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Dámaso Alonso y Fernández de las Redondas

Madrid, 22.X.1898 – 25.I.1990. Poeta, filólogo, académico y crítico.

Nació en el barrio madrileño de Chamartín de la Rosa, hijo de Dámaso Alonso y de Petra Fernández de las Redondas. Desde 1908, cursó estudios en la escuela jesuita de Chamartín, donde se inició en la lectura de autores clásicos de la literatura española de los siglos XVI al XIX y, sobre todo, de Gustavo Adolfo Bécquer, cuya obra habría de impresionarle especialmente en los primeros años de formación. Finalizado el bachillerato, en 1914, comenzó a preparar su ingreso en la Escuela de Ingeniería. No obstante, en 1916, una grave afección ocular le impidió acceder a los estudios de Ingeniería de Caminos. Optó entonces por la carrera de Derecho, de contenido más teórico, lo que le permitía memorizar el temario con ayuda de su madre, que le leía en voz alta las lecciones.

De esta época datan sus primeras composiciones, entre ellas su soneto a Medinaceli (Soria), lugar donde su familia solía pasar el verano. En esa misma localidad, tuvo noticia por primera vez de la obra de Rubén Darío, a través de una revista que informaba de la muerte del insigne escritor nicaragüense y en la que se destacaba la significación de su labor literaria.

De vuelta a Madrid, Dámaso encargó un tomo de Poesía, de una edición de las Obras escogidas de Darío, y quedó fascinado por el hallazgo. En 1917, conoció en las Navas del Marqués (Ávila) a Vicente Aleixandre, a quien no tardó en transmitir su estima por la obra de Darío.

En aquellos años, Dámaso seguía, aunque sin entusiasmo, sus estudios de Derecho. Durante el curso 1917-1918, vivió en la Universidad de los Agustinos, en El Escorial. A través de la revista Nueva Etapa que allí se publicaba y que, en parte, él mismo dirigía, dio a conocer algunos de sus primeros poemas, en los que se advertía la influencia de Darío. En el verano de 1918 descubrió a Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, cuya lectura habría de despertar en él verdadera admiración. Ese mismo año decidió matricularse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid. A lo largo de la licenciatura, continuó escribiendo poesía: sus composiciones, que mostraban ya cierta evolución hacia formas próximas al estilo de Machado y Juan Ramón Jiménez, fueron ganadoras de un certamen poético organizado en El Escorial. En 1919 finalizó los estudios de Derecho y, dos años más tarde, también los de Filosofía y Letras.

Se convirtió entonces en discípulo de Ramón Menéndez Pidal, con quien colaboró estrechamente para la consolidación de la sección de Filología del Centro de Estudios Históricos.

En la primavera de 1921 vio la luz su primer poemario, Poemas puros. Poemillas de la ciudad, que dedicó a Vicente Aleixandre. Se trataba de una poesía de tono emocionado y cándido, con rimas tendentes a la asonancia, en la que se hacía patente el influjo temprano de Bécquer y Darío, aunque también el más reciente de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado.

Entre 1921 y 1923 vivió en Berlín, en cuya universidad dio clases como lector de español. Durante una visita a España, en 1922, conoció a Rafael Alberti, con quien habría de unirle una gran amistad y, poco después, también a Pedro Salinas, que había dado clases en la Universidad de Cambridge (Inglaterra), a la que Dámaso fue invitado como lector en 1923. En 1924 terminó de componer la serie de poemas de “El viento y el verso”, que aparecieron publicados en 1925 en la revista Sí, dirigida por Juan Ramón Jiménez.

Los doce poemas que integraban el conjunto conservaban el deseo de pureza formal presente ya en su primer poemario, y revelaban un sentimiento de profunda exaltación ante el nuevo mundo descubierto durante sus frecuentes viajes por Europa, sentimiento no exento, sin embargo, de cierta inquietud por el sentido último de la existencia humana.

