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Alonso de Mendoza. Zamora, s. XVI – Larecaja (Bolivia), c. 1551. Conquistador y fundador de La Paz.

Los primeros pasos de Alonso de Mendoza en tierra de las Indias fueron dados en territorio mexicano (Veragua), para seguir hacia el sur, con el objetivo de llegar al reino del Perú, una de las grandes metas de la conquista. En su recorrido estuvo en la fundación de la ciudad de Quito, donde ejerció por corto tiempo el cargo de alguacil mayor. En Perú se incorporó a las fuerzas comandadas por Francisco Pizarro, en lucha de supremacías contra los rebeldes dirigidos por Diego de Almagro. No tardó mucho en entrar en acción, en la batalla de las Salinas, en defensa del Escuadrón Real, bajo las órdenes de Gonzalo Pizarro y al lado de Pedro de Valdivia y Pedro de Portugal.

Pacificado Perú, Alonso de Mendoza formó parte de un contingente encabezado por el capitán Pedro Anzures de Campo Redondo, que tenía por misión llegar a las tierras orientales llamadas los “Chunchos”.

Esta “jornada de los Chunchos” —dice Cieza de León— ha sido “la más lastimosa e congojosa que han hecho en todas las Indias, pues faltaron más de la tercia parte de los españoles, muertos todos ellos de hambre”. Fueron esas tierras las que el pacificador Pedro de La Gasca dio más tarde a Mendoza como encomiendas (Simaco, Chacapa y Larecaja).

Se hallaba como vecino de La Plata en 1541 y allí se integró en un contingente comandado y organizado por Pedro Anzures para combatir a los almagristas que habían asesinado a Francisco Pizarro en Lima.

“La noticia causó en los vecinos de La Plata mucha confusión” (Herrera).

Era ahora compañero de jefes tan destacados en esos años como Garcilaso de la Vega, Pedro de Hinojosa, Diego Centeno, Diego de Rojas, que se alistaron para ir en defensa de la autoridad real y a los cuales se unió en Cuzco una fuerza considerable bajo el mando unificado de Perálvarez de Holguín. En Huaraz se le adjuntó una nueva partida bajo el mando de Alonso de Hinojosa. En Chupas, el 16 de septiembre de 1542, se enfrentaron con la fuerza almagrista a la que derrotaron.

Cieza de León menciona a Mendoza “entre los principales capitanes”.

Pacificado nuevamente Perú, llegaron las llamadas Leyes Nuevas, por las cuales el emperador Carlos V reducía a “una sola vida” el usufructo de las encomiendas; teóricamente, los indios quedaban eximidos del trabajo en las minas y tenían derecho a una remuneración por sus servicios a los españoles. Quedaban canceladas las encomiendas de obispos, monasterios, hospitales y autoridades. Con ello también quedaban perjudicados los españoles que habían combatido a favor de la legalidad pizarrista. Las Leyes Nuevas dañaban a muchas personas (“las Leyes produjeron grandes escándalos, alteración y descontento”, Garcilaso) y fueron completadas con la creación de la Audiencia de Lima, bajo la dirección de Blasco Núñez de Vela, quien dio estricta aplicación a tales disposiciones “con todo rigor, sin ninguna disimulación” (Zárate).

Los conquistadores se quejaban de que habían gastado sus haciendas y derramado sangre en las guerras.

Los encomenderos se concentraron en Cuzco y eligieron como personero y procurador general a Gonzalo Pizarro, quien, según señala Gómara, “alzó pendón, tocó a tambores, tomó el oro del arca del Rey […] y armó hasta 400 hombres a caballo y a pie”.

En Lima, el virrey formó un ejército de seiscientos hombres y, en espera de los sucesos, suspendió las ordenanzas y se retiró a Trujillo, al norte de Perú, pero un grupo de disconformes con esa medida apresó a Núñez de Vela y lo trasladó a Panamá.

El gobierno quedó en poder de los oidores. Pizarro estaba a una legua de Lima; le entregaron la autoridad y pidió la confirmación real, pero una facción desconoció su autoridad en La Plata.

Un destacamento fue enviado a sofocar la rebelión en La Plata; allí fue Alonso de Mendoza y se reestableció la autoridad pizarrista con Mendoza como gobernador.

Gutiérrez de Santa Clara dice que éste “era muy rico de dinero”. Diego Centeno pidió a Pizarro que le entregara la ciudad, pero éste marchó a Cuzco con su gente y se unió a Francisco de Carvajal. Tras una serie de marchas y desplazamientos desde el lago Titicaca a Potosí, llegó un momento en el que Pizarro ocupó Quito y Carvajal La Plata con Mendoza como su teniente. Fue entonces cuando el clérigo Pedro de La Gasca, con amplios poderes reales para imponer el orden, llegó a Panamá y hábilmente fue formando una fuerza respetable.

Mendoza evaluó las perspectivas de éxito y determinó pasarse al servicio del Rey y, unido a Centeno, marchó a Zepita. Tras una serie de desplazamientos, marchas, deslealtades y adhesiones, las fuerzas se avistaron en Guarina el 19 de octubre de 1547.

En los años de las llamadas “guerras civiles”, Mendoza tuvo una participación en las acciones que enfrentaron a los españoles desde Cuzco hasta La Plata.

Un cronista dice que era “muy diestro en cosas que tocaban al arte militar” y así, actuando en uno y otro frente, en Guarina y en Xaxisaguana, fueron derrotados los rebeldes el primero de abril de 1548. Pizarro y Carvajal fueron decapitados. La Gasca otorgó a Mendoza una renta de 2000 pesos al año y le ordenó la fundación de La Paz, hecho que se llevó a cabo el 20 de octubre de 1548, constituyendo las autoridades de Gobierno hasta el 4 de mayo de 1551.

El lugar elegido por Alonso de Mendoza para la fundación estaba en una hondonada, en pleno altiplano de los indios aimaraes, en cuya lengua se llamaba Chuquiabo, que quiere decir “heredad de oro”.

Anteriormente, Francisco Pizarro la había ocupado, sacando de ella gran cantidad de oro. Un cronista dice que Atahualpa dio a Pizarro la noticia de los lavaderos.

El pacificador Pedro de La Gasca concedio poder a Mendoza para elegir el lugar que más le apeteciera y éste escogió Chuquiabo; la nueva población se denominó “Nuestra Señora de La Paz”.

Mendoza fue nombrado el primer corregidor. Su gobierno duró tres años, dejando constituidas las autoridades y reemplazantes. En 1551, hallándose enfermo, obtuvo licencia para ausentarse por cuatro años en su repartimiento de Larecaja, donde desapareció su rastro. En la ciudad de La Paz se le dedicó una plaza que lleva su nombre.

Bibl.: M. de Mendiburu, Diccionario Histórico biográfico del Perú, t. V, Lima, Imprenta de J. Francisco Solís, 1880 págs. 246-248; N. Aranzaes, Diccionario Biográfico Boliviano, La Paz, La Prensa, 1915, págs. 490-501; A. de Morales, La doble Fundación de Cochabamba, 1571-1574: Documentos inéditos y originales del Archivo Histórico Municipal, Cochabamba (Bolivia), Archivo Histórico Municipal, 1978; A. Crespo Rodas, Alonso de Mendoza, La Paz, Amigos del Libro, 1980.

Biografía escrita por Alberto Crespo Rodas (†)

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