José Luis de Aresti Aguirre. Erandio (Vizcaya), 14.III.1917 – Madrid, 18.XI.2003. Aviador militar y as de la acrobacia aérea.

Nacido en el seno de una familia menorquina-bilbaína, era hijo de Felipe de Aresti Ayo y de Laura Aguirre Aguirre.

En Vizcaya transcurrió su infancia hasta los diez años en que su familia se trasladó a Madrid, donde estudió el bachillerato. No cabe duda que los finales de la década de los años veinte en España, con los vuelos de los grandes raid a América (Plus Ultra, Jesús del Gran Poder), a Asia (Patrulla Elcano) y a África (Patrulla Atlántida) y el encanto de la aviación de aquella época, cautivó la voluntad del joven Aresti, que sintió cómo nacía su deseo de hacerse aviador.

Sin embargo, dadas las dificultades que había para hacer del aire una profesión en los turbulentos días de la República, sumadas a las pocas facilidades familiares que encontró para emprender su auténtica vocación, hizo que se decidiera por matricularse en la Facultad de Medicina de San Carlos.

Estaba escrito que su vocación no era la Medicina sino la Aeronáutica. Cuando estaba en tercero de la licenciatura estalla la Guerra Civil de 1936-1939 y esta contienda le dio la oportunidad de satisfacer su verdadera vocación. Así, en enero de 1938, cuando estaba inminente su movilización, en el Ejército Popular, se inscribe en un curso militar de pilotaje. Para efectuar su aprendizaje elemental es pasaportado al Aeródromo de Alcantarilla (Murcia) y cuando termina este curso para llevar a cabo la Fase de Transformación en aviones de guerra pasa al Aeródromo de Santiago de la Ribera (San Javier, Murcia). Terminado su curso de pilotaje, se incorpora a la Escuela de la especialidad en el Aeródromo de El Carmolí (Cartagena, Murcia) y es donde verdaderamente empieza a sentirse aviador.

Pronto llama poderosamente la atención su virtuosismo en la práctica de la acrobacia aérea y es tal el grado de perfeccionamiento que alcanzó durante su formación que fue invitado a participar en el festival aéreo que cerró su propio curso de vuelo. Para perfeccionar su formación asistió, durante el mes de junio de 1938, a los cursos de Vuelo Nocturno y al de Alta Velocidad. En período tuvo la oportunidad de “soltarse” en el avión Polikarpov I-16, que los soviéticos trajeron a España. Cuando terminó fue destinado a la Patrulla de Alarma de El Carmolí, y en los ratos de soledad de su destino medita sobre su futuro y decide que tiene que cambiar de zona.

La ocasión de escapar de la zona republicana se le presenta el 15 de julio de 1938, aprovechando una salida de alarma a Cartagena. Tras el despegue de la pareja de alarma (dos Polikarpov I-16), Aresti, trepa a máxima potencia, deja atrás a su pareja y escapa hacia Melilla, donde aterriza en una playa con el tren de aterrizaje metido. La toma de tierra en una playa cercana a Melilla fue debida a que cuando se dirigió hacia el Aeródromo de Nador fue tiroteado por la artillería antiaérea del propio campo por creer se trataba de un avión enemigo.

Una vez en zona nacional, y devuelto a la Península no se tuvo en cuenta sus antecedentes aeronáuticos y fue destinado como soldado al Batallón Flandes de Infantería de la IV Brigada de Navarra que por aquellas fechas combatía en la batalla del Ebro.

En noviembre de este mismo año de 1938 es reclamado por la Jefatura del Aire y como un novato más se incorpora a la Base Aérea de Tablada (Sevilla) para realizar el curso de piloto. La fase previa de selección consistió en una férrea instrucción militar, que le fuerza a permanecer inactivo como piloto durante dos meses. En esta ocasión la suerte le acompañó, pues en una visita que a dicha escuela realizó García Morato y enterado de la existencia en el centro de un piloto de caza ya hecho en el bando contrario, tomó cartas en el asunto y consiguió fuera reclamado por la Escuela de Transformación, sita en Jerez de la Frontera (Cádiz).

