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Claudio Sánchez-Albornoz y Menduiña

Madrid, 7.IV.1893 – Ávila, 8.VII.1984. Historiador.

Nació en el seno de una familia que procedía de tierras abulenses. Dirigió desde su juventud su actividad académica hacia la investigación histórica, teniendo como principal maestro al profesor Eduardo de Hinojosa, quien orientó a su discípulo hacia los estudios relativos a los tiempos medievales: “De Hinojosa, mi maestro directo —reconoció Claudio— aprendí a dudar y a buscar la verdad con ahínco”. De todos modos, Claudio Sánchez Albornoz no dejó de mencionar también a otros importantes maestros a los que igualmente admiró: Mélida, Menéndez Pidal, Asín, Madariaga u Ortega.

En un principio, Sánchez Albornoz comenzó su actividad profesional como archivero. En 1918 obtuvo la Cátedra de Historia Antigua y Media de España de la Universidad de Barcelona. Posteriormente pasó, aunque de manera muy breve, por la Universidad de Valladolid, para acceder en el año 1920 a la Universidad Central de Madrid. En 1925, fue elegido miembro de número de la Real Academia de la Historia.

Fundador y director del Anuario de Historia del Derecho Español, en el período comprendido entre los años 1927 y 1928 Claudio Sánchez Albornoz estuvo en Viena, donde mantuvo estrecho contacto con el historiador Dopsch. En el año 1932, Sánchez Albornoz fue elegido rector de la Universidad Complutense de Madrid. Poco tiempo después, pasó a ser miembro del Centro de Estudios Históricos. Entre los discípulos que tuvo Claudio Sánchez Albornoz, destacan los catedráticos José María Lacarra y Luis García de Valdeavellano.

Desde el punto de vista político, Claudio Sánchez Albornoz, que era una persona de ideología liberal, fue totalmente contrario a la dictadura de Miguel Primo de Rivera, al tiempo que formaba parte de la Acción Republicana, de Manuel Azaña. Una vez establecida la Segunda República, Albornoz fue elegido diputado por la provincia de Ávila. En la etapa azañista (1931 y 1933), Sánchez Albornoz llegó a presidir la Comisión de Instrucción Pública; algún tiempo después, fue ministro de Estado en los gabinetes presididos por Lerroux y Martínez Barrio, así como embajador en Portugal, e incluso vicepresidente de las Cortes españolas. Cuando tuvo lugar el inicio de la Guerra Civil Española en 1936, emigró a Francia, instalándose en Burdeos, en donde llegó a desempeñar una cátedra universitaria. Algún tiempo más tarde, y ante el riesgo de ser hecho prisionero por los alemanes, emigró a la República Argentina, adonde llegó el día 3 de diciembre de 1940. En Argentina desempeñó, en un principio, una cátedra en la Universidad de Mendoza, hasta el año 1942, y posteriormente pasó a la Universidad de Buenos Aires. En la capital argentina, Claudio Sánchez Albornoz fundó el “Instituto de Historia de España”. Como remate a su interesante actividad política, cabe mencionar que, en 1959, fue nombrado presidente del gobierno de la República española en el exilio, cargo que desempeñó hasta el año de 1970. Claudio Sánchez Albornoz era, en definitiva, un “católico, liberal, demócrata y republicano”.

