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Antonio García y Bellido

Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), 10.II.1903-Madrid, 26.IX.1972. Historiador de la Antigüedad y arqueólogo clásico.

Su padre, farmacéutico de carrera, murió cuando él tenía cinco años, siendo el menor y único varón de cinco hermanos. Su educación infantil dependió por entero de su madre, quien decidió trasladarse en 1908 a San Sebastián, donde tenían familia. Allí discurrió su adolescencia que fue importante en su formación, pues adquirió y practicó entonces tres habilidades que le serían de gran ayuda: el dibujo, arte por el que recibió algunos premios en San Sebastián en concursos para carteles deportivos, la natación, que practicó con asiduidad durante toda su vida, y la música. Con un muy buen oído participaba o formaba coros en sus estancias largas fuera de Madrid y tocaba el piano habitualmente.

La familia se trasladó a Madrid en 1923, donde García y Bellido cursó la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad Central. En 1926 fue nombrado colaborador permanente del Centro de Estudios Históricos, trabajando bajo la dirección de los profesores Elías Tormo, José Ramón Mélida y Manuel Gómez Moreno. Durante esta etapa realizó sus primeros viajes por Francia e Italia. Elías Tormo le dirigió su tesis doctoral Avances para una monografía de los Churriguera (1930) y le apadrinó en su entrada en la Real Academia de la Historia (1945). Con él se había iniciado en sus trabajos sobre arte barroco, publicando dos artículos sobre cerrajería artística madrileña (1925 y 1928). Mientras tanto, en 1927, había sido nombrado profesor auxiliar de Arqueología de la Universidad de Madrid y tuvieron lugar los primeros viajes por Alemania, Austria y Bélgica. De 1929 es su primer trabajo arqueológico (La arquitectura romana en España, en Cartillas de Arquitectura Española) bajo los auspicios de José Ramón Mélida, “de quien proceden mis primeros estímulos arqueológicos”, según dijo más tarde en la dedicatoria del libro La Arquitectura entre los Iberos (1945). Esos estímulos debieron de ser la causa de su paso desde el barroco al estudio del mundo clásico. También fueron sus maestros Manuel Gómez Moreno y Hugo Obermaier. Este último influyó mucho en su educación europeísta, imbuyéndole la necesidad de una formación científica fuera de España. Juntos publicaron años después El hombre prehistórico y los orígenes de la Humanidad (1941). A la influencia de Obermaier se debieron las largas estancias de formación de García Bellido en Alemania a partir del año 1930 y hasta 1935, que dejaron un gran impacto en su vida profesional. Allí participó en los seminarios de Gerhart Rodenwaldt, director de Deutsches Archäologische Institut, basados en el estudio estilístico del arte griego, esencial para proporcionar cronologías en el arte clásico. Valoró mucho este método de estudio que aplicó a la escultura, arquitectura y artes menores y de ahí la importancia que adquirieron en su obra los dibujos arqueológicos y cartográficos hechos por él mismo y que acompañarán todos sus trabajos de arqueología e historia.

En 1931 ganó la cátedra de Arqueología Clásica de la Universidad de Madrid, como sucesor de Mélida y en 1933 participó como profesor en el Crucero del Mediterráneo que organizó la Universidad con profesores y alumnos de Madrid, Barcelona y Valladolid, en el que visitaron Italia, Grecia, Oriente, Egipto y Túnez. En 1934 la Real Academia de la Historia (RAH) le concedió una beca del conde de Cartagena para una larga estancia en Grecia que aprovechó para recorrer los lugares citados en las fuentes literarias y donde aprendió el griego clásico, no contemplado entonces en los estudios universitarios, y el moderno, dos herramientas que resultaron de enorme importancia para su futuro trabajo. El manejo fluido del griego y el latín fue utillaje primordial en toda su obra científica sobre Iberia e Hispania e hizo la primera traducción con comentario al español de la Geografía de Estrabón (Espasa Calpe, 1945), más las de Plinio y Mela (Espasa Calpe, 1947).

En 1935 se casó con Carmen García de Diego, licenciada en Clásicas e hija del filólogo Vicente García de Diego. Tuvieron seis hijos. Sus viviendas en Madrid estuvieron en las calles Martínez Campos, Modesto Lafuente y, desde diciembre de 1948, en la residencia de profesores de la Ciudad Universitaria, donde falleció en 1972.