En 1925 coincidió por primera vez con Gerardo Diego y, poco después, con Jorge Guillén, Federico García Lorca, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados.

Con ellos, como con Aleixandre, Alberti y Salinas, habría de surgir pronto una amistad basada en la afición compartida por la literatura. Durante su estancia en Cambridge, Dámaso descubrió la poesía de Luis de Góngora, que hasta entonces no había sido apreciada en su justo valor dentro de los estudios del Siglo de Oro español, por considerarse su estilo excesivamente críptico y complejo. Dámaso quedó fascinado por Góngora, y no tardó en transmitir su admiración a los jóvenes escritores de su círculo de amistad, quienes habrían de integrar la llamada Generación del 27.

La pretendida oscuridad de Góngora no planteaba para él sino un reto interpretativo cuya elucidación revelaba una poesía de singular coherencia y perfección formal. Sus sucesivos trabajos sobre la materia, aparecidos en publicaciones periódicas como Revista de Occidente o Cruz y Raya, o bien editados como obras críticas de mayor alcance, constituyeron una aportación inestimable al estudio de la figura y la obra de Góngora, y contribuyeron decisivamente a que su legado y el de la literatura del Barroco prevaleciera dentro de la tradición poética contemporánea.

En 1926, Dámaso vio publicada por primera vez en España su traducción de la novela de James Joyce Retrato del artista adolescente, que firmó con el seudónimo de Alfonso Donado. El de 1927 fue para él un año de intensa actividad literaria: los poemas de la serie “Tormenta”, escritos a lo largo de 1926, se dieron a conocer a través de la revista Litoral, y su ensayo Góngora y la literatura contemporánea fue merecedor del Premio Nacional de Literatura. Para conmemorar el tricentenario de la muerte de Góngora, el grupo de amigos del 27 organizó un funeral en la iglesia de Santa Bárbara, en Madrid. En diciembre de ese mismo año, fueron todos invitados al Ateneo de Sevilla, donde dieron diversas conferencias y lecturas poéticas.

Allí conocieron a Luis Cernuda, que se incorporó de inmediato al grupo.

En 1928, Dámaso Alonso obtuvo el título de doctor en Letras por la Universidad de Madrid, con una tesis sobre la lengua poética de Góngora, que tituló Evolución de la sintaxis de Góngora. Durante el año académico 1928-1929, volvió a ser invitado como profesor en la Universidad de Cambridge. En marzo de 1929, contrajo matrimonio con Eulalia Galvarriato, novelista y estudiosa, como él, de la Edad de Oro de la literatura española. Al finalizar el curso, embarcó con ella rumbo a Estados Unidos de América, donde pasó el verano impartiendo clases en la Universidad de Stanford (California) y, más tarde, también en Columbia (Nueva York). Entre 1929 y 1930 enseñó en el Hunter College de Nueva York, ciudad donde se encontraba también Federico García Lorca, quien por entonces componía los poemas que habrían de integrar Poeta en Nueva York. En América, Dámaso desarrolló un sistema crítico personal que se nutría del positivismo decimonónico y, a la vez, del procedimiento de análisis de críticos como Leo Spitzer, Helmut Hatzfeld o Amado Alonso. El enfoque de Dámaso, ampliamente ilustrado en sus numerosos trabajos sobre la poesía del Siglo de Oro, destacaba ante todo por la asombrosa erudición del autor, así como por su gran rigor, su claridad, su sensibilidad y su aptitud personal para la investigación.

Durante el curso 1931-1932, fue profesor en la Universidad de Oxford. Su ensayo El crepúsculo de Erasmo apareció publicado en 1932. Meses más tarde, viajó a Madrid para opositar a una cátedra de Literatura en la Universidad de Valencia. Una vez ganada, quiso partir de inmediato hacia Valencia para comenzar a desempeñar las funciones propias de su nuevo cargo. No obstante, Américo Castro y Ramón Menéndez Pidal lo convencieron para que fuera a Barcelona, donde habría de pasar una larga temporada, y no fue hasta 1934 cuando finalmente ocupó su puesto en la Universidad de Valencia.

