Biografía escrita por Antonio González-Betes Fierro, Historiador de la Aviación y coronel ingeniero aeronáutico


Antonio  Fernández Santillana. Industrial textil, constructor de aeroplanos, piloto.

Aranjuez. (Madrid), 2.II.1876 – Antibes, Niza (Francia), 6.XII.1909.

Su adolescencia transcurre en Aranjuez, donde asiste a la escuela primaria. Sus tres hermanos se dedican a los toros al igual que el padre, pero él no sigue la tradición familiar y emigra a Francia en el año 1896. Se instala en Niza, en el n.º 1 de la plaza Magenta, donde se acredita como modisto de señoras y empresario textil.

En 1900 celebra su matrimonio con la joven Mlle. Ponga, de una acomodada familia de Niza, que tenía su domicilio en el boulevard Joseph-Garnier.

En 1907, habiendo logrado que su negocio prosperase, le quedaba más tiempo libre para su nueva afición a la aeronáutica. Era un buen deportista aficionado, que manejaba con habilidad la bicicleta y la motocicleta y participaba con asiduidad en los acontecimientos deportivos que se celebraban en Niza. Por otro lado, entró en contacto con aviadores de la época y aprendió en libros y revistas los rudimentos de la aeronáutica.

En 1908 visita el I Salón de la Aeronáutica y del Automóvil de París, donde se muestran cuatro dirigibles, dieciséis aeroplanos y varios motores, como el Anzani, el Antoinette y el Gnome rotativo. La aviación estaba en pleno desarrollo en Francia: los hermanos Wright, protagonistas del primer vuelo con motor en el mundo en 1903, habían abierto una escuela de pilotaje en Pau; Louis Bleriot había construido varios modelos, los probaba en los alrededores de París y figuraban en el Salón. El aeroplano era la estrella del momento y empezaba a ser visto como un invento con futuro.

Fernández, a principios de 1909, diseña un aeroplano y lo tiene casi construido con la ayuda del mecánico Louis Lefevre. Su gran inteligencia e intuición le permiten superar su falta de conocimientos aeronáuticos.

Es un aparato de elegantes líneas, biplano, de 8,5 m de envergadura, 10 de longitud y 28 m2 de superficie sustentadora. Le instala un motor Antoinette de 24 caballos de vapor con hélice Chauviere de dos metros de diámetro, con un timón de profundidad delante y el de dirección en la parte trasera. El aeroplano se apoya en un tren triciclo y, sin el piloto, pesa unos 220 k.

En 1909 se celebra en Reims-Betheny la Gran Semana de la Aviación de la Champagne, de 22 a 29 de agosto de 1909. Asiste medio millón de personas. Se presentaron treinta y ocho aparatos y entre ellos el de Fernández. No está documentado que volase, pero el aparato es muy admirado por los asistentes. En dicho festival se dieron varios premios. Farman gana el de distancia al recorrer 180 km en 3 h 15’; Glenn Curtis obtiene el de velocidad en 75 km/h y Bleriot gana el de altura en 155 m y el de pasajeros.

En el Salón Aeronáutico de París, en septiembre de 1909, presenta de nuevo su aparato en un stand, con un letrero bien visible, “A. Fernández”. Entre los visitantes se encuentra el constructor de hélices Pierre Levasseur, que se interesa por el aeroplano e inicia unas conversaciones con Fernández con vistas a adquirir la patente del mismo. Conseguida la licencia, fabrica en 1910 dos ejemplares del aeroplano “Fernández” que utiliza en su escuela de pilotaje de Jubisy y que vuelan durante unos años.

Posteriormente, presenta su aparato en la Semana de Aviación de Blackpool (Inglaterra), en octubre de 1909, pero debido al mal tiempo no se efectúan vuelos.

Para poder continuar sus trabajos aeronáuticos, regresa a Niza, donde encuentra terrenos aptos para sus ensayos de vuelo en los llanos de Grimaudes, a unos 20 km de Antibes. El lugar está situado junto a la vía férrea y la carretera nacional Niza-Cannes, en un terreno de unas seis hectáreas.

Por los testigos de los vuelos, las revistas de aviación, como L’Aerophile, y de periódicos como L’Eclarieur de Niza, ambos de diciembre de 1909, se ha podido reconstruir el malogrado vuelo donde encontró la muerte el aviador Fernández, cerrando así un capítulo muy importante de la aviación española.

Su aeroplano lo guardaba en un hangar de 180 m2 de superficie, propiedad de M. Georges Tiranty, situado en el campo de aviación de Grimaudes. Ensaya allí con su aeroplano efectuando varios vuelos, pero al encontrarlo falto de potencia le cambia el motor, instalándole otro Antoinette, que daba una potencia de 55 caballos de vapor.

