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Alejandro Pidal y Mon

Madrid, 26.VIII.1846 – 19.X.1913. Jurista, académico y político.

Hijo de Pedro José Pidal y Carniado, I marqués de Pidal, y de Manuela Mon, hermana de Alejandro Mon y Menéndez, que presidió el Consejo de Ministros y fue embajador en Roma, París y Viena. Era, pues, de familia asturiana, aunque nacido y educado en Madrid. Estudió en el Instituto San Isidro de la capital y en la Universidad Central, en la que finalizó la carrera de Derecho. Se integró en el grupo católico en torno al dominico fray Zeferino González junto a otros jóvenes, como Enrique Pérez Hernández, Carlos María Perier, el marqués de Heredia o el conde de Llobregat con los que fundó, entre otros, la revista semanal La Cruzada en 1867. En 1868 contrajo matrimonio con Ignacia Bernaldo de Quirós y González-Cienfuegos, hija del marqués de Camposagrado, con la que tendría quince hijos, de los que sobrevivieron trece. Era hermano del II marqués de Pidal, Luis Pidal y Mon, jurista, académico, diputado, embajador en Roma, ministro de Fomento y presidente del Senado en varias ocasiones. Fue sobrino suyo Ramón Menéndez Pidal, director de la Real Academia Española.

El 24 de agosto de 1872 fue elegido diputado en las Cortes amadeístas por primera vez por el distrito de Villaviciosa (circunscripción de Oviedo). Tuvo diversas intervenciones en relación con asuntos eclesiásticos —entre otros, la dotación de culto y clero— y la abolición de la esclavitud en Puerto Rico. No resultó electo en las Constituyentes de la República, pero sí en las primeras de la Restauración, el 20 de enero de 1876. A partir de ese momento y hasta su muerte en 1913 fue siempre diputado por el mismo distrito y circunscripción en un total de quince elecciones.

En 1874 fundó el diario La España Católica, que se convirtió en La España en 1875. En ese mismo año, publicó su primera obra filosófica, Santo Tomás de Aquino: vida, reliquias, obras, doctrina, discípulos, impugnadores, siglo, orden, misión, elogios, paralelos, honores, bibliografía, iconografía, nombres. Pidal representaba el pensamiento católico ortodoxo que participaba en la vida política y las instituciones de la Restauración siempre bajo la autoridad de Roma, frente al catolicismo carlista que estaba fuera del sistema.

Los días 8 y 9 de marzo de 1876, con motivo de la contestación al discurso de la Corona, tuvo Pidal una intervención en contra de Cánovas en la que afirmó que veía a España “levantarse ebria como una bacante, arrojar la Corona de San Fernando a los pies de un Príncipe de la Casa de Saboya, calarse el gorro frigio y danzar vertiginosa danza sobre los escombros de sus altares, sobre las ruinas de su Trono y sobre los huesos de sus héroes, al ronco grito de la libertad, de la fraternidad y de la igualdad revolucionaria… ¡Ah, señores diputados! ¿Qué hacía en tanto el señor Cánovas del Castillo? Su señoría enarbolaba a media asta la bandera de la restauración en este recinto” (Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados [DSCD], n.º 17, 8 de marzo de 1876, pág. 297).

Mientras Cánovas sonreía desde su escaño, Alejandro Pidal seguía descargando sus reproches al dirigente alfonsino. No contento con haber retrasado la Restauración, “se dedicó, señores, y lo ha logrado completamente, a hacer estéril la restauración de la Monarquía española, poniendo esa restauración al servicio de la revolución” (DSCD, n.º 17, 8 de marzo de 1876, pág. 299). Atacó a continuación al ministro Romero Robledo, “que no tiene autoridad para dirigir unas elecciones”. Por último, criticó la censura contra la prensa católica y concluyó constatando la imposibilidad de conciliar la revolución con la restauración monárquica, porque “la revolución no quiere Reyes” (pág. 308). Cánovas le contestó y reivindicó su labor en pro de la restauración en la persona del príncipe de Asturias y la reconstrucción de los partidos “monárquico- constitucionales”. Según Aureliano Linares Rivas, Pidal “será el orador que hizo célebre su nombre en la primera catilinaria contra Canovas del Castillo y su gobierno” (A. Linares Rivas, 1878: 80).