En 1935, fue nombrado Corresponding Member de la Hispanic Society of America y se le invitó a ejercer la docencia en la Universidad de Leipzig (Alemania), donde permaneció en calidad de profesor invitado durante el curso 1935-1936. Allí asistió a las clases del profesor Von Wartburg, con la idea de preparar su acceso a la cátedra de Filología Románica que dejaba vacante Menéndez Pidal en la Universidad de Madrid, a la que acabó siendo trasladado sin oposición en 1940. La Guerra Civil, que habría de marcar profundamente su creación literaria, la pasó en Valencia y allí, desde la Casa del Pueblo, apoyó decididamente la causa Republicana. Colaboró en Hora de España.

En 1942 publicó el estudio La poesía de San Juan de la Cruz, que fue galardonado con el premio Fastenrath de la Real Academia Española. En 1944 aparecieron sus Ensayos sobre poesía española y sus dos poemarios Oscura Noticia e Hijos de la ira. Oscura noticia, cuyo título se inspiraba en un comentario de San Juan de la Cruz (“Esta noticia que te infunde Dios es oscura”), incluía composiciones redactadas principalmente entre 1920 y 1940, y comprendía las series “Estampas de primavera”, “El viento y el verso”, “Tormenta” y “Sueño de las dos ciervas”. Con poemas como “A un poeta muerto” o “Entre Alfácar o Víznar”, imbuidos del dolor por la muerte de Lorca, Oscura noticia dejaba intuir ya algo del desasosiego y la angustia vital que habrían de ser característicos de Hijos de la ira; en sus versos asomaba una intensa preocupación religiosa y existencial.

Hijos de la ira marcó un hito en la poesía española de su tiempo. La amargura y el desencanto de Oscura noticia se vieron aumentados en este nuevo poemario por los horrores de la Segunda Guerra Mundial, y la voz lírica se subleva, enérgica, contra el horror del mundo, del hombre y aun de la propia divinidad.

Un sujeto poético singular se alzaba desde sus versos para rebelarse contra la injusticia del mundo y el sufrimiento de la vida. Hijos de la ira suponía, por todo ello, una ruptura brusca con cierta poesía evasiva y artificiosa de la posguerra española. El poemario despertó en jóvenes escritores del momento, como Blas de Otero, José Hierro, Gabriel Celaya o Carlos Bousoño, el deseo de escribir sobre la existencia humana, mostrando una preocupación social y política que se alejaba considerablemente de los ideales de la poesía pura y del juego estético y verbal propios de la poesía garcilasista.

En 1945, a pesar de las reticencias del régimen, Dámaso fue elegido miembro de la Real Academia Española, y comenzó a preparar su discurso de ingreso, sobre Francisco de Medrano. Ese mismo año, fue nombrado miembro de número de la Hispanic Society of America. A partir de 1946, su trabajo en distintas universidades europeas y americanas le restó tiempo para la creación literaria. Aumentaron sus visitas a Estados Unidos de América y, durante varios años, se reservó al menos un semestre para impartir clases de literatura y lingüística españolas en diversas universidades estadounidenses, como la de Yale, en New Haven, o la de John Hopkins, en Baltimore.

En 1948 tomó posesión de su sillón en la Academia, con la lectura del discurso Vida y obra de Medrano. De ese mismo año, datan sus traducciones de los poemas de John Hopkins y T. S. Eliot. Sus viajes por Estados Unidos de América y Latinoamérica continuaron invariablemente, y la Universidad de Lima le distinguió con el título de doctor honoris causa. En 1949 fue elegido miembro honorario de la American Association of Teachers of Spanish and Portuguese, así como de la Modern Language Association of America. Un año más tarde aparecieron publicadas sus obras críticas Poesía española y Ensayo de métodos y límites estilísticos.