En 1940, tras el final de la Guerra Civil, que había pasado íntegramente en Madrid, García Bellido consiguió que se creara en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) la revista Archivo Español de Arqueología, desgajada de Archivo Español de Arte y Arqueología. En 1951 el CSIC creó el Instituto Español de Arqueología Rodrigo Caro, centro del que fue director hasta su muerte. A la revista y al desarrollo del instituto le dedicó entonces “un entusiasmo sin reservas […] era menester suplir las deficiencias de muchos años de penuria y aislamiento, agravados por un decenio de guerras […] A los dos o tres años de su fundación, la biblioteca y la fototeca no sólo eran las mejores de España, sino que podían presentarse sin desdoro a ojos extranjeros acostumbrados a maravillosos seminarios. Y los efectos no tardaron en hacerse sentir en los trabajos publicados tanto en el Consejo como fuera del mismo […]” (Blanco Freijeiro, en Fernández Galiano, ed., 1975). Con ocasión de la fundación del Instituto hizo unas consideraciones de política científica que definían muy bien el concepto de Arqueología que se proponía desarrollar.

En ellas mostró el concepto aglutinador que para él tenía el término Arqueología: hacer Historia a través de todos los testimonios materiales a los que han de sumarse los literarios, pero de una sola época. Era totalmente contrario al concepto vertical en el que la metodología dirige y ordena las disciplinas históricas: “Este sistema concibe la investigación de la Historia como un plano horizontal que pasase por una sociedad, un ambiente, una cultura, en un mismo tiempo, en un mismo lugar y por todas sus manifestaciones, [pretendemos que] la Arqueología clásica se cultive en estrecho contacto y en íntima convivencia con aquellas disciplinas afines por sus relaciones de sujeto, tiempo y lugar; es decir, con la Historia externa (en primer lugar), con la Numismática y con la Epigrafía antiguas, con la Filología y la Lingüística clásicas, con las Instituciones […] Para la Arqueología todas ellas son disciplinas auxiliares, así como para cualquiera de ellas la Arqueología es una disciplina subsidiaria. Todas juntas, empero, lo son, en última instancia para la Historia […]” (AEspA, 1951: 63). Según estas premisas teóricas orientó y desarrolló toda su investigación científica, teniendo como primordial la recopilación y estudio sistemáticos de los materiales de toda índole: arquitectónicos, escultóricos, musivarios, epigráficos…

A estos corpora les dedicó gran parte de su vida científica, considerando que era obligación de los españoles elaborarlos. Es cierto que de la recopilación de estos documentos, combinada con la de los textos literarios, es de donde salieron sus obras de mayor importancia histórica, como Fenicios y Cartagineses, Hispania Graeca, Esculturas romanas de España y Portugal y Les religions orientales dans l’Espagne Romaine.

“El interés especial y la sugestión de las publicaciones de García y Bellido nacen del equilibrio y del íntimo enlace que se encuentra en ellas entre los conocimientos aportados por los textos y los debidos a la arqueología. En esto se distingue de los otros investigadores […] Con él la historia antigua deja de ser una deshumanizada relación de hechos (como con frecuencia la arqueología es una deshumanizada clasificación de objetos) para cobrar ambas sabia viviente y hacernos presentes los problemas que agitaban a aquellas gentes y que eran móviles de sus actos” (Serra y Rafols, Hispania, 24, 1946: 14-16).

Este estudio polifacético es el que convierte la obra de García y Bellido en una nueva visión de la Arqueología Clásica en España y, con ella de la Historia.

J. Arce (1991) dice de él que “es el creador e impulsor en España de la Historia Antigua”. Este estudio conjunto de textos y materiales le condujo a abrir numerosos campos de investigación, que fue recorriendo en el devenir cronológico de su vida. Un tema le llevaba al siguiente y, aunque muy entreverados, se pueden alinear cronológicamente por los siguientes conceptos: colonización griega, cultura ibérica, colonización fenicio-púnica, cultura castreña y celtibérica, arte hispano-romano (escultura, arquitectura, cerámica), historia política y social hispano-romana (problemas sociales, ciudades, municipios, colonias), cultos orientales, el ejército romano en Hispania (cuerpos de ocupación, epigrafía, numismática, cultos, colonias militares, romanización).

A esta labor investigadora sumó una importante dedicación a la alta divulgación en artículos en ABC y en sus libros editados en Espasa Calpe.