El primer artículo de investigación de Claudio Sánchez Albornoz apareció en 1911. Dicho artículo, que no se refería a la Edad Media, se titulaba “Aportaciones para la Historia. Ávila desde 1808 a 1814”. Por esas mismas fechas, publicó en el Diario de Ávila otro artículo que llevaba por título “Ávila y Jovellanos”. Tres años después, en 1914, publicó su primer trabajo relativo al ámbito de los tiempos medievales: “La potestad real y los señoríos en Asturias, León y Castilla durante los siglos VIII al XIII”. En 1917 publicó otro sugestivo trabajo, en este caso relativo a las “Vías romanas del valle del Duero y Castilla la Nueva”, y al año siguiente otro interesante trabajo: “Vías romanas de Briviesca a Pamplona y de Briviesca a Zaragoza”. Como se ve, no sólo profundizó en el conocimiento de la denominada Reconquista, sino que también se interesó por la herencia dejada en las tierras hispanas por los romanos. Durante su breve estancia en la Universidad de Valladolid pronunció, en 1919, una curiosa y llamativa conferencia, que llevaba por título “Vindicación histórica de Castilla”. En los primeros años de la década de 1920, en concreto entre 1921 y 1922, intervino en la consulta de las fuentes de diversos archivos, con el objetivo de estudiar las instituciones sociales y políticas del Reino de Asturias, obra que fue publicada muchos años después. A su vez, en 1924, publicó un interesante trabajo sobre “Las Behetrías. La encomendación en Asturias, León y Castilla”, completado, tres años después, por otro que se titulaba “Muchas más páginas sobre las behetrías”.

Su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia, que data del año 1926, versó sobre Estampas de la vida en León durante el siglo X. Al año siguiente, publicó un trabajo que llevaba por título “La primitiva organización monetaria de León y Castilla”. Poco tiempo después, en 1929, Sánchez Albornoz dio a la luz una investigación sobre “Divisiones tribales y administrativas del solar del reino de Asturias en época romana”. En ese mismo año publicó, en colaboración con el profesor Aurelio Viñas, sus Lecturas de Historia de España. También data del año 1929 un interesante trabajo titulado “España y el Islam”. Aunque no era arabista, no podía dejar de interesarse por todo lo que supuso la presencia de los musulmanes en las tierras hispanas. En 1930 tradujo del alemán la obra del historiador W. Piskorski sobre Las Cortes de Castilla: en el período de tránsito de la Edad Media a la Moderna. 1188-1520. De ese mismo año data también una investigación suya relativa a “La caballería visigoda”. De 1933 son sus “Notas para el estudio de los historiadores hispano-árabes de los siglos VIII y IX”. Dos años después publicó “Una vía romana en Asturias. La vía de La Mesa y de Lutos”, que se refería al itinerario de la conquista musulmana, y en 1936 se ocupó de “La repoblación del reino asturleonés”. Así pues Claudio Sánchez Albornoz era el principal estudioso del problema de la repoblación, desarrollado en España en el transcurso del Medievo. Una vez concluida la Guerra Civil Española, en concreto en 1941, publicó un trabajo sobre “Alfonso el Sabio y la economía dirigida”. Al año siguiente, en 1942, publicó su libro En torno a los orígenes del feudalismo. En dicha obra su autor aludía, sin duda alguna, al prefeudalismo de los tiempos visigodos. A propósito de la época posterior a la invasión musulmana, sostenía la idea de que el feudalismo no llegó a establecerse en las tierras hispanas, salvo en el ámbito de Cataluña. En verdad, Sánchez Albornoz limitaba el feudalismo a las relaciones feudovasalláticas, las cuales afectaban a un reducido grupo de la población hispana, mientras que las relaciones señoriales, en cambio, las consideraba diferentes al ámbito de lo feudal. Al año siguiente publicó Ruina y extinción del municipio romano en España e instituciones que lo reemplazan, y en 1944 El ´Ajbar Maymua´: cuestiones historiográficas que suscita y otros trabajos, como “El precio de la vida en el reino astur-leonés hace mil años” y “Otra vez Guadalete y Covadonga”. Es evidente que Claudio Sánchez Albornoz era, en aquellos años, el más destacado estudioso de todo lo relativo a los primeros tiempos medievales. En ese mismo año fundó en Buenos Aires los denominados Cuadernos de Historia de España, que han continuado publicándose después de su fallecimiento. En dicha obra, aparte de sus colaboraciones, y de algunos historiadores asentados en las tierras hispanas, participaron muchas de las numerosas discípulas que tuvo en Argentina, entre las que es preciso mencionar a Carmen Carlé, Hilda Grassotti, Reyna Pastor, Nilda Guglielmi, Inés Carzolio, María Estela González de Fauve, etc.