Esta última recogía algunas de las conferencias que había ofrecido anteriormente en diversas universidades americanas. También en el año 1950 recibió el título de doctor honoris causa por la Universidad de Burdeos y fue nombrado director de la Biblioteca Románica Hispánica de la editorial Gredos.

En 1951 publicó, en colaboración con Carlos Bousoño, la obra Seis calas en la expresión literaria, que aparecería en su versión definitiva en 1963, y escribió el estudio Tirant lo Blanch, novela moderna. En 1952, se dio a conocer su obra Poetas españoles contemporáneos y se publicó la segunda edición de su obra crítica Poesía española. La Universidad de Hamburgo (Alemania) le otorgó el título de doctor honoris causa, la Bayerische Akademie der Wissenscharten, de Múnich (Alemania), lo nombró socio extranjero y la Biblioteca del Congreso de Washington le ofreció la posibilidad de grabar sus poemas para el archivo de la voz de la literatura hispánica.

En 1954, zarpó rumbo a Estados Unidos de América para ejercer de profesor en la Universidad de Harvard. La larga y agitada travesía despertó en él nuevamente la necesidad de la creación poética. Los poemas compuestos durante el viaje y los inmediatamente posteriores parecían susceptibles de agrupación en torno a dos ejes temáticos bien diferenciados: por un lado, la exaltación de las maravillas de la vista; por otro, la íntima asociación entre el hombre y Dios, reunidos en una unidad inquebrantable.

Finalizado el curso académico en Harvard, descansó unas semanas en México antes de regresar a España.

En 1955, se editaron sus Estudios y ensayos gongorinos y su libro de poemas Hombre y Dios, que incluía todas las composiciones pertenecientes al núcleo temático dedicado al sólido vínculo entre el hombre y la divinidad. La obra mostraba cierta continuidad con Hijos de la ira, si bien la voz lírica del nuevo poemario presentaba un tono menos amargo que la del anterior.

Los poemas correspondientes al eje temático de la vista como fuente de asombro y placer fueron publicándose en distintas revistas, y no fue hasta 1981 cuando aparecieron editados en forma de libro, con el título de Gozos de la vista. El sentido principal se ensalzaba en estas composiciones como un regalo divino que permitía admirar la grandeza de la creación.

En 1956, publicó el estudio Menéndez Pelayo, crítico literario, al que sigueron, dos años más tarde, sus obras Poesías ocasionales y De los siglos oscuros al de Oro. En 1959, ingresó en la Real Academia de la Historia.

Su ensayo Góngora y el “Polifemo” resultó ganador, en 1960, del premio Fundación March. Su obra Primavera temprana de la literatura europea apareció publicada en 1961, año en que se le distinguió con los títulos de miembro de la American Philosophical Society, doctor honoris causa de la Universidad de Roma y socio extranjero de L’Arcadia italiana. Poco después, se editaron sus estudios Del Siglo de Oro a este siglo de siglas y Cuatro poetas españoles, así como la obra Para la biografía de Góngora: documentos desconocidos, elaborada en colaboración con su esposa Eulalia Galvarriato.

En 1962 se le nombró miembro extranjero de la Accademia de Lincei de Roma, la Universidad de Oxford le concedió el título de doctor honoris causa y, en 1965, también la Universidad Nacional de Costa Rica. En 1966, fue nombrado Corresponding Fellow de la British Academy. Ejerció como vocal de la Comisión Administrativa de la Real Academia Española en 1967, fecha en que se dio a conocer su obra Primavera y flor de la literatura hispánica elaborada junto a Eulalia Galvarriato y Luis Rosales. A la muerte de Ramón Menéndez Pidal, en 1968, fue elegido por unanimidad director de la Real Academia Española.

Decidió entonces jubilarse de las aulas. En 1969 publicó sus Poemas escogidos, en los que se incluía la serie de composiciones de tono humorístico “Canciones a pito solo”. Fue nombrado doctor honoris causa de las universidades de Massachusetts y Leeds, y socio de la Accademia della Crusca de Florencia. En 1972, publicó En torno a Lope y Estudios lingüísticos peninsulares.

