Biografía escrita por María Jesús Lacarra Ducay, profesora del Departamento de Filología Española (Literaturas Española e Hispánicas) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza


Pedro Alfonso de Huesca. Moseh Sefardí. ?. Escritor, polemista, científico.

c. 1065– c. 1121.

La trayectoria vital de Pedro Alfonso lo convierte en un personaje singular, muy adecuado para ejemplificar las transformaciones culturales que se vivieron en el valle del Ebro a principios del siglo XII. La primera fecha, y casi la única, que se conoce de su vida es la de su bautismo, celebrado en la ciudad de Huesca, el día 29 de junio del año 1106 (1144 de la era hispánica), siendo su padrino el rey Alfonso I y el celebrante el obispo Esteban (1099-1130). El suceso, al que alude en el capítulo primero de sus Diálogos, es mencionado también por un autor coetáneo, Abraham bar Hiyya, en sus tratados Libro del revelador y Meditación del alma. Siglos más tarde lo recordará Jerónimo Zurita, el gran cronista aragonés, en sus Anales (1512-1580): “En el año 1106, en la fiesta de los Apóstoles San Pedro y San Pablo del mes de junio, estando el rey Alfonso I en la ciudad de Huesca […] se convirtió a nuestra Santa Fe Católica, y recibió el agua del Santo Bautismo en la iglesia mayor de ella un judío, que era en su ley el más enseñado que hubo en aquellos tiempos. Bautizolo don Esteban, obispo de aquella ciudad. Y fue su padre espiritual el rey Alfonso I. Y en memoria de esta solemnidad se llamó Pedro Alfonso”. De su vida anterior sólo pueden sacarse algunos datos. Se desconoce cuándo y dónde nació y cuál era su actividad habitual, aunque cabe suponer que en el momento de su conversión contaría ya con edad y prestigio suficientes como para ser bautizado por el obispo de la ciudad y apadrinado por el Rey. En el citado prólogo, se presenta a sí mismo como “perito en los libros proféticos y en los dichos de los doctores y en pequeña parte en las artes liberales” y, quizá por eso, el dominico Raimundo Martí (c. 1230-1286) aseguró en su Pugio fidei que llegó a ser rabino de Huesca, afirmación después repetida por otros muchos autores. Si había alcanzado la fama como judío, es muy probable que, para acallar el escándalo de su conversión, decidiera viajar hasta Inglaterra, donde fue maestro de Astronomía del lorenés Walcher, prior del monasterio de Malvern, y pudo incluso establecerse temporalmente en Francia. Un manuscrito de la Disciplina clericalis conservado en Cambridge atribuye la obra a “Pedro Alfonso, médico de Enrique I, rey de los ingleses”, y Alonso de Espina, en su Fortalitium fidei, obra escrita entre 1459 y 1461, es el primero en calificarlo de “médico de cámara del rey Alfonso de Aragón”. Aunque uno y otro dato no resultan del todo fiables, cabe recordar que en la Edad Media los médicos de los grandes señores solían ser, y Pedro Alfonso mostró en sus obras un gran interés por esta ciencia. Se ha supuesto que estaba de regreso en la Península en la segunda década del siglo XII, ya que su nombre figura como testigo de la compra de unos huertos en la ciudad de Zaragoza el 16 de abril de 1121. En septiembre de 1142 volvió a avalar la venta de unos inmuebles, declarándose avecindado en Tudela. Sin embargo, es muy posible que se trate de otro personaje homónimo, ya que para entonces podía haber fallecido. De haberse establecido en esa ciudad, en la que residían importantes familias judías, se podría haber relacionado con “don Belasco, hijo de Pere Alfons”, que atestiguó, treinta años más tarde, la compraventa de una viña en Tudela. Varios estudiosos insisten en identificarlo con otro personaje enigmático, Pedro de Toledo, judío converso, quien tradujo del árabe al latín la Apología de al-Kindi, fuente principal del apartado sobre el Islam de los Diálogos.

Toda su obra se conserva en latín, para lo que pudo contar quizá con la ayuda de algunos colaboradores. Con seguridad escribió la Disciplina clericalis, miscelánea de cuentos y sentencias, los Diálogos contra los judíos, donde defiende la religión cristiana frente al judaísmo y al Islam, y una variada obra científica conservada de modo fragmentario, donde se incluyen unas Tablas astronómicas, precedidas de una Carta a los estudiosos franceses, y el De Draconae. La aparente heterogeneidad de los temas tratados se resuelve en una similar cosmovisión, presidida siempre por un mismo espíritu didáctico. Formalmente, utilizó los mecanismos habituales en la época, recurriendo a diálogos, ejemplos o comparaciones, para que “el ánimo del lector tenga mayor facilidad para entender”, como anuncia en sus Diálogos. Bajo contenidos diversos, sus cuatro obras reflejan un mismo interés por la “physica”, término que engloba la cosmología, la medicina teórica, la teoría de los elementos y la astronomía.