Algunos de los honores científicos fueron recibidos en el extranjero. Ya en 1934 había sido nombrado miembro ordinario del Deutsches Archäologisches Institut de Berlín, en 1940 miembro de la Archäologisches Gesellschaft de Berlín, en 1946 miembro ordinario de la Hispanic Society of America, en 1947 miembro del Consejo Permanente para los Congresos Internacionales de Pre y Protohistoria y miembro asociado extranjero de la Academie des Inscriptions et des Belles Lettres de France, de la que entonces sólo Menéndez Pidal y él eran españoles. Fue también miembro honorario de The Archaeological Institute of America, miembro de la comisión internacional de la UNESCO y correspondiente de la Sociedad Arqueológica Portuguesa de Lisboa, de la Sociedad Portuguesa de Antropología e Etnología, de la Academia Coninbrigensis, de la Sociedad Martins Sarmento y de la Academia Portuguesa de Historia.

En España en 1945, con cuarenta y dos años y por unanimidad, fue elegido académico de la Real de la Historia, en 1948 se otorgó el XII Premio Martorell a su libro Hispania Græca. Fundador y director del Instituto Español de Arqueología del CSIC, fundador de las revistas Archivo Español de Arqueología y de Hispania Antiqua Epigraphica, patrono del Museo Arqueológico Nacional y del Museo del Prado. Fue el primer presidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos.


Obras de ~: Los hallazgos griegos de España, Madrid, Centro de Estudios Históricos, 1936; Fenicios y Carthagineses en Occidente, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1942; La Dama de Elche y el conjunto de piezas arqueológicas reingresadas en España en 1941, Madrid, CSIC, 1943; con H. Obermaier, El hombre prehistórico y los orígenes de la Humanidad, Madrid, Revista de Occidente, 1944; España y los españoles hace dos mil años, según la Geografía de Strabon, Madrid, Espasa Calpe, Colección Austral, 1945; Bandas y guerrillas en las luchas con Roma, discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia, Madrid, Imprenta Diana, 1945; La España del siglo i de nuestra era (según P. Mela y C. Plinio), Madrid, Espasa Calpe, Colección Austral, 1947; Hispania Græca, Barcelona, Instituto de Estudios Mediterráneos, 1948, 3 vols.; Esculturas romanas de España y Portugal, Madrid, CSIC, 1949, 2 vols., Cantabria romana, discurso leído en el acto de apertura del curso académico de 1952 en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Santander, 1952; La Península Ibérica en los comienzos de su historia, vol. VIII, Madrid, CSIC, Instituto Rodrigo Caro, 1953; Arte romano, en VV. AA., Enciclopedia Clásica, vol. XV, Madrid, CSIC, Patronato Menéndez y Pelayo, 1955; “El culto a Ma-Ballona en la España romana”, en Revista Universitaria, vol. V (1956), págs. 471-484; Orígenes de la ciudad y su evolución. Hacia las primeras grandes metrópolis. Un esquema histórico de la urbanística en la Antigüedad, Madrid, CSIC, 1958; “El elemento forastero en Hispania romana”, en Boletín de la Real Academia de la Historia (BRAH), 144 (1959), págs. 119-154; Colonia Aelia Augusta Italica, Madrid, Instituto Español de Arqueología, 1960; Les réligions orientales dans l’Espagne Romaine, Leiden, E. J. Brill, 1967; Los hallazgos cerámicos del área del templo romano de Córdoba, Madrid, CSIC, Instituto Español de Arqueología, 1970; con A. Fernández de Avilés y M. A. García Guinea, Excavaciones y exploraciones arqueológicas en Cantabria, Madrid, CSIC, Instituto Español de Arqueología, 1970.

Bibl.: J. Pabón, “Excmo. D. Antonio García y Bellido (1903- 1972)”, en BRAH, 169 (1972); E. Fernández Galiano (ed.), Homenaje a Antonio García y Bellido, Madrid, Cuadernos de la Fundación Pastor 20, 1975; J. Arce, “Antonio García y Bellido y los comienzos de la Historia Antigua en España”, en J. Arce y R. Olmos (eds.), Historiografía de la Arqueología y de la Historia Antigua en España, Madrid, Ministerio de Cultura, 1991; A. Morillo Cerdán, V. García Marcos y C. Fernández Ochoa (eds.), Antonio García y Bellido y el NO peninsular en la Antigüedad, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2002; J. Blánquez y M. Pérez Ruiz (eds.), Antonio García y Bellido. Miscelánea, Madrid, Comunidad de Madrid y Universidad Autónoma, Serie Varia 5, 2004; M. Bendala, C. Fernández Ochoa, A. Morillo y R. Durán (eds.), La Arqueología clásica peninsular en el centenario de A. García y Bellido, Madrid, CSIC, Anejos de Asociación Española de Arqueología, XXXIV, 2005.


Biografía escrita por María Paz García-Bellido y García de Diego procedente del Diccionario Biográfico Español.

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