En 1973, varias universidades norteamericanas le rindieron homenaje, y poco antes la editorial Gredos comenzó a publicar sus Obras completas. En 1978, recibió el Premio Cervantes de Literatura. En 1982, renunció a la dirección de la Real Academia Española, que había ejercido durante catorce años consecutivos, tras sucesivas reelecciones.

En 1984 se editaron Vida y obra, Hombre y Dios y su primer poemario, Poemas puros, poemillas de la ciudad, que no había vuelto a publicarse desde 1921.

Tras varios años de descanso, volvía a escribir poesía.

Dio conferencias y recitales poéticos en distintos puntos de la geografía española y participó en los cursos de la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, cuya medalla recibió en 1984. En 1985 apareció el que habría de ser su último poemario, Duda y amor sobre el Ser Supremo, en el que el autor, debilitado ya por su avanzada edad y su salud delicada, se debatía entre el escepticismo y la necesidad de conservar la fe. Para la fecha de su noventa aniversario, su estado de salud había empeorado considerablemente. En los últimos años fue nombrado doctor honoris causa en las universidades de Lisboa, Oviedo y Granada. Falleció en la madrugada del 25 de enero de 1990, fecha en que se cumplía el cuarenta y dos aniversario de su ingreso en la Real Academia Española.


Obras de ~: Poemas puros. Poemillas de la ciudad (poesía), Madrid, Galatea, 1921; J. Joyce, Retrato del artista adolescente, trad. de Alfonso Donado [seud. de Dámaso Alonso], pról. de A. Marichalar, Madrid, El Adelantado de Segovia, 1926; Soledades, de Góngora, Madrid, Revista de Occidente, 1927; La lengua poética de Góngora, Madrid, Revista de Filología Española, 1935; La poesía de San Juan de la Cruz (Desde esta ladera), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1942; Oscura noticia (poesía), Madrid, Adonais, 1944; Hijos de la ira (poesía), Madrid, Revista de Occidente, 1944; Ensayos sobre poesía española, Madrid, Revista de Occidente, 1944; con S. Reckert, Vida y obra de Medrano, Madrid, CSIC, 1948; Poesía española (Ensayo de métodos y límites estilísticos), Madrid, Gredos, 1950; Estudios y ensayos gongorinos, Madrid, Gredos, 1950; con C. Bousoño, Seis calas en la expresión literaria española, Madrid, Gredos, 1951; Poetas españoles contemporáneos, Madrid, Gredos, 1952; Hombre y Dios (poesía), Málaga, El Arroyo de los Ángeles, 1955; Menéndez y Pelayo, crítico literario, Madrid, Gredos, 1956; De los siglos oscuros al de Oro, Madrid, Gredos, 1958; Góngora y el “Polifemo”, Madrid, Gredos, 1960; Primavera temprana de la literatura europea, Madrid, Guadarrama, 1961; con E. Galvarriato, Para la biografía de Góngora, documentos desconocidos, Madrid, Editorial Reus, 1962; Cuatro poetas españoles (Garcilaso, Góngora, Maragall, Antonio Machado), Madrid, Gredos, 1962; Del siglo de Oro a este siglo de siglas, Madrid, Gredos, 1962; con E. Galvarriato y L. Rosales, Primavera y flor de la literatura hispánica, Madrid, Selección del Reader’s Digest, 1967; La novela cervantina, Santander, Universidad Menéndez y Pelayo, 1969; En torno a Lope, Madrid, Gredos, 1972; La “Epístola moral a Fabio”, de Andrés Fernández de Andrada, Madrid, Gredos, 1978; Gozos de la vista (poesía), Madrid, Espasa Calpe, 1981; Vida y obra; Poemas puros; Poemillas de la ciudad; Hombre y Dios, Madrid, Caballo Griego para la Poesía, 1984 (ed. facs. de M. Smerdou Altolaguirre, M.ª L. Morales Zaragoza, Madrid, Caballo Griego para la Poesía-Consejería de Educación y Cultura, 1997); Duda y amor sobre el Ser supremo (poesía), Madrid, Cátedra, 1985; Obras Completas, Madrid, Gredos, 1972-1993 (10 vols.)

