando interino de la brigada guipuzcoana, con la que tomó parte en la batalla de Guardamino el 29 de abril de 1839, aunque pronto entregó su mando a Simón de la Torre. Poco después era herido en la acción de Ramales. El 13 de junio se le pidió se hiciera cargo de la diplomacia carlista en Inglaterra, pero se negó alegando falta de fondos. El 28 de julio acompañó a Maroto a la entrevista que mantuvo con lord John Hay, y fue testigo de excepción de los preparativos del Convenio de Vergara, incluyendo los múltiples cambios de criterio de Maroto. El 29 de agosto asistió a una comida con Espartero donde se ultimaron los detalles del convenio y el 1 de octubre pidió pasaporte para pasar a Francia con Fernando Cabañas y los hermanos Bessières. El 23 de octubre llegaron a París, donde Toledo permaneció junto a su padre, en cuya compañía regresó a España en junio de 1840. El 27 de octubre de 1841 fue ascendido por Espartero a mariscal de campo.

Aunque en la necrológica que el 28 de febrero de 1886 publicó La Ilustración Española y Americana se afirma que “se opuso con todas sus fuerzas” al movimiento de San Carlos de la Rápita, según Pirala formó parte de la Comisión Regia Suprema que lo preparó. Es posible, sin embargo, que, según afirma la citada necrológica, se retirase desde entonces por completo de la política, dedicándose “al estudio, al cuidado de sus intereses y al ejercicio de la caridad”, aspecto este último en el que nos consta destacó sobremanera, sobre todo a partir del matrimonio contraído en Bruselas el 11 de noviembre de 1874 con Dionisia Vives, condesa de Cubas, viuda de su amigo Juan Bessières.

A la muerte de su padre, y tras un largo pleito con el duque de Osuna, entró en posesión de numerosos bienes, y ostentaba los títulos de duque de Pastrana, conde de Villada y marqués del Cenete, así como con los títulos italianos de príncipe de Éboli, duque de Francavila, barón de la Rocca de Carida y de Monte Santo. Formó una gran pinacoteca, de más de doscientos noventa lienzos, y en su palacio de Leganitos organizó un monetario que contaba entre los mejores de España. De los dos palacios que poseía en Chamartín donó uno en 1859 para que las Madres del Sagrado Corazón fundasen un colegio, y el otro en 1879 a los jesuitas con el mismo fin. Su diario de campaña de la Guerra Carlista se conservaba en el colegio del Recuerdo, y fue parcialmente publicado por Risco, pero es muy posible que fuera destruido durante la Guerra Civil.

Bibl.: A. Risco, “Los últimos duques de Pastrana”, en Razón y Fe, n.º 57-62 (1920-1922).

Biografía escrita por Alfonso Bullón de Mendoza y Gómez de Valugera. Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad CEU San Pablo. Director del Instituto CEU de Estudios Históricos y de Aportes. Revista de Historia Contemporánea. Rector Honorario de las Universidades CEU San Pablo y CEU Cardenal Herrera. Autor de numerosos trabajos sobre las guerras carlistas, el papel de la nobleza en la España contemporánea, la Segunda República y la Guerra Civil Española: La Primera Guerra Carlista (Madrid, Actas, 1992), El Alcázar de Toledo: final de una polémica (Madrid, Actas, 1997); Historias orales de la Guerra Civil (Barcelona, Ariel, 2000); José Calvo Sotelo (Barcelona, Ariel, 2004). Ex alumno del Recuerdo (promoción 1981).

 

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