Biografía escrita por Jesús Varela Marcos, Profesor Titular de la Universidad de Valladolid. Secretario del Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal //


Palos de la Frontera (Huelva), 1480-1489 – p. t. s. XVI.

Casado con Leonor Rodríguez, no se conoce el lugar ni fecha de su muerte. Estuvo con Cristóbal Colón en el cuarto viaje con quien aprendió el oficio de marinero y maestre en el descubrimiento de la costa centroamericana, desde el archipiélago de las Guanajas en la costa de Honduras a 16º Norte, hasta el cabo Mármol en Panamá a 9º Norte. De su participación en este viaje se tienen noticias indirectas pero que testifican su presencia real en el mismo.

La segunda presencia documentada de este palense en la Historia es en 1513, en este caso ya desempeñando su profesión de piloto, pues fue con Juan Pérez Ortubia como maestre del navío San Cristóbal en la expedición a Bímini de Ponce de León. Este viaje descubridor partió del puerto de San Germán, en Puerto Rico, el 3 de marzo de 1513. El día 14 estaban frente a las costas de Guanahaní, donde repararon un navío, zarpando el domingo 27, Pascua de Resurrección, rumbo a La Florida. La avistaron el 2 de abril, bautizándola con este nombre por el tiempo de Pascua en que estaban. Según el cronista Herrera, el nombre de La Florida le viene por el aspecto que las costas  descubiertas tenían a la llegada de los españoles.

Fecha importante para Alaminos en este viaje es el día 17 de septiembre de 1513, cuando Juan Ponce de León decide volver a Puerto Rico y deja al navío San Cristóbal solo para que siga la búsqueda de Bímini; es el momento en que el capitán Ortubia y sobre todo su piloto, Alaminos, se nos muestran como grandes conocedores del mar, pues se sabe que fueron capaces de bordear la península de La Florida dirección Oeste, o lo que es lo mismo, volver sobre sus pasos y capear la fuerte corriente del golfo, que en tal ocasión descubre, y logra navegar sobre ella incorporándola al sistema de corrientes de importancia mundial para la navegación.

Alaminos y el navío San Cristóbal llegan a Puerto Rico a mediados de febrero de 1514 tras descubrir Bímini. Los tres años siguientes, hasta 1517, el palense se dedica a gobernar barcos en expediciones de salteo, dentro del período de gobierno del Caribe de Alonso de Zuazo, quien permitió la captura de nativos caribes, tras la prohibición que sobre el tema había proclamado Cisneros. Es dentro de esta ocupación de pilotar navíos que hacen las albadas en las islas comarcanas a Cuba, isla gobernada por Diego Velázquez, donde encajan los tres viajes al Suroeste que Alaminos realizará entre 1517 y 1519.

Corría el mes de febrero de 1517 cuando la sociedad formada por Francisco Hernández de Córdoba, Cristóbal de Morante y Lope de Ochoa de Caicedo cuentan o contratan con Antón de Alaminos, para realizar una expedición como conocedor de la navegación a regiones al Suroeste, por haberlas conocido en el viaje que realizara con el viejo almirante, Cristóbal Colón, en 1502. La intención era buscar islas que no hubiesen sido visitadas antes, y, por tanto, que fuese fácil la operación de captura de nativos.

El viaje se inició en el puerto de Taruco, a ocho leguas de La Habana, el 8 de febrero de 1517. La armadilla dirigida por Alaminos estaba compuesta de tres navíos con ciento nueve hombres, y tras avistar el cabo San Antón, el día 20 de febrero, ordenó rumbo Suroeste hacia una región desconocida para todos, menos para él, que pensaba eran las islas del cuarto viaje colombino. En los primeros días sufrieron una tormenta, y seis días después avistaron tierra. Estaban frente a la isla de Cozumel que rodean y, a través del estrecho se acercan a la costa de Yucatán, que confunden con una isla. Esta tierra nueva para ellos la bautizan como isla de Santa María de los Remedios, e incluso Alaminos llega a cartearla en su mapa como tal isla; error este se transmite a la cartografía española y perdurará hasta 1529 y se puede comprobar en cartas tan famosas como la de Dieto Ribeiro de 1525 o el planisferio de Castiglione.

