• A  A  A  

Cronología: Hacia el 560 a. C.

Dimensiones: Altura: 26.6 cm; anchura: 33.6 cm; grosor: entre 0.1 cm y 0.4 cm, pero alcanza los 1,3 cm en la defensa nasal. Peso: 1370.5 g.

Procedencia: Hallado en 1930 en la Ría de Huelva. Fue adquirido por compra por el ingeniero José Albelda quien lo donó en 1932 a la Real Academia ele la Historia.


Casco de tipo corintio, fabricado en bronce batido, lo que rectifica los análisis efectuados al ser hallado, pues, según el análisis del Sr. Gómez Torga, Director del laboratorio de las Minas de la Reunión, en Río Tinto, sería de cobre hastante puro sin aleación alguna. Presenta una pátina rojiza verdosa y su estado de conservación es bueno.

Es de forma ligeramente antropomorfa, como resulta habitual en estas piezas, formando el contorno una línea oval continua, aunque ya ofrece una carena muy suave para diferenciar la parte alta de los laterales. Ofrece unas grandes paragnátides o carrilleras, con pequeños agujeros en sus extremos de 0.45 cm. La defensa nasal es alargada, de forma casi lanceolada, y alcanza los 9.5 cm. de longitud por 2.7 cm de anchura máxima con un grosor que alcanza los 1,3 cm, pues es la única parte de casco que presenta un doble reborde, hacia dentro y hacia fuera. Este reborde prosigue, ya sólo al exterior, a lo largo del contorno de los ojos, disminuyendo paulatinamente. La defensa nasal separa dos aperturas almendradas, alargadas en sentido horizontal, para facilitar la visión de los ojos, ofreciendo un suave reborde de fuertes aristas, mientras que, por encima, una suave carena forma dos arcos, que recuerdan las cejas y se prolonga descendiendo suavemente hacia atrás para marcar la separación entre la calota o parte superior y el resto del casco. El borde inferior del casco, prácticamente horizontal pero ligeramente sinuoso, está engrosado con una suave arista hacia el exterior, que alcanza 0.27 cm; hacia la mitad de cada lado ofrece sendas escotaduras triangulares, que penetran hasta 2 cm, mientras que la parte delantera central queda abierta para permitir la respiración y facilitar el habla del guerrero.

La pieza ofrece una pequeña banda con decoración de circulitos troquelados a lo largo de todo el borde, incluyendo las aperturas para los ojos y la protección de la nariz, así como en el borde inferior. Además, sendas palmetas grabadas decoran los ángulos de las aperturas que corresponden a las comisuras externas de los ojos y otras dos, más simples y en forma de capullo de loto, adornan las escotaduras laterales.

La pieza, actualmente está rota y abollada, lo que la ha deformado. Este hecho puede explicarse como consecuencia de haberse recuperado en la draga, pero tampoco cabe excluir una rotura intencional en la Antigüedad, que se explicaría al haberse intentado inutilizar la pieza antes de arrojarla al agua. En efecto, el lugar del hallazgo no queda muy distante de donde se recuperó, también en un dragado de la Ría, un famoso conjunto de armas del Bronce Final, lo que hace suponer que todos estos objetos fueran depositadas como exvotos u ofrendas a la divinidad de dichas aguas. El agua representaba el punto de paso de Mas Allá en el mundo indoeuropeo, por lo que este tipo de ofrendas pudieran relacionarse con ritos de llegada o de paso, como cabe interpretar otro casco griego, algo anterior, hallado en las aguas del río Guadalete, a su paso por Arcos de la Frontera, que se conserva en el Museo de Jerez.

En todo caso esta singular pieza es uno de los más importantes hallazgos griegos de la Península Ibérica. Por su lugar de hallazgo, debe relacionarse con el emporion o factoría comercial de Huelva, donde han aparecido numerosos restos que evidencia el comercio entre los griegos y los tartesios, cuyo auge a mediados del siglo VI a. C, coincide con la fecha de este casco, a cuyas elites iría destinado como arma de prestigio adquirida para resaltar ante la sociedad el estatus aristocrático de su poseedor.

Bibliografía: Almagro-Gorbea, Martín et alii., Catálogo del Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia. Prehistoria. Antigüedades Españolas I, Madrid, 2004, 174-176, con toda la bibliografía pertinente.


Texto procedente del Catálogo de la exposición Tesoros de la Real Academia de la Historia. 2001. Ficha escrita por  Martín Almagro Gorbea

Share This