Durante un mes permaneció en el citado centro reentrenándose, y cuando terminó dicho período se incorporó al Grupo 3-G-3 de García Morato que estaba en Griñón (Madrid). Posteriormente su Grupo fue trasladado a Getafe y allí permaneció hasta el final de la contienda. En julio de 1939, pasó al Grupo 28 de caza de Baleares. En Palma de Mallorca destacó desde el primer momento por su absoluto dominio de la acrobacia aérea y un desmedido arrojo; puestos públicamente de manifiesto, en la visita que realizaron al aeropuerto balear los Flechas del Aire y a los que se les obsequió con un festival aéreo. Poco tiempo estuvo en la isla, pues rápidamente fue comisionado a Los Alcázares, Cartagena (Murcia) como probador de los numerosos aviones que los republicanos habían abandonado en aquella región. Cuando terminó en este campo su trabajo marchó destinado a Jerez de la Frontera para ejercer de profesor en la Escuela de Transformación, simultaneando este puesto con el de piloto probador de los Polikarpov I-16 que montaba el Taller Experimental del Aire establecido en dicha ciudad.

En esta ciudad, en sus múltiples actividades de piloto (profesor y probador) es donde Aresti aprendió realmente a ser aviador. Fue una experiencia importantísima para su futuro aeronáutico. Cada día demostraba su habilidad pilotando toda una serie de aviones diferentes que iban desde la pequeña Bücker hasta los Romeo 37, Gotha 145, Caproni 310 y Heinkel 45.

Para graduarse como teniente profesional de aviación pasó, en 1940, por la Academia de Aviación de León. Terminados sus estudios fue destinado como probador al Centro de Estudios y Experiencias de Cuatro Vientos, donde permaneció hasta su ascenso a capitán (9 de mayo de 1946). Dos años más tarde, Aresti, obsesionado con la idea de que la Guerra Civil y la posguerra habían terminado prácticamente con la aviación deportiva, abandona la aviación militar y solicita el pase a la situación de supernumerario. A partir de este momento se dedica por completo a reactivar esta rama de la aviación.

Se traslada a vivir a Barcelona y allí conoce toda clase de dificultades, trabas y sinsabores, al pretender crear un nuevo aeroclub en el aeródromo de Sabadell (Barcelona), abandonado desde que los últimos Polikarpov I-15 Chatos, construidos en el Parque Eventual instalado en dicho aeropuerto, habían despegado con destino a los Regimientos de Asalto. Su proyecto presentado al alcalde de la ciudad —José María Marcet— cuajó hasta tal punto que gracias a su patronazgo pudo comprarse el primer avión para el nuevo aeroclub. El Ejército del Aire, propietario de los terrenos, los cedió y en febrero de 1948 ya pudo Aresti con el avión comprado por Marcet, un Piper PA-12 Super Cruisier, aterrizar en el aeródromo.

Para fomentar y dar a conocer el nuevo aeroclub, Aresti propuso realizar un raid aéreo internacional y como broche final al mismo celebrar un festival aéreo. Además, concibe resucitar la Vuelta Aérea a España que no se celebraba desde hacía 20 años.

Tras una meticulosa preparación, el 6 de marzo de 1949 despegan los ocho aviones participantes en la prueba. Tras vencer numerosas dificultades tanto administrativas como meteorológicas, se efectuó; también se llevó a cabo la Vuelta Aérea a España (Sabadell, Zaragoza, Logroño, León, Valladolid, Madrid, Jerez Málaga, Murcia, Valencia y Sabadell), volando veinticinco horas y tres mil kilómetros en siete días.