La presencia en esta costa resulta muy difícil para los expedicionarios que deben enfrentarse a nativos hostiles y a un clima cálido que les hace padecer mucha sed, lo que, unido a los ataques de los indios, les causa cincuenta y siete bajas. Los supervivientes culparán a Alaminos por haberles llevado a un lugar tan peligroso. En palabras de Bernal Díaz del Castillo, “[…] algunos de nuestros soldados maldecían al piloto Antón de Alaminos y a su descubrimiento”. En momento tan apremiante, Antón de Alaminos organiza el viaje de regreso navegando sobre sus pasos, y al llegar al Estero de los Lagartos pone rumbo Noreste y, navegó por mar abierto durante cuatro días hasta arribar al puerto de la Aguada, en Florida, lugar que conocía del viaje de 1513 con Ponce de León. En esta costa cavaron unos pozos donde pudieron tomar agua dulce y salvar a los hombres, entre ellos al capital Francisco Hernández, que estaba gravemente herido. Desde este momento en que se produjo el salvamento de la armadilla, Alaminos se convirtió en el verdadero héroe y salvador de la expedición y, herido en la garganta como estaba, regresó al puerto de Carenas (La Habana), con la sensación de haber realizado un viaje muy poco productivo.

La noticia de la existencia en la costa recorrida de Tierra Firme de “casas de cal y canto”, así como de hachas labradas de rico metal, convirtió a la expedición en todo un éxito, y como héroe de tal viaje fue recibido Alaminos en Santiago de Cuba; hecho natural, al haber muerto su capitán Francisco Hernández de Córdoba. Antón de Alaminos vivirá unos días de fama en el palacio del gobernador, mientras se preparaba una segunda expedición pobladora que mandará Juan de Grijalva, y en la que Antón de Alaminos viajará como piloto mayor, título reconocido por primera vez por el gobernador de Cuba, Diego Velázquez.

La segunda expedición al Oeste zarpó de Santiago de Cuba el 20 de abril de 1518 con cuatro navíos, entre los que estaban la nao Trinidad y la carabela Santa María. El conjunto de los hombres fue de 200, 150 de tierra y 50 de mar. Su rumbo fue ya al Yucatán directamente, llegando a la isla de Cozumel el 3 de mayo de 1518. Apenas avistaron tierra en su destino, se evidencia un enfrentamiento entre el capitán general, Juan de Grijalva, y el piloto mayor, Antón de Alaminos, por motivos de competencias que tratan de solucionar amigablemente. Se inicia el recorrido por la costa donde lo habían hecho en el viaje anterior y, como entonces, se enfrentan con el problema de la falta de agua. Alaminos trata de recordar la situación de unos pozos y se ve perdido; la expedición se da cuenta y deciden retornar sobre sus pasos hasta lograr situarse sobre la costa. Este hecho hizo que Alaminos perdiera fama de buen piloto y cartógrafo, lo que trató de remediar al llegar a San Lázaro, donde pudieron hacer la aguada. En la segunda parte de la expedición, Alaminos escribe un informe narrando el descubrimiento y lo acompaña con la cartografía correspondiente. Todo ello lo envía a Diego Velázquez para que lo remita al Rey, como muestra de su profesionalidad. Entre tanto, la  expedición rescata abundantemente con los naturales, pero Grijalva no se decide a poblar como

llevaban ordenado. La causa son las dudas ante el temor del poder de los nativos que eran aguerridos y numerosos. Para dilucidar el dilema Grijalva consulta a Alaminos que, en consejo consultivo, pretende determinar cómo actuar. Los expedicionarios se encontraban en la isla de los Sacrificios con bastantes rescates en los navíos, con pocas bajas y deseosos de volver.

Mientras se decide qué hacer, el 24 de junio envían a Alvarado a Cuba, con la nao Trinidad llevando el correo y parte de los rescates, con el fin de mostrar el fruto de su empresa y pidiendo refuerzos para efectuar el asentamiento. Poco tiempo aguantó la gente en la isla. Los hombres se fueron trasladando a tierra firme para tomar posesión, en un intento de poblar, dando a la región el nombre de provincia de San Juan, a 20º Norte, en la actual Veracruz. El 28 del agosto, todos de acuerdo, deciden abandonar el asentamiento y volver a Cuba. El regreso fue difícil, pues los indios defendieron los pozos de agua; también sufrieron tormentas de forma que tardaron un mes en regresar, llegando a Cuba el 29 de septiembre de 1518.

Alaminos, a su llegada a Santiago de Cuba, aprecia en el ambiente que rodea al gobernador, Diego Velázquez, que él como descubridor no es imprescindible, pues no dispone ya del secreto del descubrimiento, al haber mandado relaciones escritas y pintadas de la localización exacta de los descubrimientos. Consciente de la realidad, y sabedor de cómo se filtraban las noticias en el ambiente antillano, y más las de los nuevos descubrimientos, decide hacerse una especie de seguro de su autoría y por ello trasfiere información de su descubrimiento a Francisco de Garay. Este personaje era, a la sazón, gobernador de la isla de Jamaica, quien remite sendos navíos que recorren la costa mexicana al norte del Cabo Rojo. Con esta expedición, Garay se reservaba una capitanía en tierra firme, que tendrá que acordar con la concesión a Ponce de León de Bímini.