El mismo año 1876 participó en el debate constitucional.

Su planteamiento inicial era que la Constitución de 1845 seguía vigente, pues no pudo ser abolida por el manifiesto de Sandhurst. Y que ese texto unió a los moderados y los miembros de la Unión Liberal que no participaron en la Revolución del 68 en la medida en que no reconoció el dogma de la soberanía nacional, como las del 12 y el 37. Criticó, por último, la existencia de una tabla de derechos en la Constitución del 76: “¡Una tabla de derechos en una Constitución conservadora! ¡Parece increíble! ¡Qué lamentable error!” (DSCD, n.º 35, 5 de abril de 1876, pág. 649).

Tuvo a continuación una intervención destacada en el debate sobre el artículo 11 del proyecto constitucional, manifestándose resueltamente en contra de la libertad de cultos y reivindicando sus antecedentes familiares y políticos: “Yo, señores, no sé si he tenido la fortuna o la desgracia de venir a la vida pública con la pesada carga de dos nombres ilustres que fueron timbre del partido moderado; yo había aprendido de ellos que uno de los dogmas más fundamentales del partido moderado era la unidad católica, que ellos defendían, no enfrente del partido progresista, que sostenía también la unidad católica como el timbre más preclaro de nuestra historia, como la clave de nuestra nacionalidad, sino enfrente de imposiciones extranjeras, enfrente de las asechanzas arteras de la impiedad cobarde” (DSCD, n.º 50, 1 de mayo de 1876, pág. 1043). Pidal defendía la confesionalidad del Estado como una cuestión nacional, como uno “de los mayores bienes de la Nación española: la unidad religiosa” (pág. 1335), mientras Cánovas entendía que no debían considerarse como una misma cosa la filosofía y la política “para dicha de los pueblos y para la buena resolución de las graves cuestiones de Estado” (pág. 1346).

El 17 de mayo participó en el debate sobre la colación de grados, manteniendo que no fuera competencia exclusiva del Estado para favorecer a las Universidades de inspiración católica que se crearon en aquel momento. El 18 defendió a las Órdenes religiosas.

El 17 de julio tomó parte activa en el debate sobre la supresión de los fueros vascongados. Según Pidal y Mon era una “ley de represalia” contra los carlistas, por lo que votó en contra.

En 1877 entró en la polémica desatada por un artículo de Gumersindo de Azcárate que culpaba a la religión y la Inquisición del atraso científico de España afirmando que “la intolerancia religiosa y la Inquisición favorecieron, en vez de cortarlo, el libérrimo vuelo de la ciencia” (La España, 24 de marzo de 1877). Gumersindo Laverde y Menéndez Pelayo marcaron distancias respecto a Pidal, que se agrandarían con los años.

En 1881 se fundó la Unión Católica, que preconizaba la unidad de todos los católicos que quisieran colaborar por medios legales a fines religiosos y sociales.

Los obispos eran los presidentes de la asociación en su diócesis. El 2 de enero de 1882 vio la luz su órgano de expresión, La Unión. El 6 de junio de 1887 apareció otro diario vinculado a la misma organización con el nombre de La Unión Católica.

En 1883 se manifestó en el Congreso en contra de la Ley del Matrimonio Civil: la religión católica “es la religión absoluta y definitiva de la humanidad y ella habrá de durar hasta que suene en el reloj de los tiempos la última hora de la historia” (DSCD, n.º 43, 14 de febrero de 1883, pág. 924). El 29 de abril de ese mismo año ingresó en la Real Academia Española, ocupando el Sillón uve mayúscula que en otro tiempo detentó el asturiano Jovellanos. Su discurso de recepción versó sobre fray Luis de Granada y la filosofía de la elocuencia, “un poder sobre todo poder” en sus palabras. Le contestó Pedro Antonio de Alarcón, que evocó la figura de su padre, Pedro José Pidal, y la del político conservador valenciano Antonio Aparisi y Guijarro, que falleció antes de ocupar el sillón para el que había sido elegido.