Bibl.: L. F. Vivanco, “La poesía existencial de Dámaso Alonso”, en Introducción a la poesía española contemporánea, Madrid, Guadarrama, 1957, págs. 259-291; J. O. Jiménez, “Diez años en la poesía de Dámaso Alonso. De Hijos de la ira a Hombre y Dios”, en Boletín de la Academia Cubana de la Lengua, VII (1958), págs. 78-100; C. Bousoño, “La poesía de Dámaso Alonso”, en Papeles de Son Armadans, XXXII-XXXIII (1958), págs. 256-300; C. Zardoya, “Dámaso Alonso y sus Hijos de la ira”, en Poesía española contemporánea, vol. III, Madrid, Gredos, 1961, págs. 205-221; J. García Morejón, Límites de la Estilística. El ideario crítico de Dámaso Alonso, Assís, Facultad de Filosofía, 1961; R. Gullón, “El otro Dámaso Alonso”, en Papeles de Son Armadans, XXXVI (1965), págs. 167-196; M. J. Flys, La poesía existencial de Dámaso Alonso, Madrid, Gredos, 1968; E. Alvarado de Ricord, La obra poética de Dámaso Alonso, Madrid, Gredos, 1968; A. Debicki, Dámaso Alonso, New York, Twayne Publishers, 1970; J. L. Cano, “Ira y poesía de Dámaso Alonso”, “En torno a Hombre y Dios”, “Fervor de Dámaso” y “Los Poemas escogidos, de Dámaso Alonso”, en La poesía de la generación del 27, Madrid, Guadarrama, 1970, págs. 102-125; VV. AA., Homenaje universitario a Dámaso Alonso, Madrid, Gredos, 1970; V. Báez de San José, La estilística de Dámaso Alonso, Sevilla, Universidad, 1971; H. R. Romero, “El método estilístico de Dámaso Alonso y su interpretación de Góngora”, en Kentucky Romance Quarterly, XIX (1972), págs. 211-221; VV. AA., Triple número monográfico de Cuadernos Hispanoamericanos, 280-282 (1973) (especialmente, R. Lapesa, “El sustantivo sin actualizador en Las Soledades gongorinas”, págs. 433-448; M. Muñoz Cortés, “Problemas y métodos de la filología en la obra de Dámaso Alonso”, págs. 291- 322; V. Aleixandre, “Dámaso: su nombre”, págs. 7-10 y J. L. Pensado, “Recuerdos lingüísticos de Dámaso Alonso”, págs. 349-355); M. J. Flys, Tres poemas de Dámaso Alonso, Madrid, Gredos, 1974; R. Ferreres, Aproximación a la poesía de Dámaso Alonso, Valencia, Editorial Bello, 1976; A. Zorita, Dámaso Alonso, Madrid, EPESA, 1976; M. Alvar, La Estilística de Dámaso Alonso. Herencias e intuiciones, Salamanca, Universidad, 1976; J. M. Blecua, “Un río llamado Dámaso”, en El País, 12 de diciembre de 1985; C. Seco Serrano, “La ‘sed’ de Dámaso Alonso”, en El País, 23 de diciembre de 1985; VV. AA., Dámaso Alonso. Premio “Miguel de Cervantes”, Barcelona, Anthropos, 1988; F. J. Díez de Revenga, “Dámaso Alonso: Una poética de la duda”, en Poesía de senectud, Barcelona, Anthropos, 1988, págs. 199-220; VV. AA., [N.º monogr.], en Revista Anthropos, 106-107 (1990); VV. AA., Boletín de la Real Academia Española, LXXIII (1993).


Biografía escrita por Alejandro Duque Amusco procedente del Diccionario Biográfico Español.

 

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