El palense también se verá envuelto en los avatares de la expedición de Cortés, con quien va a viajar como piloto mayor a mediados de febrero de 1519; sin embargo, su poder será inferior al que llevase con Grijalva. Se sabe que la armada de Cortés es particular, de forma que los navíos parten por separado reuniéndose, para hacer el alarde, en la isla de Cozumel, donde ya surgen los problemas derivados de los numerosos pilotos, maestres y hombres de mar que conocen el medio, y desean más enriquecerse que servir a Cortés. Alaminos se encuentra en medio de estos hombres y Cortés, y asiste, de mal grado, al castigo de la gente de mar por el extremeño.

Alaminos, navegando en el mismo barco que Cortés, trata de suavizar los problemas de deserciones y convencer a Cortés de que estos hombres estaban muy acostumbrados a trabajar por su cuenta, y a la parte, por lo que les resultaba difícil la disciplina impuesta por él. Este planteamiento no fue muy bien aceptado por el extremeño, que no ve el momento en que decida bajar a tierra y fundar. Su deseo se hizo realidad en la costa más inadecuada, en San Juan de Ulúa, como única salida y medida de imponer la disciplina. Por lo que se refiere a Alaminos, seguirá con su navío costeando la tierra firme hacia el Norte, probablemente imbuido de la idea de hallar el paso en que estaba tan implicada la Corte española. En este viaje, Alaminos descubrirá hasta el norte del Cabo Rojo, mientras Cortés se organiza en tierra.

A la vuelta de su viaje descubridor, Alaminos va a recibir el encargo de Cortés de llevar a Francisco Montejo y Alonso Hernández Portocarrero, junto con el tesoro de Moctezuma, ante la Corte de Carlos I. Su pretensión era solicitar la gobernación de Tierra Firme en torno a la Villarrica de la Veracruz. Alaminos zarpará con el navío San Sebastián del puerto de San Juan de Ulúa el 26 de julio de 1519 con esta misión, y tras hacer escala en el norte de Cuba, en el puerto de Marien, llegan a la Península a mediados de octubre de 1519.

Las actividades de Alaminos en España son poco conocidas. Sin embargo, se tienen algunas noticias de sus andanzas, entre las que cabe destacar las posibles conversaciones en Sevilla con Juan Rodríguez de Fonseca, el viaje a visitar al padre de Cortés, así como la labor de acompañamiento que, junto con Montejo y Portocarrero, hizo del tesoro de Moctezuma desde Sevilla a Valladolid, donde lo recibieron las autoridades. Además, resulta novedosa la visita que Alaminos, con sus dos acompañantes, hizo a la villa de Tordesillas, donde fue recibido por Juana I de Castilla y su hijo Carlos I, seguramente para cumplir con el compromiso de entregar el tesoro de Indias a los correyes de Castilla. Al día siguiente, se produciría el desfile de este tesoro en la plaza de Santa Cruz de Valladolid, como muy minuciosamente nos cuenta Mártir de Anglería.

La siguiente noticia de Alaminos en España es la de su presencia en la ciudad de La Coruña, el 20 de mayo de 1520, en las jornadas de la partida del Emperador, donde acudió con su hijo mayor a solicitar gracia de Calos V, que concedió al palense una cédula real de 1.000 pesos de renta pagaderas en la Nueva España. Después, el silencio en la Historia sobre este personaje, sólo roto por su esposa, Leonor Rodríguez, que en 1526 solicita ayuda económica real para sacar a su numerosa familia adelante. Sobre la muerte de nuestro piloto nada se sabe, pero su obra de dar a conocer al mundo las costas y peligros del Caribe, así como el descubrimiento de la ruta de vuelta desde América a España hizo que se beneficiaran los pilotos de la labor realizada por el palense durante siglos.


Bibl.: A. Herrera y Tordesillas, Historia General de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar océano, década primera, cap. XI, Madrid, Editotial de Altolaguirre, 1935; B. de las Casas, Historia de las Indias, ed. de J. Pérez de Tudela, Madrid, 1961; R. Barreiro, Puerto Rico, La Aguada, Ponce de León, Madrid, separata del IHM, 1977; L. Ramos, “El primer barco enviado por Cortés a España: la escala en Marien y la navegación por las Lucayas”, en Hernán Cortés hombre de empresa, I Congreso de Americanistas, Valladolid, 1990, págs. 66-73; J. Varela, “Antón de Alaminos: El piloto del Caribe”, en Congreso de Historia del Descubrimiento, t. II, Madrid, 1992, págs. 49-113; Antón de Alaminos. (El piloto palermo descubridor de las costas del seno mexicano), Palos de la Frontera, Ayuntamiento de Palos de la Frontera, 1992.

 

Recursos en colaboración

  • A  A  A  
Share This