Una semana más tarde llegaban al aeródromo de Sabadell los 38 aviones participantes en el Raíd Internacional que Aresti había organizado y al finalizar la prueba se celebró con extraordinario éxito el Festival aéreo programado. Un año más tarde Aresti fue contratado por el Aero Club de Vizcaya para organizar la escuela de vuelo. Bajo su dirección se formaron en la escuela cuarenta pilotos, entre ellos Leonor Mújica Acebal, con la que se casó en 1957 y con la que tuvo cuatro hijos. Este récord le sirvió para que el Aero Club de Bilbao le concediera el trofeo Pedro Vives, con el que se premia al club que anualmente haya realizado la mayor labor aeronáutica.

José Luis Aresti no ceja en su empeño de potenciar la aviación deportiva. Organizó anualmente la Vuelta Aérea así como numerosos festivales aéreos, pero su actividad más destacada fue la participación en la mayoría de las competiciones de vuelo acrobático, especialidad de la que era un consumado as. No cabe duda que el historial aeronáutico de Aresti representa un auténtico recorrido por una de las épocas más sugestivas de la aviación española. Actuó en numerosos festivales españoles, muchas veces “por amor al arte” (Pro Navidad del humilde, o a beneficio de los Huérfanos del Aire) bien en Bilbao, Barajas (Madrid), Cuatro Vientos (Madrid), Santander, Barcelona, Talavera la Real (Badajoz), Albacete, Manises (Valencia), Albacete, Lugo, Sabadell… Participó y ganó la “Copa de las Águilas” en Saint Etienne (Francia), trofeo equivalente a ser proclamado campeón de Europa de acrobacia aérea; ganó en Filipinas, en Toulouse y en el Festival de Ambert (Francia), donde el entusiasmo del público llegó a extremos inenarrables, como lo demuestra lo que escribió un periódico francés de la época: “Qué palabras podríamos emplear para describir la audacia, la temeridad, el valor y la gran seguridad de este acróbata campeón de España. Nos demostró bien claramente que lo imposible no existe para algunos”. Ganó en Oporto (1959) el Trofeo Ibérico de Acrobacia Aérea. Durante dos décadas, los vuelos acrobáticos de este maestro de maestros causaron admiración a millares de espectadores, que observaron sobrecogidos sus arriesgadas maniobras.

Cuando por razones de edad dejó de participar en los festivales, ya teniente coronel en situación de supernumerario, fue nombrado director y entrenador del equipo español que participó en el III Campeonato Mundial de Acrobacia Aérea, que se proclamó en Bilbao (1964) Subcampeón del Mundo por equipos y campeón del Mundo individual (Tomás Castaño).

Presidió durante varios años los jurados internacionales de los campeonatos de vuelo acrobático; desde 1966, la Federación Española del Deporte Aéreo y desde 1967 la Comisión Mundial de Vuelo Acrobático.

Fue el creador del Sistema Aerocriptográfico que lleva su nombre y que en 1961, la Comisión Mundial lo adoptó para evaluar las maniobras acrobáticas en las competiciones aéreas, sistema que sigue vigente en la actualidad.

La singular biografía profesional de José Luis Aresti le hizo merecedor, en 1970, del máximo reconocimiento que se concede a un aviador. La Medalla de Oro de la Federación Aérea Internacional.

En 1987, el Club Acrobático Internacional, dependiente de la Experimental Aircraft Association, decidió incluirlo en el Hall de la Fama del Museo de Oskosk, Wisconsin (Estados Unidos), porque: “nadie ha hecho tanto (se referían a su sistema aerocriptográfico) para conseguir un estándar profesional para juzgar, registrar y simplificar el proceso de construcción y puntuación de las secuencias acrobáticas. Pauta universal para concursos e incluso fabricantes”.

En diciembre de 2003, en tan sólo dos meses, una terrible enfermedad truncó su vida. Además de numerosas condecoraciones estaba en posesión de la Medalla de Oro al Mérito Deportivo, por lo que podemos decir que inscribió su nombre en la galería de hombres ilustres que ha dado España.


Fuentes y bibl.: Archivo Histórico del Aire (Villaviciosa de Odón), Hoja Matriz de Servicios.

J. Salas Larrazábal, La guerra de España desde el Aire, Madrid, Ariel, 1969.


Biografía escrita por Adolfo Roldán Villén.

 

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