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Antonio López de Córdoba

Priego (Cuenca), 12.XII.1799 – Madrid, 15.III.1854. Diplomático y senador.

Desde Priego, su ciudad natal, se trasladó a Madrid para comenzar su carrera académica en los Reales Estudios de San Isidro de Madrid. Allí estudió las cátedras de Latinidad, Poética, Retórica, Lógica, Metafísica, Filosofía Moral, Matemáticas y Lenguas Griega y Hebrea. De entre todos estos estudios destacó en Lengua Árabe, lo que le abrió las puertas para comenzar su carrera diplomática.

Su primer destino fue como joven de lenguas de la legación de Su Majestad en Constantinopla. Con fecha de 2 de agosto de 1818, le llegó su nombramiento, junto con el que sería compañero suyo y sucesor al final de su carrera diplomática, Gerardo Sousa, hijo del cónsul en Trípoli, incorporándose al servicio activo el 14 de diciembre del mismo año.

Sus estudios sobre las lenguas y sus trabajos de la cultura e historia turca y oriental en general le permitieron que en este primer año de estancia en la capital otomana fuera nombrado académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, agradeciendo por carta esta designación, leída en Madrid en octubre de 1819.

En 1820 fue nombrado segundo intérprete de la misma legación. Bajo las funciones de este cargo acompañó como intérprete a los jefes de la legación en Constantinopla en sus viajes de regreso a España por el territorio turco hasta la frontera austríaca, en mayo de 1820, y una segunda vez en septiembre de 1823. De igual manera, se encargó del arreglo e inventario del archivo de la legación.

Fue ascendido a secretario intérprete el 30 de abril de 1824. En 1827 tomó parte en las negociaciones entre España y el Imperio Otomano que culminaron con la libertad de paso de las naves españolas hacia el mar Negro. Su último cargo en esta primera etapa otomana fue el de secretario de legación, con nombramiento del 30 de abril de 1828, aunque debía desempeñarlo estando en España por orden del ministro de Estado, una estancia que él previamente había solicitado por el fallecimiento de su hermana, Juliana López de Córdoba, debiendo hacerse cargo de sus sobrinas. En este viaje llevó los documentos del tratado hispano-turco como correo extraordinario, por cuyo mérito le fue concedida la Cruz Supernumeraria de la Real Orden de Carlos III. Como colofón a este primer capítulo turco en la vida de López de Córdoba fue nombrado en 1829 caballero del Santo Sepulcro, y ascendido a miembro supernumerario de la Real Academia de la Historia el 6 de febrero del mismo año. Esta vez sí pudo acudir a su toma de posesión, teniendo lugar el 19 de dicho mes, en la que leyó un trabajo titulado Necesidad de la Historia de la Diplomacia en la Historia en general.

Entre 1830 y 1833 se abrió un breve paréntesis en el periplo turco de López de Córdoba. En 1830 fue destinado por un período de tres meses a Lisboa con el cargo de secretario de legación, tiempo suficiente para que le fuera otorgada la Orden de comendador de Cristo y de Villaviciosa de Portugal (los dos últimos meses de estancia en la capital portuguesa los pasó como encargado de negocios). Por encargo de la Dirección General de Correos, desempeñó la comisión de recaudar y distribuir los productos que resultaban a favor de la renta por el tránsito de la correspondencia extranjera para Portugal. También se encargó de la situación en la que se encontraban numerosos españoles encarcelados en prisiones portuguesas, logrando la agilización en el trámite de los pasaportes para todos aquellos que lo solicitasen.

En junio de 1833 llegó a Londres para desempeñar los cargos de secretario primero, y encargado de negocios después. Su estancia en la capital del imperio británico le permitió tener acceso a las bibliotecas y archivos de los que no disponía en su tierra natal. Allí le fue más fácil ir adquiriendo un gran número de volúmenes para engrosar su naciente biblioteca privada, muchos de cuyos ejemplares terminaron siendo donados a la Real Academia de la Historia una vez falleció. Su interés por las letras le propició ser nombrado miembro honorario de la Sociedad de Literatura de Londres.