En 1946, Claudio Sánchez Albornoz publicó los dos volúmenes de La España musulmana. Según los autores islamitas y cristianos medievales, obra que ofrece, básicamente, una sugestiva recopilación de llamativos textos, originarios todos ellos de las tierras de al-Andalus. De ese mismo año datan otros trabajos de Claudio Sánchez Albornoz: “El Aula regia y las asambleas políticas de los godos”, “El Senatus visigodo. Don Rodrigo, rey legítimo de España” y “El culto al emperador y la unificación de España”, que muestran cómo el mundo de las instituciones, tanto de los siglos de la pugna entre cristianos contra musulmanes, como de los tiempos visigóticos, era su preocupación constante. Del año 1947 data su obra titulada “El ‘stipendium’ hispanogodo y los orígenes del beneficio prefeudal”. También salió a la luz en ese año su trabajo “Serie de documentos inéditos del reino de Asturias”. Al año siguiente, publicó “Itinerario de la conquista de España por los musulmanes”. En la década de 1950 aparecieron nuevas investigaciones, entre ellas “Alfonso III y el particularismo castellano” (1950), “Los vascos y los árabes en los dos primeros siglos de la Reconquista”, (1952), “España y el feudalismo carolingio”, (1954) y dos estudios de 1956, “Problemas de la historia navarra del siglo IX” y “Panorama general de la romanización de Hispania”. Lo señalado pone de relieve cómo el historiador, aunque centrado ante todo en las cuestiones propias de los tiempos medievales, no dejaba de mirar al pasado, tanto el de la época romana como el del reino visigodo.

En 1957 publicó en Buenos Aires, en la editorial Sudamericana, los dos volúmenes de una obra titulada España, un enigma histórico, que pretendía ser una síntesis y se caracterizaba por su gran erudición e intentaba ser una muy dura réplica al libro publicado unos años antes por Américo Castro titulado España en su historia. La polémica sobre la identidad nacional y la reconstrucción del pasado hispano se prolongaría entre “los gustadores del vinillo puro de la verdad” aportada por Sánchez Albornoz y los que se dejaron “seducir por el oropel de las alhajas bellas pero falsas” de Castro, en palabras del autor de España, un enigma histórico. El enfrentamiento entre ambos en tiempos de posguerra escapaba a la contemporaneidad y hundía sus raíces o en tierra de godos según Albornoz, o en la “bastardía”, de la convivencia entre judíos, árabes y cristianos para Américo. Claudio Sánchez Albornoz no estaba de acuerdo con las opiniones de Américo Castro, de ahí que algunos de sus capítulos se titularan de forma tan llamativa como “No se arabiza la contextura vital hispánica”, o “Límites a la contribución judaica de la forja de lo hispano”. Algunos autores han llegado a la conclusión de que los dos volúmenes de España, un enigma histórico ofrecen una interpretación prácticamente castellanista de la historia de España. En el prefacio a su obra, Sánchez Albornoz llegó a escribir: “Sin la aparición de España en su historia yo habría aún tardado muchos años en decidirme a escribir una obra tan ambiciosa como ésta, si es que alguna vez me hubiera al cabo decidido a escribirla. El temor a abordar una nave tan bien defendida por la artillería de cuanto ignoramos todavía sobre el ayer hispano, habría ido moviéndome a aplazar, tal vez sine die, la gran aventura. La audacia de Castro suscitó la mía. El enigma histórico de España continuaba en pie después de la publicación de España en su historia. No podía satisfacerme su explicación monocausal. Mas el temor de que sus teorías pudieran convertirse en básica interpretación de la historia española en las décadas próximas —por la magnética seducción que su obra suscita— y mi apasionada devoción por la verdad, me decidieron a examinar de nuevo y despacio el enigmático problema de España, y a publicar al cabo mis reflexiones sobre él”. Unas páginas más adelante afirmaba: “He ahí un largo rosario de disentimientos frente a las concepciones historiográficas de Castro. No reflejan sino parcialmente las mías. Y como me parece indispensable que el lector las conozca para que pueda juzgar de los límites de mi intento, he de consagrar a exponerlas el primer capítulo de esta obra”.