En diciembre de 1883 viajó a Roma en compañía de Sánchez de Toca. El papa León XIII les recomendó la participación en la vida pública, aunque no necesariamente con un partido propio, sino engrosando el partido “más afín”. Un mes antes se había entrevistado con el rey Alfonso XII, interesado también en atraer a los católicos a su causa.

Un mes después, el 18 de enero de 1884 (Gaceta del 20), Alejandro Pidal y Mon fue nombrado ministro de Fomento en un gabinete presidido por el mismo Cánovas al que tan duramente atacara en 1876. Permaneció casi dos años en el Ministerio, ocupándose sobre todo de los asuntos relacionados con la educación que dependían de Fomento antes de que se creara el Ministerio de Instrucción Pública.

Publicó un decreto sobre oposiciones a cátedras y reformó la Escuela Normal Central de Madrid, la Facultad de Derecho y el Cuerpo de Archiveros-Bibliotecarios.

Se enfrentó a la rebelión de los estudiantes de la Universidad Central provocada por el acoso al catedrático institucionista Morayta por su discurso de inauguración del curso universitario 1884-1885.

Durante su mandato se declararon monumento nacional las murallas de Ávila y Tarragona, la Colegiata de Nuestra Señora de Covadonga y el Acueducto de Segovia. En marzo de 1884, se publicó una Real Orden prohibiendo que en las obras públicas hechas por la Administración se trabajase en los días festivos.

El 18 de junio creó la Comisión de Defensa contra la filoxera, que estaba arrasando los viñedos españoles. En el ámbito de los transportes, el 14 de agosto de 1884 quedó abierto el tránsito ferroviario entre la meseta y Asturias a través del puerto de Pajares.

La muerte de Alfonso XII en noviembre de 1885 dio lugar a un nuevo Gabinete del que ya no formó parte Pidal.

En 1887 participó en el debate sobre la ley que establecía el juicio por jurados para determinados delitos, oponiéndose en prolijas intervenciones a la fórmula propuesta por el ministro de Gracia y Justicia, Alonso Martínez.

El 3 de marzo de 1891 fue elegido presidente interino del Congreso de los Diputados y el 20 de abril con carácter definitivo. Ostentó la Presidencia hasta el 12 de diciembre de 1892. En su alocución inicial lamentó la crisis de Europa y atacó al socialismo por “pedir en huelgas la disminución gradual y progresiva de las horas de trabajo, acaso sin prever la ociosidad forzosa y la huelga indefinida y universal que nos amenaza” (DSCD, n.º 37, 20 de abril de 1891, pág. 897).

Fue presidente del Congreso de los Diputados por segunda vez desde el 12 de mayo de 1896 hasta el 1 de julio de 1897. Y por tercera y última vez desde el 3 de junio de 1899 hasta el 3 de abril de 1900. El 5 de noviembre de ese mismo año fue nombrado embajador ante la Santa Sede. El 18 de enero 1902 presentó la renuncia al puesto, ante el proyecto de modificación del Concordato que promovió el Gobierno Sagasta, y regresó a Madrid.

En 1897, cuando murió asesinado Cánovas, Pidal fue preconizado líder del Partido Conservador, pero prefirió promover a Silvela. Tras el fallecimiento de éste, en 1904, apoyó a Maura. El 3 de enero de 1898 aceptó la presidencia del Círculo Conservador de Madrid.

El 8 de mayo de 1905 dio lectura, en la sesión conmemorativa del Quijote presidida por el Rey en la Real Academia Española, al discurso inconcluso del escritor Juan Valera, que acababa de fallecer.

En la legislatura de 1905-1906 fue nombrado consejero de Estado para el bienio 1906-1908. En 1906 se enfrentó a Marcelino Menéndez Pelayo —que le había propuesto como académico en 1892 y a cuyo discurso de recepción en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas había contestado en 1894— para el puesto de director de la Academia, a pesar de pedirle varios escritores que retirara su candidatura.

