Biografía escrita por José Ramírez del Río, profesor de Historia y Literatura árabes en la Universidad de Córdoba. //


P. m. s. XI – Valencia, 1114.

Miembro de una de las familias más poderosas de la región de Murcia, de linaje árabe, su padre comenzó la fortuna de su familia durante el dominio de Zuhayr, uno de los eslavos que encontraron su refugio contra las veleidades de la política cordobesa de comienzos del siglo XI en el Levante. Debido a las dificultades que los saqāliba tenían para incorporar a más miembros a su grupo, y a la dificultad de la mayoría para tener descendencia, pues eran eunucos, unos sucedían a otros en los gobiernos de las ciudades bajo su control. Por ello, Zuhayr dejó Murcia (1028) para ir a ocupar el Gobierno de Almería, una de las ciudades más destacadas del al-Andalus del siglo XI, y Murcia quedó bajo su soberanía nominal, administrada por dos miembros de la aristocracia local, Ibn Tahir y Abu Amir b. al-Jattab, que comenzaron a disputarse la autoridad de la ciudad. El segundo llamó en su ayuda al señor de la taifa eslava de Denia, Muyahid, al que ofreció la soberanía de la ciudad, lo que provocó que el propio Zuhayr interviniera en la lucha, apresara a Ibn al-Jattab y se lo llevara consigo a Almería.

Abū Bakr continuó gobernando, reconociendo la soberanía nominal de Zuhayr hasta su muerte en 1038, año en que reconoció, como el resto de la taifa de Almería, al rey de la taifa de Valencia, Abd al-Aziz al-amiri.

Abu Bakr continuó gobernando Murcia, bajo la soberanía nominal de Valencia, hasta su muerte en el año 1063, en que fue sucedido por su hijo Abu Abd al-Rahman Muhammad b. Ahmad.

Posteriormente fue destronado por Ibn Rasiq, que aprovechó las dificultades provocadas a la población murciana por las guerras sostenidas contra los abbadies sevillanos para minar su posición, deponiéndolo y dando entrada en la misma a Ibn Ammar (1078), contra el que se rebelaría posteriormente. Preso durante un tiempo en Murcia, el rey de Valen- cia Abu Bakr b. Abd al-Aziz, al que había reconocido como soberano la mayor parte de su gobierno, intercedió por él, por lo que fue liberado y se trasladó a Valencia.

La vida política valenciana durante el tiempo en que vivió Muhammad era particularmente tensa, y tanto las riquezas de las que dispuso como su ascendiente personal en la Corte hicieron de él uno de los protagonistas de esta época, en especial por su condición de hombre alegre e ingenioso, cuya tertulia era muy celebrada en la ciudad. En el año 1087 prestó su ayuda financiera, sus relaciones políticas y sus consejos al rey de Valencia al-Qadir, que ante el acoso de la taifa de Lérida y Denia —que llegó a asediar la ciudad— se encontraba en una situación crítica. Por esta alianza cuando alcanzó el poder Ibn Yahhaf tras asesinar al antiguo Rey, la posición del antiguo mandatario de Murcia se hizo muy delicada, y en las epístolas dirigidas a familiares y amigos se conservan algunas en las que los reproches al antiguo cadí eran continuos.

Durante el período en que ocupó la hueste del Cid la ciudad de Valencia (1094-1102), y a pesar de haber sido aliado de al-Qadir, protegido del rey de Castilla y del propio Rodrigo Díaz, Ibn Tahir se vio reducido a prisión (1095), posiblemente durante la búsqueda de las riquezas del antiguo rey, de las que tal vez el murciano tuviera en depósito alguna cantidad. Las cartas en las que describe la ocupación castellana de la ciudad, y que celebran su retirada, son uno de los testimonios más notables de esta época.

Ibn Tahir permaneció en Valencia tras la ocupación almorávide de la misma, y allí murió en el año 1114, ya nonagenario.

El responsable de la perdurable fama literaria de la que gozó Ibn Tahir fue el polígrafo Ibn Bassam, que recopiló todas sus epístolas en una obra titulada Silk al-yawahir min tarsil Ibn Tahir (Sarta de brillantes en la correspondencia de Ibn Tahir), que vertió, posteriormente, a su magna obra Al-Dajira fī mahasin ahl al-yazira (Tesoro de las excelencias de las gentes de la Península), de donde el orientalista holandés Reinhart Dozy extrajo gran cantidad de noticias para trazar el cuadro de la historia de Valencia durante la ocupación del Cid, que, como se ha señalado anteriormente, vivió el propio Muhammad. El antólogo Ibn Bassam señala que la prosa de Ibn Tahir era de extraordinaria calidad, en especial las epístolas humorísticas, que formaban uno de los cuatro tipos de composiciones que aparecen en su recopilación, junto a las de condolencia, las oficiales (sultaniyyat) y las dedicadas a amigos (ijwaniyyat).


Fuentes  y bibl.: Ibn Bassām, Al-Dajira fī mahasin ahl al-yazira, primera mitad del siglo XII (ed. de I. Abbas, vol. II, Beirut, Dar al-Taqafa, 1979, pág. 477; vol. III, págs. 24-29, 65-75); Ibn Al-Kardabus, Kitab al-iktifa fī ajbar al-julafa, finales del siglo XII [ed. de M. A. Abbadī, Revista del Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, XIII (1965-1966), págs. 41-126; trad. de F. Maillo Salgado, Historia de al-Andalus, Madrid, Akal, 1986, pág. 198]; Ibn al-Abbar, Al-Hulla al-siyara, mediados del siglo XIII (ed. de H. Mones, vol. II, El Cairo, 1963, págs. 123-124); Ibn Idari, Al-Bayan al-Mugrib, principios del siglo XIV (ed. de E. Levi-Provençal, vol. III, Paris, P. Geuthner, 1930, pág. 240). R. Dozy, Recherches sur l’histoire et la littérature de l’Espagne pendant le Moyen Âge, Leiden, Brill, 1881 (3.ª ed.); E. Lévi- Provençal, “La toma de Valencia por el Cid”, en Al-Andalus, XIII (1948), págs. 97-156; R. Menéndez Pidal, La España del Cid, Madrid, Espasa Calpe, 1956; T. Garulo, “Un poeta menor del siglo V/XI: Abu ya’far B. Yury”, en Sharq al-Andalus, 10-11 (1993-1994), págs. 403-422; M.ª J. Viguera Molins, “Las taifas”, en J. M.ª Jover Zamora (dir.), Historia de España de Menéndez Pidal, vol. VIII. Los reinos de taifas, Al-Andalus en el siglo XI, Madrid, Espasa Calpe, 1996, págs. 92-96 (2.ª ed.); T. Garulo, La literatura árabe de al-Andalus durante el siglo XI, Madrid, Hiperión, 1998, págs. 17-19; G. Martínez Díez, El Cid histórico, Barcelona, Planeta, 1999; M.ª J. Viguera Molins, “El Cid en las fuentes árabes”, en Actas del Congreso Internacional. El Cid: Poema e Historia, Burgos, Ayuntamiento, 2000, págs. 61-63.


Imagen CC Flickr cortesía de A. González-Alba Galba

 

 

 

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