El motor lo había diseñado León Levavasseur, tenía 8 cilindros en “v” de 45º y un peso de 50 k. Especialmente se cita el vuelo del 27 de noviembre de 1909, que se considera el primero que realizó con éxito, aunque en línea recta.

El 5 de diciembre de 1909 se encontraba en el aeródromo de Grimaudes a las 7 de la mañana y efectuó otro vuelo en línea recta. Luego comió con Lefevre en el restaurante Fontone, con cuyo dueño M. Pierre Alziary les unía ya cierta amistad. Se quedaron a dormir en un pequeño barracón contiguo al hangar, para estar pronto dispuestos al día siguiente temprano. Así lo comentó Fernández.

A las 7 de la mañana del día 6 de diciembre sacan el aeroplano del hangar y Fernández con el mecánico Louis Lefreve y el ayudante de éste, el joven Fighiera, revisan el aparato y comprueban que el cable de mando del timón horizontal está roto. Fernandez está impaciente por volar. Lefreve le hace observar lo peligroso que puede ser el vuelo si no se repara el cable adecuadamente, pero se contenta con una reparación de fortuna realizada con una cuerda. Le dice a Levfevre: “Yo te pago y corro el riesgo, así que voy a volar”. Esta imprudencia le costó la vida.

A las 7:30 el tiempo es favorable, el aire está en completa calma y el cielo semicubierto, con el sol apareciendo ocasionalmente entre las nubes. El aparato situado al costado izquierdo del hangar, se encuentra dispuesto para volar. Se sienta Fernández en su puesto de piloto, se ata y pone en marcha el motor. Enfila el aeroplano hacia el este y, metiendo motor, despega a los 150 m alcanzando una altura de unos 15 m. Recorre en línea recta unos 300 m y hace un viraje normal de 90º —el primero en sus vuelos— al que sigue otra línea recta. Como observa que se sale del campo, efectúa otro viraje a la izquierda para dirigirse al punto de partida, dirección Antibes.

Los espectadores, maravillados por el vuelo, ven cómo el aparato parece descontrolarse y observan que súbitamente pierde la estabilidad y se precipita hacia tierra donde a consecuencia del choque se convierte en un amasijo de tela y madera.

Esa mañana, a las 8:30, avisan al periódico L’Eclarieur de Niza que se ha producido el accidente de un aeroplano y que el piloto Fernández ha muerto. La noticia proviene del dentista M. Signol que pasaba por la carretera en su vehículo y ha sido testigo de la caída del aeroplano. El accidente, según dijo, no había ocurrido en La Brague, sino más bien en Les Grimaudes.

Al llegar al campo dos reporteros, encontraron una pequeña multitud que se había reunido allí, cerca del lugar del accidente. A una veintena de metros se encontraban los restos del aparato. El hangar estaba abierto y todo muy ordenado. A un lado, un pequeño automóvil, el Peugeot de Fernández. El aeroplano estaba destrozado: el motor seguía entero, pero la hélice estaba partida y las alas plegadas.

Para conocer las circunstancias del accidente hay que recurrir al testimonio de varios testigos del vuelo. Este se desarrollaba muy bien hasta que, después del viraje para volver a Antibes, al aparato se le ve inestable, pica y se estrella contra el suelo. Lefreve llega el primero al aparato destrozado y comprueba que Fernández está rodeado de los restos y el motor lo aprisiona. Con gran esfuerzo consiguen rescatar al piloto y comprueban que no tiene ninguna herida, pero está muerto. El motor le ha golpeado por detrás, en el costado izquierdo. Una primera impresión es que la impaciencia, el exceso de confianza y la falta de entrenamiento, extremos frecuentes en los primeros vuelos de la época, han sido la causa del accidente. Se aprendía a volar practicando.

El médico forense, doctor Clorge, certificó más tarde, cuando el cuerpo ya había sido trasladado a Antibes y una vez efectuada la autopsia, que la muerte había sido instantánea: la caja torácica estaba hundida, varias costillas estaban rotas y el corazón partido. Tenía lesiones en el brazo y en la pierna izquierda.

Fue enterrado con todos los honores en Antibes, cuyas autoridades dieron testimonio del aprecio en que tenían al malogrado aviador. Dejó viuda y dos hijos, René, de ocho años, y Susana, de unos días.


Bibl.: Ch. Prevost, “Chute mortelle de L’Aviateur Fernández”, en L’Eclaireur (Nice), 7 de diciembre de 1909, págs. 2-3; “Mort de L’Aviateur Fernández”, en L’Aerophile (París), 15 de diciembre de 1909, pág. 557; A. González-Betes Fierro, Historia Gráfica de la Aviación Española, Madrid, COIAE, 1998, pág. 97; M. García Cruzado, Los pioneros de la aviación, Madrid, AENA, 2005; A. González-Betes y J. Rodríguez- Carmona, Antonio Fernández Santillana. Constructor de aeroplanos y aviador, Madrid, Aula Carlos Roa, 2010.

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