En medio de fuertes críticas de la prensa, resultó elegido primero de forma interina y luego definitiva, provocando un distanciamiento cada vez mayor con el historiador cántabro, lo que no le impidió participar en la velada necrológica organizada por el Centro de Defensa Social el 4 de junio de 1912 con asistencia de los Reyes, ni en la que promovió el periódico El Debate pocos días después, tras su muerte.

También en 1906, el 29 de abril, pronunció el discurso necrológico en honor del novelista José María de Pereda, fallecido el 1 de marzo y al que consideraba modelo del realismo de inspiración católica y del regionalismo moderado.

El 15 de enero de 1912 pronunció una conferencia en la Asociación de la Prensa de Madrid sobre “El retrato de Cervantes”, sobre el supuesto cuadro de Cervantes pintado por el artista Juan de Jáuregui. Participó en septiembre, con su hermano Luis, en los actos conmemorativos de las Cortes de Cádiz.

Alejandro Pidal y Mon falleció el 19 de octubre de 1913 en Madrid. La familia no quiso trasladar el cadáver al Palacio del Congreso, como se hacía habitualmente con sus presidentes. Se le tributaron honores de capitán general del Ejército y la comitiva fúnebre partió de su domicilio de la calle Fernando el Santo a la iglesia de San José en la calle Alcalá y de allí a la estación de Príncipe Pío para ser trasladado a Asturias, donde recibió sepultura en Covadonga. El 25 tuvo lugar una sesión necrológica en el Congreso de los Diputados con intervenciones de los diputados Maura, Vázquez de Mella, Azcárate y Suárez Inclán.

Además del libro sobre santo Tomás, Alejandro Pidal sólo publicó otra obra extensa, El triunfo de los Jesuitas en Francia (1880). El resto de su producción son artículos de prensa, conferencias y discursos parlamentarios, muchos de ellos publicados de forma independiente.

Siempre con su imagen característica de luengas barbas, su divisa política era “Querer lo que se debe, hacer lo que se puede”. Su contemporáneo Conrado Solsona y Baselga, en Semblanzas de políticos. Primera serie (1887), lo tilda de conservador, alfonsino y neocatólico y afirma que “fue ministro al poco tiempo de haber maldecido a todos los gobiernos y a todos los gobernantes”.

Para Linares Rivas (1878), “además de su intransigencia en lo meramente espiritual, tiénela también grande en cuanto a los derechos y prerrogativas temporales que un día ornaron la tiara y hoy desaparecieron para no volver jamás […] si ya no dice vade Satanás a todos y a todas horas, sino que quiere entrar en el juego de la política en las condiciones regulares y ordinarias, lo celebraré mucho, porque el señor Pidal, si sigue ese camino, tiene inmenso porvenir”.

Alejandro Pidal fue académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, de la de Ciencias Morales y Políticas y de la Española. Electo de la de Historia, no llegó a tomar posesión. Era caballero de la Orden del Toisón de Oro y fue distinguido con la Gran Cruz de la Orden de San Gregorio Magno, concedida por breve del papa León XIII de 8 de mayo de 1891. Poseía además numerosas condecoraciones nacionales y extranjeras.