En 1959 Claudio Sánchez Albornoz publicó un significativo trabajo, “El gobierno de las ciudades de España del siglo V al X”. Al año siguiente apareció otro interesante trabajo “Moneda de cambio y moneda de cuenta en el reino astur-leonés”, y en 1962 “Pervivencia y crisis de la tradición jurídica romana en la España goda”. De 1963, conviene mencionar otros dos trabajos: “Notas para el estudio del ‘petitum’” y “Falsificaciones en Cardeña”. Precisamente en 1963, fecha en la que Sánchez Albornoz cumplía setenta años, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires le ofreció un homenaje. Esto llegó a señalar el conocido historiador argentino José Luis Romero: “Discípulos y camaradas de Claudio Sánchez Albornoz unen sus nombres en este volumen para ofrecer su homenaje al maestro […] Para la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, tal circunstancia es, quizá, más halagüeña que para nadie, porque tiene el privilegio de contar con su presencia en la cátedra de Historia de España y con su dirección en el Instituto de la misma especialidad. A su llegada, los estudios históricos americanos tenían en la casa un alto nivel… pero, en cambio, la ausencia de fuentes para la historia de Europa siguió siendo casi total y estos estudios languidecieron, limitándose a una información sin perspectivas. En esta coyuntura se incorporó Sánchez Albornoz a los cuadros docentes de la facultad —en 1942—, y su entusiasmo y dedicación lograron sobrepasar los obstáculos que se oponían a los estudios medievales”.

En el año 1965, Claudio Sánchez Albornoz publicó en México una muy valiosa obra que lleva por título Estudios sobre las instituciones medievales españolas, en la que recopilaba los más variados asuntos de los tiempos medievales, desde “Los hombres de benefactoría asturleoneses” hasta “La potestad real y los señoríos en Asturias, León y Castilla”, aludiendo también al curioso problema de las behetrías. De ese mismo año procede otro trabajo, “El Islam de España y el Occidente”. Al año siguiente, en 1966, Sánchez Albornoz publicó una interesante obra titulada Despoblación y repoblación en la cuenca del Duero, en la que insistía en que la cuenca del Duero había quedado prácticamente deshabitada hacia mediados del siglo VIII, siendo en adelante el territorio que poco a poco fueron repoblando los cristianos originarios de las tierras del norte peninsular. A propósito de este libro, afirmó el historiador José Ángel García de Cortázar: “Hasta aquí, la tesis de Sánchez Albornoz. Como se ve, ofrece una doble faceta. De un lado, la puramente demográfica: el vacío poblacional del valle del Duero entre mediados del siglo VIII y el comienzo de las iniciativas repobladoras cien años más tarde. De otro lado, la social: la creación de una nueva sociedad cuyos miembros proceden del norte, donde antaño se refugiaron los fugitivos del valle, hispanorromanos y visigodos, mezclándose con asturianos, cántabros y vascos procurando una simbiosis humana. Esta, en el transcurso de la segunda mitad del siglo IX, y ya sobre el escenario de la meseta, recibió unas gotas de sangre mozárabe, aportada por los cristianos que huían del territorio musulmán. En la dinámica de los acontecimientos, el ancestral amor a la libertad de las indómitas gentes de la Cordillera Cantábrica fue decisivo. Las circunstancias de vacío demográfico les permitieron desplegarse, en especial, en las tierras de Castilla”.

Ese mismo año Sánchez Albornoz publicó un sugestivo trabajo que se titulaba “Pequeños propietarios libres en el reino astur-leonés: su realidad histórica”. Del año siguiente es “Investigaciones sobre la historiografía medieval (siglos VIII al XII)”, en el que aludía a la forma de presentar los acontecimientos de aquellos siglos por parte de los cronistas de aquel tiempo, a la vez que se refería a las perspectivas puestas en marcha por los historiadores del presente. Al margen de lo señalado, Sánchez Albornoz también colaboró en la Historia de España, que dirigía inicialmente Ramón Menéndez Pidal y que publicaba, desde antes de la Guerra Civil Española, la editorial Espasa Calpe. En concreto Sánchez Albornoz, que había mantenido buenas relaciones con Menéndez Pidal, elaboró el volumen primero del tomo VII, titulado El reino asturleonés (722 a 1037). Sociedad, economía, gobierno, cultura y vida.

