Biografía escrita por Begoña García González-Gordon. // 


Antonio Chico Vázquez, Guarda mayor en Doñana.

Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), 23.III.1914 – Parque Nacional de Doñana (Huelva), 13.IX.2001.

Cuando nace Antonio Chico, Doñana es una finca propiedad de los duques de Tarifa, habitado por unas pocas familias que viven de guardar la cacería, hacer carbón, coger el piñón o cuidar el ganado, y que los duques mantienen como coto de caza fruto de una larga tradición cinegética que se remota a 1262, cuando Alfonso X la declara Cazadero Real, y donde acude con regularidad el rey Alfonso XIII. En su infancia, el padre de Antonio le había contado cómo rastreó un jabalí junto con el Rey, y él mismo vio como allí el Rey abatía su último venado en tierras españolas.

Durante sus primeros años, Antonio vive en una choza en Vetalengua, una zona del Coto donde su padre, hijo del capataz de las salinas cercanas, ejerce de vaquero. Cuando su progenitor obtiene el puesto de guarda, la familia se traslada al puesto de Santa Olalla, donde los guardas civiles, que se encargaban de vigilar el territorio, le enseñan a leer y a escribir a él y sus hermanos, todos varones. Allí se hace un hombre empleándose en los pocos trabajos disponibles: el huerto, la limpia de pinos, hacer carbón con la chamiza del pinar o cazar conejos con lazo.

La Guerra Civil española le obliga, por primera y última vez, a vivir fuera de Doñana cuando en septiembre de 1936 es llamado a filas. Poco después de su regreso, en 1939, consigue un puesto de guarda, yéndose a vivir al distrito de Santa Olalla, donde cría a sus cinco hijos, 2 chicas y 3 varones, tras contraer matrimonio en 1942 con Antonia Otero Robles, hija de un carbonero que vivía trashumante en el Coto.

En 1940 la demarcación que Antonio se encargaba de guardar pasa a propiedad de una sociedad cuyos componentes —Salvador Noguera, el marqués del Mérito, y Manuel María González Gordon—compraron a su entonces propietario, el marqués de Borgheto, el 60 por ciento de Doñana: algo más de 17.000 hectáreas.

Como ya hiciera durante la segunda mitad del siglo xix su abuelo materno, acompañando como guarda a los naturalistas Abel Chapman y Walter Buck, que habían acudido a Doñana para cazar y realizar los estudios de naturaleza que después recogieron en su obra España Agreste, también Antonio, gracias al profundo conocimiento que posee del medio, asiste a las expediciones científicas que en la década de 1950 realizaron en el Coto un grupo de biólogos de prestigio internacional, germen de la creación del World Wildlife Fund y de la posterior conversión del territorio en Parque Nacional. Guy Mountfort, en su Retrato de una tierra salvaje, donde recoge las memorias de aquellas expediciones que dirigió, habla de Antonio como hombre de confianza, querido por todos e imbuido de una total dignidad natural. “Nunca levantaba la voz y nunca se apresuraba, pero uno tenía la impresión de que nada que sucediese en el Coto escapaba a su percepción.” Estas y otras cualidades, entre las que destacan su pericia como rastreador y un sexto sentido para conocer y tratar a las personas, hacen que sea ascendido a guarda mayor hacia 1960, nombramiento que lleva implícito su traslado a las dependencias del palacio de Doñana. Poco después de su ascenso, los tres propietarios para los que trabaja disuelven la sociedad (1963) y se reparten las tierras, tras ceder casi siete mil hectáreas al Consejo Superior de Investigaciones Científicas para crear la Estación Biológica, primer paso de la transformación del territorio en Parque Nacional. A pesar de las ventajas, Antonio declina la oferta de pasar al servicio de la Administración, prefiriendo quedarse en la parte privada con la familia González-Gordon. Entre otras responsabilidades, dirigió la actividad cinegética, regulada por un sistema de limitaciones que los propietarios se impusieron, hasta que fue decretada la prohibición total de cazar en noviembre de 1983. Siguió en activo hasta su muerte, manteniendo su puesto y ejerciendo una autoridad moral que su entorno acataba y respetaba.

A lo largo de su vida, Antonio mostró un espíritu crítico, ante determinadas actuaciones oficiales que, en su opinión, perjudicaban a Doñana, tales como las repoblaciones con eucaliptos, la transformación en regadíos de amplias zonas cercanas al Parque, o la construcción del dique en la marisma por su incidencia sobre la planta de la que se alimentan los ánsares. También fue contrario a la suspensión de medidas ancestrales de protección y corrección de la naturaleza, como rozar el monte o cazar. Consideraba que la prohibición de toda actividad cinegética hizo proliferar los zorros en exceso, en detrimento de los conejos, principal alimento de dos especies seriamente amenazadas: el lince ibérico y el águila imperial. Por otra parte, el flujo incesante de visitantes y estudiosos, le parecía una violación de la necesaria tranquilidad que debía reinar en aquel espacio protegido.

Antonio dejó contado el tesoro de su experiencia en Una vida en Doñana, donde se pone de manifiesto su inteligencia natural, bondad, justicia y equidad. El innato y sugerente poder de narración que poseía, se traduce en un lenguaje sencillo plagado de vestigios arcaicos. En el prólogo a la segunda edición de esta obra, el reconocido biólogo Miguel Delibes de Castro dice que “lo tuvieron por tesoro de experiencia y ejemplo de bonhomía y saber hacer”. Y en el capítulo dedicado a él en Doñana cara a cara, de Alberto Ruiz de Larramendi y José María Pérez de Ayala, se afirma que “su magisterio ha sido proverbial”.


Bibl .: G. Mountfort, Retrato de una tierra salvaje, Sevilla,  Patronato del Parque Nacional de Doñana, 1954; B. García González-Gordon, Una vida en Doñana, Jerez de la Frontera, Fundación González-Gordon, 2000; A. Ruiz de Larramendi y J. M. Pérez de Ayala, “Antonio Chico Vazquez”, en A. Ruiz de Larramendi y J. M.ª Pérez de Ayala, Doñana, cara a cara, Madrid, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, 2001, págs. 47-69; J. Vozmediano, “Vernáculos y topónimos de Doñana”, en Separata de Parques Nacionales de la Revista Ambienta (Madrid), abril de 2003, págs. 17-21; J. Vozmediano, El espíritu de Doñana, Madrid, laire, 2004; J. A. Valverde, Memorias de un biólogo heterodoxo, t. IV, Madrid, Quercus-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, La aventura de Doñana, 2006; C. Morenés y Mariátegui, marqués del Borghetto, Historia del Coto de Doñana, Madrid, Fundación Patrimonio Natural, 2006.


Imagen CC Flickr cortesía de Arturo.G.S. Toledo

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