Obras de ~: Santo Tomás de Aquino: vida, reliquias, obras, doctrina, discípulos, impugnadores, siglo, orden, misión, elogios, paralelos, honores, bibliografía, iconografía, nombres, Madrid, Viuda e Hijo de E. Aguado, 1875; El triunfo de los Jesuitas en Francia, Madrid, Maroto e Hijos, 1880; Discurso y rectificaciones del Sr. D. ~ pronunciados en el Congreso de los Diputados el 21 y 28 de octubre de 1881 con motivo de los escándalos de Roma y de la situación del Pontificado, Madrid, Viuda de J. A. García, 1881; Discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción pública de ~, el día 29 de abril de 1883, Madrid, A. Pérez Dubrull, 1883; Discursos leídos ante la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en la recepción pública del Excmo. Sr. D. ~: de la metafísica contra el naturalismo (contestación de D. Carlos María Perder), Madrid, A. Pérez Dubrull, 1887; Discursos y artículos literarios, Madrid, M. Tello, 1887; Discursos leídos ante la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en la recepción pública del Dr. Menéndez y Pelayo: De los orígenes del Criticismo y del Escepticismo y especialmente de los precursores españoles de Kant, Madrid, Ricardo Fe, 1891; Discurso leído por D. ~ en la junta pública que celebró la Real Academia Española el día 3 de mayo de 1893 para adjudicar el premio de Manuel Espinosa y Cortina al drama titulado Mariana, original del Sr. D. José Echegaray, Madrid, Hijos de J. A. García, 1893; Discurso pronunciado por el Excmo. Sr. D. Alejandro Pidal en el Ateneo de Madrid el 9 de noviembre de 1897 en honor a la memoria de D. Antonio Cánovas del Castillo, Madrid, Hijos de M. G. Hernández, 1897; Velada en memoria de D. Antonio Cánovas del Castillo celebrada en el Ateneo de Madrid la noche del 9 de noviembre de 1897: discurso de D. Alejandro Pidal; extracto de los discursos de los Sres. D. Gumersindo de Azcárate y D. Segismundo Moret, Madrid, Hijos de M. G. Hernández, 1897; Discurso leído por D. ~ al tomar posesión del cargo de Presidente del Círculo Conservador de Madrid el 3 de enero de 1898, Madrid, Hijos de M. G. Hernández, 1898; Necrología del Ilmo. Señor Don Vicente de La Fuente, censor de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Madrid, Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1898; Discurso en elogio de Ilmo. Sr. D. Manuel Tamayo y Baus, secretario de la Real Academia Española, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1899; Discurso pronunciado por D. ~ el 3 de mayo de 1899: demostración de la falsedad de la idea de Dios que se forman las escuelas filosóficas contemporáneas separadas de la verdad católica, Madrid, A. Pérez Dubrull, 1899; El “feminismo” y la cultura de la mujer, Madrid, Hijos de J. A. García, 1902; El principio secularizador de las sociedades modernas y su origen. Discursos leídos por D. Francisco González de Castejón y Elio, Marqués de Vadillo ante la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en la recepción pública celebrada el 13 de mayo de 1904 […] y contestación del Sr. D. ~, Madrid, Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1904; La Magdalena, Madrid, Hijos de J. A. García, 1906; Pereda, Madrid, Hijos de J. A. García, 1906; Importancia del periodismo: discurso leído por el Sr. D. ~ en la velada necrológica que en honor de Valentín Gómez se celebró en el Centro de Defensa Social el día 22 de diciembre de 1907, Madrid, Revista de Archivos, 1907; Discurso leído ante SS. MM. y Altezas Reales por Alejandro Pidal en Junta Pública con motivo del Centenario del 2 de mayo: varias poesías patrióticas de autores que vivieron durante la Guerra de la Independencia, Madrid, Revista de Archivos, 1908; Discurso leído por D. ~ en la Real Academia Española con ocasión de la creación de la Fundación Fastenrath y del reparto de premios de la San Gaspar, Madrid, Revista de Archivos, 1909; La Eucaristía como centro vital de la economía del cristianismo: ~ en el Congreso internacional eucarístico celebrado en Madrid en 27 de junio de 1911, Madrid, Prudencio Pérez de Velasco, 1911; El retrato de Cervantes pintado por Jáuregi y su donación a la Real Academia Española: conferencia leída por D. ~ en la Asociación de la Prensa el 4 de enero de 1912 , Madrid, Prudencio Pérez de Velasco, 1912; Discurso sobre la batalla de La Navas de Tolosa: leído por D. ~ en la velada celebrada en el Teatro de Burgos la noche del 16 de julio de 1912, Madrid, Revista de Archivos, 1912; Doña Isabel la Católica y Santa Teresa de Jesús, paralelo entre una reina y una santa: conferencia dada el 18 de abril de 1904 en el Círculo Patronato de San Luis Gonzaga, Madrid, Revista de Archivos, 1913.