En 1972 publicó, en tres gruesos tomos, sus Orígenes de la nación española: estudios críticos sobre la historia del reino de Asturias. Se trata de una serie de investigaciones que llevó a cabo en sus años de la juventud. Asimismo entre los años 1976 y 1980 editó una recopilación de diversos trabajos, que llevan por título Viejos y nuevos estudios sobre las instituciones medievales españolas, que constaba de tres tomos, y en 1981 publicó Orígenes del Reino de Pamplona: su vinculación con el valle del Ebro. Lo mencionado en las líneas anteriores pone claramente de relieve cómo Claudio Sánchez Albornoz se centró, ante todo, en los primeros siglos de los tiempos medievales, es decir la época en la que nacieron el Reino de Asturias, más tarde el llamado de Pamplona e incluso los posteriores Reinos de León y de Castilla.

Claudio Sánchez Albornoz aludió al significativo contacto existente entre la historia, por una parte, y la libertad, por otra: “La historia ha sido en verdad una perdurable guerra civil del hombre contra sí mismo; es decir de unos hombres contra los otros hombres. De unos hombres contra otros: por señorearlos y vivir de su trabajo; por obligarlos a adorar a sus dioses y a pensar como ellos […] Si creyera en las interpretaciones providencialista o materialista de la Historia y en que el hombre carece a natura de libertad, el ámbito se me ensombrecería hasta la angustia […] porque creo que el hombre es libertad, que la historia […] es la hazaña de la libertad y la libertad es la hazaña de la historia”. Por su parte, Reyna Pastor, una de las más importantes discípulas argentinas de Claudio, aunque posteriormente terminó estableciéndose en España, dijo de él lo siguiente: “Sánchez Albornoz fue también un gran maestro. Sus clases, las generales sobre historia de España, que dictaba para todos los alumnos de la Facultad, estaban siempre repletas de estudiantes que iban a oír sus palabras eruditas pero llenas de contenido. Clases que impartía para que el alumno comprendiera, para moverlo a la reflexión y al estudio. El enfoque principal de Sánchez Albornoz era el de la Historia de las Instituciones […] Más allá fue nuestro historiador porque investigó temas de historia económica, en problemas generalmente puntuales, en monografías sobre precios, inflaciones, devaluaciones, monedas, etc. En todos ellos dio muestras de su enorme ductilidad intelectual. Sus grandes temas: la Reconquista, la despoblación y la repoblación del valle del Duero, los concejos, las behetrías, la caballería villana, etc., estuvieron siempre enmarcados en su concepción del feudalismo castellano […] Su historiografía germanista y germanizante, antimusulmana y proeuropeísta (con serias restricciones) dio lugar a muchas discusiones, algunas muy ásperas; la más importante y lamentablemente encarnizada la sostuvo contra otro ilustre desterrado: Américo Castro”.

Claudio Sánchez Albornoz regresó a España, aunque simplemente en forma de visitante, poco tiempo después de la muerte del general Francisco Franco. Estuvo en un principio en Madrid, dirigiéndose posteriormente hacia Valladolid e incluso hacia las tierras de Asturias. No decidió fijar su residencia en España, mas al padecer, algún tiempo después, una grave enfermedad, sus hijos lo trajeron desde la Argentina a Ávila. En el año 1984, falleció en la ciudad castellana, y fue enterrado en el claustro de la Catedral de dicha ciudad.