Durante el nuevo período de estancia en la Corte otomana desempeñó los más altos cargos como representante de España. Tras seis años como encargado de negocios, fue nombrado ministro residente en Constantinopla, cargo que comenzó a desempeñar junto con el de secretario de Su Majestad con Ejercicio de Decretos en la Corte española. Bajo este mandato fue cuando tomó parte en las negociaciones del tercer tratado hispano-turco, consiguiendo grandes ventajas para España frente al resto de potencias europeas. Como resultado de sus acciones recibió como honores el nombramiento de comendador del Salvador de Grecia, comendador de la Concepción de Villanueva y la Gran Cruz de Isabel la Católica. Por parte del Sultán recibió el Nishan Yftijar de 1.ª Clase en brillantes. Ya con su posición consolidada dentro de la sociedad diplomática de Constantinopla, su buen hacer y sus contactos llegaron a tal punto que fue el representante de la legación anseática (compuesta por las ciudades de Hamburgo, Lübeck y Bremen) en 1842. Así se lo pidió el embajador y amigo P. Colguhoum, y fue aceptado por la Secretaría de Estado en octubre de 1842.

Un año antes de su marcha definitiva del Imperio Otomano fue nombrado ministro plenipotenciario en Constantinopla y comendador de número de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III. Su despedida tuvo lugar el 8 de noviembre de 1847, y la Sublime Puerta tuvo a bien otorgarle, por sus buenas relaciones y por su buen hacer, el retrato del Sultán en Brillantes. Este mismo año fue ascendido a miembro numerario de la Real Academia de la Historia, asignándole la medalla n.º 24, de la que fue primer titular. Su relación con la Academia favoreció la donación de los relieves asirios que allí se conservan, así como una importante colección numismática procedente de los distintos países árabes por donde López de Córdoba viajó.

Los que serían sus últimos seis años de vida los pasó en Madrid como consejero real ordinario. Poco se sabe de este período de su vida profesional, pero sí que los honores se le siguieron concediendo, recogiendo los frutos de sus años de diplomático. Así, en 1848 le fue otorgado el Escudo de Armas de las Ciudades Anseáticas en Brillantes, en 1849 fue nombrado senador del reino, con un sueldo de 30.000 reales anuales durante su servicio y de 36.000 en caso de jubilación, y como colofón recibió de la Corte turca la Gran Banda del León y del Sol de Persia. Sus últimos servicios a la Corona, ya bastante disminuido en su salud fueron como comisario de límites entre España y Francia en 1853 junto con el mariscal Manuel de Monteverde.

A la vuelta de esta última tarea, pidió licencia, previa dispensa pontificia, para poder casarse con su sobrina Rufina de Medina López de Córdoba, el 16 de febrero de 1854. Poco duró este matrimonio, pues Antonio López de Córdoba falleció la noche del 15 de marzo a causa de un catarro pulmonar crónico, siendo enterrado el 17 en la sacramental de San Miguel y San Justo.


Fuentes y bibl.: Archivo del Senado, Exps. personales, HIS-0250-06.

Memorial Histórico Español. Colección de documentos, opúsculos y antigüedades que publica la Real Academia de la Historia, ts. III y IV, Madrid, Imprenta Nacional, 1852; Marqués de Siete Iglesias, “Catálogo de sus individuos. Noticias sacadas de su archivo”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, CLXXV (1978); M. Almagro-Gorbea, “Los relieves asirios del Palacio de Senaquerib en Nínive”, en VV. AA., Tesoros de la Real Academia de la Historia, Madrid, Real Academia de la Historia, 2001; F. Gravina, Descripción de Constantinopla, ed. de J. M.ª Sánchez Molledo, Madrid, Ediciones Miraguano, 2001; P. Martín Asuero, “El viaje a Oriente de Lamartine, su traducción al español e influencia en autores hispánicos”, en Revista Electrónica de Estudios Filológicos, n.º 9 (2005).


Biografía escrita por Rodrigo Lucía Castejón procedente del Diccionario Biográfico Español.

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