Puede aventurarse que la Disciplina clericalis, por sus escasos elementos cristianos, fuera una creación de su primera etapa. Pese a que en el prólogo, Pedro Alfonso da las gracias a Nuestro Señor y solicita su ayuda, tanto los materiales utilizados como la forma, son claramente orientales. Una frase del mismo preámbulo (“Dios, que me inspiró la idea de componer este libro traduciéndolo al latín”) permite sospechar que hubiera sido redactada inicialmente en árabe y, tras su conversión, vertida al latín. En ella se combinan cerca de cuarenta cuentecillos, algunos ya conocidos de la literatura oriental y otros de tradición oral, con proverbios, en un conjunto organizado mediante un tenue marco dialogado, en el que un padre o un maestro responde aleccionando a su hijo o discípulo. La amplísima difusión de la obra queda reflejada tanto en la compleja transmisión, con más de setenta y seis manuscritos conservados, como en las numerosas traducciones al francés, inglés, italiano, islandés y hebreo, aunque su éxito fundamentalmente vino de la mano de la Iglesia, al convertirse en una de las fuentes favoritas de los predicadores y de los moralistas.

Los Diálogos surgieron probablemente como respuesta inmediata ante el clamor levantado por su conversión en la comunidad judaica de Huesca. En el título segundo señala que el cautiverio de los judíos “dura mil cuarenta años”, por lo que, si datamos la destrucción del Templo en el 70 d. C., puede situarse su redacción en el 1110, cuatro años después de su conversión. Las causas de su gran popularidad hay que buscarlas en la singularidad de este texto frente a otros tratados similares. A diferencia de otros polemistas latinos, Pedro Alfonso contaba con un conocimiento del judaísmo y del Talmud de primera mano. Por otro lado, su mentalidad filosófica y científica le llevó continuamente a invocar la razón y la autoridad y a recurrir con frecuencia a argumentos científicos. La obra se subdivide en doce títulos, estructurados en tres partes: ataque al judaísmo (I-IV), ataque al Islam (V) y defensa del cristianismo (VI-XII). Los Diálogos se utilizaron como fuente de información en los diversos debates que se sucedieron en España entre cristianos y musulmanes o judíos, hasta el punto de que el promotor de la célebre disputa de Tortosa (1413- 1414), el papa Benedicto XIII, contaba con un ejemplar en su biblioteca. Por otra parte, el título V, dedicado al Islam, fue retomado por Raimundo Martí, Vicente de Beauvais y Jacobo de la Vorágine y, según el dominico Humberto de los Romanos, era de lectura imprescindible para los cruzados.

Su obra científica ha llegado incompleta y de un modo indirecto. Es muy posible que sus conocimientos no fueran excepcionales, si se comparan con el nivel alcanzado en al-Andalus, pero fueron muy apreciados por los intelectuales de Inglaterra y Francia, cuando viajó hacia esas tierras. Walcher de Malvern había intentado sin éxito medir un eclipse con ayuda de un astrolabio, hasta que llegó su maestro y le mostró la forma adecuada de hacerlo. La obra llamada De Draconae, reflejo de estas enseñanzas, es un breve tratado para determinar la posición del sol y la luna y poder calcular los eclipses. El origen del título está en la astronomía árabe e india, donde los “nodos” lunares se representan como la cabeza y la cola de un dragón. Por su parte, las llamadas Tablas astronómicas, de las que sólo se han conservado el prólogo y cuatro capítulos, sirven para conocer en qué día de la semana empieza cualquier mes árabe, persa, romano o egipcio, aunque son numerosas las inexactitudes, quizá por fallos en la transmisión manuscrita. Al frente de las Tablas figura, a modo de preámbulo, una interesante Carta a los estudiosos franceses, que ayuda a conocer su posición innovadora en el contexto cultural de la época. Pedro Alfonso se dirigió posiblemente a los maestros parisinos para, con cierto tono de desprecio y superioridad, recomendarles que prestaran mayor atención a la astronomía árabe. Consciente de su posición privilegiada, propuso, como ya había hecho en la Disciplina, una renovación de los estudios que destacase las materias numéricas. Manifestó su desinterés por las artes del trivium, llegando incluso a olvidarse de la retórica, y revalorizó las artes del quadrivium. Dentro de este último campo, se mostró especialmente atraído por la aritmética y la astronomía, aunque por esta última entendía tanto el estudio de los movimientos de los astros como la influencia que éstos ejercen sobre el mundo sublunar, y parecía decantarse por la inclusión de la medicina, opinión coincidente con la de otros autores árabes, partidarios también de elevar esta materia a la categoría de ciencia. Por ella entendía, como era habitual en la época, una suma de aspectos teóricos y prácticos, basados estos últimos en gran parte en el estudio de los astros. Sin ser quizá un científico de altura, sus estancias en Inglaterra y en Francia sirvieron para divulgar las doctrinas de los árabes en materias como las Matemáticas, la Astronomía y la Medicina.