 Fuentes y bibl.: Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación electoral, 72 n.º 13, 78 n.º 13, 85 n.º 6, 91 n.º 6, 96 n.º 3, 103 n.º 1, 105 n.º 36, 109 n.º 37, 113 n.º 34, 115 n.º 34, 117 n.º 34, 119 n.º 34, 121 n.º 34 y 123 n.º 34.

Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados (n.º 2, 3 de marzo de 1891, págs. 14-15, n.º 37, 20 de abril de 1891, págs. 893-898, n.º 2, 12 de mayo de 1896, págs. 14-15, n.º 29, 16 de junio de 1896, págs. 681-686, n.º 2, 3 de junio de 1899, págs. 19-20, y n.º 13, 16 de junio de 1896, págs. 268-273); E. Esperabé de Arteaga, Diccionario enciclopédico y crítico de los hombres de España, Madrid, Ibarra, s. f.; A. Linares Rivas, La primera Cámara de la Restauración: retratos y semblanzas, Madrid, J. C. Conde, 1878; P. E. de Tébar y J. de Olmedo, Las segundas Cortes de la Restauración. Semblanzas parlamentarias. Congreso de los Diputados, Madrid, Imprenta de Manuel G. Hernández, 1879; R. S., Apuntes para la biografía de Don ~, Madrid, Diego Pacheco, 1885; C. Solsona y Baselga, Semblanzas de políticos. Primera serie, Madrid, Fernando Fe, 1887 (Madrid, Hijos de J. A. García, 1891); J. F. Dodero Vázquez, Las últimas Cortes de la Regencia, Madrid, J. Corrales, 1902; R. López Soler, Los señores diputados: 400 semblanzas en verso, por el Bachiller Canta-Claro, pról. de B. Pérez Galdós, Madrid, Ambrosio Pérez, 1907; M. Sánchez de los Santos, Las Cortes españolas: las de 1907, Madrid, Antonio Marzo, 1908; Las Cortes españolas: las de 1910, Madrid, Antonio Marzo, 1910; I. D. del Castillo, El Parlamento español en 1910, Madrid, Viuda y Sobrino de J. Corrales, ¿1910?; M. A. González Muñiz, Los asturianos y la política: de las Cortes de Cádiz a nuestros días, Salinas, Ayalga, 1976; Marqués de Siete Iglesias, “Real Academia de la Historia. Catálogo de sus individuos. Noticias sacadas de su archivo”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, t. CLXXVIII, cuaderno I (enero-abril de 1981), págs. 85-86; Á. del Río López, Diccionario biográfico de Madrid: mil hijos ilustres, curiosos, populares y pintorescos, Madrid, Marcial Pons, 1997; J. M. Cuenca Toribio y S. Miranda García, El poder y sus hombres. ¿Por quién hemos sido gobernados los españoles? (1705-1998), Madrid, Actas, 1998; P. Pascual (ed.), El compromiso intelectual del político: ministros escritores en la Restauración canovista, Madrid, Ediciones de la Torre, 1999; A. Zamora Vicente, Historia de la Real Academia Española, Madrid, Espasa Calpe, 1999; D. Rojano Ortega, Galería de políticos y abogados de la España contemporánea, s. l., Jabalcuz, 2000; A. Ceballos-Escalera y Gila (dir.), La Insigne Orden del Toisón de Oro, Madrid, Palafox & Pezuela, 2000; J. R. Urquijo Goitia, Gobiernos y ministros españoles (1808-2000), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2001; F. Alós y Merry del Val y J. L. Sampedro Escolar, 150 años del Ministerio de Fomento: ministros de 1851 a 2001, Madrid, Ministerio de Fomento, 2002; D. Pacheco Fernández, A. R. Díez Torre y A. Sanz Romero (coords.), Galería de retratos, Madrid, Ateneo, 2004; J. Fernández Sánchez, El zar de Asturias: ~ (1846-1913), Gijón, Trea, 2005.


Biografía escrita por Mateo Maciá procedente del Diccionario Biográfico Español.

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