Fue doctor honoris causa por las Universidades de Burdeos, Gante, Tubinga, Lima, Buenos Aires, Oviedo, Valladolid y Lisboa. En 1980 se le entregó en Buenos Aires la Medalla de Oro de la provincia de Ávila y la Medalla de Oro de la ciudad de Ávila. Tres años después, en 1983, recibió la Gran Cruz de Carlos III. Recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1984 y el 28 de junio de ese mismo año, fue nombrado Hijo Adoptivo de la provincia de León. Poco antes de morir se constituyó, bajo la presidencia de S. M. el Rey Don Juan Carlos I, la Fundación cultural que lleva su nombre al servicio de la comunidad científica, educativa y de la sociedad del conocimiento.


Obras de ~: En torno a los orígenes del feudalismo, Mendoza, 1942, 3 vols.; Ruina y extinción del municipio romano en España e instituciones que le reemplazan, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 1943; El ‘Ajbar Maymua’: cuestiones historiográficas que suscita, Buenos Aires, Universidad Nacional, 1944; El culto al emperador y la unificación de España, Buenos Aires, Coni, 1946; La España musulmana, Buenos Aires, Ateneo, 1946, 2 vols.; Una ciudad hispano-cristiana hace un milenio. Estampas de la vida en León, Buenos Aires, Editorial Nova, 1947; España, un enigma histórico, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1956, 2 vols.; con A. Viñas, Lecturas históricas españolas, Madrid, Taurus, 1960; Despoblación y repoblación de la cuenca del Duero, Buenos Aires, Instituto de Historia de España, 1965; Estudios sobre las instituciones medievales españolas, México, Universidad Nacional Autónoma, 1965; Estudios visigodos, Roma, Istituto Storico Italiano per il Medio Evo, 1971; R. Menéndez Pidal (dir.), Historia de España, t. VII, vol. 1, El reino astur-leonés (722 a 1037). Sociedad, economía, gobierno, cultura y vida, Madrid, Espasa Calpe, 1980; Del ayer y del hoy de España, Barcelona, Planeta, 1980; De la Andalucía islámica a la de hoy, Madrid, Rialp, 1983; Origen de la nación española: el Reino de Asturias, Madrid, Sarpe, 1985; Ensayos sobre historia de España, México, Siglo XXI, 1989.

Bibl.: VV. AA., Bibliografía de Claudio Sánchez Albornoz. Homenaje con ocasión de sus cuarenta años de docencia universitaria, Buenos Aires, 1957; H. Grassotti, “Historia de un historiador”, en VV. AA., Homenaje al profesor Claudio Sánchez-Albornoz, Buenos Aires, Universidad, Facultad de Filosofía y Letras, 1964, págs. 15-27; C. Sarmiento, Sánchez-Albornoz, cuarenta años después, Madrid, Sedmay, 1976; J. L. Martín, “Don Claudio Sánchez Albornoz”, en Anuario de Estudios Medievales, n.º 8 (1985); Claudio Sánchez Albornoz, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1986; J. M. Pérez-Prendes, “Semblanza y obra de don Claudio Sánchez Albornoz”, en M. A. Ladero Quesada (coord.), En la España Medieval. V. Estudios en memoria del profesor D. Claudio Sánchez Albornoz, Madrid, Universidad Complutense, 1986; S. Cabeza Sánchez-Albornoz, Semblanza histórico-política de Claudio Sánchez Albornoz, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1992; R. Pastor, C. Estepa Díez, J. A. García de Cortázar, J. L. Abellán y J. L. Martín, Sánchez Albornoz a debate. Homenaje de la Universidad de Valladolid con motivo de su centenario, Valladolid, Universidad, 1993; J. L. Martín (coord.), Claudio Sánchez-Albornoz, embajador de España en Portugal, Ávila, Fundación Sánchez-Albornoz, 1995; G. Martínez Díaz, “Sánchez-Albornoz Menduiña, Claudio”, en R. Domingo (ed.), Juristas Universales. Volumen IV. Juristas del s. xx, Madrid, Marcial Pons, 2004, págs. 789-791; www.fsanchez-albornoz.com.


Biografía escrita por Julio Valdeón Baruque procedente del Diccionario Biográfico Español.

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