Obras de ~: Disciplina clericalis, ed. de A. Hilka y W. Söderhjelm, Helsinki, Acta Societatis Scientiarum Fennicae 38, n.º 4, 1911 (trad. de E. Ducay, intr. de M.ª J. Lacarra, Zaragoza, Guara, 1980); Dialogi contra Iudaeos, c. 1110 (ed. de K. P. Mieth, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, col. Larumbe, 1996); De Draconae [ed. de J. M.ª Millás Vallirosa, en “La aportación astronómica de Pedro Alfonso”, Sefarad, 3 (1943), págs. 87-97]; Tabulae Astronomicae, ed. de O. Neugebauer, en The Astronomical Tables of al-Khwarizmi Traslated with Commentaries of the Latin Versión by H. Suter, Copenhague, Munksgaard, 1962; “Epistola ad Peripateticos Franciae”, en J. Tolan, Petrus Alfonsi and his Medieval Readers, Gainsville, University of Florida, 1993, texto latino (págs. 164- 172) y traducción inglesa (págs. 172-180); traducción española en M.ª J. Lacarra, Pedro Alfonso, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1991, págs. 61-68.


Bibl.: N. Antonio, Biblioteca Hispana Vetus, vol. II, Madrid, 1788, págs. 10-12; C. Nedelcou, “Sur la date de naissance de Pierre Alphonse”, en Romania, 35 (1906), págs. 462-463; L. Thorndike, History of Magic and Experimental Science during the first Thirteen Centuries of our Era, vol. III, New York, 1923, págs. 68-73; J. Ainaud de Lasarte, “Una versión catalana desconocida de los Dialogi de Pedro Alfonso”, en Sefarad, 3 (1943), págs. 359-376; J. M.ª Millás Vallicrosa, “Un nuevo dato sobre Pedro Alfonso”, en Sefarad, 7 (1947), págs. 136-137; M. C. Díaz y Díaz, Index scriptorum latinorum medii aevi hispanorum, Salamanca, Universidad, 1958, n.os 892-894; J. Zurita, Anales de la Corona de Aragón, ed. de A. Ubieto Arteta y M.ª D. Pérez Soler, Valencia, Anubar, 1967, libro I; Y. Baer, Historia de los judíos en la España cristiana, Madrid, Altalena Ediciones, 1981; A. Ubieto Arteta, Historia de Aragón. Literatura Medieval, Zaragoza, Anubar, 1981; J. M.ª Lacarra de Miguel, Documentos para el estudio de la Reconquista y repoblación del Valle del Ebro, Zaragoza, Anubar Ediciones, 1982 (docs. 74 y 315); P. S. Van Koningsveld, “Petrus Alphonsi, een 12de eeowse schakel tussen Islam en christendom in Sapnje”, en Historische betrekkingen tussen Moslims en Christenen, Leiden, 1982, págs. 107-146; A. D urán Gudiol, La judería de Huesca, Zaragoza, Guara (col. Básica Aragonesa, 45), 1984; K. Reinhardt y H. Santiago-Otero, Biblioteca bíblica ibérica medieval, Madrid, CSIC, 1986; A. H. Cutler y H. E . C utler, The Jew As Ally of the Muslim. Medieval Roots of Anti-Semitism, Notre Dame, University of Notre Dame Press, 1986; J. Tolan, “The Speculum historiale Redaction of Petrus Alfonsi’s Dialogi contra Iudaeos”, en Vicent of Beauvais Newsletter, 14 (1989), págs. 4-10; J. Lomba, La filosofía judía en Zaragoza, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1990; M.ª J. Lacarra, Pedro Alfonso, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1991; J. Tolan, Petrus Alfonsi and His Medieval Readers, Gainesville, University Press of Florida, 1993; M.ª J. Lacarra (coord.), Estudios sobre Pedro Alfonso de Huesca, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1996; C. Sainz de la Maza, “De Pedro Alfonso a Abner-Alfonso: orto y cénit converso de la apologética antijudía medieval”, en Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, 15 (1997), págs. 271-288; P. Tena Tena, “Una versión incunable hispana de los Diálogos contra los judíos de Pedro Alonso”, en Sefarad, 57, 1 (1997), págs. 179-194; M.ª J. Lacarra, “La renovación de las artes liberales en Pedro Alfonso: El papel innovador de un judío converso en 1106”, en De Toledo a Huesca: sociedades medievales en transición a finales del siglo XI (1080-1100), Zaragoza, CSIC, Institución Fernando el Católico, 1998, págs. 131-138.


Imágenes CC Wikimedia Commons: Ilustraciónes de la obra de Pedro Alfonso de Huesca «Diálogos contra los judíos».

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